Un adolescente, con alma y madera de escritor, me preguntó en una ocasión qué se necesitaba para escribir bien. Es un consejo difícil porque habrá tantas respuestas como escritores quieran responderla.  Para unos, escribir es una necesidad más allá de la conciencia, de un acto premeditado. Es liberación, una suerte de exorcismo. Para otros, escribir es un juego de adultos: a través de la escritura se reinventa un mundo, al cual el autor le da un orden propio donde no caben reglas ni imposiciones de otros. Para algunos, escribir solo es oficio.