En Cuba el baile ha permanecido siempre estrechamente ligado a la vida común de sus habitantes. Los cubanos somos una mezcla de razas y de ritmos y es por esto que la danza escénica ha estado presente en nuestro ambiente cultural desde fecha tan temprana como el siglo XVIII.

A partir de entonces comenzamos a recibir las primeras visitas de compañías danzarias que se presentaron en la capital y otras localidades del país. El ballet, surgido en los salones más aristocráticos de Italia y codificado en Francia, llegó a nuestro territorio impulsado por excelsas intérpretes como la bailarina austríaca Fanny Elssler, una de las más famosas representantes del estilo romántico en Europa.

Ya en el siglo XX pudo admirarse a Anna Pavlova, mito del ballet ruso y universal, y a Isadora Duncan, una de la precursoras de la danza moderna y contemporánea en los Estados Unidos.