La Habana, 22 de mayo de 2018

Querida familia:
Ante las abundantes lágrimas por perder familiares en el trágico accidente aéreo del viernes 18, solo podemos acudir a la palabra de Dios que nos dice: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Evangelio de Juan 6,68).

Jesús dice a Santa Marta, que lloraba la muerte de su hermano Lázaro: Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá y quien vive y cree en mí, no morirá para siempre (Evangelio de Juan 11,25).

Ante tanto dolor, la Palabra de Dios nos llena de esperanza. Si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará con Jesús a los que murieron y los que quedemos vivos seremos llevados juntamente con ellos al cielo. Consuélense mutuamente con estas palabras (Tesalonicenses 4,14 y siguientes).

Ante el vacío tan grande que sentimos, recordamos las palabras del Señor Jesús. «Cualquiera obra buena que hayan hecho a alguno de mis hermanos más humildes, a mí me lo hicieron e irán a la vida eterna» (Evangelio de Mateo 25,40.46)

Damos gracias a Dios por el bien que hicieron nuestros difuntos, lo cual los hizo felices en esta vida y los hará felices en la eterna.

En las manos de la Virgen de la Caridad ponemos la caridad y la misericordia de nuestros difuntos para que Ella las presente a Dios padre.

Ante este sufrimiento rezamos:

A tus manos, Dios de bondad, encomendamos el alma de nuestro querido familiar con la esperanza de que resucitará con Cristo en el último día. Te damos gracias por todo el bien que hizo, el que conocimos y el que no conocimos. Perdona los pecados que pudo haber cometido por causa de la fragilidad humana y ábrele las puertas de tu casa del cielo.

Y a nosotros que lloramos su muerte, consuélanos con palabras de fe hasta que, después de haber hecho el bien en esta vida, nos reunamos todos juntos con nuestros difuntos en el reino de la paz y el amor pleno por toda la eternidad. Amén.

Con la bendición de El Padre y El Hijo y El Espíritu Santo,

+ Juan, Arz. Hab.

Nota:
1 Reproducción de la carta manuscrita que el autor nos envió. Era nuestro deseo ofrecerla en estas páginas en su versión original; pero limitaciones de carácter técnico nos impidieron hacerlo así.