Las diversas lecciones que ha dejado y aún nos dejará el coronavirus (SARS­CoV­2) y su consecuente enfermedad, que todos conocemos como la COVID­19, nos alertará para estar preparados en otros eventos como estos que, según un reconocido ecólogo, pueden repetirse y a su juicio: «tenemos una amnesia colectiva: olvidamos las pandemias después que suceden y es necesario prevenir el estallido de grandes epidemias en vez de reaccionar ante cada una después que surge, así nos ahorraría mucho dinero y muchas vidas».1 La primera lección es la confirmación de que todos somos vulnerables, aunque en los inicios esa vulnerabilidad era más elevada en los adultos mayores por padecer otras enfermedades (co­morbilidad), lo que elevó la letalidad en ese grupo de población.2 Sin embargo, al avanzar el proceso epidémico, la vulnerabilidad se ha extendido a todas las personas, incluidos los menores.3

La mención del término pandemia, tanto para la comunidad científica como para la población en general, brinda una oportunidad para destacar el desempeño de los profesionales del campo de la epidemiología, quienes pasada la crisis, en cualquier país, vuelven a situarse en el anónimo espacio de su quehacer cotidiano. La pandemia de COVID­19 ha representado una de esas oportunidades, aunque no siempre se hayan divulgado con amplitud las funciones y tareas de control que realizan los epidemiólogos para su eliminación.

Es en estos tiempos epidémicos en que se popularizan términos y expresiones propios de esa disciplina, es obligada la explicación sobre su verdadero significado. Uno de esos términos es la denominada cuarentena, medida convencional para el control epidemiológico ante la presencia de cualquier enfermedad infecciosa transmisible y particularmente, las que se transmiten de persona a persona o por contacto directo, como sucede con la COVID­19.

Desde una visión más técnica, ¿qué significa la cuarentena como medida de control epidemiológico? En la definición más clásica se expresa: «Es el período de observación en que se deja a un sujeto sano, pero sospechoso de encontrarse en período de incubación de una enfermedad transmisible».4 En consecuencia, es obvio que durante la actual pandemia se establezca la obligatoriedad de cumplir la cuarentena que se exige por las autoridades nacionales —sanitarias y gubernamentales— como ocurre en nuestro país.5

Es necesario precisar que en el control epidemiológico de una enfermedad infecciosa transmisible, en este caso la COVID­19, no solo se establece la cuarentena sino también, se ejecutan otras importantes medidas: el aislamiento de enfermos y sospechosos, el uso del nasobuco o mascarilla, el cumplimiento de las medidas higiénicas imprescindibles, como el lavado de manos, la limpieza de objetos y utensilios de uso frecuente y la aplicación de la hoy ansiada vacuna.

Desde los inicios de la pandemia el término cuarentena ha sido de uso común, al aplicarse como medida de control eficaz según la experiencia en otros países, específicamente en China, Italia y España, donde es bien conocido que se notificaron miles de enfermos por COVID­19 durante la etapa inicial. Esa aplicación varió desde restricciones extremas, lo que algunos catalogaron como «medidas draconianas»,6 hasta cuarentenas «flexibilizadas», es decir, sin total restricción de movimiento, como ocurrió en Japón.7

Es obvio que ante un hecho tan inesperado como esta pandemia, hayan surgido en el campo científico interesantes confrontaciones y cuestionamientos sobre la aplicación de las medidas de control, y en ese sentido destacan las críticas a favor y en contra del aislamiento social,8 del uso de las mascarillas9 y la posible eliminación de la COVID­19 mediante una controversial propuesta: la «inmunidad de rebaño».10 A todo esto se unen las presiones ejercidas por los políticos en todos los países para eliminar con rapidez la pandemia.

Ahora bien, ¿por qué considero la cuarentena como una medida riesgosa para el control de cualquier pandemia? El cumplimiento de esta medida depende de dos ineludibles componentes: de un lado la correcta obligatoriedad que exigen las autoridades para cumplir con esta medida, y de otro lado está la responsabilidad ciudadana y, sobre todo, que las personas reconozcan el peligro que ocasiona mantenerse en contacto con los enfermos, sospechosos y asintomáticos en pleno proceso epidémico, pues las evidencias científicas han confirmado que cada persona puede infectar entre 2­3 contactos.11 Son numerosas las anécdotas dentro de la población acerca del mal comportamiento social de las personas que violan las restricciones de la cuarentena y también sobran evidencias, divulgadas por el personal de salud, acerca de los incumplimientos por la indisciplina social.

Como expresa un académico cubano experto: «Podrá persistirse en este enfoque de la percepción del riesgo, y sabremos con qué grado de eficacia las personas reconocen los peligros a que se exponen; pero no sabremos por qué se comportan de un modo determinado, pues no hemos hecho prevención desde la subjetividad».12 En ese sentido, ha sido bien divulgado el llamado a la «conciencia ciudadana» y suscribo el criterio del experto al confiarse en la cuarentena como una de las medidas de control idóneas, y obviar la importancia del comportamiento del «sujeto» para que esa medida sea efectiva.

Se han reconocido las consecuencias negativas que para la salud mental podría representar el aislamiento en las personas residentes en las zonas en cuarentena, por lo cual se han promovido desde las ciencias sociales acciones preventivas para la población con la participación de grupos y de reconocidos sociólogos y psicólogos cubanos, tanto en las redes sociales13 como en los medios masivos de comunicación.14 Además, se realizan otras investigaciones aún no divulgadas, pero que aportan evidencias sobre las consecuencias de la COVID­19, no solo para la salud mental, sino también para la salud física de las personas.

En Cuba, a partir de marzo de 2020 se estableció el Plan de Medidas para el Enfrentamiento de la COVID­19, que incluyó la vigilancia epidemiológica estricta y el aseguramiento asistencial en hospitales y centros de aislamiento para contactos y sospechosos; además, se constituyeron grupos multidisciplinarios de expertos que han contribuido al control de la epidemia a nivel comunitario y, sobre todo, a la disminución del número de fallecidos. Los resultados de este trabajo coordinado y el apoyo gubernamental han mostrado el desempeño del sistema de salud universal cubano para la atención de toda la población, desde todos sus niveles e instituciones, en contraste con otros países de nuestra propia región geográfica.15

No obstante, en la actual situación nacional de la pandemia, provocada por el aumento de casos —unos autóctonos y otros originados por el contacto con personas procedentes de otros países— los esfuerzos deben conjugarse no solo para reforzar y reorientar las medidas restrictivas de aislamiento y cuarentena, sino, para incluir una atinada estrategia dirigida al componente humano del binomio que mencioné al inicio (cuarentena­personas), que no solamente esté basada en exigirles su responsabilidad social como ciudadano, sino que transite desde indagar los verdaderos motivos de su comportamiento ante la COVID­19, lo que permitirá desarrollar medidas efectivas que contribuyan a la eliminación o la reducción a niveles epidemiológicamente aceptables de la infección por SARS­COV­-2 en el país.

Referencias:

  1. Lissardy G. Coronavirus. Entrevista con el ecólogo de enfermedades Peter Daszak. BBC News Mundo, Nueva York . 9 marzo 2020. Disponible en: www.bbcnews.com
  2. Bonanad C et al. The Effect of Age on Mortality in Patients With COVID-19: A Meta-Analysis With 611,583 Subjects. JAMDA 2020; (21) 915e918. Disponible en: www. jamda.com
  3. Ministerio de Salud Pública. Partes Diarios oficiales de la COVID-19. Disponible en: https://temas.sld.cu/coronavirus/covid-19/
  4. Armijo, R. Epidemiología. Tomo I. Epidemiología Básica. edición. Editorial Intermédica. Argentina, 1978. pág. 115
  5. República de Cuba, Ministerio de Salud Pública. Plan de Prevención y Control para el Enfrentamiento a la COVID-19. La Habana: MINSAP; 2020. Y República de Cuba. Gaceta Oficial 25 Extraordinaria de 12 de mayo de 2020. Disposiciones Sanitarias COVID-19. Documento en pdf.
  6. Kamps S, Hoffman. C. Covid Reference. Edición 2020-1. En. www.CovidReference. com
  7. Paúl F. Coronavirus: cómo Japón ha logrado controlar el covid-19 sin recurrir al aislamiento general obligatorio. BBC News Mundo. 25 marzo 2020. Disponible en: www. bbcnews.com
  8. Mizrahi D, Benavides S. Entrevista. Martin Kulldorff y su visión sobre la apertura de las escuelas. 12 de Septiembre de 2020. //www.infobae.com/america/ciencia-america/2020/09/12/
  9. Barbosa J. OPS: Inmunidad de rebaño para la COVID-19 no es una estrategia, es una tragedia. Granma, La Habana, 4 de octubre de 2020. Disponible en: Redacción Digital | internet@granma.cu
  10. Estudios COVID-19. Inmunidad de grupo (inmunidad de rebaño) y COVID-19. Centro Cochrane Iberoamericano. 3 junio 2020. Disponible en: www.CentroCochraneIberoamericano.com
  11. Randolph HE, Barreiro LB. Herd Immunity: Understanding COVID-19. Immunity. 2020; 52(5):737‐741. doi:10.1016/j.immuni.2020.04.012
  12. Román JJ. La pandemia y las personas: la clave está en el riesgo. Alternativas cubanas en Psicología 2020; 8 (24):15-19. Disponible en: www.acupsi.org
  13. Ares P. Luz larga para la esperanza y luz corta para la ansiedad. Disponible en: página web de la autora en Facebook. 2020
  14. Calviño M. Programa televisivo «Vale la Pena». Cubavisión. Emisiones de Septiembre-Octubre. 2020
  15. Organización Panamericana de la Salud. Cuba frente a la COVID-19. Boletín de la OPS/OMS en Cuba. 2020; 24 (2).