Cada uno de nosotros es único e irrepetible, resultado de su propia historia personal, familiar y comunitaria. Uno de nuestros más preciados dones es la capacidad de conservar y transmitir la memoria de esa historia, y aprender de ella: de la nuestra y de la de aquellos que nos antecedieron. Así hemos recibido nuestra herencia de fe y de cultura, parte inseparable de quienes somos y tesoro inestimable que transmitimos a quienes vendrán después de nosotros. Miramos al pasado no para estancarnos en él, sino para aprender. De ahí nuestra costumbre de conmemorar efemérides: en la vida y hechos de quienes nos antecedieron buscamos estímulo e inspiración para nuestro hoy y nuestro mañana. De las conmemoraciones a realizar en febrero de 2016, la más importante para la Iglesia en Cuba es el trigésimo aniversario de la celebración de uno de los más trascendentales eventos de su historia: el Encuentro Nacional Eclesial Cubano, el ENEC…