El debate sobre la legalización de las parejas homosexuales, que tan rápido despliegue está teniendo en el mundo occidental, nos tienta a encerrar la discusión en un circuito de apreciaciones terminológicas, aunque de fondo antropológico.

¿Es aplicable el concepto de matrimonio a cualquier unión entre personas con reconocimiento social, cultural y jurídico?  Quienes responden afirmativamente suelen usar criterios derivados de la igualdad de las personas ante los derechos humanos. Los que responden negativamente recuerdan la etimología de la palabra latina matrimonium: el derecho de ser madre dentro de una legalidad. El término,  en tanto presupone la relación entre un hombre y una mujer de donde puede surgir una nueva vida (algo imposible fuera de la unión heterosexual), no deja el menor resquicio para la duda. Vista así, la respuesta al problema del “matrimonio homosexual” es de una obviedad arrasadora.

Luego, adentrarse en el fondo del debate (lo que no es el objeto del presente artículo) obligaría a un replanteamiento del asunto desde perspectivas históricas, sociales, filosóficas o políticas, sino ya estrictamente legales. En cualquier caso, debe entenderse el fenómeno desde todas sus aristas, a la altura del complejo mundo contemporáneo, para conocer sobre qué, en realidad, se habla hoy, qué se pretende tras este reclamo y cuáles serían sus posibles consecuencias…