La maternidad y sus discursos

por María Clara Lucchetti Bingemer

Como opinión relacionada directamente con otros textos sobre el mismo tema publicados en Espacio Laical, a continuación le damos cabida en nuestras páginas al siguiente trabajo, publicado hace poco tiempo en la revista argentina Criterio.

El Día de las Madres se fue tornando una fecha comercial.

Los regalos pretender hacer felices a las que un día generaron hijos. Además de los obsequios, sin embargo, esta fecha recuerda la experiencia más primordial de la humanidad desde sus comienzos: la relación entre madre e hijo.

De ser en las sociedades primitivas algo natural, parte del ciclo biológico de la vida que se reproduce y se multiplica, la maternidad pasó a pensarse por la razón y la cultura. Los discursos atravesaron siglos y conocieron transformaciones según épocas y contextos.

En las grandes religiones se encuentra la presencia de diosas madres que marcan las creencias con el sello de la fertilidad y de la fecundación. Su ritmo es el de la madre tierra, con sus estaciones, muertes y renacimientos. Las religiones monoteístas están signadas por el movimiento de la revelación de un Dios único y trascendente invocado con nombres masculinos como Señor, Guerrero, Padre. En el discurso del cristianismo, sin embargo, hay una novedad introducida por la maternidad: la persona de la madre de Jesús. El cristianismo afirma que la persona divina del Verbo se encarna en el vientre de la joven María de Nazaret. Es la madre que da carne, humanidad, a aquél que los cristianos que se sacrifica hasta el fin por el hijo, olvidándose de sí misma, sintetizadas en la frase «ser madre es padecer en el paraíso», son ahora rechazadas. Paralelamente, hoy el antiguo preconcepto de la maternidad vista como único e irrevocable destino de la vida de una mujer es insostenible.

Las mujeres se emanciparon, entraron en el espacio público y en el mercado del trabajo. Las jóvenes madres a menudo comparten con los esposos y compañeros el cuidado de los hijos y combinan los deberes de la maternidad con las obligaciones profesionales.

Algunas planean su maternidad y eligen la edad y el momento en que desean procrear. Otras no disfrutan de ese privilegio. Sometidas por la pobreza o por la violencia, o por ambas al mismo tiempo, quedan emba