Cuando el régimen talibán cañoneó las estatuas gigantes de Buda, patrimonio cultural de la humanidad, el Mundo es escandalizó. Gracias a los medios de comunicación occidentales aprendimos a rechazar más a quienes golpeaban en público a las mujeres que olvidaban llevar oculto el rostro y el cuerpo bajo una gruesa tela. En la mente de millones de personas quedó la convicción de que procedimientos tan bárbaros en estos tiempos no debían quedar sin castigos.