La noticia, dada a conocer semanas atrás —no por las fuentes informativas oficiales— de que la empresa extranjera que construye frente al Parque Central de La Habana el Hotel Manzana había contratado a alrededor de doscientos trabajadores indios levantó diversas reacciones, que oscilaron entre el asombro y la indignación. Por medio de mensajes electrónicos y de comentarios a través de publicaciones digitales, no pocos manifestaron su disgusto por esa decisión de la compañía constructora que marginaba a los trabajadores nativos. Algunos se preguntaron si esa medida había contado con la consulta previa a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y la posterior aprobación de ese “organismo no gubernamental”.

Hasta donde conocemos, la CTC no se ha pronunciado al respecto y ha preferido, como en otras muchas ocasiones, mirar al vacío. Entre esos comentaristas no escasearon los que hicieron hincapié en las diferencias de trato entre los cubanos y los indios que toman parte en dicha edificación. Estos últimos perciben individualmente, así sea por la misma labor, salarios mucho más elevados que aquellos, además de contar con mejores condiciones de albergue y de atención personal. Como la lluvia de críticas y de opiniones desfavorables no cesaba, las instancias superiores intentaron ofrecer una respuesta para aclarar la situación, y salió entonces a la luz pública el artículo titulado “Sacudir la palanca de las inversiones turísticas”, de la periodista Marianela Martín González, que apareció impreso en la edición del periódico Juventud Rebelde correspondiente al pasado 15 de octubre.