Es conocido por todos que nuestro país se encuentra en un momento singular que demanda un replanteo universal de los ámbitos económico, cultural, jurídico y político, por solo mencionar algunos ejemplos. También se percibe que existe la conciencia suficiente acerca de la necesidad de emprender tales ajustes o cambios       –como se les prefiera llamar.

Dichas transformaciones exigen estudio, una reflexión compartida y el consenso necesario, así como crear las condiciones imprescindibles para realizarlas. Todo esto, por supuesto, requiere de un tiempo que no se puede violentar.  Sin embargo, el estado actual de la vida cotidiana de la población, atiborrada de carencias y agobios, genera una premura difícil de satisfacer, pero capaz de forjar un animo de frustración que podrá atentar en contra del consenso y de la comunión necesarios para emprender con éxitos la inflexión que exige nuestra realidad sociológica, en un momento tan decisivo de la historia de Cuba, donde está en juego hasta el futuro mismo de la nación.