AÑO 2012 Año 8 - No.29 ; Enero-Marzo 2012

El Concilio Vaticano II ante nosotros

por Jean Louis Bruguès O.P.

Se cuenta que siendo interrogado sobre la importancia histórica de la Revolución Francesa, Chou En-lai, en ese momento Primer Ministro del presidente Mao, respondió: “Todavía es demasiado pronto para decirlo”. ¿No sería semejante prudencia algo también apropiado cuando se trata de apreciar las repercusiones del Concilio Vaticano II? Sólo es posible evaluar el impacto de los concilios con lentes de muy largo plazo. ¿Cuánto tiempo requirió la Iglesia para medir la profundidad de las reformas deseadas por el Concilio de Trento; o el alcance del IV Concilio de Letrán, de 1215, que definió la fe católica contra las herejías de los cátaros; o el de Nicea, en el cual nació el Credo, que hasta ahora sostiene nuestra fe, aproximadamente mil 700 años después? Lo que en su momento parecía determinante se esfumó en sólo algunos años, mientras generaciones más lejanas cosechaban frutos inesperados de aquello.