Estamos a las puertas del centenario de José Lezama Lima (La Habana 1910-1976), el escritor cubano cuya obra ha despertado más polémicas dentro y fuera de la Isla. Aún cuando, más de tres décadas después de su fallecimiento, muchos lo aclaman como uno de los más grandes autores insulares, para otros su escritura no es más que una enorme impostura. No parecen existir ante sus páginas actitudes intermedias: o se le aclama como a una figura de culto o se le execra como a un impostor.

La condición hiperbólica de sus poemas, ensayos y novelas, que se extendió a sus entrevistas y hasta las anécdotas particulares que se le atribuyen, participan de esa desmesura de la que hizo gala alguien a quien no le bastó el simple oficio de escritor, sino que quiso intentar lo que a todas luces parecía imposible: devorar toda la cultura y, a partir de ella, forjar nada menos que una teleología, un destino para su nación.