El país está viviendo un saludable proceso de debate sobre la realidad nacional, solicitado por las autoridades, que puede llegar –al menos eso espera la población- a redefinir la vida social, cultural, económica y política de la nación. Al parecer, todos anhelan, tanto el pueblo como el Estado, un consenso para avanzar hacia una sociedad mejor, sin renunciar a lo bueno que podamos haber alcanzado.

Parece que dichas asambleas de análisis marchan bien. Quienes las dirigen, por lo general, estimulan el diálogo abierto y las personas suelen opinar con mucha franqueza sobre todo el abanico de cuestiones que afecta la vida de cada cubano. El propio general Raúl Castro ha pedido a la población la mayor sinceridad al participar en tales reuniones.

Uno de los aspectos importantes que tal vez resulte favorecido de este proceso es precisamente la necesidad del diálogo sincero. Por ende, sería necesario enfatizar en la posibilidad de que siempre sea viable opinar con libertad y ser escuchado –tanto a solicitud del gobierno como por iniciativa ciudadana.