En el tema anterior pudimos compartir sobre el valor que la Doctrina Social de la Iglesia confiere a la dignidad de la persona humana, de la cual brotan los derechos fundamentales e inalienables de todo ser humano, que no lo abandonan nunca, desde su concepción hasta la muerte natural.

Creo que no exagero al decir, justamente al inicio de este tema, que dichos derechos –a los cuales se les consignan hoy en términos jurídicos internacionales– son, posiblemente, uno de los temas más recurrentes, controversiales y apasionados en la agenda de estos tiempos. El espacio y la dinámica de esta publicación no nos permitirán decir mucho, pero aún así, creo que bien vale la pena algunos apuntes.

El tema de los Derechos Humanos entronca, en la Tradición cristiana, con la persona de Jesucristo quien, al revelar al hombre su cualidad de persona libre, amada por Dios y llamada a entrar en comunión con su Creador y con la creación, suscitó una toma de conciencia de tales derechos, hasta entonces desconocidos.