A muchos preocupa la capacidad de los medios de comunicación para acompañar y facilitar el proceso de renovación que ha de ocurrir en el país. Por tal motivo, esta sección ofrece su espacio para el análisis del tema a dos reconocidos intelectuales cubanos.

Hace unos meses, en mi estancia veraniega en La Habana, dos hechos me hicieron reflexionar, de nueva cuenta, sobre la precariedad de la esfera pública cubana. Por un lado, fui abordado por agentes del gobierno que cuestionaron mi colaboración en órganos de prensa de la comunidad cubana emigrada –calificados por ellos
como “medios del enemigo”-, y, según adujeron, yo prestigiaba con mi firma.