Entre los años 1959 y 1962 se manifestaron en Cuba importantes y complejos procesos sociopolíticos generados a partir de una Revolución triunfante, que necesariamente enfrentaría a las fuerzas y a los actores sociales estrechamente vinculados a la anterior realidad social.

Una de las principales posiciones de resistencia a las transformaciones políticas y sociales implementadas por la Revolución en el poder estuvo representada por la Iglesia Católica (Romana). Con una presencia plurisecular en el país, desde la colonización española, la Iglesia había enfrentado los difíciles obstáculos que el control estatal del Patronato Regio le había impuesto en todo el período colonial en cuanto a posibilidades reales de acercamiento a las expectativas populares, a lo cual se sumaría posteriormente la desconfianza de la vida republicana independiente hacia una institución que había devenido el principal bastión ideológico del sistema colonial.