La violencia y la marginalidad han acompañado al cine y al audiovisual desde sus inicios. Tempranamente en el cine silente, en uno de los primeros oestes realizados, El gran robo al tren (The Great Train Robbery, 1903), Edwin Stanton Porter, padre de éste género cinematográfico norteamericano por excelencia, mostraba a unos forajidos que trataban de asaltar un tren en marcha.

Por supuesto, al final no lograban su objetivo, pero éste filme tal vez colocó inconscientemente en el cine, el subgénero de los grandes atracos, que poblaría buena parte de la cinematografía mundial del siglo XX.