En la tarde del 3 de julio de 1900 llegaba a la ciudad de Cambridge, suburbio de Boston, la expedición Mc Clellan procedente de costas cubanas. No trasladaba soldados ni armas, como había sucedido dos años antes, al producirse la intervención de Estados Unidos en el conflicto colonial; esta vez trasladaba a 226 maestros dispuestos a cursar estudios de preparación en la egregia Universidad de Harvard. Similar travesía habían realizado momentos antes los buques Mc Pherson, Crook, Sedgwick y Burnside, con el resto de los 1256 expedicionarios. Según los testimonios, el viaje fue amenizado con bailes, tertulias y lecciones en inglés entre los grupos de señoritas que descubrían, por primera vez, el desborde placentero fuera de los límites del hogar.

La salida de jovencitas, algunas de 15 y 16 años de edad, implicó ciertos requerimientos, a fin de atemperar la experiencia con las costumbre y la moral de la época. Pronto apareció una solución: las señoritas serían custodiadas por chaperonas, vigilantes de la “moral” e “integridad” sexual de las maestras. Había que evitar por todos los medios “que su primer contacto con la libertad americana no las llevara a exagerar”.