Los llamados gobiernos auténticos de nuestra etapa republicana, que fueron presididos por Ramón Grau San Martín (1944­1948) y por Carlos Prío Socarrás (1948­1952), se caracterizaron por sus innegables logros y también, lamentablemente, por errores que sus enemigos políticos trataron desde entonces de amplificar. Durante ambos períodos presidenciales se ejerció una línea de acción nacionalista, hubo una mejoría en todos los índices económicos, se dictó la llamada ley del diferencial azucarero, que incrementó el salario de miles de trabajadores agrícolas, las arcas del Estado se enriquecieron, se llevaron a cabo numerosas obras públicas como carreteras, parques y escuelas, fueron creados el Banco Nacional de Cuba y el Banco Nacional de Fomento Agrícola e Industrial, así como los tribunales de Cuentas y el de Garantías Constitucionales. Los distintos partidos políticos pudieron desenvolver su labor con normalidad y se respetó la libertad de expresión y la Constitución proclamada en 1940. El reverso de esta medalla estuvo marcado por la desvergonzada corrupción de algunos funcionarios que ocupaban cargos encumbrados, una campaña anticomunista que llevó a la arbitraria clausura del diario Noticias de Hoy y la proliferación de bandas gansteriles autodenominadas revolucionarias que alcanzaron a insertarse en algunas estructuras gubernamentales y cubrieron de sangre las calles de la capital y de luto a numerosas familias. Estos grupos de pistoleros, que intentaron abrirse paso por medio de la violencia, venían a ser la resaca de las luchas contra el régimen despótico de Gerardo Machado (1925­1933). A continuación presentamos dos textos que de forma independiente recogen distintas aristas de aquel deplorable fenómeno que ensombreció una etapa de nuestra historia republicana. (N. del E.)

A partir del triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959 se han publicado con frecuencia —dentro y fuera de Cuba— libros y artículos sobre los crímenes cometidos por Fulgencio Batista tras usurpar el poder el 10 de marzo de 1952. Sin embargo, no se ha detallado con la misma abundancia el hecho de que un tiempo antes del golpe militar Batista ordenó a sus huestes perpetrar atentados para crear las condiciones propicias para este atropello a la Constitución. Su autoría intelectual en esos delitos es evidente. Una de las víctimas fue el ex congresista Alejo Cossío del Pino, asesinado en la Habana el 12 de febrero de 1952. Durante mucho tiempo se ha ignorado la verdadera significación de este hecho. La historia debe ser contada.

» Antecedentes

El caso de Cossío del Pino, por supuesto, no es único. El método ha sido utilizado por otros dictadores en diversas partes del mundo. Y aunque con matices diferentes, no ha pasado de moda. A continuación dos ejemplos que merecen ser citados.

El 13 de julio de 1936, insubordinados pertenecientes a la Policía Estatal y activistas socialistas, secuestraron y asesinaron en Madrid al jurista y diputado a las Cortes José Calvo Sotelo, exministro de Hacienda durante la dictadura de Primo de Rivera y líder del Partido Renovación Española, que abogaba por la instauración de una monarquía autoritaria y corporativista en el país. La propaganda franquista manipuló el hecho a su favor para justificar el alzamiento contra la República al presentarlo como un crimen de Estado. En España el gobierno republicano no alentó la violencia de manera directa contra los opositores, pero tuvo una postura débil contra los responsables de actos violentos. La muerte de Calvo Sotelo aceleró el inicio de una sangrienta Guerra Civil que se extendió durante tres años (1936-1939).

En Roma el 11 de junio de 1924 militantes fascistas asesinaron al miembro de la Cámara de Diputados y jefe del Partido Socialista Unitario Italiano, Giacomo Matteoti. Benito Mussolini había orientado a sus huestes fascistas que utilizaran la violencia contra socialistas y opositores al régimen. Quería un control absoluto de la nación, un régimen fascista donde la oposición no sería tolerada. El líder socialista fue secuestrado el 10 de junio y su cuerpo, en estado de descomposición, fue encontrado seis días después, el 16 de agosto. Aunque no se ha podido establecer de manera concreta que Mussolini diera la orden, el crimen catalizó la instauración de la dictadura fascista en el país.

» Quien fue Cossío del Pino

Nacido en el año 1902, Alejo Cossío del Pino combatió la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933) en las filas de la organización Unión Nacionalista, dirigida por el ex coronel mambí Carlos Mendieta. En 1934 este fue designado presidente de la República por el jefe del ejército, coronel Fulgencio Batista, y Cossío resultó nombrado secretario de Obras Públicas. Posteriormente, junto al abogado Pelayo Cuervo Navarro, integró el Partido Conjunto Nacional Demócrata en su izquierda nacionalista y fue elegido Concejal por el barrio de Arsenal, de La Habana.1

Alejo Cossío del Pino

Alejo Cossío del Pino

Su oposición a Batista lo llevó a incorporarse al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) en 1940, y fue electo Representante a la Cámara durante dos períodos consecutivos. En mayo de 1947 el presidente Grau lo nombró ministro de Gobernación. Durante su gestión trató de erradicar el gansterismo, un mal que asolaba al país, y lanzó la consigna «se acabaron las pistolas», pero rozó los intereses del poderoso bloque político encabezado por el corrupto ministro de Educación, José Manuel Alemán, el BAGA. En noviembre de 1947 se vio forzado a renunciar, presionado por el primer mandatario. Para entender las causas que determinaron su trágica muerte es necesario ir unos años atrás.

El 15 de enero de 1934, el jefe del ejército, coronel Fulgencio Batista, de acuerdo con el embajador norteamericano, Jefferson Caffery, y sectores reaccionarios del país, depusieron el gobierno revolucionario de Ramón Grau San Martín, que había llegado al poder el 10 de octubre de 1933. A partir de esa fecha surgen a la vida pública distintas organizaciones revolucionarias que se enfrentaron a los presidentes impuestos por Batista desde el campamento de Columbia, sede del estado mayor del Ejército. Entre las principales se encontraban Joven Cuba, fundada por Antonio Guiteras Holmes, quien murió el 8 de mayo de 1935 en un combate con el ejército; Legión Revolucionaria de Cuba (LRC), fundada por Mario Salabarría, Manuel (Manolo) Castro y Casimiro Menéndez, entre otros; Acción Revolucionaria Guiteras (ARG), fundada por Pedro Fajardo Boheras (Manzanillo), Orlando León Lemus (El Colorado), Rogelio Hernández Vega y Jesús González Cartas (El Extraño).

En junio de 1944 Ramón Grau San Martín, al frente del Partido Revolucionario Cubano, venció en las elecciones presidenciales al candidato oficialista Carlos Saladrigas, y Fulgencio Batista se tuvo que refugiar en Daytona Beach, Florida. Los grupos revolucionarios emergieron entonces de la clandestinidad y empezaron a demandar su cuota de poder. Grau entendió justo el reclamo y firmó decenas de nombramientos en los cuerpos policiales. Uno de los beneficiados fue el líder de LRC Mario Salabarría, a quien Grau nombró jefe del Servicio de Inteligencia y Actividades Enemigas del Estado (SIAEE) con el grado de Comandante.

Otro de los favorecidos fue Emilio Tro Rivero, un ex miembro de Joven Cuba y ARG. Debido a sus actividades insurreccionales, en 1942 Tro se vio obligado a salir del país y participó, junto al ejército de los Estados Unidos, en la segunda Guerra Mundial. A su regreso fundó la organización Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR). Un año después el Presidente lo nombró director de la Academia Nacional de la Policía con el grado de Comandante.

Entre Emilio Tro y Salabarría existía una enconada enemistad —de la que Grau no era ajeno—, cuyos orígenes se remontaban a las luchas estudiantiles universitarias de 1938 a 1944. En aquel tiempo se disputaban el control de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) dos facciones: el llamado «bonche» estudiantil universitario, un grupo de estudiantes organizado por el secretario de Deportes, coronel Jaime Mariné, con la anuencia de Batista, e integrado por pseudorrevolucionarios con marcada inclinación a perpetrar actos de violencia a punta de pistola. El objetivo de su creación era mantener bajo control el principal baluarte de rebeldía contra el gobierno. La otra facción era el Comité Estudiantil de Superación Universitaria (CESU), nacido a iniciativas de estudiantes y profesores de la escuela de Ingeniería, entre ellos Manuel (Manolo) Castro. El CESU fue la respuesta al «bonche». Su objetivo era purificar la casa de altos estudios. Tro mantenía vínculos de amistad con los bonchistas, entre ellos Antonio Morín Dopico, Mario Sáenz de Burohaga y Miguel Echegarrúa. Por el contrario, Salabarría los combatía en apoyo a sus amigos Manolo Castro y Ramiro Valdés Daussá. Ninguno de los dos (Tro y Salabarría) era estudiante universitario.

Volviendo al gobierno de Grau: durante sus cuatro años de mandato, sin escrúpulos algunos políticos comenzaron a manipular a favor de sus intereses a miembros de los llamados «grupos de acción». La deficiente formación ideológica de sus principales dirigentes hizo que comenzaran a distanciarse de sus principios originales y se inclinaran hacia el gansterismo. Comenzaron ajusticiando esbirros de las anteriores dictaduras y terminaron peleando entre ellos. Las diferencias eran resueltas a tiro limpio, lo que generó una espiral de violencia que dejó decenas de muertos y heridos. El odio entre grupos rivales se manifestó dramáticamente en los sangrientos sucesos conocidos como la Masacre de Orfila.

» Los sucesos de Orfila

En horas del mediodía del 15 de septiembre de 1947, fuerzas policiales al mando del comandante Mario Salabarría asaltaron la residencia del comandante de la Policía, Antonio Morín Dopico, en el reparto Benítez (Orfila), Marianao. En el inmueble se encontraba Emilio Tro reunido con miembros de su grupo. Salabarría se presentó amparado en una orden de arresto contra Tro por la muerte del capitán de la policía del Ministerio de Salubridad, Raúl Ávila, firmada por el juez de instrucción, Riera Medina.

La casa fue rodeada y estalló un fuerte tiroteo que se extendió por más de tres horas. El jefe del ejército, general Pérez Dámera, quien se encontraba de visita oficial en Washington, al enterarse del enfrentamiento por una llamada telefónica ordenó el envío de tanques y carros blindados para poner fin al conflicto. Poco antes del arribo del ejército —al mando del comandante Lázaro Landeiras— los sitiados habían pedido un alto al fuego para sacar del inmueble a las mujeres y a una niña de ocho meses (hija de Morín), pues el humo de las bombas lacrimógenas las asfixiaban. Los agresores respondieron con burlas y amenazas. Pero al ver la llegada del ejército —el teniente Ramón de la Osa bajó de un carro blindado y se aproximó a la vivienda— los sitiados pensaron que sus vidas serían respetadas.2 Se equivocaron.

El primero en salir fue Morín con su hija en brazos, la intervención de un soldado impidió su asesinato a manos del comandante Meoqui. Tras Morín salió Aurora Soler, su esposa, seguida de Tro y Luis Padierne. De momento reinó la calma. Parecía que todo había terminado. Pero disparos de una pistola 45 dirigidos a Emilio desataron la violencia. Ráfagas de ametralladoras derribaron a Aurora, en estado de gestación. Emilio intentó levantarla del suelo y fue ametrallado; estando herido se apoyó en el teniente de la Osa —que estaba a su lado— pero otra ráfaga lo desplomó. Padierne intentó escapar saltando por encima de Tro, pero fue derribado de un culatazo por el teniente Pérez Dulzaides y rematado en el suelo por El Colorado, que siendo un civil participó de la refriega.

En la casa fueron masacrados Arcadio Méndez y Alberto Díaz. El primero a manos de José Fallat (El Turquito) y el segundo por el capitán de la policía, Mariano Miguel.3 El capitán de la Policía y miembro de la UIR, Mariano Puertas, enterado del combate por la radio acudió en defensa de sus compañeros y fue ultimado al aproximarse a la vivienda. El chofer de Tro, Manuel Villa Yedra, resultó herido, pero logró sobrevivir. Terminado el sangriento episodio el teniente coronel del ejército Oscar Teobaldo Díaz Martínez detuvo a Salabarría y lo condujo al campamento de Columbia. Un río de sangre corrió frente a la casa.

Panteón de las víctimas de la Masacre de Orfila en la Necrópolis Cristóbal Colón de La Habana

Panteón de las víctimas de la Masacre de Orfila en la Necrópolis Cristóbal Colón de La Habana.

» La película de Guayo

El camarógrafo Eduardo Hernández (Guayo), se presentó en el campo de batalla y filmó escenas dantescas que fueron utilizadas posteriormente en el proceso judicial. La película se proyectó en algunos cines de la capital, entre ellos el Negrete. El ministro de Gobernación, Alejo Cossío del Pino, al ver el documental comentó con el productor del noticiero, Manuel Alonso, que el film podría lastimar la sensibilidad de la ciudadanía y provocar reacciones en los amigos de los contendientes. Luego de escuchar al titular de Gobernación, Alonso decidió suspender la proyección. Inconforme con la medida, el jefe del Ejército citó a los principales directores de periódicos y revistas a una reunión en el campamento militar de Columbia y les proyectó el film. Al concluir la presentación los presentes coincidieron en que la opinión pública debía conocer tales hechos y la película se proyectó en casi todos los cines de la capital.

» Amenazan de muerte a Cossío

Al despedir el duelo en el Cementerio de Colón, el miembro de la UIR, Raúl González Jerez, apuntó: «Los que matan por la espalda no pueden morir de frente. La justicia tarda, pero llega».4 En el panteón a las víctimas se colocó una placa con los nombres de los responsables de la masacre. Entre ellos estaba el de Cossío del Pino. Lo acusaban de favorecer a Salabarría siendo ministro, situación que se agravó con la suspensión temporal del film. Cossío envió un artículo a la prensa en su defensa pero su nombre permaneció en la lista negra.

» El regreso del general

En los comicios de junio de 1948 Carlos Prío resultó ganador frente a su rival del Partido Ortodoxo, Eduardo Chibás. El «Presidente de la Cordialidad» prometió que durante su gobierno no existirían presos políticos ni exiliados. Cumplió con su palabra. Batista regresó con un acta de Senador por la provincia de Las Villas, donde nunca residió. Sus ambiciones de poder no habían cesado y de inmediato comenzó a preparar su candidatura para las elecciones de 1952. A esos efectos fundó el Partido de Acción Unitaria (PAU).

Al asumir Prío su mandato, enfrentó un mal heredado de su antecesor: el gansterismo. El 12 de enero de 1949, a solo tres meses de su toma de posesión, fue asesinado en el Bar Ancla, en la Habana Vieja, el sargento de la policía Rubén Darío González. Dos días después, el 14 de enero, fueron encontrados en la zona del Country Club los cadáveres de dos estudiantes, miembros de ARG, Gustavo Masó y Juan Regueiro, autores del asesinato. Para enfrentar el pandillerismo, Prío promulgó la Ley No 5 de 1948, conocida como Ley contra el Gansterismo, y creó un cuerpo especializado para combatirlo, el Grupo de Represión de Actividades Subversivas (GRAS). Pero toda medida era ineficaz debido al apoyo que recibían los pistoleros de políticos corruptos. Batista utilizó el gansterismo como lema de campaña obviando hipócritamente que fue uno de sus responsables al crear el «bonche» universitario.

» La cortina de humo

En las anunciadas elecciones de junio de 1952 los candidatos con mayores posibilidades de éxito eran el profesor Roberto Agramonte, del Partido Ortodoxo, y el ingeniero Carlos Hevia, del Partido Auténtico. Batista lo sabía. Su candidatura fue toda una cortina de humo para avanzar —sin levantar sospechas— en la única forma que tenía de tomar el poder, el uso de la fuerza. La idea del golpe la concibió durante su exilio en Daytona Beach, Florida.

En la preparación del golpe Batista contó con la ayuda del dictador dominicano Rafael Leónidas Truji llo, interesado en barrer a sus enemigos del Partido Auténtico, o evitar algo peor, el triunfo del Partido Ortodoxo. También de algunos sectores de la mafia norteamericana, interesada en cumplir su viejo anhelo de ampliar la red de casinos norteamericanos en Cuba; y de poderosos intereses económicos de los Estados Unidos. Pero su mejor aliado fue el clima de inestabilidad que existía en el país producto de la guerra entre grupos gansteriles. Como se detallará más adelante, el propio Batista en reuniones con miembros de su partido (PAU), orientó perpetrar atentados personales para crear un ambiente de ingobernabilidad.

» Violencia en peligro de extinción

En 1951 Prío intentó poner fin a la violencia mediante un acuerdo de paz entre las pandillas. La tarea fue encomendada al secretario de la Presidencia, D. Orlando Puente. Las primeras reuniones con los representantes de los grupos fracasaron. Para salir del laberinto el Presidente le pidió a Eufemio Fernández que actuara de mediador. El ex jefe de la Policía Secreta se reunió con los «padrinos» de los grupos de acción, entre ellos el presidente del Senado, Miguel Suárez Fernández; el senador matancero Diego Vicente Tejera; el Representante a la Cámara por Oriente Baire Llópiz; el congresista villaclareño, Gilberto (El Flaco) Leyva; el Representante Rolando Masferrer, y otros. En mayo de 1951 se alcanzó el acuerdo.

Fue un acuerdo sin documento que lo avalara en el que los grupos se comprometían a enterrar los odios y renunciar a la violencia. En respuesta el gobierno les daría «facilidades» para incorporarse a la vida civil o abandonar el país a quien así lo deseara. Se repartieron entre los grupos centenares de «botellas» y sinecuras en los ministerios de Educación y de Obras Públicas y en la Renta de Lotería.5

Varios miembros de la UIR rechazaron el acuerdo por considerarlo «una traición a los muertos».6 El 23 de junio de 1951, Sergio Bustamante (UIR), murió en un encuentro con agentes del Gras en la Plaza del Vapor. En el enfrentamiento fue herido Herminio Díaz (UIR). El 24 de noviembre de 1951 recibió siete balazos frente a su domicilio, en el reparto Arroyo Apolo, el ex jefe de la Radio Motorizada, capitán Dámaso Montesinos. Logró salvar su vida. El miembro de la UIR, Jesús Lamela Barrios, fue uno de los agresores.

» Ernesto de la (mala) Fe

El periodista Ernesto de la Fe era el jefe de la organización Acción y Trabajo por un Orden Mejor (ATOM). En ella militaban, entre otros, Máximo Sorondo, Carlos Geraber y Moisés Silva. El Partido Auténtico no era de sus simpatías. En 1945 De la Fe organizó la llamada Conspiración de la Capa Negra para derrocar al presidente Grau. Cumplió dos años en prisión. Posteriormente le garantizó a Prío que podía erradicar el gansterismo si le concedía la cartera de Gobernación. El mandatario rechazó su pedido porque lo conocía bien. Le dijo que los grupos ya habían llegado a un acuerdo de paz. Resentido ante la negativa del Presidente, Ernesto ordenó realizar a los miembros de su grupo atentados y actos violentos. Quería romper el acuerdo. Varios petardos estallaron en la capital.

Para perpetrar atentados personales De la Fe reclutó a dos asesinos sin escrúpulos, Orlando García y Paco Obregón, dirigentes de la Asociación de Veteranos de la II Guerra Mundial. El 13 de diciembre de 1951, García y Obregón balacearon a Evelio (El Visco) Prendes, un exporrista de la dictadura de Machado que había regresado a Cuba en 1939. Recibió 20 heridas de bala. Murió al instante.

» Batista exige más violencia

El sábado 26 de enero de 1952, en las oficinas del PAU, en la calle 17 No. 306, Vedado, Batista se reunió con un grupo de militares retirados y les ratificó la necesidad de llegar al poder de manera violenta con el apoyo del ejército.7 El mismo día por la noche se reunió —en su finca— con sus directores de propaganda y les orientó crear a través de la radio y la prensa un ambiente de agitación nacional tendiente a demostrar que el gobierno carecía de la fuerza necesaria para controlar el orden, mantener la paz pública y garantizar los derechos de propiedad y libre empresa. Que solo Batista podía restablecer la paz.8

La noche del 7 de febrero, a solo cinco días del atentado a Cossío, Batista se reunió en su finca con un grupo de militares retirados y acordó acelerar los contactos con el grupo de militares en activo, así como «estimular a los jóvenes del PAU a realizar atentados personales y promover toda clase de alteraciones del orden público».9

Acorde con el plan golpista, Andrés Rivero Agüero, ex ministro del gobierno de Batista (1940-1944) y vocero del PAU, en un artículo publicado en la revista Bohemia, dijo: «…el gansterismo es la amenaza más grave que tiene la paz y el peligro más cierto de que se haga pedazos el ritmo constitucional… o se le pone coto al pandillerismo o esto se hunde en la anarquía más espantosa, con la secuela inevitable de la dictadura militar».10

Fulgencio Batista y Zaldívar.

Fulgencio Batista y Zaldívar.

» Hace falta un Calvo Sotelo

Antes de la reunión del 7 de febrero —en la que orientó atentados personales— ya Batista se había reunido en dos oportunidades en su finca Kuquine con el vicepresidente Guillermo Alonso Pujol. Quería conocer la opinión del Vice en relación con un golpe de estado. En el primer encuentro Batista le habló de un supuesto plan de Eufemio Fernández para matarlo. Ya en el segundo, le confesó: «En el ejército hay un grupo de jóvenes oficiales encaminados a destituir al Presidente y me tienen como la figura que debe darle tonalidad histórica al movimiento. Si no los escuchamos se corre el riesgo de que lo hagan por su cuenta y eso es muy peligroso dada la ausencia de sentido de orientación política que tienen los militares». Y agregó: «el gansterismo es un mal que nos lleva a la anarquía y el ejército tiene el deber de salvar a la sociedad cubana».11

«El gansterismo —contestó Alonso— es una deshonra nacional que debe extirparse, pero sus víctimas carecen de relieve por ser miembros de grupos pseudo-revolucionarios y tales sucesos no han herido a profundidad la sensibilidad pública». Y continuó: «Esos hechos de sangre y la censurable conducta de las autoridades dejándolos sin castigo, no justifican un alzamiento militar». Y acotó: «Aún no ha ocurrido un hecho de resonancia tal como fue en España la muerte de Calvo Sotelo, preludio de la sublevación de los generales Sanjurjo, Mola y Franco».12

Viejo conspirador, Batista captó a su favor la idea. Debía elevar la tónica de la violencia. Para catalizar el golpe era necesario producir un «hecho de resonancia», como la muerte de Calvo Sotelo en España. Así se lo haría saber a sus seguidores. La conversación se extendió hasta la media noche. Al despedirse, el ex general acompañó a Guillermo hasta la puerta y para calmarlo, le dijo: «Trataré de detener el movimiento, aunque te ratifico que está muy adelantado».13

» En busca del Calvo Sotelo

La dirigencia del PAU estaba al tanto del trabajo subversivo que venía realizando ATOM. Conocía la personalidad de su jefe y sus ambiciones personales, así como su carencia de escrúpulos, y decidieron captarlo en favor de los planes sediciosos. Un dirigente del PAU, cuya familia reside actualmente en Miami, tenía amistad con De la Fe desde los tiempos universitarios y fue la persona encargada de reclutarlo. No le fue difícil. En lo adelante, el PAU y ATOM actuarían de manera coordinada.

La principal tarea que recibió el jefe de ATOM fue la de producir un atentado de «gran resonancia». Su amplio conocimiento de los grupos «revolucionarios» le indicó que la víctima perfecta era el ex congresista Alejo Cossío del Pino, pues se trataba no solo de un político honesto con amplias simpatías en la población, sino que además estaba condenado a muerte. Solo tenía que incitar a los miembros de la UIR a cumplir la sentencia, y los autores intelectuales quedarían libres de sospechas.

Tras la muerte de Emilio Tro, el jefe de acción de la UIR fue José de Jesús Ginjaume, un exmiembro de Joven Cuba y fundador de la organización Acción Pino Guerra. Pepe de Jesús, como era conocido, vivía con su madre, Rita, en la calle San Rafael No 1021. Los asistentes a su domicilio corrían un riesgo. El 27 de julio de 1950 la casa fue ametrallada por el grupo de El Colorado y Policarpo Soler. Pepe de Jesús y su lugarteniente, Armando Correa, resultaron heridos. El jefe de ATOM y Pepe de Jesús tenían un enemigo común: Rolando Masferrer. Tras su acuerdo con el PAU, De la Fe decidió visitarlo. Debía lograr que la UIR rompiera el acuerdo de paz… y lo logró. No fue difícil convencerlo. Se desconoce si hubo algún ofrecimiento.

Con posterioridad, la UIR celebró una reunión —donde participaron Ernesto y Orlando García— en la que se acordó una colaboración entre ambas organizaciones y se analizó la mejor forma de romper el acuerdo. Francisco Chao Hermida sugirió un comunicado de prensa; Armando López atentar contra el congresista Rolando Masferrer, pero Ernesto de la Fe les recordó que Cossío del Pino tenía una cuenta pendiente con ellos y era tiempo de saldarla. Todos estuvieron de acuerdo.14

» El Atentado

La UIR montó un riguroso chequeo sobre Cossío del Pino. Entre los sitios más frecuentados estaban la emisora —de su propiedad— Radio Cadena Habana y el restaurant campestre Topeka, en las afueras de la Habana, que también le pertenecía. Tenía por costumbre al salir de la emisora por la noche tomar café en el restaurant-cafetería Strand, situado en Belascoaín y San José. El español dueño del restaurant tenía un hijo que era amigo de Paco Obregón.

En horas de la noche del 12 de febrero de 1952, Cossío concurrió a la cafetería acompañado de su hermano Raúl y los políticos José Ramón Mérida, Ceferino Duque Pérez y Radio Cremata, para comunicarles el dictamen emitido por el Tribunal Superior Electoral en relación con el escaño congresional dejado vacante por el pinareño Benito Remedios tras su muerte a manos de un policía. El tribunal falló a favor de su oponente, José Basterrechea, obviando que Cossío había quedado primer suplente en las elecciones.15

A la misma hora, en San Rafael No 1021, los pistoleros esperaban una llamada telefónica. Sobre las ocho de la noche sonó el teléfono: era el hijo del dueño del restaurant. Pepe de Jesús despidió a sus amigos y de inmediato se trasladó al domicilio de Ramón González, en la avenida 7ma., Miramar. Necesitaba una coartada. Lo condujo su chofer, Armando Guerra.

Los sicarios subieron a un Oldsmobile color rojo, guiado por Pedro González Calderín. El auto avanzó por la calle San Rafael y al llegar a Belascoaín detuvo la marcha y bajaron Orlando García, Jesús Lamelas, Roberto Pearson y Amadeo Oliveros (Calandraca). El vehículo dobló en dirección a San José y detuvo la marcha a media cuadra con el motor encendido. Frente al restaurant esperaba Paco Obregón en apoyo al atentado.16

Avanzaron a paso lento. Cuando llegaron, Pearson permaneció en la entrada y el resto se aproximó a la mesa donde estaban reunidos. Sin mediar palabra alguna abrieron fuego con pistolas automáticas sobre Cossío y sus acompañantes. Luego se retiraron disparando al aire. En la fuga intercambiaron disparos, desde el carro, con el vigilante Virgilio Rodríguez, en la esquina de San José y Marqués González.17 Cossío del Pino fue trasladado al Hospital de Emergencias. Llegó sin vida. Recibió 16 heridas de bala. Sus acompañantes, aunque heridos, lograron sobrevivir.

» Consumada la traición

En horas de la madrugada del 10 de marzo de 1952, a menos de un mes del asesinato a Cossío, Batista da el golpe de estado. En un intento de parar el cuartelazo, Prío se comunicó con los coroneles Martín Elena y Álvaro Margollens, jefes militares de Matanzas y Santiago de Cuba, respectivamente, que habían permanecido fieles a la Constitución. Pero unas horas más tarde las guarniciones se plegaron a la asonada militar. Para evitar un baño de sangre el Presidente se asiló en la embajada de México junto al ministro Aureliano Sánchez Arango.

En horas de la tarde, desde Columbia, Batista se dirigió al pueblo. Con inaudito cinismo, el ex general golpista expresó: «…Amenazada la estabilidad de la república y la paz interna por la protección que el gobierno ha venido prestando al gansterismo, que cuenta en su haber centenares de atentados impunes, ha agotado la paciencia, con justificada alarma, la noticia de que se preparaban varios atentados personales sobre las más connotadas figuras de la oposición para atribuirlos a las pandillas que el gobierno arma y ampara, a la vez que se alentaba la guerra entre los grupos de acción».18 La alocución fue redactada por el periodista Luis Ortega, quien se presentó en Columbia temprano en la mañana.19

La dictadura de Batista se extendió por siete años. Durante esa etapa la corrupción alcanzó niveles alarmantes. La violencia gansteril —esgrimida como justificación— fue sustituida por el terrorismo de estado ejercido por criminales con uniforme. Los nombres de Esteban Ventura, Pilar García, Conrado Carratalá, Irenaldo García y Julio Laurent, entre otros, son de triste recordación.

En premio a su contribución, Ernesto de la Fe fue beneficiado con el Ministerio de Información, una especie de aparato censor de la dictadura, de nueva creación. Tres años después renunció como consecuencia de una fuerte polémica que sostuvo con el jefe de la Policía, Rafael Salas Cañizares. Luego del derrocamiento de Batista un Tribunal Revolucionario presidido por Emigdio Sabas Meneses (Sabita), sobrino del senador camagüeyano del mismo apellido, lo sancionó a 20 años de privación de libertad. Al salir en libertad marchó hacia los Estados Unidos, donde falleció.

» La causa criminal

Después del atentado a Cossío el Tribunal de Urgencia radicó la causa correspondiente. Fueron detenidos: Roberto Pearson, en una casa de seguridad de la UIR, en la barriada de la Víbora; Amadeo Oliveros (Calandraca), quien fue identificado por testigos presenciales y la prueba de parafina que se le practicó le dio positiva; José de Jesús Ginjaume, a pesar de su coartada; Ismael (Paco) Obregón, a quien un testigo dijo haber visto la noche del atentado con una ametralladora en el local de la Asociación de Combatientes de la II Guerra Mundial; Jesús Lamelas, a pesar de que había quedado en libertad luego de presentarse voluntario, por haberle dado negativa la prueba de parafina. El tribunal los sancionó por el delito de asesinato y otras infracciones.

Otros participantes tuvieron mejor suerte. Orlando García logró escapar. Al día siguiente del atentado se presentó en la emisora Cadena Azul, donde el líder ortodoxo José Pardo Llada tenía un programa radial, y lo amenazó de muerte si divulgaba el nombre de algunos de los ejecutores, según había anunciado. La amenaza surtió efecto. El chofer de los criminales, Pedro González Calderín, logró también eludir la acción de la justicia.

En más de una ocasión Ernesto de la Fe visitó a los asesinos de Cossío en la prisión de La Habana, el Castillo del Príncipe, para informarles sobre sus gestiones en favor de incluir la causa en la amnistía que daría Batista con vista a las elecciones de 1954. Algunos de los sancionados por los sucesos de Orfila cumplían su sentencia en el Castillo del Príncipe. Entre ellos estaba Juan Valdés Morejón, quien en diversas oportunidades vio al ministro de Información entrar a la celda de los criminales.20

Finalmente, quedaron en libertad. Los familiares y amigos de Cossío del Pino debieron recordar la célebre frase de Madame Rolland: «Justicia, eres una palabra. Cuántos crímenes se cometen en tu nombre».

 

Notas:

1. De la Osa, Enrique. En Cuba. Segundo Tiempo. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 2005, p. 457.

2. Entrevista del autor al dirigente de la UIR Guillermo García Riestra (Billiken). Miami 1992 y 1995.

3. Entrevista del autor a Juan Valdés Morejón, fundador de ARG. Miami. 1995 y 1996.

4. Prensa Libre. La Habana. 18 de septiembre de 1947.

5. «Informe de Fidel Castro al Tribunal de Cuentas» La Habana, 4 de marzo de 1952.

6. Entrevista del autor a Guillermo García Riestra (Billiken).1995

7. Vignier, E. y G. Alonso. La corrupción política y administrativa en Cuba. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1973. Informe del Capitán del SIM, Salvador Díaz Versón. Febrero 8 de 1952. Expediente No. 33 de 1952.

8. Idem.

9. Idem.

10. Rivero Agüero, Andrés. La Habana, 24 de febrero de 1952.

11. Alonso Pujol, Guillermo «Ante la historia». Bohemia, La Habana, 5 de octubre de 1952.

12. Idem

13. Idem.

14. Entrevista del autor al dirigente de la UIR, Guillermo García Riestra (Billiken).1995.

15. Sección «En Cuba» de La Habana, 17 de febrero de 1952.

16. Entrevista del autor al miembro de UIR Roberto Pearson. Miami, 2008.

17. Bohemia. La Habana. 17 de febrero de 1952.

18. Bohemia. La Habana. 16 de marzo de 1952.

19. Entrevista del autor al periodista Luis Ortega. Miami. 2003.

20. Entrevista del autor al miembro de ARG, Juan Valdés Morejón. Miami, 1996.