Quien se preocupa por los días siembra trigo, quien se preocupa por los años siembra árboles, quien se preocupa por las generaciones, educa personas. Januzs KorCzaK

 

 

Apenas unos días restan para la celebración de Rosh Hashaná, año nuevo judío, cuando nos disponemos a escribir estas líneas. Va culminando el año 5778 en el calendario hebreo y nos preparamos para esperar, con alegría y tristeza, con regocijo y abatimiento, —polaridades de toda festividad, como la vida misma—, que acontecimientos felices nos abracen durante los meses del 5779. Cuando festejemos con familiares y amigos en el espacio comunitario, meditaremos sobre las experiencias tenidas en este ciclo que ya casi se completa.

Al mirar atrás, reflexionamos también acerca del desarrollo profesional. Cuántas novedades, horas de estudio, tantas inquietudes, —que hoy miramos con satisfacción a pesar de todo—, se suceden en imágenes. Entonces, nos acordamos de la diversión de todos los talmidim1 en el cierre del curso del Majón2 Albert Einstein el pasado mes de julio. Advertimos los frutos del trabajo de los morim:3 las kitot4 hicieron presentaciones donde se evidenció el conocimiento adquirido, sin dejar de imprimirles la huella propia de cada una: la energía de los niños, las inquietudes de los jóvenes, la risa de los adultos. Los adultos. Nuestros adultos. Al repasar los videos de la actuación del noticiero que se propusieron realizar, no podemos dejar de sonreír y de apreciar la transformación de todos. Si alguien nos hubiera vaticinado que un día seríamos morot5 de la kitá Pardés6 Alef,7 no lo hubiéramos creído. Sin embargo, cuando en octubre del año 5779 se reabran las aulas del Majón, se iniciará nuestro quinto curso. Estos han sido cinco años intensos de trabajo, de superación de obstáculos, que ahora, al pensarlos, los consideramos como un reto, un enriquecimiento personal, un crecimiento.

Fue en el 2014 que recibimos la kitá. Para ese momento, muchos de sus alumnos llevaban alrededor de tres años aprendiendo con otra morá,8 varios de ellos se habían regularizado9 y se encontraban escépticos al cambio. En ese entonces, nos correspondía a nosotras continuar la tarea desempeñada por otros profesores. Aquel primer curso fue sin dudas un desafío en todos los sentidos, pues debíamos estar a la altura de la tradición del Majón, de la enseñanza para adultos y del contexto comunitario, donde cada vez más resulta vital la integración y permanencia de sus miembros para garantizar su existencia y la del judaísmo. Ello influyó en la decisión de atender en las clases tanto los componentes instructivos como los educativos. Al provenir de ramas diferentes del saber —la microbiología y la filología— y haber ejercido como profesoras en el recinto universitario, asumimos el nuevo rol con la responsabilidad de quien bien debe autoprepararse para impartir materias en un ámbito comunitario.

Sean estas líneas un pequeño tributo a la educación judía y a la huella de aquellos emigrantes hebreos, quienes legaron una cosmovisión a Cuba, un estilo de vida, un sentido ético. Sirva nuestra labor como canto alledorvador, —uno de los principios fundamentales del judaísmo que implica el compromiso de su entrega de generación en generación y ha permitido la subsistencia de este pueblo milenario—, para recordar, no solo la historia y las costumbres, sino la capacidad del ser humano en su deber de reparar el mundo, de hacer tikúnolam.

Cuando comenzamos, el grupo estaba compuesto por 25 estudiantes, en su mayoría con edades entre los 25 y 35 años, y había un porciento no despreciable entre 36 y 50 años. Del total, solo una pequeña parte se incorporaba por primera vez al Majón. A esta última característica debíamos prestarle atención en la preparación de los contenidos, con el fin de que el desnivel de conocimientos no fuera tan evidente que conllevara al desaliento y al abandono del espacio. Con el paso del tiempo, uno de los indicadores modificados es la matrícula, pues actualmente contamos con 38 alumnos.

En todos los años de trabajo, la kitá siempre ha mantenido su carácter heterogéneo debido también a los niveles de escolaridad y al tipo de profesión de los talmidim. Por otra parte, la cantidad de mujeres siempre ha superado a la de los hombres. En el aula se observa un predominio de segunda y tercera generaciones de judíos, lo cual resulta un aspecto relevante para nuestra labor. La mayoría de los alumnos está interesada en la búsqueda y comprensión de un legado familiar. Son numerosas las ocasiones en las que los padres comienzan a asistir a la escuela dominical impulsados por los hijos quienes, una vez integrados al Majón, desean se les explique en la casa las materias aprendidas y llevarlas a la práctica. Así, la actividad pedagógica irradia hacia otros aspectos de la vida personal y comunitaria. Una vez que las familias asisten a la escuela, sistematizan su participación en los servicios religiosos, las festividades y las conmemoraciones, etc.

El sistema de contenidos impartido en cada curso ha respondido a las unidades temáticas del ciclo trienal del Majón: Historia y judaísmo, Jaguimumoadim11 e Idioma Hebreo, y se han empleado varias técnicas de participación como las visuales, audiovisuales y de actuación, las cuales han facilitado el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Una de las experiencias más importantes y conmovedoras de estos años fue el curso que nombramos ¿Mi aní?12 En aquel momento, confeccionamos las clases de historia desde una mirada inicial hacia el víncu lo con la conformación de la identidad del pueblo hebreo, pues esta era una vía para que cada talmid comprendiera mejor el pasado común de todos los judíos, su propia familia y a sí mismo. Muchas de las actividades realizadas a lo largo de nuestra labor han estado motivadas por el empleo de métodos como la observación y la aplicación de encuestas, por la lectura de materiales pedagógicos y didácticos, por la participación en seminarios y cursos de superación, etc., pero ha sido la kitá y, sobre todo los deseos de aprender, en su sentido más amplio, los principales estímulos de cada clase dominical.

Durante el curso ¿Mi aní?, avanzamos por algunos de los períodos y momentos destacados para el pueblo hebreo y, mediante preguntas como: ¿qué cualidades han llegado a nuestros días?, ¿cómo se realizan determinadas prácticas hoy?, ¿qué similitud guarda este fenómeno con la manera de expresarse este otro?, ¿cuál es la experiencia en la diáspora?, ¿cómo entender la presencia hebrea en la Isla? etc. Se construyeron conclusiones colectivas sobre la historia e identidad cubano-judía / judío-cubana. Comenzamos por los orígenes de nuestra colectividad, por dirigir la mirada hacia el yo, el aquí y el ahora. Luego nos reorientamos en la búsqueda del nosotros: los padres, los abuelos, los bisabuelos, que llegaron a Cuba muchos años atrás, y continuamos con quienes dieron inicio a la existencia del judaísmo, hasta proclamar su estado y gobierno en 1948.

La elaboración de una línea del tiempo nos acompañó siempre, y este se convirtió en un instrumento muy útil. Fueron quizás las técnicas vivenciales las que dejaron una huella mayor gracias al intercambio de anécdotas personales en diferentes clases, si bien la visita al museo de la Shoá13 en el Centro Hebreo Sefaradí también resultó significativa. A través de esos testimonios, los talmidim se conectaron con un pasado familiar, personal, comprendieron algunos ritos y símbolos, empolvados en la memoria individual, y fueron conscientes del ledorvador. Sin darnos cuenta, la kitá comenzó a cambiar. Ya la clase no era solo un espacio docente, sino un lugar para el bienestar, para encontrarme conmigo y con el otro.

Durante el curso además, los estudiantes crearon un cartel donde trataron de responder a la interrogante que le daba nombre. En él escribieron aquellos rasgos de la identidad judía que consideraron presentes en el momento histórico estudiado y llegados hasta nuestros días. Los resultados mostrados fueron reveladores, pues los alumnos experimentaron un proceso emotivo y razonado de verse a sí mismos como hebreos y como cubanos. Algunas de las frases expuestas al final del período lectivo fueron: «soy judía por elección: una madre que quiere que sus hijos sigan conectados a sus raíces»; «soy una judía conociendo su identidad»; «soy una madre y mujer encargada de transmitir el legado que un día me fue entregado, para que nunca muera el judaísmo en mi familia»; «me gusta la cultura que une a mis antepasados»; «soy judía de corazón».

Bajo el asombro y el agrado de las actividades desarrolladas en ese curso, y pensando en los recuerdos familiares vividos, nos comenzamos a preguntar si también las escuelas judías existentes antes de 1959 se habrían enfocado en el trabajo por fortalecer la identidad; cómo habrían sido esas instituciones, sus clases, los profesores, los estudiantes; cuándo y por qué dejaron de existir, etc. Apareció entonces para nosotras un sendero nuevo y fascinante en el cual estamos dando ya los primeros pasos. Encontrar los lazos de la herencia educativa entre el Majón Albert Einstein y esos otros centros pedagógicos resulta hoy esencial, ya que es una manera de ser consecuente con la forma de entender el judaísmo y su principio del ledorvador. En momentos donde la colectividad se encuentra en un período de contracción en la Isla, resulta un imperativo el rescate de toda memoria histórica que pueda incidir en la vida de cada judío y su identidad.

En cuatro oleadas migratorias llegaron los hebreos a Cuba —sefardíes y asquenazíes— provenientes de diferentes países europeos, buscando sobrevivir y esperanzados en nuevas oportunidades. Como ha señalado Maritza Corrales, en La Habana, como por arte de magia, todos los judíos de Europa Oriental se convirtieron en «polacos» y, en el interior de la isla, en «sirios» o «turcos», sin importar su ascendencia árabe o judía.14 Aquí se mezclaron con la población existente y construyeron una comunidad localizada, en el caso de la capital, en las viejas calles del trazado colonial, fundamentalmente. Durante el período republicano establecieron a lo largo del país sus instituciones: sinagogas, cementerios, comercios, fábricas, periódicos y asociaciones dedicadas a diversos fines, como la ayuda a los refugiados, la práctica deportiva y la recreación femenina. Se estima que la colectividad llegó a contar con 15 000 miembros antes del triunfo de la Revolución, quienes tenían un alto nivel de participación en la vida comunitaria y en las prácticas religiosas, una producción cultural significativa, y una fluida comunicación con comunidades judías de otros países y con las organizadas en varias ciudades del interior de la Isla.

La actividad educativa fue una preocupación casi desde los años iniciales de su establecimiento, prueba de lo cual son las distintas escuelas fundadas. La primera de ellas, implantada en 1924, llevó por nombre Talmud Torá Theodor Herzl, perteneciente a la congregación sefardí Chevet Ahim, y atendía a los niños de toda la comunidad. Tenía 125 alumnos, todos de origen hebreo, de los cuales una minoría era sefardí. En 1926, pasó a llamarse Colegio Theodor Herzl y se estableció en los locales del Centro Israelita de Cuba, que se encargó de su administración hasta 1939. Dadas las características de su alumnado, se introdujo la enseñanza del idish, empleado también en las clases

 

 

 

de literatura e historia judía. Su matrícula llegó a contar con 300 ó 400 estudiantes. En él, al igual que en las instituciones creadas posteriormente, se aprendía bajo el sistema del programa nacional para la educación pública, aunque también hubo centros privados.

De manera general, las escuelas contaron solo con el nivel primario en un inicio y respondieron a diferentes ideologías reflejadas en sus clases. Los contenidos como religión, sionismo, historia e idioma idish, eran impartidos según consideraba cada institución. Entre los colegios se pueden citar: el religioso Takjemoni, el izquierdista Sholem Aleijem y los sionistas Yavne y Theodor Herzl, antes mencionado, lo cual evidencia además cómo la enseñanza era un reflejo de la diversidad existente dentro del universo hebreo.

Según refiere la Enciclopedia,15 en un inicio, no siempre los padres solían enviar a sus hijos a las escuelas judías, ya que al no contemplar estas el nivel medio superior, los alumnos que deseaban continuar, se veían forzados a abandonarlas e ingresar en otras. Bajo estas circunstancias, y para los interesados, las organizaciones sionistas e idishistas realizaron una ardua labor, gracias a la cual se complementó la educación de muchos, mediante la impartición de conferencias, cursos de historia, de hebreo y de literatura, entre otros temas. Hacia finales de la década del cuarenta se abrieron nuevas oportunidades de matricular estudios secundarios en un ambiente judío, lo que permitió, a su vez, reforzar la identidad desde la actividad pedagógica. El Colegio Autónomo del Centro Israelita destaca en este período, como plantea Maritza Corrales.

Este centro, según se recoge en su anuario de 1959 titulado Primera memoria, único número publicado, llegó a contar con la siguiente estructura: la primaria, que era bilingüe, reunía los grupos de kindergarten, pre-primario y los de primero a sexto grado; y la secundaria, las aulas de primero a cuarto año. En una de sus páginas, se exponen las funciones para alcanzar el mejor resultado en las primeras etapas de la enseñanza: «En nuestro caso específico haciendo que nuestros niños logren un ambiente cubano-hebreo que pueda serle fructífero en su vida, y puedan alcanzar los conocimientos necesarios de las dos enseñanzas que se practican con un número de esfuerzo y con un grado máximo de satisfacción (…)»16

El Majón Albert Einstein, proyecto de la comunidad hebrea de Cuba, es hoy, sin dudas, un heredero y continuador de ese quehacer instructivo. Aunque todavía queda camino por andar, en tanto reconstruir los vasos comunicantes de la historia de la educación hebrea, es innegable el trabajo realizado en sus aulas, donde se enseñan los valores y principios del judaísmo, al tiempo que pervive el legado de aquellas generaciones que una vez echaron raíces en una patria ajena. Este tipo de educación no estuvo exenta de las transformaciones acontecidas en el país luego de 1959. Así como la asistencia al servicio religioso disminuyó, los diferentes centros docentes dejaron de existir y, no fue hasta finales de la década del ochenta que se intenta revitalizar el proceso de enseñanza. Su primer director en la nueva etapa, Alberto Mechulam Cohen, recuerda en sus palabras esa iniciativa:

Han pasado más de diecisiete años, desde que junto al Dr. Moisés Asis comenzamos a organizar lo que luego sería la Escuela Hebrea Tikún Olam. Fueron años difíciles aquellos en los que tratamos de unir a los hijos de una generación que había quedado atrás, pero lo hicimos para cumplir nuestros sueños: impedir que nuestra comunidad desapareciera, continuar transmitiendo nuestros orígenes judíos y poder sentirnos orgullosos de ellos (…) no somos muchos pero lo importante es que existimos.17

Siendo José Miller presidente de la colectividad, se acordó que la escuela llevara por nombre Tikún Olam y sesionara los domingos como un sistema de educación no formal en las instalaciones del Patronato de la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba (calle I entre 13 y 15) y, tiempo después, también en el Centro Hebreo Sefaradí (calle E y 17), ambos en el Vedado habanero. En 1992, en el contexto de la apertura religiosa, Miller tuvo la visión de solicitar la ayuda del JOINT18 y, gracias a ello, llegó a Cuba el rabino Shmuel Steinhendler. Poco a poco comenzaron a venir jóvenes que facilitaron la preparación en todos los aspectos de la vida comunitaria. En aquella etapa, la labor fue amplia y minuciosa, pues se trataba de revitalizar, rescatar el pasado fracturado. En cuanto a la educación se refiere, fue notable la ayuda metodológica recibida. Así, se inició la preparación de los morim, profesionales que colaboran de forma voluntaria y se capacitan semanalmente, y el centro se transformó hasta convertirse en Majón en el año ES 2000. En las palabras de una de sus maestras en aquel momento, Déborah Soriano, se aprecia su significación:

(…) presenciar el compromiso con el judaísmo y sus comunidades de los distintos talmidim de este centro, ha sido el más gratificante pago a tan espontánea dedicación (…) la labor de este centro será siempre pionera por inculcar el sentimiento judío en toda una generación, que hizo de este lugar la principal fuente de instrucción e intercambio (…) el objetivo del Majón Tikún Olam es impartir a los alumnos una identidad judía a través de la enseñanza de la cultura, valores y tradiciones de nuestro pueblo.19

En el año 2008, Hella Eskenazi asumió la dirección del Majón, el cual luego cambió su nombre a Albert Einstein en el 2011, en honor a la última escuela judía existente en Cuba. Esta hoy pertenece al sistema nacional de enseñanza y continúa llamándose de igual manera. Actualmente el instituto, único en el país, cuenta con ES 178 talmidim. Está organizado en siete kitot, actualmente identificadas en hebreo con las partes de un árbol, desde sus raíces hasta la arboleda. En Shorashim aprenden niños de 4-6 años; en Nitzanim, de 7-9 años; en Anafim, de 10-12 años; en Prajim, de 13-16 años; en Ilanot, de 17-25 años; y en Pardés Alef y en Pardés Bet, los adultos mayores de 25 años. Este puede considerarse como uno de los espacios vertebrales de la comunidad hebrea de La Habana que reúne a miembros activos de las tres sinagogas. Tanto alumnos como profesores se involucran, desde él, en las diferentes actividades comunitarias: religiosas, históricas, culturales, atención a enfermos, deportivas, entre otras.

Para el pueblo hebreo la labor pedagógica ha sido fundamental desde casi sus mismos orígenes. David Acrich explica: «(…) El judaísmo siempre se preocupó por fomentar una educación encaminada a resaltar la dignidad humana, (…) a través de la influencia y la corresponsabilidad: liderar enseñando (…)».20 Por su parte, la explicación de Mauricio Pilatowsky B. sobre este término es ilustrativa y dada su importancia citamos in extenso:

Por un lado nos referimos a la transmisión de los elementos que conforman la cultura judía en general (…) El término que deberíamos utilizar para esta clase de enseñanzas debería ser: «educación de temas judíos» (…) El otro sentido del término (…) vincula las dos palabras (…) el judaísmo se entiende como una cultura que aporta sus propias herramientas para definir la forma de enseñar. «Educación judía» significa (…) una forma judía de educar, o educar de acuerdo a ciertos principios que, aunque no exclusivos, le son propios y singulares del judaísmo (…) se refiere a la forma y a los principios que describen y regulan la forma de educar (…) Una educación que se fomenta lejos de la experiencia vital, singular y concreta, está lejos del espíritu judío de la enseñanza; una educación judía debe tener presente que su finalidad se orienta hacia el alcance de la paz, pero en su sentido hebreo shalom; la enseñanza que fomenta la cooperación, y que se opone al principio de la competencia, prepara el terreno de una futura sociedad donde se reduzca la violencia.21

En nuestra práctica docente en la kitá Pardés Alef hemos querido promover el ambiente de cooperación de los estudiantes, que se conviertan en participantes activos del proceso pedagógico y de la vida comunitaria, así como fortalecer su identidad judía desde la experiencia cubana. El grupo poco a poco se ha reformado en su dinámica interna de relaciones y en su sentido de pertenencia. Las clases han contribuido a revitalizar otros espacios judaicos y su vínculo con el entorno social.

Consideramos que uno de los principales resultados obtenidos en estos años ha sido la transformación del sujeto, la existencia de valores pertenecientes a un sistema ético-moral específico, en este caso el judío, que también regula la proyección individual en otros ámbitos. Se ha logrado recordar y mantener el legado de generaciones y una mayor presencia en las actividades comunitarias. En este proceso todos hemos crecido, lo cual ratifica la idea de Pilatowsky acerca de la finalidad de la educación judía.

Cuando en el mes de octubre comiencen las clases, empezarán nuevos desafíos, metas, deseos, inquietudes; aumentarán las horas de estudio, de búsqueda de técnicas diferentes; y volverán también las risas, las de nuestros adultos, quienes intentarán descifrar la letra hebrea para avanzar en la lectura, adentrarse en la vida de Abraham o David ben Gurión, mientras esperan que Purim les traiga otra vez la oportunidad de disfrazarse. Y cada día, apenas sin darnos cuenta, se seguirán entretejiendo los senderos del ledorvador en nuestro andar hacia el mejoramiento humano.

Notas:

  • Estudiantes, alumnos.
  • Profesores, maestros.4 Grupos.
  • Profesoras
  • Campo florido y 4to nivel y más alto de lectura de la Torah.
  • Primera letra del alfabeto hebreo.
  • Persona que se incorpora al pueblo judío por convicción, sin obtener ningún beneficio por ello. Se pueden regularizar descendientes de judíos no por línea materna (no halájicos), esposos (as) de judíos que tienen un papel activo en la vida de la comunidad por un período de tiempo importante.
  • Uno de los valores de la ética judía. Entiéndase «por un mundo mejor» o también «reparación del mundo».
  • Fiestas y conmemoraciones.
  • ¿Quién soy?
  • Comúnmente entendido como Holocausto. Sin embargo, existen diferencias esenciales entre los dos términos.
  • Corrales Campestany, Maritza: La isla elegida. Los judíos en Cuba. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 2007. p. 5.
  • Enciclopedia judaica castellana en 10 tomos. El pueblo judío en el pasado y el presente. México D.F, Enciclopedia Judaica Castellana S. de R. L. ,1948
  • Primera memoria del Colegio Hebreo del Centro Israelita, la Habana, Nueva Industria Gráfica NIGSA, S.A., 1959. p.17
  • Mechulam Cohen, Alberto: «Escuela Tikún Olam». Boletín de la Comunidad Hebrea de Cuba, La Habana, julio-agosto de 2002. p.6
  • Joint: American Jewish Joint Distribution Committee. Comité Judío Norteamericano de Asistencia cuyo objetivo es ayudar a los judíos necesitados. Creado en 1914 durante la I Guerra Mundial. Actualmente sigue prestando asistencia a judíos de todo el mundo y desarrollando actividades comunitarias.
  • Soriano, Déborah: «Majón Tikún Olam. De la Escuelita al Majón». Boletín de la Comunidad Hebrea de

Cuba, La Habana, septiembre-octubre 2002. p.6

  • Acrich, David: «Judaísmo y educación». http://revistasalomon.net/lector-articulos-dos/items/judaismo-y-educacion.html
  • Pilatowsky B., Mauricio: «La educación judía es más que una educación de temas judíos» (material digital).