Es frecuente escuchar o ver en los medios la utilización del término marginal. Siempre había sido esquivado por ellos a la hora de hacer alusión a alguna realidad sociológica como esta e inmediatamente, de forma emergente, cuando hacía falta aparecía una larga lista de eufemismos complementarios para darle salida a la situación. Ciertamente la cuestión sorprende hoy. La expresión aflora en entrevistas, comentarios y en múltiples análisis. El uso y abuso del apelativo es constante, siendo su definición compleja para los sociólogos. Se le echa mano para hablar de barrios como Los Sitios, Jesús María y Colón, entre otros, o para definir conductas individuales como fenómenos sociales generalizados. Nunca se argumenta su uso y casi siempre resulta peyorativo.

El término transita ineludiblemente por niveles de pobreza, algo que en cualquier sociedad cuesta trabajo su reconocimiento. La existencia de ella tiende a indicar despreocupación, olvido, discriminación. ¿Será que ya se están reconociendo desigualdades sociales a tal grado en Cuba?

Nuestros análisis partirán del reconocimiento de la existencia de conductas marginales en el espacio seleccionado, pero se contextualizará debidamente el fenómeno según el caso. Será preciso moverse constantemente del entorno del barrio al Consejo Popular y de este último al municipio. Uno mantiene fuertes lazos con los otros, sobre todo en las cuestiones históricas, culturales y cuantitativas. Las estadísticas oficiales que se publican solo llegan hasta el nivel del municipio y en este caso es necesario acudir a ellas.

La diversidad de factores implicados en la problemática, dentro de una misma área, será amplia; así el lector irá comprendiendo la complejidad del fenómeno a la hora de intentar definirlo. Hechas las puntualizaciones previas para que nadie se sienta confundido con algunos giros imprescindibles, pasemos a la cuestión en sí.

» Definiendo el término.

Etimológicamente, marginal se refiere a aquello o aquel que se encuentra al margen, en el borde, no está en el centro, según el diccionario de la Real Academia Española. Al margen de la ciudad, de la ley, de las normas establecidas. Esta clásica definición resulta reduccionista porque, entre muchas cosas, también se puede estar al margen de poder cubrir las necesidades económicas básicas para el sustento personal y familiar, de una vivienda digna, de una asistencia social efectiva o de un empleo decoroso. Esto significa pobreza y se mide por el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM),1 indicador que en Cuba debe ser difícil medirlo porque existe una pobreza asistida. Se brinda acceso gratuito a los servicios de salud y educación; la canasta básica es simple, pero igualitaria y subsidiada; en fin, hay diferencias respecto a la pobreza de muchos países, incluyendo algunos de la región. En nuestro país acceder al dato del indicador es casi privativo; nunca se publica, aunque paradójicamente se han efectuado aquí hasta eventos internacionales relacionados con el IPM.2 Resulta algo muy contradictorio. Sobre el tópico señala Mayra Espina, una de las pocas sociólogas cubanas que han abordado meticulosamente la pobreza:

¿Cuando habla de pobreza, a qué se refiere exactamente?
Yo uso la cifra del 20 por ciento de población urbana en situación de pobreza, que viene del año 2000 porque no tenemos nuevos datos.
Los que estudian este tema aclaran que en Cuba la pobreza tiene una calidad distinta, la pobreza extrema apenas existe, la nuestra es una pobreza amparada por el acceso a los beneficios universales (salud, educación, etc.).

Yo concuerdo con ellos pero agrego que esa pobreza es difícil de vivir porque esas personas apenas tienen posibilidades de tomar decisiones, su vida transcurre por los circuitos de amparo. Aunque no tiene la dimensión de otros países sigue siendo un problema económico, social y ético grave.3

Para llegar a precisar con efectividad la connotación del término marginal se requiere de un profundo análisis donde interactúen múltiples variables y se hace necesario un nivel de información amplio. No basta con lo que se pueda ver o con lo que parezca. El término es ambiguo y posee infinidad de aristas. Al ser utilizado a la ligera se puede incurrir en grandes errores e injustas posturas discriminatorias. A manera de ejemplo veamos un caso. Patrick Cingolani,4 a partir de sus análisis, señala el analfabetismo5 entre los principales factores de marginalidad. Es cierto, se trata de «uno» de los factores involucrados en el asunto, pero solo opera de manera absoluta en algunos contextos, en otros no; se puede ser letrado y marginal perfectamente. No hay una regla rígida para la definición, lo que existen son factores e indicadores que interactúan para crear situaciones específicas de marginalidad. Las conceptualizaciones de especialistas, casi siempre foráneos, no ofrecen mucha garantía; sus análisis parten de otras realidades, si bien sirven como patrones genéricos para una aproximación al fenómeno. Hay que contextualizar adecuadamente, nunca es igual en todos los lugares, aunque los hechos sean parecidos.

» Directo al caso

Viéndolo todo desde estos ángulos, tomemos un ejemplo concreto para adentrarnos en el análisis del asunto desde nuestra propia realidad. El barrio de Los Sitios, escogido al azar entre los que frecuentemente se les adjudica el término, está enclavado en el municipio Centro Habana, justo en el centro de la ciudad, no al margen de ella. En este sentido, y desde un posicionamiento urbano, no cabe definirlo de tal manera. ¿Quiénes viven en él? Una población homóloga a la de cualquiera de los territorios capitalinos, conformada por obreros, amas de casas, estudiantes, profesionales en infinidades de ramas y sectores de la economía nacional. No se debe olvidar que el proyecto social cubano abrió las puertas del conocimiento a todos, aunque no todos lo han asumido de la misma manera, ni con las mismas posibilidades personales. Fue imposible para el proceso revolucionario cubano poder borrar las desigualdades sociales heredadas; por lo tanto, hubo, y hay, sectores en desventaja y pobreza, tema que en las últimas décadas se ha agudizado. Al preguntársele a Mayra Espina sobre cuáles serían esos sectores, contestó: «Los estudios señalan claramente que las desventajas están especialmente acumuladas en la población de negros y mestizos, en las mujeres —aunque hay una franja de ellas muy empoderadas—, los territorios rurales montañosos y dentro de las mismas ciudades hay franjas empobrecidas».6 Es en los barrios antiguos de la ciudad, llenos de solares o cuarterías, antiguas cocheras coloniales casi todas, en los que vivió siempre el sector social más pobre y donde hoy se concentra el mayor número de personas con esas características, herederas de la cultura y de los remanentes de pobreza de sus abuelos y padres en infinidad de casos.

También viven en Los Sitios individuos con una conducta al margen de la ley y del orden establecido en todo sentido, es una realidad; ¿pero en qué proporción? Lamentablemente, la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) no publica datos sobre los niveles de delitos ni sus tipologías. Tampoco lo hace sobre los índices de pobreza. No se cuenta con registros públicos que cuantitativamente permitan cruzar información con la situación demográfica de un lugar, sea municipio, barrio o Consejo Popular, y de esta forma conocer puntualmente el grado de afectación a nivel local que existe desde la marginalidad. No quiere esto decir que, al no publicarse y desconocerse los datos, no exista marginalidad; lo que no se puede saber es su proporción. Esto no es bueno desde ningún punto de vista. Cuando los fenómenos existen, las consecuencias siempre afloran y pudiera darse el caso de que los daños que provoque el hecho del ocultamiento lleguen a ser irreversibles.

No debemos ser absolutos y pensar que con este simple análisis se resuelve la interpretación del término. Aníbal Quijano7 aporta otros elementos importantes a tomar en consideración:

Podemos estar seguros de que es real la existencia de un estrato marginal, pero eso no nos indica mucho sobre su configuración estructural interna, sobre el carácter y las tendencias de esa configuración, sobre los modos de percepción social que allí se desarrollan, sobre los modos de relación concreta con los otros componentes sociales del sistema y, en fin, sobre la clase de intereses sociales implicados en esa  configuración, y sobre los conflictos y convergencias que ellos generan o generarán en la sociedad.8

Esto quiere decir que, lo que para algunos, desde fuera, pudiera parecer marginal por muchas razones lógicas, in situ no serlo por otros determinados factores, sobre todo el de la sobrevivencia: «o lo haces o sucumbes». Humanamente hay que entenderlo así, aun cuando se es consciente de que puede ser una conducta al margen de todo comportamiento ético adecuado. Puede parecer esto una contradicción, pero todo tiene sus atenuantes. Hay que conocer las configuraciones de casos para poder definirlos correc tamente porque también: «la marginalidad puede ser analizada como un producto del discurso que la determina».9 No se trata de decir que se es marginal porque se hace tal cosa; la clave radica en el porqué se hace.

Asumiendo los parámetros anteriores, es fácil comprender que Los Sitios se encuentra en igualdad de condiciones, por ejemplo, que cualquier barrio del municipio Playa o Plaza de la Revolución, territorios que alcanzaron su mayor grado de consolidación urbanística a mediados de la etapa republicana. Son zonas metropolitanas relativamente jóvenes y más modernas, que deslumbran a muchos por su arquitectura, diseño y vialidad. De ellas nunca se escucha una definición igual, a pesar de la existencia de barrios como El Fanguito o La Timba, en Plaza de la Revolución. Generalmente se obvia en las apreciaciones de estos «mejores» lugares el factor humano, siendo el que define en casos como el que se expone: es el individuo y su actuar, no la cosmética de su entorno.

Lo que pudiera cambiar entre unos y otros hábitats hoy, relacionado con la marginalidad —tampoco se puede afirmar rotundamente, sin elementos— serían los delitos. En uno pensemos en robo con fuerza y proxenetismo, en los otros, por sus características sociológicas, en delitos de cuello blanco, como malversación y asedio a los turistas con todos los inconvenientes sociales que lo acompañan. Son conductas marginales iguales que incluso pudieran ser ilustradas.

Los Sitios es uno de los barrios primigenios de la antigua Habana extramuros.10 Su patrimonio habitacional, en un alto grado de deterioro y falto de mantenimiento, es mayoritariamente de mediados del siglo xix y principios del xx. Nunca se le ha practicado un plan de rehabilitación integral, ni tampoco se pudo eliminar de él la totalidad de los males heredados del pasado. Lo mismo ocurre con el resto del espacio centrohabanero hasta la calle Belascoaín; en él existe una riqueza arquitectónica inigualable en la ciudad, están presentes casi todos los estilos constructivos utilizados en Cuba, pero lamentablemente en inmuebles en un estado muy deteriorado. Esta zona urbana fue La Habana moderna descrita por José María de la Torre luego que la ciudad se desbordó de su marco amurallado.

Muchas de las manifestaciones de delitos transitan por el descontrol y la impunidad existente en medio de situaciones de carencias y necesidades objetivas extremas.

Muchas de las manifestaciones de delitos transitan por el descontrol y la impunidad existente en medio de situaciones de carencias y necesidades objetivas extremas.

Por su devenir histórico, el barrio de Los Sitios muestra un profundo arraigo religioso de origen africano, que se hace visible con relativa facilidad en sus calles, en una puerta, en ventanas o en cualquier rincón. Tal situación ha sido motivo de prejuicios y estigmas históricos que no se han superado del todo; el punto también pesa, por incomprensión, en el momento de los cuestionamientos. Una cosa es real: hasta la década de los años 80 no se mostraba el fenómeno así, pero hay que entender que se vivía otra dinámica en tal sentido como consecuencia del declarado carácter ateísta del Estado.

Imagen frecuente en el barrio de Los Sitios.

Imagen frecuente en el barrio de Los Sitios.

Muestras en nuestras calles de hábitos y costumbres que atentan contra las buenas normas de conducta ciudadana.

A todo lo expresado se agregan el alto nivel poblacional que lo habita y no haber sido jamás «zona congelada»,11 circunstancia que propició el asentamiento de fuertes oleadas migratorias internas, las que han ido introduciendo hábitos y costumbres que nada tienen que ver con las históricas del lugar, pero que poco a poco se van autentificando y transfiriendo. Entonces, por obra y gracia de estas causantes, es comprensible el estado de deterioro que se observa hoy en la zona, amén de conductas individuales que pueden tender a lo marginal o efectivamente serlo.

Para redondear la idea véase un simple análisis cuantitativo: Centro Habana, municipio en el que se encuentra enclavado el barrio que aquí se aborda, tiene una extensión territorial de 3,42 km². La cifra representa el 0.47 % del espacio territorial de la provincia y es el municipio más pequeño de la capital. La población actual es de 136 452 habitantes oficiales,12 según el cierre anual de la O.N.E., lo que representa el 6,40 % de la población total de La Habana. Posee una densidad de pobla ción de 39 898,24 habitantes por km², la más elevada entre todos los municipios de la ciudad y del país, algo verdaderamente asombroso, máxime si se considera la disponibilidad habitacional, su estado constructivo, la atención institucional que se le brinda, la infraestructura urbanística existente y conductas ciudadanas sin control que se manifiestan continuamente.

En las cifras expuestas no se tiene en cuenta la abundante población flotante, pues su proporción es siempre incalculable. El municipio es considerado por sociólogos y urbanistas como de tránsito. Diariamente confluye en él una elevada masa poblacional procedente de otras regiones de la propia ciudad y del país, sin sentido de pertenencia, en función de traslado o para hacer uso de servicios que solo se prestan en la localidad o próximo a ella, como son los casos de las terminales centrales de ferrocarriles y de ómnibus. También acuden a tiendas especializadas que no existen en otros municipios. Es punto de trasbordo casi obligado, en especial para los individuos que proceden de los municipios del Este de la capital en ambas direcciones. Esta interacción provoca influencias en la población local y un sobreuso de los espacios, un notable deterioro del entorno, sin llegar a considerar actitudes y manifestaciones que hallamos en la demarcación.

La red comercial existente en varias de sus arterias principales es la más grande de la capital. Calles como Reina, Galiano y Monte, por mencionar las más próximas al barrio, prácticamente son sus límites y han tenido desde tiempos coloniales sus plantas bajas dedicadas a este tipo de servicios. Hoy el deterioro de esos establecimientos es grande. Muchas antiguas tiendas han sido transformadas en locales de tránsito para damnificados procedentes de cualquier parte de la ciudad. A veces comparten un mismo espacio más de una familia, pero las tipologías constructivas originales de estos inmuebles no cuentan con las mejores condiciones para ese uso, son verdaderas cuevas. Hay que recordar que estaban climatizadas y las condiciones sanitarias eran mínimas, habían sido diseñadas solo para el uso del personal que trabajaba en ellas. Las características referidas dan lugar a que cualquier transeúnte pueda hallar, sin el menor esfuerzo, una tendedera de ropa lavada en una antigua vidriera o a toda una familia disfrutando de un soplo de fresco perfectamente acomodada en un portal peatonal, con su respectiva mesa de dominó y una grabadora con la música a todo volumen. No debe extrañar a nadie tampoco la posibilidad de ver, detrás de cualquier columna, una jaba de nylon con excrementos o cualquier tipo de basuras.

Otras tiendas han tenido mejor suerte y fueron convertidas en comercios recaudadores de divisas. En estas, sin falta, se encuentran verdaderos escuadrones de revendedores, por lo general mujeres, género con el que se tiene más cuidado en el momento de aplicar una medida de control, astuto recurso que utilizan a su favor e incluso hasta se hacen acompañar por menores para hacer la situación más complicada. Con desparpajo exhiben y pregonan su mercancía en venta a sobreprecio. Todo en su conjunto hace sentir mal al consumidor, que no puede encontrar en el establecimiento el producto que necesita. Una significativa parte de esos revendedores pertenece a la población asentada en el territorio, de modo fundamental en el barrio de Los Sitios, producto de las oleadas migratorias internas. Estas personas no tienen residencia reconocida ni documentación que los avalen. De esa actividad se sustentan al no tener posibilidades reales de acceso a un empleo estatal. Las circunstancias señaladas deterioran la visualidad del entorno y hacen a cualquiera pensar mal del barrio.

Otro importante número de locales de antiguos comercios han sido rentados al sector cuentapropista. En la mayoría de los casos sus imágenes dejan mucho que desear en materia de condiciones, pulcritud y buen gusto. Cada quien se acomoda como puede, la cuestión es instalarse y vender. El resto sigue siendo propiedad estatal; son tiendas que venden en moneda nacional y no se diferencian mucho de los espacios utilizados por los cuentapropistas.

El comercio por cuenta propia ha ocupado locales de antiguas tiendas, convertidas ahora en verdaderos tugurios.

El comercio por cuenta propia ha ocupado locales de antiguas tiendas, convertidas ahora en verdaderos tugurios.

Hasta aquí pudiera parecer una digresión nuestra; pero no lo es. Todo forma parte del problema, esencialmente por la imagen que se proyecta, que involucra a todos y no puede ser vista de forma superficial.

» Resolviendo una dificultad aparecen otras.

Hay que sumar a lo planteado la creación de áreas públicas de alta concentración, como las existentes en los alrededores del Parque de la Fraternidad o el llamado Parque del Curita, convertidas en piqueras para los transportistas particulares o «boteros», que cubren diferentes rutas de la capital y sus bulliciosos «buquenques». Añada usted las paradas de ómnibus, algunas históricas y otras trasladadas después de la instalación de la Asamblea Nacional en el Capitolio. Este conjunto de factores causa un negativo impacto medioambiental y produce alta contaminación sonora, desorden público, un peligro constante ante la readaptación de la circulación del tránsito y el apuro de los choferes que solo piensan en cargar rápido a los pasajeros. Como es lógico, la suma de factores genera gran deterioro higiénico y urbanístico.

La figura del revendedor ya es cotidiana en los portales de las tiendas de Centro Habana.

La figura del revendedor ya es cotidiana en los portales de las tiendas de Centro Habana.

Otro ejemplo pudiera ser las zonas wifi «plantadas» en varios parques. Independientemente de la concentración de público y el daño consecuente al medio, que no fue diseñado para tal uso, hallamos la ausencia de condiciones adecuadas y de privacidad para la comunicación interpersonal. Allí han surgido nuevas figuras-tipos, como los revendedores de tarjetas, los proveedores clandestinos de servicio y los oportunistas a la caza de un descuido personal. De esta forma también sufre mucho la imagen de Centro Habana y del comercializador real del servicio, quien injustamente se ve cuestionado por hechos de estafas provocados por los mencionados individuos y por las características del emplazamiento, asunto que no depende de él, pues han sido otros los decisores. La situación se ha abordado hasta en la prensa nacional:

La estafa, en sí, consiste en que en las inmediaciones del parque o ya en la propia zona de cobertura wifi, se colocan AP falsos, o sea, puntos de acceso no operados por Etecsa. Mediante este AP falso, los defraudadores o hackers, como quiera llamárseles, proyectan un portal Nauta que, aunque contiene la misma imagen que el portal oficial, es solo una pantalla por detrás de la cual corre una aplicación informática que toma y registra las credenciales de usuarios, explicó a Granma Jorge Sacre, jefe del Departamento Antifraudes de dicha empresa.13

A pesar de que en ambos ejemplos los espacios ayudan a resolver dificultades reales de comunicación, tan importantes en una sociedad moderna, reclamadas con insistencia por la población, el impacto visual que generan es desfavorable y contribuye a empeorar el criterio de algunos sobre el barrio, el municipio o el Consejo Popular.

La interrogante ahora es otra: ¿estos fenómenos o comportamientos son exclusivos de barrios como Los Sitios, en Centro Habana? No, son situaciones generalizadas en nuestra ciudad, en algunos entornos más agudas que en otros. Ante alguna duda sobre lo que se plantea, obsérvese detenidamente la impresión visual que generan las áreas wifi de la céntrica calle 23, en el Vedado. En ellas ocurre lo mismo, pero quizás con un poco de mayor control y un discurso distinto; se muestran así como espacios de concentración juvenil, de recreo o sano esparcimiento.

» Cerrando el círculo.

Tener, jamás ha sido sinónimo de ser. Se puede tener y vivir con esplendor como fruto de conductas y actitudes marginales. Ese sería el caso de algún corrupto que malversa bienes del Estado escondido tras un velo de legalidad y corrección. También cualquier individuo puede vivir del fruto de su trabajo, en un entorno desfavorecido, carente de innumerables condiciones, y ser una persona de conducta intachable. En un país como el nuestro, tendiente a la igualdad, por lo menos de forma conceptual, diferenciarse siempre tiene sus causas; nada es fruto de la casualidad, aunque tampoco tiene que ser producto de lo indebido. Esto confunde a muchos, pero ese es el lujo que no nos podemos dar, sobre todo a la hora de comunicar, pues pueden pagar justos por pecadores y el «marginal señalado» ser pretexto donde se solapa el «marginal efectivo».

La solución a algunas problemáticas de la sociedad genera otras, cuando no se hacen estudios previos de factibilidad.

Los cambios que se han venido operando en nuestra sociedad luego de los años más duros de Período Especial han contribuido a la formación de clases o por lo menos a la creencia de ellas. Una persona o familia que recibe remesas desde el exterior tiene mayor solvencia económica que otra; esto no es cuestionable ni malo, pero ojo: también se ha convertido en una máscara para que algunos justifiquen infinidad de cuestiones que sí constituyen conductas marginales. El mal se encuentra presente en cualquier municipio, Consejo Popular o barrio, y lo peor es que en muchos casos campea con impunidad. Con los cambios que ya se vislumbran luego de que se opere la implementación de la nueva Constitución de la República de Cuba, fundamentalmente en los planos económicos y políticos, la variable social será obligada de modo inevitable a moverse también; no podrá permanecer estática, tendrá que reajustarse. No se puede pretender que cambien las otras variables y la social se mantenga estática. Todos los males descritos pueden verse agudizados. Habrá que diseñar políticas que ayuden a evitar el incremento de la pobreza en un país que envejece, donde cada día más personas dependerán de su jubilación. De no hacerse así, las franjas empobrecidas hoy serán otra vez las más afectadas y se corre el riesgo de que aparezca la pobreza extrema en mayores proporciones.

Los comportamientos sociales en cualquier parte de la capital, en mayor o menor medida son similares. Los individuos atraviesan por los mismos problemas, el nivel de deterioro no varía notablemente de un lugar a otro y todos enfrentan día a día preocupaciones casi homólogas. ¿Estaremos ante una ciudad conductualmente marginal? De ningún modo, a nadie se le ocurriría pensar así, no tendría sentido. Lo que estamos viendo es a una ciudad imbuida en la misma dinámica social, a eso se refería de alguna manera la cita de Aníbal Quijano. La diferencia la puede establecer la forma en que cada individuo vive esta dinámica, da lo mismo que sea en Los Sitios, en Cubanacán o en la calle Línea.

El objeto de estas líneas no es justificar conductas, ni establecer estados comparativos entre sectores poblacionales y mucho menos renegar o glorificar a nadie. Se trata de llamar la atención sobre dos vertientes. La primera, sobre el uso y abuso de determinados términos que tienden a descalificar a la persona humana, a veces de manera generalizada y, lo peor, sin sustentos objetivos que le den soporte; pero dirigidos a sectores en condiciones de pobreza que no por ello tienen que ser conductualmente marginales. La segunda, hacer un llamado a la reflexión ciudadana de las formas y los modos en que se vive. La convivencia implica responsabilidad, no se puede vivir al libre albedrío, el comportamiento individual tiene siempre un peso en el medio donde se resida.

Aunque los espacios centrohabaneros y de Los Sitios son antiguos y sufren de descuidos institucionales y ciudadanos que contribuyen a agudizar su mala situación, ninguna de estas razones tributa a favorecer el uso del calificativo marginal para identificarlos de manera global. Mucho de lo que se puede ver y vivir, no es generado por personas del lugar, en otros casos son provocados con el objetivo de dar respuesta a determinada necesidad existente, pero de una forma mal organizada, planificada y controlada. Otro tanto sí pesa sobre habitantes efectivos de la zona, legales o ilegales. Por desdicha el conjunto de elementos señala injustamente a todos en un mismo paquete y eso es lo que trasciende.

Ante tales expresiones frecuentes y hechas las debidas observaciones, a cualquier persona con cierta lucidez le surgiría también la siguiente duda: ¿marginal o marginados? La interrogante es extrema, pero lo innegable es que, en sectores sociales con notables niveles de pobreza, todas estas manifestaciones florecen con mayor facilidad y tienen una visualidad diferente. Es muy fácil y simplista, además de discriminatorio, colgarles el calificativo de marginal, sin valorar de modo justo las realidades objetivas que operan en contra de determinados sectores, y lo peor: valorarlos por encima del hombro. Lo acertado sería levantar la voz y la mano para ayudar a que se comprenda bien la situación real. Si no se le presta la debida atención a los escenarios descritos, los males se harán incurables y no solo funcionarán así para los sectores en desventajas, sino también para los que gozan de otras condiciones más ventajosas por cualquier razón. En ambos casos el tumor puede hacer metástasis, pero este sería otro tema que ameritaría distintos exámenes. Hay que meditar sobre todo ello.

Notas

  1. El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM): Identifica múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en los ámbitos de la salud, la educación y el nivel de vida […] Refleja tanto la prevalencia de las carencias multidimensionales como su intensidad, es decir, cuántas carencias sufren las personas al mismo tiempo. También se puede utilizar para hacerse una idea general del número de personas que viven en la pobreza y permite realizar comparaciones tanto entre los niveles nacional, regional y mundial como dentro de los países, comparando grupos étnicos, zonas rurales o urbanas, así como otras características relevantes de los hogares y las comunidades. El IPM ofrece un valioso complemento a las herramientas de medición de la pobreza basadas en los ingresos. En: United Nations Development Programme. «Human Development Reports». (http://hdr. undp.org/en/node/2515)
  2. Redacción (2016). «Taller en Cuba elogia medición de la Pobreza Multidimensional». La Habana: 29 septiembre, (http://www.tiempo21.cu/2016/09/29/taller-en-cuba-elogia-medicion-de-la-pobreza-multidimensional/)
  3. Espina, Mayra. (2015). «La tarea social no debe quedar para después». En: Entrevista realizada por Fernando Ravberg, 7 enero, (https://oncubamagazine.com/afondo/mayra-espina-la-tarea-social-no-debe-quedar-para-despues/)
  4. Patrick Cingolani: Sociólogo. Profesor titular de sociología en Paris Ouest Nanterre University. Trabaja con el Grupo de Estudios sobre las Representaciones de lo Social (GERS). Es considerado un especialista en los temas de marginalidad.
  5. Cingolani, Patrick. (2009). «Marginalidad(es): Esbozo de diálogo Europa-América Latina acerca de una categoría sociológica». En Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, 2ª Época, Nº 22, 2º Semestre 2009, 157-166, p.159.
  6. Espina, Mayra. (2015). «La tarea social no debe quedar para después». Ob. Cit.
  7. Quijano, Aníbal (1930- 2018). Sociólogo y teóricopolítico peruano. Fue profesor en las universidades de San Marcos, la Universidad de Binghamton en Nueva York y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En 2010 fundó la cátedra «América Latina y la Colonialidad del Poder» en la Universidad Ricardo Palma, en Lima.
  8. Quijano, Aníbal. (1972). «La constitución del “mundo” de la marginalidad urbana». Revista digital Taeure, (http://www.eure.cl/index.php/eure/article/view/837/685), p.90.
  9. De la Torre, José María. (1857). Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna. La Habana: Imprenta de Spencer y Compañía.
    Rodríguez Giles, Ana Inés. (2011). «Problemas en torno a la definición de la marginalidad». En La Plata: Revista Trabajos y comunicaciones, Época, ene-dic 2011, Nº 37, ISSN 0325-173X, p.204.
  1. Zona congelada: Terminología que se utiliza para declarar a una zona en estado de «inmovilidad». No se permite en ella movimientos demográficos, cambios morfológicos ni estructurales.
  2. (2018). «Indicadores demográficos de Cuba y sus territorios: cierre del año 2017». La Habana.
  3. Del Sol González, Yaditza. (2017). «Wifi falsas y otros delitos en la red cubana».: Granma, La Habana, 26 de diciembre.