Desde hace más de dos siglos el catolicismo ha tenido la capacidad de influir en la configuración de valores y tradiciones nacionales. Desde las coordenadas de la antropología cristiana se delinearon importantes particularidades que han marcado, de forma indeleble, los referentes cosmovisivos del pueblo cubano.

También desde espacios eclesiales, en la primera mitad del siglo XIX, surgió y se consolidó un pensamiento autóctono en la Isla. El Real y Conciliar Seminario San Carlos y San Ambrosio fue el espacio donde un grupo de hombres ilustrados tuvieron la doble virtud de propiciar, en el plano teórico, un acople virtuoso entre liberalismo y catolicismo, y desde esas coordenadas, soñar una Cuba en claves poscoloniales. Aunque la Iglesia fue sacada abruptamente de este proceso mediante el Patronato Regio y el férreo control ejercido por la Corona española (que buscó y logró cercenar desde la raíz los retoños de una Iglesia criolla), nunca dejó el catolicismo de influir y cincelar el alma de cubanos que propugnaban una patria libre para cubanos libres.