AÑO 2017 Año 13. No. 3-4 2017

El crimen de Humboldt 7

por Newton Briones

Este trabajo constará de dos puntos. El primero se extiende desde el Asalto a Palacio hasta abril de 1964, juicio de Marcos Rodríguez Alfonso (Marquitos). El segundo abarcará los pareceres diferentes sobre «El crimen de Humboldt 7».

» Breve introducción

Esta es otra oportunidad de esclarecer los hechos de aquel 20 de abril de 1957 y que al parecer aún no han quedado despejados. Para nadie existen dudas de la traición de Marquitos; todos están de acuerdo en que él fue el delator. Las diferencias de criterios surgen por la demora en ser descubierto y si en ese atraso hubo apoyo de personas e instituciones. Unos párrafos escritos por el crítico de cine Juan Antonio García Borrero pueden dar idea del problema. «¿Cómo es posible que algo juzgado públicamente, y transcurridas cuatro décadas, pueda seguir fomentando tal cantidad de preguntas?»

A pesar de los dos juicios celebrados para ventilar los hechos y haberse publicado todo en la prensa, incluyendo mi libro «Víctima» o Culpable, el misterio continuó. Una vez concluido el libro se lo di a leer a tres personas conocedoras del tema. Uno, el más importante de ellos por su participación en los hechos, Julio García Oliveras, dijo, «sí, ahora es que entiendo lo que sucedió».1 No se quedó ahí, habló con Zuleica Romay, entonces presidente del Instituto Cubano del Libro, para la publicación de la obra. En cambio Guillermo Jiménez Soler y Marta Jiménez, también participantes directos en el caso, dijeron que no.

Una reiteración del autor recibió el rechazo de este lector. «Había más pasión en los acusadores que pruebas en sus manos. Estaban seguros de quién era el confidente, pero por disímiles razones no podían demostrarlo». El lector me envió un correo con sus consideraciones: «La demora durante años para hacer justicia, se explica por el irrestricto apoyo disfrutado por Marcos Rodríguez de parte de Joaquín Ordoqui y otros dirigentes y militantes del antiguo Partido Socialista Popular (PSP), a pesar de las advertencias  del Directorio Revolucionario (DR)». Con esa frase sentenciosa era más que suficiente para considerarse dueños de la verdad. La particularidad de esta conferencia radica en esos dos pareceres, surgidos durante el juicio, en 1964, y después su continuación. En la memoria histórica de los cubanos el caso pasó a ser conocido como «El crimen de Humboldt 7». Desconocimiento u opiniones interesadas sobre lo sucedido aquel fatídico día han sido las encargadas de convertir «El crimen de Humboldt 7» en un misterio que nos acompaña hasta hoy.

Al parecer, resultó insuficiente lo explicado y las dudas persisten, incrementadas, además, por esas dos razones: «Desconocimiento u Opiniones interesadas». Con mi exposición pretendo ayudar a desentrañar el supuesto misterio de Humboldt 7. Las demoras en descubrir la traición se debieron a no tener las evidencias para acusarlo y no por haber sido ayudado, como se afirma. El tiempo transcurrido va desde el 20 de abril de 1957, momento de ocurrir los hechos, hasta el 10 de enero de 1961, instante de la detención de Marquitos en Praga.

Trascurrieron 3 años; 8 meses; 3 semanas (1 361 días). Y según el lector, la causa se debió al irrestricto apoyo recibido. Sobre estos dos puntos versará mi trabajo.

16.1

» Desde el Asalto a Palacio hasta el juicio de Marquitos en 1964

Después del asalto al Palacio Presidencial algunos de los sobrevivientes, trataron de ponerse a salvo. En el caso de Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó y Machadito vagaron durante 38 días hasta llegar a Humboldt 7. Joe Woestbrook no pasó por las mismas vicisitudes, al encontrar refugio desde el primer momento en casa de su novia Dysis Guira. Después de vagar durante algunos días consiguen el apartamento de Humboldt 7, obtenido por otro joven revolucionario, Pérez Cowley, con el conocimiento de Marquitos. Cuando llegan al lugar en la madrugada de aquel 20 de abril de 1957, se encuentran a Joe Westbrook en compañía de Marquitos. Una discusión entre Juan Pedro Carbó y Marquitos es la causa de la delación. Haber herido su autoestima es la motivación del traidor para ir a ver a Esteban Ventura. Y la de este esbirro, obtener ascenso en su oficio, destacándose en asesinar a revolucionarios. Aquel día, a las 5:50 p.m., son asesinados los cuatro hombres. Tres días después Marquitos se asila en la embajada de Brasil, donde se encontraban miembros de otras organizaciones revolucionarias.

Dos meses después parten hacia un país de Centroamérica. Luego de permanecer un tiempo en Costa Rica, Marquitos es invitado por Dysis Guira a visitar Argentina, donde se ha refugiado. En diciembre de 1957 llega a México y allí permanece un año. En ese país conoce a los dirigentes comunistas Joaquín Ordoqui y su esposa Edith García Buchaca. El 28 de enero de 1959 regresa a Cuba y un tiempo después viaja a Praga para disfrutar de una beca de cine. En la capital checa coincide con la delegación militar de Raúl Castro. Es designado para acompañar al comandante Pilón y a otros militares a Francia, acción manifiesta de no existir sospecha sobre Marquitos.En los casi dos años que Marcos estuvo en Praga no se hicieron gestiones para traerlo a Cuba. ¿Por qué? Faltaba la convicción, no había ningún elemento probatorio de su delación.

Algún tiempo después recibe un mensaje del embajador brasileño en Cuba para que se vaya a otro país. El recado es interceptado por los servicios de inteligencia amigos, quienes le informan a Osvaldo Sánchez y este le advierte al comandante Ramiro Valdés sobre los pasos de Marquitos. Es mandado a detener y regresa preso a Cuba bajo los cargos de colaborar con el enemigo. Una observación importante para los que opinan que el PSP lo ayudo: los custodios de Marquitos en el viaje de regreso eran militantes del PSP. Durante dos años y medio permanece detenido y es interrogado en 5ta. y 14 y después en Villa Marista por oficiales de la Seguridad del Estado. Al no poderse obtener la culpabilidad de su traición la atención sobre él se relaja. En el consultorio de Villa Marista trabaja como ayudante de enfermero y juega pelota en su campo deportivo, pruebas de la falta de evidencias en su contra.

Esteban Ventura Novo

Esteban Ventura Novo

El interrogador Caldeiro le solicitó a su jefe, Hamel Ruiz, ser reasentado en otro caso al no poder obtener su confesión. Era necesario hacerlo confesar o liberarlo. Ese era el dilema que se le presentó a la dirección del Ministerio del Interior. La insistencia de Marta Jiménez y demás compañeros en ser Marquitos el traidor los inhibía de ponerlo en libertad. Liberarlo hubiera conllevado una opinión contraria al gobierno por apoyar al supuesto delator. Ante ese dilema optaron por hacer un último esfuerzo. A finales de 1962 y principio de 1963 la jefatura de la Seguridad del Estado decidió redoblar el interrogatorio para obtener su confesión. Introdujeron en el caso al investigador Vicente Gutiérrez, antiguo militante del PSP. El impulso dado al caso comenzó a cambiar en una mejor dirección. Un tiempo después Vicente Gutiérrez lanzó su primera conclusión: «Si todos los ocupantes del apartamento 201 de Humboldt 7 murieron asesinados en el acto, ¿quién pudo informarle a Ventura que Marcos se escapó? Tendría que ser Marquitos el delator».

Si la afirmación expresada por el lector ya mencionado fuera cierta: «La demora durante años para hacer justicia, se explica por el irrestricto apoyo disfrutado por Marcos Rodríguez», entonces no habría ocurrido que un militante del PSP hubiera llegado a esa conclusión. No obstante, alcanzado ese primer peldaño, era necesario conseguir su confesión. Vicente Gutiérrez y los dos interrogadores no descansaron en su empeño. Pensaron que Felipe Mirabal, ex segundo jefe del SIM, preso en la Cabaña, podría ayudar en el esclarecimiento; pero el recurso no funcionó y lo devolvieron a la prisión. No obstante, se siguió utilizando el ardid de existir alguien que lo identificara por haber estado en la reunión con Esteban Ventura. Pusieron a Marcos a escribir sobre los hechos más recientes de su vida y entonces encontraron algo que daría el impulso final al caso. Marquitos no hacía referencia a la discusión surgida aquella madrugada del encuentro en Humboldt 7. Vicente Gutiérrez lo explicó durante el juicio de manera esclarecedora: «La mentira se encontraba en que cuando él relata la visita al apartamento de Humboldt señala esta como una visita cordial en la cual sostiene conversaciones amistosas con los compañeros. No refleja nada del incidente ocurrido y por tal motivo esto acrecienta las sospechas, que ya se hacen irrebatibles, de que él es el delator de Humboldt 7».

Es Vicente quien logra encontrar en la cobertura de Marquitos su punto más débil. Es necesario reiterar que el que lo descubre es un militante del PSP, quien escudriña los mínimos detalles del hecho. El DR sospechaba, pero no lo podía demostrar. Entonces, las dos interrogantes ya apuntadas: por qué pudo ocultar su traición y la participación de otras personas en ayuda de Marquitos quedan desechadas. Ahora, veamos la diferencia entre apoyo y protección.

Si la protección hubiera existido, entonces Ordoqui podría haber influido sobre Vicente Gutiérrez, antiguo militante del PSP. Algo importante a subrayar: existía una crítica velada al gobierno revolucionario. Porque si en realidad Ordoqui daba apoyo irrestricto a Marquitos también el gobierno revolucionario participaba en la componenda. Como dice el refrán, tan culpable es quien mata la vaca como el que le sujeta la pata.

Otro dato a tomar en cuenta para acercarse a la verdad. Durante el tiempo de estar Marcos Rodríguez detenido en La Cabaña, el padre de este visita a Ordoqui y le propone que vaya a ver a su hijo. Respuesta de Ordoqui. «No, no es bueno irlo a ver, él debe demostrar su inocencia. No es posible que un dirigente político haga acto de presencia en la Seguridad del Estado. El padre le dice: “yo soy su padre”. Lo comprendo, pero yo soy un dirigente político que no debo mezclarme en los problemas de investigaciones que está haciendo Seguridad del Estado. Tengo la plena seguridad que ellos lo están llevando bien». En uno de los interrogatorios le preguntaron a Marcos si los había delatado por dinero. Entonces dijo que no. «¡Por dinero no!» Así finalmente consiguen su confesión en 1963, pero no es hasta 1964 que se celebra el juicio.

Antes de Fidel viajar a Moscú le informan de la confesión de Marquitos. Dio instrucciones a Raúl y Dorticós de ser él quien manejaría el caso. Un tiempo después una carta de Marquitos sacada de La Cabaña por su padre llega a manos de Faure Choumón, quien habla con Ramiro y este lo remite a Dorticós. El presidente le dijo a Fidel que ya no se podía demorar más el juicio. El presidente Dorticós y Joaquín Ordoqui conversaron antes del juicio sobre el asunto Marquitos. Ordoqui quería conocer algunos detalles salidos a la luz. La expresión utilizada por el presidente Dorticós cuando conversa con Ordoqui es definitoria sobre la posición de cada cual. Dorticós le señala a Ordoqui su error de apreciación sobre la inocencia de Marquitos. Demostración de no estar el presidente comprometido con el error cometido. «El acusado, Marcos Rodríguez Alfonso, que usted creía inocente, ha aceptado su responsabilidad y su culpabilidad».

La primera vista se convierte en un asunto político, al expresar los representantes del Directorio que el traidor era resultado del sectarismo. Sobre esas palabras descansaron las evidencias de su traición. Carlos Rafael le respondió: «El sectarismo no engendra delación. Es malo, es perjudicial, nos aísla de las masas y del pueblo, pero no engendra delatores ni traidores».2 Es a partir de ese juicio, en abril de 1964, que surgen los dos pareceres sobre el hecho y por eso el juicio adquiere carácter político.

Revista Bohemia del 27 de marzo de 1964.

Revista Bohemia del 27 de marzo de 1964.

Fidel convocó a un segundo juicio y en este se expresaron otros importantes criterios. A Marquitos le incluyeron el ingrediente político de haber pertenecido al PSP. «Marcos Rodríguez era traidor porque había sido formado en las filas del comunismo cubano. El juicio de Marcos Rodríguez debía servir para enterrar al sectarismo». Conectaron la traición de Marcos Rodríguez con el sectarismo y de paso con el PSP. Sin embargo, durante la vista no salieron las evidencias demostrando la protección del PSP a Marcos Rodríguez.

El juicio concluyó con la sentencia capital sobre Marquitos. Entonces, haber pertenecido al PSP y tener su apoyo no le sirvió para salvar su vida, como afirma el lector. Sin embargo, las opiniones vertidas en el juicio continuaron el mismo camino, los criterios no se modificaron. A pesar de habérsele preguntado a los testigos y responder estos haber quedado complacidos con la actuación del tribunal. El cine y la televisión lo han habituado a uno a reconocer a los malvados a primera vista y a los buenos llevar su inocencia escrita en la cara. En la vida real no es así y este caso puede servir para ilustrar lo difícil de acercarse a la verdad. La particularidad de este trabajo son esos dos pareceres, entre el lector y demás integrantes del asunto. Por eso hoy estamos aquí.

» Más consideraciones sobre los dos pareceres

Alguien ha calculado el compromiso histórico que se contrae apoyando a un traidor. Solo si no sabe de su traición alguien puede brindarle apoyo al considerar que es víctima de una injusticia. Entonces, cabría preguntarse: ¿Fidel, Raúl y Dorticós tirarían por la borda su historia revolucionaria por un traidor de ínfima categoría? Otra pregunta. ¿Qué ganarían con defender a Marquitos si no lo hicieron con Aníbal Escalante que era más importante? Alguien podría argumentar que los militantes del PSP lo hicieron a escondidas de los máximos dirigentes. Se hubiera sabido antes o después y no se ha conocido hasta ahora. Durante el juicio se habló sobre una carta vista en la embajada de Cuba en Costa Rica.

Y como dato más específico haber sido vista en la oficina del embajador cubano. La carta mencionaba al entonces Jefe de la Policía de la tiranía, Hernando Hernández, pidiendo ayuda para Marcos Rodríguez. Sobre el asunto Carlos Rafael Rodríguez expuso su opinión. «Yo he hablado de este problema con muchos compañeros del Directorio Revolucionario; ninguno de ellos jamás —y los invito a testificar ante el Tribunal— me habló de esta circunstancia y los invito a que vengan aquí y que, como revolucionarios, declaren si en alguna oportunidad me hablaron de ese asunto. Se habla de un cable ¿Qué cable o carta? Si hubiera un cable donde la tiranía protegiera a Marcos Rodríguez, él no hubiera estado nunca en libertad. ¿Dónde estaba ese cable? Cuando yo tuve conocimiento de esta declaración del compañero Faure pregunté dónde estaba ese cable y me informó que el cable había aparecido cuatro o cinco días antes del juicio. Ese cable no apareció en nuestras conversaciones, no apareció la declaración sobre Hernando Hernández, no aparecieron más que estos elementos que nosotros hemos mencionado ante el Tribunal».3

Vista actual del edificio de la calle Humboldt No. 7, lugar de los acontecimientos del 20 de abril de 1957.

Vista actual del edificio de la calle Humboldt No. 7, lugar de los acontecimientos del 20 de abril de 1957.

En el ambiente quedó la duda sobre las acusaciones. El lector utiliza en su afirmación el adjetivo irrestricto. Una palabra equivalente a una verdad absoluta. Y según el diccionario significa incondicional, sin límites. Le da un papel hegemónico al PSP que no tiene. Un solo argumento descalifica tal afirmación. Los dos años y medios recluidos en Villa Marista para obtener su confesión confirman que la organización a la que pertenecía Marquitos no tenía tanta influencia como para darle, como se afirma, un irrestricto apoyo. Si no, no hubiera estado tanto tiempo encerrado en Villa Marista. Diferencia entre apoyo y protección. Vayamos a la raíz de las palabras; según el diccionario, apoyo es la acción para conseguir algo. En el caso de Marcos es verdad que lo ayudaron a conseguir comida, techo y en una ocasión asilo en la embajada de Brasil. Pero los que lo ayudaron no fueron solo los del PSP, también los había de otras organizaciones revolucionarias. Y lo hicieron porque no sabían que era el traidor de Humboldt 7. Mientras, la acción de proteger tiene una connotación diferente: es impedir que una persona reciba daño o llegue hasta ella algo que lo produzca.

El libro «Víctima» o Culpable no se hizo a escondidas; cuando lo terminé se lo llevé a las personas que de alguna manera cooperaron brindando información. La opinión del lector sobre mi libro «Víctima» o Culpable resultó ser desfavorable: «Por extensión, el libro se convierte en una exoneración total de aquellos responsables dentro del PSP que protegieron a capa y espada a Marcos Rodríguez e inexplicablemente evitaron enfrentara un juicio justo». La reiteración de los mismos pareceres continuó a pesar del tiempo transcurrido. Le pedí al lector que me diera los elementos para pensar de otra manera. Su respuesta no me dejó lugar a dudas de su empecinada posición: «Tú eres el investigador, búscalas».4 Pero ahí no terminan los episodios sobre los pareceres. El lector acudió a otros subterfugios para evitar que mi opinión se conociera. No quería que se supiera que había una opinión diferente.

El libro sería publicado por la Editorial de Ciencias Sociales. Estaba concluida la revisión por la editora y solo faltaba enviarlo a la imprenta. De momento recibí un correo de la responsable, informándome que el libro no sería publicado.5 A renglón seguido ponía las razones más inverosímiles para no hacerlo.6 Detrás estaba la mano del lector, lo cual supe mucho tiempo después. No cejaron en su empeño de hacer valer sus opiniones. Hicieron dos documentales para fortalecer sus criterios. En el primero, 38 días, tratando de forzar la verdad, cometieron un error inmenso. Aparece Marta Jiménez leyendo un documento donde expresa: «nunca el antiguo Partido de los comunistas enfrentó debidamente el hecho y que el traidor de Humboldt 7 era un militante de su Partido». Sin embargo, durante el juicio el fiscal le preguntó a Ordoqui y este explicó la solicitud de Marquitos de pertenecer al PSP. Podrían haberle ahorrado a Marta Jiménez cometer semejante error si hubieran leído en Bohemia todo el juicio. O si hubieran llegado a verme, como me anunció en dos ocasiones la directora del documental, Rosario Alfonso Parodi. No les bastó con el error inicial e hicieron un segundo documental, Los amagos de Saturno, insistiendo en los mismos errores sobre la ayuda recibida por el delator. Fructuoso Rodríguez, hijo, se encontró con un hijo mío en un supermercado de Miami y le expresó: «¡Dile a tu papá que si publica su libro va a recibir una respuesta mía!»

El libro «Víctima» o Culpable, a pesar de los obstáculos y las amenazas, se publicó de manera digital y se puede adquirir en Amazon.com. No he recibido la respuesta prometida por Fructuosito. Sin embargo, no tomaron en cuenta la personalidad de Marcos Rodríguez. Su astucia e inteligencia no aparecen consignadas en las pocas interpretaciones hechas por los interesados en descubrir al culpable. «El personaje es abyecto, por supuesto, pero paradójicamente interesante». Marcos logró evitar las sospechas con astucia, y con ello obtuvo el beneficio de ser considerado un perseguido por el Directorio. Se construyó el traje de «víctima», y la leyenda de ser objeto de persecución por su militancia socialista. Pasó de culpable —como le correspondía— a «perseguido». Y esto trajo, entre los asistentes al drama, beneficios para su persona. Muchos terminaron compadeciéndose de él. Así engañó a casi todos y se convirtió en víctimas.

Durante el caso emergieron los mencionados beneficios de la duda. A menudo descubrimos que lo que «todo el mundo sabe» es errado y que lo que no sabemos, «es fascinante» y es lo que más se acerca a la verdad. Se caracterizó por ser muy hábil evadiendo preguntas comprometedoras y su falta de escrúpulos. Además, lo favorecía no ser el único conocedor de la presencia de los cuatro hombres en Humboldt 7 aquel fatídico día. Varias veces lo verificaron y supo evitar dar señales de traidor. Marcos fue confrontado sobre su traición en cinco ocasiones. Y algo peor para la presunción ya apuntada por el lector: en algunas de esas confrontaciones intervinieron miembros del propio Directorio Revolucionario y no pudieron encontrar su culpa. Saliendo Marquitos ileso de ellas, hizo válida su supuesta inocencia. Y creándose la aureola de victima cuando en realidad era un victimario. Veamos las ocasiones en que fue confrontado.

1- Marta Jiménez visitó a Marquitos en la embajada de Brasil en 1957. Su propósito era esclarecer los hechos, pero ella no consiguió ningún elemento demostrativo de su delación. Marquitos salió de la embajada de Brasil e hizo estancia en Costa Rica durante dos meses. Pasó un entrenamiento por los sucesos del 5 de septiembre de 1957. Como existían indicios de su traición alguien propuso ajusticiarlo. «Algún cerebro afiebrado y calenturiento ideó asesinarme en un campo de entrenamiento en San José de Costa Rica», dijo Marquitos algún tiempo después. ¿Saben quién lo salvó de ser ajusticiado? Pepín Naranjo, miembro del DR, quien alegó no haber suficientes pruebas.

2- De Costa Rica emprende viaje y es recibido en Chile y después en Argentina. Allí su anfitriona es Dysis Guira, la novia de Joe Westbrook, uno de los caídos en Humboldt 7. Llega a México con una carta de recomendación del doctor René Anillo, miembro del Directorio. Aquí cabe preguntarse si todos los miembros del Directorio no tenían la misma opinión con respecto a la trayectoria de Marquitos. Y en México establece amistad con otros miembros de diferentes organizaciones.

3- Héctor Aldama, uno de los expedicionarios del Granma, se quedó en México y comenzó a preparar el entrenamiento para venir a Cuba. Marquitos pasó a ser uno de los integrantes del grupo. Fue acusado por Osmel Francis, militante del DR, de ser sospechoso de haber traicionado. Es confrontado por los integrantes del grupo, pero nada pudieron sacar en claro. Es amarrado con una cuerda a un inodoro y con posterioridad desamarrado. El autor de la decisión de soltarlo es del negro Ñico García, militante de la Organización Autentica.

4- Durante el juicio el fiscal le preguntó a Marquitos sobre la conversación sostenida con Edith García Buchaca en México antes de regresar a Cuba el 28 de enero de 1959. «Después del triunfo Edith regresó como a los quince días para resolver algunos asuntos pendientes en México, y me dijo que cuando terminara la repatriación de los demás regresara a la Habana, que el DR me acusaba». Fidel puso su atención sobre el detalle e intervino haciendo gala de su agudeza. «Fidel: esto es muy importante porque él dice que la compañera Edith le dijo: “regresa a la Habana, que el DR te acusa” eso está un poco en contradicción con la afirmación de que él había comunicado el secreto, porque más lógico habría sido decir no regreses a la Habana porque el DR te acusa, vete para Checoslovaquia, o cualquier otra cosa». Por las gestiones de Marta Jiménez y Julio García Oliveras es mandado a detener por Camilo Cienfuegos. Nombran al capitán Reynier Díaz investigador del caso. En sus indagaciones el capitán Reynier le presenta a Marquitos un antiguo policía de Ventura. También sale ileso de esa confrontación, no es reconocido por el esbirro. Entonces, lo sueltan y un tiempo después Marquitos marcha a Checoslovaquia a una escuela de cine. Esta beca había sido gestionada en México, desde 1958, por Joaquín Ordoqui con la ayuda de Alfredo Guevara.

5- Otro hecho a tomar en cuenta para acercarse a la verdad es la reunión entre miembros del PSP y del DR. En algún mes de 1959 sostuvieron una reunión miembro de ambas organizaciones, militantes del PSP y del DR. Encabezados por Carlos Rafael y Ordoqui, Guillermo Jiménez y Alberto Mora, para solventar las dudas sobre Marquitos. Se reunieron en casa de la mamá de Carlos Rafael. Los compañeros del Directorio tenían dos argumentos para aseverar que Marquitos era el traidor. Aducían como probatorio el gasto de dinero en Costa Rica y México. Ordoqui manifestó no ser cierto que este señor había manejado dinero en México. Y agregó que en México había estado en la más absoluta miseria, y vivía prácticamente a costa de otros compañeros en cuyas casas dormía. Citaron la casa de Cecilio Martínez, conocido por Chilo, la del compañero González Mantici, director de la Sinfónica Nacional, la casa de Ordoqui, donde no vivía, pero almorzaba y visitaba muchas veces, alternando con la casa de González Mantici y con otras de compañeros revolucionarios.

El segundo argumento era el aspecto físico del traidor. Según dijeron los compañeros del DR, había sido descrito por los torturadores Alfaro y Caro y también por Mirabal, todos del entorno de Esteban Ventura. El delator era un tipo bajito, menudo, con un libro debajo del brazo. Podía ser Marquitos y también Pérez Cowley. Yo haría una pregunta para acercarnos a la verdad: si en el momento de la mencionada reunión le hubieran presentado evidencias contundentes a Joaquín Ordoqui y Carlos Rafael Rodríguez no habrían desafiado los argumentos. No sacrificarían su historia por una persona sin importancia y acusada de traidor. Los argumentos expuestos por los miembros del DR no convencieron a los interlocutores. «Ustedes la tienen cogida con Marcos», concluyó Ordoqui la reunión.

Si alguien me preguntara mi interés por las rectificaciones históricas, le respondería: defender la verdad. Porque hemos carecido de ella durante mucho tiempo y la mentira nos perjudica como nación. Para mí el valor de la verdad, tanto en asuntos históricos como en otros, es imprescindible, por no decir vital. Ese alto valor ha sido maltratado y se encuentra en estado anémico, tanto en los estudios históricos como en la vida práctica de nuestro país. Defender ese valor tan simple encierra una verdadera posición revolucionaria.

La verdad beneficia a los once millones de cubanos y la mentira solo a los interesados en hacerla prevalecer. Y si alguien quisiera saber más sobre mi interés alrededor de las rectificaciones históricas, podría añadirles otro elemento. El autor intelectual de mi acuciosidad es Antonio Guiteras. Al escribir el libro Aquella decisión callada, tropecé con muchas incongruencias históricas. Ante lo encontrado tenía dos opciones, o las dejaba pasar y no me buscaba problemas o… Una vez más el mismo dilema expresado por José Martí: yugo o estrella. Nuestra historiografía está plagada de explicaciones e interpretaciones que curiosamente resultan hechas a la medida de intereses y rancios credos individuales de hombres e instituciones políticas. Yo no quiero ayudar a la mentira. Cuando, por conveniencia, acepte encubrir una mentira, a partir de ese momento mandará el beneficio y no la convicción.

Algo más para los interesados en llegar a los detalles más intrincados del caso Marquitos. Para seguir acercándose a la verdad es necesario remontarse a las diferencias entre el DR y el Movimiento 26 de julio. Existe información al respecto. Julio César Guanche y Frank Josué Cabrales han escrito sobre el asunto. No entro en más detalles porque no es la razón de este trabajo.

Notas:

1. García Oliveras, Julio, Entrevista con Newton Briones Montoto, 18/mayo/2011.
2. Palacio de Justicia, La Habana, 24 marzo de 1964, Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno Revolucionario.
3. Comparecencia de Carlos Rafael Rodríguez durante el juicio por los sucesos de Humboldt 7.
4. Entrevista, a Guillermo Jiménez Soler por Newton Briones para el libro en preparación «Víctima» o Culpable, La Habana, 26 de diciembre de 2012.
5. Nota enviada el 29 de octubre del 2014 por María de los Ángeles Navarro González, responsable de la sección de Historia de la Editorial Nuevo Milenio.
6. Le envié un mensaje por correo electrónico con los pormenores a Ivette, presidente de literatura histórico social, de la UNEAC, el 10 de noviembre de 2015.