El nonagésimo aniversario de la Revista de Avance (19271930), que ha pasado a la historia de nuestra cultura como la más importante y de más sostenida trayectoria entre las publicaciones cubanas de orientación vanguardista, queremos celebrarlo homenajeando a su editor menos conocido entre nosotros, cuya vida y obra llevamos años investigando y divulgando en diversos foros, pero sin ofrecer los resultados parciales alcanzados mediante publicaciones, exceptuados un breve artículo incluido en la revista La Rambla Cubana en el ya lejano 1998 y una semblanza añadida al final del ensayo «Mariátegui en Cuba en la década crítica. Corresponsales, colaboradores y estudiosos (Segunda aproximación)», aparecido en la edición digital de Políticas de la Memoria (Buenos Aires, núm. 16, verano 2015/16). El texto que presentamos ahora debe leerse como una nueva versión, modificada y enriquecida con posteriores hallazgos, del trabajo leído en la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, de La Habana, el pasado 22 de abril.

Nacido en Barcelona el 2 de octubre de 1894, exiliado en Cuba durante poco menos de cinco años en la efervescente «década crítica», por más de dos decenios en México, país cuya ciudadanía adoptó, viajero durante varios años por América del Sur, Europa y la Unión Soviética, tras el triunfo de la Revolución nuevamente en Cuba, donde falleció en 1966, a los 72 años, Martí Casanovas y su quehacer intelectual continúan como un campo de estudio prácticamente virgen. Durante años hemos trabajado de manera intermitente en la localización y compilación de sus textos crítico-ensayísticos, labor harto trabajosa por la disimilitud de espacios y momentos en que su azarosa existencia transcurrió.

Nuestra atención se ha centrado preferentemente en lo relacionado con Cuba, sin soslayar, no obstante, lo concerniente a esos otros espacios mencionados y aun a algunos donde al parecer no estuvo, pero donde sí han quedado muestras importantes de su quehacer que lo ubican como uno de los más lúcidos y penetrantes estudiosos de las problemáticas asociadas a las tendencias artístico-literarias e ideopolíticas de vanguardia en América Latina, así como un denodado promotor de estas. En nuestra exposición, de carácter más informativo que analítico-valorativo, seguiremos a Casanovas a través de las estancias o, mejor aún, de los espacios en que se movió en itinerarios serpenteantes, aprovechados siempre para enriquecer y diversificar su cultura.

» Barcelona (1894-1922 [¿1923?])

Las informaciones conseguidas sobre Casanovas en su ciudad natal —donde es un total desconocido, incluso en la Biblioteca Catalana— nos lo muestran como estudiante de la Escuela de Decoración, para cuya revista firma, en su número inicial de 1914, el prólogo y el artículo «La tradición clásica en Cataluña». Es ya, para entonces, un bisoño crítico de arte y literatura que va a colaborar después en La Revista (cerca de 25 trabajos entre 1915 y 1917) y en Quaderns d’Estudi (1917), publicaciones en las que ven la luz estudios y reseñas sobre el arte y la literatura, por lo general catalanes, todos muy bien fundamentados e impregnados de un fuerte sentimiento nacionalista, contrario a la opresión del gobierno central de Madrid, lo que lo obligará a exiliarse. No poseemos hasta el momento otras informaciones sobre su existencia en la Ciudad Condal, pero sí que en 1921 contrajo matrimonio con Luisa María Vinceta Estapé-Pedra, nacida el 5 de octubre de 1897. Suponemos que en esos años sus trabajos en la prensa catalana, en un sentido más general, debieron de ser numerosos, pero ese asunto está aún por explorarse.

» Cuba (1923[¿1922?]-1927)

En un momento impreciso que el especialista Jorge Domingo Cuadriello en su Diccionario bio-bibliográfico de escritores españoles en Cuba Siglo xx (2010) ubica a fines de 1922, pero que prefiero situar en el primer semestre de 1923, llega a Cuba. Lo documentado es que en agosto de 1923 la revista habanera La Nova Catalunya lo presenta como «nuevo, muy culto y valioso compañero de redacción […] joven propagandista del nacionalismo catalán y notable escritor llegado hace pocas semanas a La Habana, donde viene a radicarse».

En ese número se incluye su artículo «La fuerza del nacionalismo catalán». En la misma revista aparecerían ese año otros artículos suyos de orientación política y notas de diverso carácter que firmaba con la inicial de su nombre o con las de su nombre y apellido, y que en ocasiones se publicaban en catalán. Es probable que fuesen sus actividades en el Centre Catalá de La Habana —de cuya Junta Directiva formó parte, por unos meses, a poco de su asentamiento en la capital de Cuba— las que le permitieran trabar conocimiento con jóvenes intelectuales cubanos también vinculados a la entidad, entre ellos uno de ascendencia catalana a quien se ligaría estrechamente: Juan Marinello, cuyo quehacer en el Centro fue bastante intenso en la década de 1920. No descartamos la posibilidad de que se hubiesen conocido antes, en la propia Barcelona, en ocasión de la estancia de Marinello en España entre 1921 y 1922.

En ese mismo mes de agosto de 1923 nace su hija Luisa Casanovas Estapé, no sabemos si en Cuba o en Barcelona. Entre 1923 y 1927, temáticas catalanas serán abordadas por él en algunos de sus trabajos en las publicaciones ha baneras El Guanche, órgano del Partido Nacionalista Canario en Cuba, Venezuela Libre, Social, Cuba Contemporánea, Revista Bimestre Cubana, Diario de la Marina, El Heraldo, El País, El Universal, Revista de Avance.

Por esos años actuó como corresponsal en La Habana del importante diario barcelonés La Veu de Catalunya. Al parecer, en 1924 residió temporalmente en Santiago de Cuba, donde participó en diversas actividades promovidas por la colonia catalana de la ciudad, entre ellas la publicación de la revista Patria, de la cual fue redactor.

A fines de 1923 escribía la columna casi diaria «Gaceta de las Artes» en el recién fundado diario El País. Más de veinte artículos aparecieron hasta el cierre del año, entre los cuales cabe destacar la serie dedicada al Salón de Humoristas. En enero de 1924 tendría una nueva columna en el mismo diario, titulada «Acotaciones», que solo duró ese mes y en la que abordó contenidos menos centrados en temas artístico-literarios. Nuestro recuento de la presencia inicial en Cuba de Martí Casanovas quiere resaltar su integración a la intensa vida cultural habanera en los momentos en que el proceso renovador en la literatura y el arte cubanos, que venía fraguándose desde comienzos de la década de 1920 (y acaso desde inicios de la anterior, sobre todo en lo que concierne a la plástica a través de la ilustración y los anuncios publicitarios), alcanza su punto culminante en el convulso primer semestre de 1927, cuando se reinician las luchas de los estudiantes universitarios por la reforma de la enseñanza, el gobernante Machado anuncia sus intentos prorroguistas, se acrecienta el sentimiento antimperialista en amplios sectores sociales y se fortalece el movimiento sindical, que cuenta con la Confederación Nacional Obrera de Cuba. La valoración en su justa medida del aporte de Casanovas a la promoción y el análisis del llamado «arte nuevo» en Cuba, se ha visto limitada por el desconocimiento de la parte más importante —numérica y conceptualmente y por el más amplio radio de acción que el medio le posibilitaba— de sus escritos en la prensa diaria en el lapso aludido.

En ese primer semestre de 1927 continúa Casanovas su vinculación al Grupo Minorista, de la cual hay constancia por lo menos desde 1925, cuando colabora en la revista Venezuela Libre con su extenso artículo de cariz político «Cataluña». En mayo de 1927 firma la «Declaración» en que el Grupo —lidereado por el poeta y revolucionario en proceso de radicalización marxista Rubén Martínez Villena— expone sus doctrinas en lo político, lo social y lo artístico-literario.

Para entonces, ya había sido uno de los editores fundadores —junto a los también minoristas Juan Marinello, Jorge Mañach, Francisco Ichaso y Alejo Carpentier, este solo en el número inicial y sustituido a partir del siguiente por el igualmente integrante del Grupo José Z. Tallet— de Revista de Avance, que había comenzado a salir en el mes de marzo y que se convirtió en uno de los más representativos órganos de la renovación ideoestética de orientación vanguardista en Cuba. En sus páginas dejó Casanovas ensayos, artículos y notas sobre artistas plásticos cubanos, así como reseñas de libros y exposiciones. Pero debe recordarse que Revista de Avance fue algo más que una publicación: fue un verdadero proyecto y una institución cultural que se abrió a múltiples iniciativas. Así, con el resto de sus editores, Casanovas sería uno de los promotores de la polémica Exposición de Arte Nuevo, primera de su clase en Cuba, que removió el ambiente artístico y dio a conocer a jóvenes valores de la plástica nacional. A él le correspondió pronunciar las palabras de clausura de la Exposición. Revista de Avance auspició igualmente, a partir de una idea del pintor José Segura, una exposición de artes plásticas del Instituto Nacional de Sordomudos, para la cual Casanovas escribió las palabras de presentación del catálogo y pronunció la conferencia inaugural. En ese primer semestre de 1927, los editores de Revista de Avance, y Casanovas entre ellos, elevaron un informe al Secretario de Instrucción Pública sobre las Escuelas de Pintura al Aire Libre.

Junto a otros minoristas y algunos de los más bisoños escritores y artistas que emergían con inusitada fuerza en 1927 —entre estos últimos, José Antonio Foncueva, Félix Pita Rodríguez, Enrique de la Osa, Francisco Masiques— Casanovas fue uno de los propugnadores del acercamiento y colaboración entre sectores intelectuales y proletarios, y de la formación del «sindicato de trabajadores intelectuales i artistas de cuba» (sic), en cuyo «manifiesto número 1» se denunciaba el carácter de mercancía de la obra de arte en la sociedad capitalista, se reivindicaban las corrientes estéticas de vanguardia y se reclamaba la unidad en el pensamiento y en la acción. Su firma al pie de este manifiesto lo condujo a la cárcel a raíz del famoso «proceso comunista» de julio de 1927 junto a otros signatarios como Carpentier y José Antonio Fernández de Castro, artífice este último de la renovación del Suplemento literario del Diario de la Marina, en el que Casanovas había publicado, entre fines de 1926 y febrero de 1927, extensos y penetrantes trabajos sobre el pintor Víctor Manuel y sobre obras literarias de Marinello y Mañach, así como había comentado en el diario, a profundidad y con aportes interpretativos, las conferencias del pensador español Fernando de los Ríos en la entonces recién constituida Institución Hispanocubana de Cultura, que presidía Fernando Ortiz. Desde la cárcel escribió el artículo «Pseudo-revolucionarismo estético» para atuei (1927-1928), revista de orientación estética vanguardista afín a los postulados ideológicos del APRA (con los que comulgó entonces y después Casanovas) y gestada como órgano del mencionado sindicato, pero aparecida con posterioridad al proceso. Puesto en libertad bajo fianza, al salir de la cárcel fue apresado nuevamente y expulsado del país por extranjero indeseable. Su lugar en el grupo editor de Revista de Avance lo asumió entonces el minorista Félix Lizaso. Al partir de Cuba a fines de agosto o comienzos de septiembre de 1927, Casanovas contaba en su haber con las colaboraciones que había insertado en otras importantes publicaciones cubanas, ya citadas, no siempre sobre cuestiones relacionadas con Cataluña. Pero sus más apreciables —y hoy completamente ignoradas— contribuciones al desarrollo en nuestro país de la literatura y el arte de definida orientación vanguardista las realizó, en nuestro criterio y hasta donde conocemos, desde las páginas del diario capitalino Heraldo de Cuba, entre fines de febrero y julio de 1927, a través de su columna diaria «Pequeña Gaceta». En ese espacio publicó cerca de setenta artículos de variable extensión (a veces en series sucesivas de 3 y 4 textos, y hasta de 10 en el caso excepcional de los dedicados a la Exposición de Arte Nuevo) y temas y asuntos diversos, relacionados principalmente con el arte, la literatura y la cultura, aunque no limitados a ellos, pues de modo ocasional dio cabida a cuestiones de otra índole, como en los titulados «El cisma de Action Francaise», «María de Maeztu y la Nueva Pedagogía», «La fórmula nacionalista» y «Nacionalismo y continentalismo», por ejemplo.

En sus artículos sobre cultura, arte y literatura para esta columna no se empeñaba solo en el análisis de una obra literaria en particular, o en el conjunto de la creación de un artista plástico con motivo de alguna de las numerosas exposiciones que tuvieron lugar en La Habana en el primer semestre de 1927, sino que a menudo abordaba asuntos o problemáticas de más amplio alcance, como en aquellos en que se refiere a «Los fueros de la inteligencia», «Emoción y contenido», «Una justificación del arte nuevo», «El arte y la moral», «La enseñanza artística», «Arte burgués y arte proletario», «Intelectuales y políticos», «La verdad en arte», «El proletariado intelectual», «El prejuicio y la nueva sensibilidad», por citar algunos títulos que el objetivo fundamentalmente informativo de estas líneas impide comentar o siquiera glosar.

En la página «Arte y Literatura» del Magazine ilustrado de Heraldo de Cuba había colaborado de modo  esporádico en 1926 y había utilizado por primera vez el título «Arte y artistas» para sus textos, el cual empleó asimismo en el Suplemento literario del Diario de la Marina y en Revista de Avance. Por último lo convirtió en la denominación de una página del Magazine ilustrado de Heraldo de Cuba, al modificar este suplemento dominical su contenido a principios de junio de 1927 para ponerlo a tono con las nuevas tendencias entonces en boga y, suponemos, para competir con el del decano de la prensa cubana, que tanta admiración despertaba. Dicha página, que estuvo a su cargo hasta fines de julio, se ocuparía «de la actividad artística, cubana y extranjera, y publicará ilustraciones de nuestros artistas de vanguardia». En la primera salida bajo su conducción apareció el trabajo del político peruano Haya de la Torre «¿Qué es la A. P. R. A.?» y de la autoría de Casanovas sus palabras en la clausura de la Exposición de Arte Nuevo, conferencia que, según se expresa en el anuncio de creación de la página, «por sus radicalismos, ha sido objeto de apasionados y contradictorios comentarios». En las siguientes ediciones verían la luz un ensayo suyo sobre Pierre Flouquet, su discurso inaugural en la Exposición del Instituto Nacional de Sordomudos, así como la sección de breves informaciones «Noticiario» y colaboraciones de críticos extranjeros, todo con la prometida inserción de ilustraciones de exponentes de la vanguardia pictórica cubana. De su labor en este cotidiano habanero debe mencionarse también el extenso trabajo «Veinticinco años de pintura», incluido en la edición extraordinaria dedicada al vigesimoquinto aniversario de la instauración de la República y que acaso merecería compararse con los que, sobre el mismo asunto y período, publicaría Jorge Mañach casi simultáneamente.

Tras su expulsión de Cuba, la firma de Casanovas parece estar ausente de la prensa cubana por más de tres décadas. Solo tenemos noticia de un texto en El País (febrero de 1928) y otros dos en Revista de Avance, el último de ellos, «Tres momentos de la pintura mexicana», inserto en el número dedicado por la publicación a México (noviembre de 1928).

» México-América Latina (1927-[19¿…?])

Según referencias de la prensa, su llegada a México ocurrió a comienzos de la segunda quincena de septiembre de 1927. No menos intensa que la desarrollada en La Habana, aunque sí más dilatada, debe haber sido su actividad en la nación azteca, donde al parecer permaneció hasta 1951. Los resultados de nuestra investigación sobre su etapa mexicana son más bien exiguos, pero se aspira a completarlos en el futuro. Tenemos noticias de que hacia abril de 1928 vio la luz el número inicial de la revista bajo su dirección México, en la cual apareció su trabajo «El nuevo arte indígena mexicano», pero no se ha localizado ningún ejemplar de ella. Asimismo se conoce que fue uno de los firmantes del «Manifiesto Treintatreintista», dirigido contra la decadencia académica, y que estuvo entre los colaboradores de la revista ¡30-30!, órgano de los pintores de México, en cuyo primer número, de julio de 1928, publicó los artículos «Las fotos de Tina Modotti: el anecdotismo revolucionario» y «Las escuelas libres de pintura». Consta además que firmó al menos otro de los cinco manifiestos de la organización: «Segundo manifiesto treintatreintista contra: I, los académicos; II, los covachuelistas; III, los salteadores de puestos públicos; y, IV, en general contra toda clase de sabandijas y zánganos intelectuales», que fue recogido en la revista del marxista peruano José Carlos Mariátegui Amauta (febrero-marzo, 1929) y del cual ha comentado Alberto Tauro que en él «se mezcla el sentimiento político a la discusión de carácter estético; y que sirve de índice para conocer el notable renacimiento artístico llevado a México por la revolución». Entre 1928 y 1929 se han hallado colaboraciones suyas en las revistas mexicanas Mástiles, Vanguardia, Revista de Revistas, La Revista de América y se presume que haya aparecido también algún texto de su autoría en Forma. En México nació otra hija suya, Helia Casanovas García, quien devendría destacada intérprete del folklore musical mexicano y, más tarde, latinoamericano. En 1947, sin que sepamos desde cuándo, era director de la Biblioteca de Mazatlán, en el estado de Sinaloa, así como miembro de la Unión de Periodistas del Noroeste de México.

Finalmente adoptó la ciudadanía mexicana, que conservó hasta el final de sus días, y castellanizó su nombre para firmar a partir de ese momento como Martín Casanovas. Desde México su quehacer se irradia hacia Repertorio Americano (Costa Rica) y Claridad (Argentina) en 1928 y 1932, respectivamente. En El marxismo y el arte: Estudios sobre el arte proletario, publicado en Buenos Aires alrededor de 1929, se incluye un texto suyo junto a otros de Anatoli Lunacharski y Johannes Becher. Pero el número mayor de sus colaboraciones apareció en esos años en publicaciones de Perú, donde de seguro su firma era conocida ya por sus colaboraciones en revistas cubanas y mexicanas que allí llegaban y eran recepcionadas de modo crítico en los órganos de la vanguardia artístico-literaria. Hasta donde sabemos, la primera en cobijarlo en sus páginas fue Amauta, una de las revistas donde mayor número de textos de su autoría hemos localizado tras su forzosa salida de Cuba. Un total de ocho trabajos suyos vieron la luz en esa revista entre febrero de 1928 y junio de 1929. Al primero de esos años pertenecen «Arte de decadencia y arte revolucionario» (febrero), «La inmoralidad de la inteligencia pura» (marzo), «Jacoba Rojas» (abril), «Autoctonismo y europeísmo» y «Carta» (ambos en octubre) y «Cuadro de la pintura mexicana» (noviembre-diciembre), mientras que en 1929 «Vanguardismo y arte revolucionario: confusiones» (abril), «La plástica revolucionaria mexicana y las escuelas de pintura al aire libre» (mayo) y «Pintores mexicanos» (junio). A ellos habría que sumar los dos incluidos en otra publicación mariateguiana, Labor: «México después de la muerte de Obregón» (noviembre 10, 1928) y el también inserto en Amauta «Cuadro de la pintura mexicana» (noviembre 24 y diciembre 8, 1928). De acuerdo con algunas fuentes consultadas, no cabe duda de que Casanovas fue uno de los más asiduos colaboradores no peruanos de Amauta. Sin embargo, llama la atención que en los dos tomos de la Correspondencia 1915-1930 de Mariátegui no se incluyan cartas suyas, aunque por lo menos le envió una que se publicó en la revista, motivada por el deseo de que aparecieran en las páginas de Amauta dos textos de igual título: «Autoctonismo y europeísmo», del boliviano Franz Tamayo y del propio Casanovas, en que ambos polemizaban sobre tales tópicos y que han sido objeto de estudio en fecha no lejana.

A través de Labor (mayo, 1929) conocemos de una exposición de arte mexicano realizada en Chiclayo por iniciativa de Casanovas. Igualmente tenemos localizadas otras colaboraciones suyas en la publicación vanguardista peruana Boletín Titikaka, de la ciudad de Puno, donde aparecieron sus trabajos «Afrocubanismo artístico» (marzo, 1928), «Plástica mexicana» (agosto, 1928) y «La nueva pintura de México. Testimonio de cultura indoamericana» (enero, 1929). En el Boletín se constata su firma en una carta colectiva a nombre de la célula del APRA en México (diciembre, 1927). En la Correspondencia de Mariátegui hay varias referencias a Martí Casanovas que son muestra de cuánto se apreciaba su valía intelectual y de cómo se articulaban las redes de colaboración entre las revistas latinoamericanas de orientación vanguardista a fines de la década de 1920. No dudamos que Casanovas haya colaborado en otros muchos periódicos y revistas de México y de otros países hispanoamericanos desde aquella fecha hasta finales de los 50. Aunque su hija Helia no es el objeto principal de estos apuntes, debemos comentar algo sobre ella, pues a partir de mediados de los 40, cuando se da a conocer como cantante en emisoras de radio de su país natal, ambos devendrán núcleo inseparable. De su quehacer como intérprete y declamadora fuera de México hasta mediados de la década de 1950 tenemos constancia por referencias del diario El Tucsonense, de Arizona, donde hizo su temprano debut en 1946. Su padre la acompañó siempre en sus exitosas giras por Estados Unidos, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Brasil, países donde lo mismo actuaba en la radio que en teatros y clubes nocturnos y grababa discos, a la vez que ambos aprovechaban la estancia para recopilar muestras del folklore musical y poético local, así como para anudar relaciones con artistas e intelectuales. Como ejemplo podemos citar al poeta brasileño Bruno de Menezes, sobre el cual Casanovas escribiría posteriormente y con quien mantuvo una correspondencia aún por localizar. Suponemos que él también colaboró en publicaciones de esos países visitados. » Europa ([19¿…?]-1964) En momento no precisado aún, padre e hija viajaron a Europa, donde permanecieron hasta 1964. En esos años ambos continuaron juntos siempre. Ella continuó actuando intensamente en escenarios, en la radio y la televisión, estudiando para incorporar nuevas canciones y poemas a su repertorio y grabando numerosos discos en diferentes países. En Francia permaneció cinco años, en España uno, en la Unión Soviética realizó una gira por 42 ciudades, estuvo en la República Democrática Alemana, en Polonia participó en el Primer Festival de Sopot, llevó a cabo 25 actuaciones en Rumanía y actuó además en Bulgaria y Checoslovaquia. Él, por su parte, se vinculó a la Organización Internacional de Periodistas y al movimiento liberador de África, colaboró en Présence Africaine (París), El Noticiero Universal (Barcelona) y otras publicaciones, y se desempeñó a partir de 1960 como corresponsal del diario habanero El Mundo y de la revista Bohemia a partir de 1964. A pesar de la distancia se informó del desarrollo de los acontecimientos en Cuba y manifestó su apoyo a la Revolución. También en aquellos países entabló relaciones con figuras de la literatura y el arte, entre ellas la novelista Anna Seghers, y puso un especial énfasis en el conocimiento de las manifestaciones del folklore. Un detalle curioso: en la República Democrática Alemana su guía e intérprete fue nada menos que una joven llamada Tamara Bunke. » Cuba de nuevo (1964-1966) El 8 de mayo de 1964 llegaron ambos a La Habana, capital de un país con el cual él mantenía estrechos y añejos vínculos afectivos y profesionales, y al que ella cantaba desde años antes, pero no conocía personalmente. En una entrevista contaría ella que por su interpretación en la RDA de la muy popular canción en aquellos años «Cuba sí, yanquis no» se le conocía por ese nombre. A recibirlos a ambos asistió el entonces director de El Mundo, compañero y amigo desde los lejanos tiempos de la aventura minorista, José Luis Gómez-Wangüemert. En ese periódico pasó a desempeñarse como comentarista de asuntos internacionales en la columna diaria «En el exterior», en la cual abordó los más disímiles temas y asuntos, entre ellos, por supuesto, no pocos sobre cuestiones relacionadas con la cultura, el arte y la literatura. También colaboró en Bohemia, dirigida igualmente por un antiguo compañero de ideales en los 20, Enrique de la Osa, a quien había presentado en las páginas del Repertorio Americano (Costa Rica) en 1928. Sus amplios y profundos conocimientos sobre los países del tercer mundo le posibilitaron a Casanovas escribir enjundiosos estudios introductorios a las ediciones de 1965 de las obras de Armando Bayo Ceilán: la esmeralda del Índico y La gran revolución africana (antecedentes). Asimismo, por sugerencia de Marinello, con quien sostuvo una correspondencia al respecto, se encargó de la selección y el prólogo de la Órbita de la Revista de Avance (1965; 2da. ed. 1972).

Helia, por su parte, poco después de su arribo fue entrevistada por El Mundo, actuó durante una semana en un programa diario del Canal 4 de la televisión, se presentó en escenarios de la capital como los teatros Musical de La Habana y Amadeo Roldán, así como en el Aula Magna de la universidad habanera y en actos conmemorativos del aniversario del nacimiento de su coterráneo Juventino Rosas, efectuados en Surgidero de Batabanó, donde había fallecido. Algunas de sus actuaciones se enmarcaban en actividades de carácter político, una de ellas en apoyo a la lucha de Viet Nam contra el invasor norteamericano. Todas estas presentaciones tuvieron repercusión en la prensa de entonces. Finalmente, el 14 de abril de 1966 falleció en La Habana, a causa de cirrosis hepática, Martín Casanovas. Su hija Helia firmó la esquela mortuoria aparecida en El Mundo, donde también una extensa nota anónima, pero presumiblemente de su director y amigo Gómez-Wangüemert, daba noticia del deceso en su primera página. Al día siguiente la notable periodista Loló de la Torriente publicó un artículo rememorativo de su quehacer.

 

De derecha a izquierda: Alejo Carpentier, el ensayista José Antonio Fernández de Castro, un periodista, Martín Casanovas y una persona no identificada. Carpentier y Casanovas se encontraban detenidos en el vivac, sujetos a ser expulsados de Cuba por «extranjeros indeseables»

De derecha a izquierda: Alejo Carpentier, el ensayista José Antonio Fernández de Castro, un periodista, Martín Casanovas y una persona no identificada. Carpentier y Casanovas se encontraban detenidos en el vivac, sujetos a ser expulsados de Cuba por «extranjeros indeseables»

» Colofón

Como habrá podido apreciarse, la presencia física de Martí Casanovas en Cuba no fue muy prolongada: apenas ocho años entre sus dos estancias. Pero los frutos de su labor aquí, incluso remitiéndonos solo a la más conocida hasta ahora, han quedado como muestra de una sostenida dedicación a empeños que hoy forman parte insoslayable del patrimonio y la tradición culturales de la nación. La historia de la cultura cubana contemporánea no puede imaginarse sin esos hitos de la «década crítica» que fueron el Grupo Minorista y Revista de Avance, sin sus proyectos e iniciativas de variado signo u orientación. Y en ambos estuvo Casanovas como relevante actor. La comprensión real del valor de sus personales aportes a la promoción, divulgación, análisis y valoración del arte y la literatura de orientación vanguardista en Cuba en su primer momento de eclosión y de sus planteamientos y análisis de problemas más generales de la cultura cubana en aquellos años de cambio de mentalidades y actitudes en todos los órdenes de la vida, de seguro se acrecentará el día en que podamos contar con una amplia —si no exhaustiva— compilación de sus escritos. Por último queremos destacar que ni Cataluña, donde apenas se le conoce, ni México, donde residió por casi un cuarto de siglo y cuya ciudadanía adoptó, lo han reclamado como autor nacional. Cuba, en cambio, sí lo ha acogido, como demuestra su inclusión en el Diccionario de la literatura cubana y en la Historia de la literatura cubana. En nuestro suelo reposan sus restos y aquí se graduó de Doctora en Filosofía y Letras su hija Luisa Casanovas Estapé, quien hoy reside en los Estados Unidos y hasta el momento de la nacionalización de la enseñanza en 1961 fue directora del Colegio Martí, de Santa Clara, donde estudió nuestra colega y amiga Cira Romero. En Cuba nacie
ron varios nietos suyos y con uno de ellos, también residente en Estados Unidos, he establecido contacto gracias a la historiadora Ana Cairo. Aunque a través de Internet se localizan muchas referencias acerca de la exitosa Helia y su amplia discografía, nada hemos logrado conocer sobre su posterior trayectoria vital y profesional.

Aparte de rendir homenaje a la Revista de Avance en su nonagésimo aniversario a través de estos apuntes sobre su poco conocido editor catalán, aspiramos a despertar el interés de otros investigadores que puedan aportar nuevas informaciones en aras de completar la compilación de la amplia e importante producción intelectual de Casanovas, paso indispensable para un estudio que permita ubicarlo definitivamente en el alto sitial que lo ya conocido le augura.