En los editoriales publicados por nuestra revista hemos intentado expresar, de manera humilde y sintética, aspectos importantes del acontecer y del sentir de la sociedad cubana. Esa ha sido la línea decidida por el Consejo Editorial. Y esto es lógico, pues como laicos estamos en la obligación de contribuir, con nuestros criterios y análisis, a que mejore la cosa pública. Por ello, los editoriales han insistido en que la actual dinámica sociológica de nuestro país demanda una infl exión hacia formas superiores de organización social.

Para lograrlo, precisamos en una ocasión que Cuba necesita de una convivencia internacional signada por un clima carente de prejuicios y marcada por la confi anza. Sobre ello señalábamos que dicho proceso de encuentro y solidaridad entre Cuba y el mundo no se estaba logrando en la medida necesaria, pues algunos sectores importantes y decisivos en el orbe, desde posiciones muy ideológicas y cerradas, han condicionado tal apertura a un conjunto de transformaciones que Cuba debe concretar previamente. Gracias a Dios esto ha cambiado de manera sustancial; la Isla ha consolidado su inclusión en el seno de la región latinoamericana, la Unión Europea restablece sus vínculos con nuestro país, y el nuevo presidente de Estados Unidos ha expresado su voluntad de dialogar con el gobierno cubano.