Es común que toda reflexión acerca de la música popular cubana actual esté condicionada por una exclamación clásica: “lo de antes sí era música, pero ahora todo es chabacanería…”, incluso algunos hablan del daño que ocasiona en la educación de los hijos el consumo de estas músicas: sin lugar a dudas hablamos del rap, el reguetón y otros.

Estas reflexiones están basadas sobre dos elementos de innegable preocupación: lo que literalmente dice esa música (sus textos) va en detrimento de los valores conductuales inculcados a nuestros hijos (comentario que cuestiona el talento del creador) y, por otra parte, dada la condición «marginal» de estas músicas se impugna su insistente difusión y audiencia masivas.