El triunfo revolucionario de 1959 no solo constituyó el desmantelamiento de un sistema dictatorial, sino la renovación de las esperanzas de disfrutar de un estatus nacional incluyente, en el que no tuvieran cabida la violencia, el atropello a los derechos ciudadanos y el clima de terror impuesto en los últimos años.

Los cuerpos represivos del régimen derrocado habían dirigido sus acciones hacia los opositores políticos y sus distintas organizaciones; pero también habían tratado de desarticular los espacios públicos de participación y debate, como la prensa, la radio, la televisión, las instituciones culturales, las mesas redondas y los congresos, en los que pudieran manifestarse ideas revolucionarias o que de alguna manera cuestionaran aquel gobierno llegado al poder de modo ilegítimo y por medio de la fuerza.

En correspondencia con esa actitud, un grupo de jóvenes batistianos en mayo de 1952 asaltó el programa radial “Universidad del Aire” en momentos en que el profesor Elías Entralgo hacía un balance crítico del cincuentenario de la República, unos meses después fue suspendido, cuando ya estaba a punto de inaugurarse, el congreso titulado Conferencia de los Españoles por la Paz, y al año siguiente fue clausurado el diario Noticias de Hoy, órgano de los comunistas cubanos. Con posterioridad fue decretada la censura de prensa y cerrada la Universidad de La Habana, mientras instituciones culturales como la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo eran acosadas por la policía. Hechos como estos crearon un ambiente represivo en modo alguno favorable para el pleno desarrollo de los espacios públicos de participación.