Las percepciones Habana-Miami no pueden entenderse de manera cabal si no se toman como referencia las de la cultura cubana sobre Estados Unidos, caracterizadas desde hace mucho por un sentimiento doble: el rechazo y la atracción.

Se ha dicho que siendo un país del Tercer Mundo, la autocomparación de los cubanos con el vecino norteño constituye un «hecho natural» manifi esto, entre otras cosas, en la manera de validar el modo de hacer norteamericano en términos del éxito personal, la efi ciencia económica y el consumo, ideas que se deben no sólo a su prosperidad en Estados Unidos –un hecho magnifi cado por las imágenes al uso, al presentar un «exilio dorado» empresarial y ejecutivo–, sino también al continuum que ha atravesado relativamente incólume 50 años de confl icto