La educación constituye uno de los procesos fundamentales que se desarrollan en toda sociedad. Mediante la actividad educativa, un grupo humano garantiza la reproducción de aquellos elementos materiales y espirituales, propios de una cultura o civilización específica, que se presentan como causa y resultado de su supervivencia y como adaptación a las cambiantes condiciones del entorno. De esta manera, la educación y su manifestación concreta, la enseñanza, ocupa un espacio privilegiado dentro del ordenamiento social.

En sentido general, la transmisión de conocimientos de generación en generación transcurre a través de dos tendencias principales. De una parte, la educación puede proponerse transmitir las técnicas de trabajo y de comportamiento que ya están en posesión del grupo social y asegurar así su relativa inmutabilidad. Por la otra, sin embargo, puede intentarse, a través de la transmisión de las técnicas poseídas por la sociedad, formar en los individuos la capacidad de corregir y perfeccionar las técnicas mismas.