A cargo de Jorge Domingo Cuadriello

Martí es buena lectura para un veinticuatro de febrero. Acaso sea mala lectura para siempre. El estilo de Martí corresponde, primero, a él mismo; luego, a su tiempo; final, y principalmente, a su circunstancia, que es una liga de destierro y aspiración. Me pasé este día leyendo a Martí –lo cual me parece mejor, en estos tiempos, que leer sobre Martí.

Todo escrito corresponde, si es genuino, al instante en que lo ha sido. Cada hombre es parte, con su obra, del medio ambiental -histórico, social- en que vive y sueña. Si no es eso, es que se ha desprendido de sí mismo y se ha hecho ficción. Así, pues, todo pasado tiene, respecto del presente, algo de irrealidad confortadora, de evasión. A veces podemos volver a él, como vamos al arte, a escapar, por un momento, del contorno que nos oprime. La historia tiene entonces algo de vacación y de alivio, que fortalece y agranda, por dentro, para seguir camino.