Palabras de agradecimiento del Dr. Emilio Cueto en el homenaje en su honor para recibir la distinción «Monseñor Carlos Manuel de Céspedes», otorgada por la Comisión de Cultura de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba

Su Eminencia Cardenal Jaime Ortega, amigos todos:

Hoy deseo evocar tres temas que celebramos en este evento: Fe y Cultura, 20 de Mayo y Emigración.

» Fe y cultura

«Para mayor gloria de Dios, honor de la virtud y esplendor de las Ciencias y de las Letras». Con esas palabras comenzaban los padres jesuitas del Colegio de Belén, donde tuve el privilegio de estudiar, las distribuciones de premios a los alumnos. «Gloria de Dios» y «esplendor de las Ciencias», ambas frases en una misma oración. Antes de entrar en la capilla del colegio nos encontrábamos en la pared con dos bajorrelieves de la gran escultora Rita Longa. El de la izquierda perpetuaba la memoria del sacerdote jesuita Benito Viñes, quien, desde el observatorio del colegio —entonces en la Habana Vieja—, descubrió las leyes de traslación ciclónica. Extraordinario hallazgo que, desde esa época, ha ayudado a salvar incontables vidas y haciendas ante el paso de esos destructores fenómenos naturales. Un sacerdote meteorólogo. Todo muy normal. En la pared del lado derecho estaba el bajorrelieve del Dr. Carlos Finlay. En este se resaltaba la generosidad de los miembros del Colegio (42 sacerdotes, 11 hermanos y 2 empleados) que valiente y generosamente se habían brindado a participar en el experimento del mosquito como agente transmisor de la fiebre amarilla. Conocemos bien el final de esta extraordinaria epopeya.
Ya dentro de la iglesia muchas veces entonábamos un antiquísimo canto, el llamado Pange Lingua [Canta, lengua], compuesto por ese gran fraile dominico del siglo xiii que fue Tomás de Aquino. Y en ese himno, al hablar del misterio de la hostia, se le pedía a la Fe que viniera en apoyo a los sentidos, los cuales, defectuosos, no podrían aprehender toda la realidad. La Fe como suplemento del conocimiento sensorial. Una verdad: dos caminos. Fe y Cultura. Complementarias, nunca rivales. Ese fue el mundo en que yo crecí. Mientras en el Colegio de Belén el padre Pelegrín Franganillo, después de haber estudiado las arañas de Galicia, se dedicaba a analizar las aves de nuestra isla, al otro lado de la ciudad, los religiosos de La Salle construían ese monumento a la flora cubana que son los volúmenes de los Hermanos León, Alain y Marie-Victorin. Y los escolapios harían otro tanto en Guanabacoa. Y los maristas. Y los salesianos. Y los agustinos. Y las ursulinas. Y las teresianas. Y las apostolinas. Y las filipenses. Y las dominicas. Y las Madres del Sagrado Corazón. Y las Hijas de la Caridad. Fe y Cultura. Es precisamente este binomio el que celebra este premio que lleva el nombre de ese entrañable amigo que fue monseñor Carlos Manuel de Céspedes, miembro de la Academia Cubana de la Lengua, y él mismo clarísimo ejemplo de un católico que llevaba hermanadas, como en un haz de luz, la fe, las ciencias, las letras, la historia, la cultura, la oración y la Patria.

» 20 de mayo

Hace 64 años, en medio de una profunda crisis nacional, un joven abogado oriental nos pintaba este cuadro: «Había una vez una República. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. … Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo…»

Muchos de ustedes habrán reconocido las palabras del Dr. Fidel Castro en su discurso de 16 de Octubre de 1953 comúnmente conocido como «La Historia me absolverá». Palabras que merecen ser analizadas con toda la profundidad que requieren. ¿Y por qué se expresó así Fidel de la República? Y es que ese período republicano, a pesar de sus tristes sombras, tuvo también brillantes luces: se construyeron El Vedado y Miramar; se terminó la Carretera Central y se expandió la red de ferrocarriles; se creó el primer Ministerio de Salud Pública del mundo; se inauguraron el cine, la radio y la televisión; se publicaron Revista de Avance, Revista de la Biblioteca Nacional, Social, Carteles y Bohemia, así como las Obras Completas de Martí; abrieron al público, aunque con otros nombres, los teatros Alhambra, Amadeo Roldán, Yara, Mella, Riviera, Chaplin, Acapulco, Miramar y Karl Marx.

Se fundaron las academias cubanas de la Lengua y de la Historia, la Sociedad Espeleológica de Cuba y la Oficina del Historiador de La Habana; Se terminaron las obras del puente de Bacunayagua y el Túnel de La Habana; tuvimos un Museo de Bellas Artes en la capital y otro en Camagüey; vimos alzarse la Manzana de Gómez, el Centro Gallego, el Centro Asturiano, Topes de Collantes, el Museo Bacardí y el Santuario de El Cobre; compusieron Caturla, Roldán, Roig, Lecuona, Los Matamoros y Benny Moré; pintaron Víctor Manuel, Amelia Peláez, Wifredo Lam y Conrado Massaguer; bailaron Alicia Alonso y Sonia Calero; actuaron Raquel Revuelta y Rita Montaner; alzaron sus voces críticas para denunciar las injusticias Carlos Baliño, Lázaro Peña, Eduardo Chibás y la Agrupación Católica Universitaria; escribieron Pablo de la Torriente, Alejo Carpentier, Fernando Ortiz, Nicolás Guillén, Juan Marinello, Jorge Mañach y Lydia Cabrera; movimos al mundo con el son, la rumba, la conga, el mambo y el cha cha chá, boxearon Kid Gavilán y El Niño Valdés; se firmaron la Ley de Maternidad Obrera, la Constitución de 1940 y la Ley del Banco Nacional; se fundaron universidades en Santiago de Cuba, Santa Clara y La Habana; nos enriquecimos con vibrantes colonias de más de 25,000 chinos y más de 25,000 judíos. Fue en la década de los 50 cuando, como le dijera monseñor Meurice al papa san Juan Pablo II, la Iglesia católica «encontró su máximo esplendor y cubanía»; y también en esa década abrió sus puertas el Gran Templo Masónico de La Habana, frente a la iglesia de Reina.

Un compatriota fue nombrado Magistrado del Tribunal Permanente de Justicia Internacional de la Haya. En fecha tan lejana como el año 1904 el Andarín Carvajal obtuvo una medalla olímpica en San Luis, Missouri. Y Capablanca fue Capablanca. Es por todo ello que la Conferencia de Obispos desea que este premio se entregue alrededor de la fecha del 20 de mayo. No se trata, por supuesto, de estéril nostalgia por una República imperfecta. De lo que se trata es de que, al rechazar sabiamente lo nefasto de aquel período republicano —y digo «período» porque seguimos siendo la misma y única República nacida un 20 de mayo— intentemos rescatar todo lo que tuvo de progresista y útil, especialmente ahora que dentro de Cuba se hace un gran esfuerzo para que el pueblo disfrute de mejores condiciones, proyecto nacional que esperamos sea «con todos y para el bien de todos» —todos— como soñara el Apóstol.

» Emigración

En su homilía pronunciada el sábado 28 de mayo de 1995, hace 22 años, en St. Thomas University en Miami, el cardenal Ortega, dirigiéndose a los cubanos del exilio, dijo, y cito:

De ahí el esfuerzo ingente que ustedes han realizado para conservar todo lo nuestro: tradiciones, lengua, costumbres, manifestaciones artísticas: ¡Cómo se ha trabajado en estas décadas para redescubrir raíces, para perfilar los contornos de nuestra identidad nacional, para decirle al mundo que ustedes siguen siendo cubanos! En un tiempo relativamente corto, con mucho trabajo e innumerables sacrificios, han llegado a construir ustedes una comunidad económicamente pujante que, por otra parte, ha brindado en sus escritores, artistas, investigadores y en los frutos de sus producciones un aporte tal a la cultura cubana que en el futuro será imposible escribir la historia de Cuba sin estudiar la contribución que han hecho a ella los cubanos que en estos años han vivido fuera de nuestro país.

El Cardenal, resulta evidente, es un serio estudioso de nuestra historia y sabe de sobra que nuestra emigración siempre ha sabido dar la talla. Desde Félix Varela a monseñor Raúl del Valle, de José María Heredia a José Kozer, de Cirilo Villaverde a Guillermo Cabrera Infante, de Chalía Herrera a Marta Pérez, de Ninón Sevilla a Chelo Alonso, de Alicia Parlá a Charín Suárez, de Desi Arnaz a Goar Mestre, de Antonio Machín a Olga Guillot, de Ignacio Cervantes a Rene Touzet, de Jorge Bolet a Bebo Valdés, de Eduardo Hidalgo-Gato a Roberto Goizueta, de Martín Dihigo al Duque Hernández, de Martí a La Avellaneda, de la Condesa de Merlín a María Cristina Herrera, han sido miles y miles los hermanos y hermanas de esta isla que han puesto el nombre de Cuba bien alto en el extranjero. Quien aquí les habla no es sino una pequeña cuenta más de ese larguísimo y espléndido rosario de cubanos que, aunque peregrinamos por otras tierras, llevamos a Cuba en nuestros corazones tratando de enriquecerla y enaltecerla. Por eso el premio de hoy, que gustosamente comparto con tantos de los que me han antecedido en la emigración, demuestra cuán proféticas fueron las palabras de nuestro Cardenal y reafirma que ya nos ha llegado la hora para poder ser profetas en nuestra tierra.

El papa san Juan Pablo II pidió que Cuba se abriera al mundo. Hoy la Iglesia cubana da ejemplo de ello. Ha sido un verdadero privilegio compartir con ustedes este importante premio en La Habana que me vio nacer y que, espero, me despida al partir.

Muchas gracias.