Una demanda -repetida de manera idéntica y continua- está directamente relacionada (lo mismo en duración que en intensidad) con una insatisfacción concreta según lo experimentan o creen aquellos a quienes se les considera demandantes; estos últimos podemos entender que son las personas que expresan la demanda (la simple expresión debe de ser entendida como el nivel de manifestación verbal más bajo), lo mismo que quienes la presentan o defienden (por ejemplo, en un tribunal, documento o discurso). En este punto vale la pena precisar un detalle imprescindible para construir un lugar de partida y es lo que se refiere a la diferencia entre demanda y petición; mientras que la última (la petición) va precedida de un deseo (que pudiera o no ser satisfecho), su compañera (la demanda) viene de un momento de un hecho de razonamiento, un momento de conciencia estrechamente conectado con el Derecho.