En septiembre del año pasado sesionó en Roma el Primer Congreso de Televisiones Católicas. Fue la ocasión para que el padre Federico Lombardi, sj, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede y de la Radio Vaticana, anunciara la creación de una red internacional de televisoras católicas, las cuales, manteniendo sus autonomías e identidades culturales, se acoplarían en un mutuo servicio. Con la propuesta de constituir un banco de programas gratuitos se dio un paso concreto hacia la inserción de la Iglesia en las complejidades del mundo contemporáneo. Se aprecia también una respuesta afirmativa a los desafíos de la gigantesca misión de evangelizar en la encrucijada actual de la historia.

Una de las aristas del desafío descansa en cómo la Iglesia Católica percibe los problemas del mundo y cómo ese mundo tan abigarrado observa (y se relaciona) con la Iglesia. Este cruce de miradas desborda el medio televisivo, al impactar sobre las publicaciones, sitios en Internet y emisoras de radio asociadas a la Iglesia.

Pero considerando las 300 televisoras católicas, que entre un total de 2 mil existen en el planeta, se esboza la amplitud de una realidad influyente y en crecimiento.