AÑO 2007 Año 3. No.9, Enero - Marzo 2007

Nacido de Mujer

por Nelson Crespo

“Si… los cristianos sostienen que un Dios, o un hijo Suyo, descendió o debe descender a la tierra como juez de todo lo terrestre, esa es la más vergonzosa de sus pretensiones. No hay necesidad de un largo discurso para refutarla. ¿Qué sentido puede tener, para un Dios, un viaje como éste? ¿Será para aprender lo que pasa entre los hombres? ¿Pero no lo sabe todo? ¿Es incapaz, con su divino poder, de mejorarlos si no envía corporalmente a alguien? ¿O hay que compararlo con un advenedizo, desconocido hasta entonces de las multitudes, e impaciente por exhibirse ante sus ojos alardeando de sus riquezas?… Y si, como afirman los cristianos, vino para ayudar a todos los hombres a entrar en el camino recto, ¿por qué comprendió ese deber solamente después de haberlos dejado errar durante tantos siglos? Si Dios desciende en persona a la humanidad, es que abandona su morada. Y al mismo tiempo trastoca el universo. Que cambie la menor parcela de este universo y todo él va al desastre… Si desciende hasta nosotros es porque se somete a un cambio… ¿Quién puede desear semejante cambio? Además, lo mortal está por naturaleza sujeto a vicisitudes y transformaciones. Mientras lo inmortal permanece, por esencia, siempre idéntico a sí mismo. Así, pues, Dios no podría sufrir semejante cambio…”. La anterior cita, tomada de Celso, autor del Alèthès Logos, obra escrita alrededor del año 179 d.C.