AÑO 2006 Año 2. No.5, Enero- Marzo 2006

¿Puede pronunciarse la Iglesia sobre problemas sociales?

por Manuel Marrero Ávila

Hay quienes sostienen –incluso en nuestras comunidades cristianas– que la Iglesia no debe nunca pronunciarse sobre materias sociales, mientras otros reclaman el pronunciamiento constante de la misma. Lo curioso y extraño es que aquellos que piden que la Iglesia no se pronuncie sobre materias sociales, no suelen ver mal sus pronunciamientos cuando se trata de cuestiones que de alguna manera incomoda “ a los otros”; por el contrario, los que la convocan al pronunciamiento constante, a menudo se molestan cuando este va contra ellos.

Todo el mensaje cristiano recogido en el Pensamiento Social de la Iglesia proclama al hombre (macho y hembra) como único ser creado que Dios ama por sí mismo, poseedor de una dignidad extraordinaria que emana de su filiación divina y del precio de su redención.

La sociedad es el lugar que construimos los hombres interactuando los unos con los otros y en la cual, por sorprendente intercambio, nos construimos (realizamos) a nosotros mismos como seres humanos, hijos adoptivos de Dios.

Esta sociedad en sí misma, formada por hombres que interactúan mediante la familia, los grupos, el trabajo, las relaciones económicas, políticas, las expresiones culturales, las relaciones con la naturaleza, … es el espacio inevitable en el cual la generalidad nos jugamos la Salvación, y en el cual el propio Hijo de Dios quiso poner su tienda y edificar su Iglesia.