Al concluir la segunda Guerra Mundial, la España franquista atravesó por uno de los períodos más difíciles de su historia. La no inclusión en la Organización de Naciones Unidas (ONU), la retirada de los embajadores de suelo español y el aIslamiento internacional obligaron a Francisco Franco a reconfigurar sus espacios de influencias y proyectar nuevos senderos en política exterior.

La convulsa realidad posbélica advirtió además la necesidad de legitimar la repudiada dictadura hispana, fomentar un bloque de naciones favorable al levantamiento de las condenas internacionales y presentar el nuevo rostro de una España católica, conservadora y, sobre todo, anticomunista.