Cien días que estremecieron a Cuba. El gobierno Grau-Guiteras

Por: Pablo Llabre Raurell

Antonio Guiteras Holmes (1906-1935)
Antonio Guiteras Holmes (1906-1935)

En la guerra las simpatías no son neutrales

John Reed

Bajo el lema «agua, caminos y escuelas» el general del Ejército Libertador Gerardo Machado llegó a la Presidencia de la República. Durante su gobierno (1925-1933) realizó un conjunto de obras en beneficio del país, pero no tardó en sacar las garras. A pocas semanas de ocupar la silla presidencial ordenó el asesinato del periodista Armando André y dos años más tarde intentó extender su mandato mediante una ilícita Prórroga de Poderes. El 20 de julio de 1927 el Congreso aprobó la reforma constitucional para prolongar su gobierno hasta 1935. El filósofo y educador Enrique José Varona y el insigne patriota Juan Gualberto Gómez condenaron la maniobra.

En 1927 un grupo de estudiantes de la Universidad de La Habana, entre ellos Eduardo Chibás, Aureliano Sánchez Arango, Gabriel Barceló y Antonio Guiteras crean el Directorio Estudiantil contra la Prórroga de Poderes. El Rector, Martínez Prieto decretó la expulsión de sus integrantes. El 30 de septiembre de 1930 el estudiante de Derecho Rafael Trejo fue mortalmente herido durante una manifestación. Surge entonces el Directorio Estudiantil Universitario (DEU) para enfrentar la dictadura mediante la violencia. El 27 de noviembre de 1931 el DEU1 publica su Manifiesto al Pueblo de Cuba.

A principios de 1933 el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, viendo en peligro los intereses de su país en Cuba, relevó del cargo al embajador Harry F. Guggenheim por su amigo personal, Benjamín Summer Wells, quien presentó credenciales el 11 de mayo. Wells no tardó en poner en marcha la misión que le fue asignada: lograr la sustitución del dictador de manera pacífica, acorde con la Constitución de 1901, de manera tal que su injerencismo quedara oculto y pareciera una «Mediación» amigable entre la dictadura y la oposición.

El 12 de agosto Machado fue derrocado por la acción revolucionaria y huyó del país. Wells intentó sustituirlo por el jefe del ejército, el general Alberto Herrera, pero la maniobra no fue posible. En su lugar impuso entonces al diplomático Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria. Persona carente de apoyo popular, su paso por la presidencia fue efímero.

El golpe del 4 de septiembre

En 1933 existía en el ejército un malestar general provocado por los bajos salarios, las pésimas condiciones higiénicas en las barracas de los soldados, el racismo, la escasa posibilidad de ascenso y el maltrato de los superiores hacia los subordinados. La incertidumbre aumentó debido a la circulación de un rumor que anunciaba una reducción de salarios y la supresión de 2,000 plazas. El sargento Pablo Rodríguez, presidente del Club de Alistados, inició entonces una conspiración dentro de las fuerzas armadas a través de reuniones que pudo dar gracias a su condición de Maestro Masón. Se creó la llamada Junta de Defensa o Junta de los 8, en la que el sargento taquígrafo Fulgencio Batista era el Secretario Administrativo. A ella se sumaron además José Eleuterio Pedraza, Manuel López Migoya, Estévez Maymir, Mario Alfonso Hernández, Ángel Echeverría y Ramón Cruz Vidal. El golpe se produjo en la madrugada del 4 de septiembre en el campamento de Columbia, sede del Estado Mayor del Ejército, y contó con la rápida adhesión de soldados, clases y sargentos. Pablo Rodríguez viajó a la provincia de Matanzas para controlar el cuartel Goicuría y Batista asumió la dirección del movimiento.

Miembros del DEU, la organización Pro Ley y Justicia y el ABC Radical Revolucionario, fueron a Columbia a apoyar el golpe. El vínculo entre militares y estudiantes se había forjado con anterioridad al 4 de septiembre. En la épica lucha contra la dictadura de Machado miembros de esta agrupación establecieron relaciones con oficiales y sargentos del ejército. Tal fue el caso del sargento Batista, quien por su labor como taquígrafo en los tribunales militares había conocido a destacadas figuras del DEU como Rubén de León, Eduardo Chibás y Carlos Prío Socarrás.

Antes del golpe militar Batista se había reunido con Prío, Rubén de León, José (Pepelín) Leyva, Juan Febles Secretal y Ramiro Valdés Daussá gracias a los oficios del periodista Sergio Carbó, director del informativo La Semana, quien mantenía relaciones cordiales con el sector estudiantil por su postura antimachadista. En 1928 había visitado la Unión Soviética, invitado por el intelectual francés Henri Barbusse, y en agosto de 1931 había participado en la frustrada expedición de Gibara.

Tras el triunfo de la sedición se redactó la «Proclama al Pueblo de Cuba», firmada, entre otros, por Carlos Prío, Sergio Carbó, Rafael García Bárcena, Carlos Hevia, Ramiro Valdés Daussá, Emilio Laurent, Alejandro Vergara y Batista, quien agregó al pie de su rúbrica: «sargento jefe de todas las fuerzas armadas de la República». Los firmantes del documento constituyeron la Asociación Revolucionaria de Cuba para encaminar la situación política del país. Sus integrantes acordaron poner en práctica una forma colegiada de gobierno compuesta por cinco miembros, llamada Comisión Ejecutiva o Gobierno de la Pentarquía. Fueron seleccionados para integrarla el profesor universitario y doctor Ramón Grau San Martín; Sergio Carbó; el colaborador de Antonio Guiteras, José Miguel Irrisari; el profesor de Derecho Penal de la Universidad de La Habana Guillermo Portela y el político conservador y naturalista Carlos de la Torre, quien no aceptó el cargo. Lo sustituyó entonces Porfirio Franca, rico banquero, a solicitud de Rubén de León con el argumento de que serviría de contrapeso ante los sectores de la derecha. Los miembros de la Comisión fueron presentados el día 5 en una reunión en el teatro del Club de Alistados que presidió Carlos Prío.

Mientras, el presidente Céspedes, ajeno a los acontecimientos, inspeccionaba los estragos causados por un huracán en Sagua la Grande, acompañado por el coronel Armando Montes. Al ser informado de lo ocurrido regresó al Palacio Presidencial. De acuerdo con el periodista mexicano Enrique Lumen, se produjo el siguiente encuentro: «Céspedes y sus secretarios esperaban a los 5 miembros de la Junta Revolucionaria. Al llegar les impidieron la entrada, pero una voz misteriosa les avisó lo que sucedía y pudieron llegar a la presencia del Jefe de Estado. “…y bien, señores…” inquirió Céspedes. “Señor —dijo Grau— hemos venido a recibir de usted el Gobierno de la nación”. “Y quién les ha autorizado a ustedes para ello?” —preguntó Céspedes— “Pues sabrá usted que en Columbia —contestó Grau— la Junta Revolucionaria nos encargó…” “Y quiénes integran esa Junta?”, preguntó Céspedes. Grau respondió: “El Directorio Estudiantil Universitario, Pro Ley y Justicia, el ABC Radical…” Céspedes lo interrogó: “Se consideran lo suficientemente fuertes esos grupos para destituir a un gobierno legal? Grau sonrió. “Es que, señor, también integran la junta todos los soldados y marinos del país.” Céspedes, excitado, dijo: “¡Y bien, doctor Grau! …¿se han dado cuenta ustedes la responsabilidad que contraen ante el pueblo de Cuba y su historia?” Grau sonrió burlonamente, y replicó: “Señor, todos aquí hace años hemos cumplido la mayoría de edad…”. “Muy bien” dijo Céspedes. Y se marchó.»

De acuerdo con La Gaceta Oficial de la República de Cuba, la Pentarquía se constituyó en órgano de poder el 5 de septiembre de 1933 a la 1:00 pm.2

Los Estados Unidos no reconocieron a la Pentarquía. Apenas surgió, Washington comenzó a preparar su caída. El 7 de septiembre los periódicos capitalinos anunciaron el arribo al puerto de La Habana del Secretario de Marina de los Estados Unidos, Almirante Swanson, a bordo del Indianápolis, junto a una escuadra de navíos de guerra. El DEU redactó un documento llamando al pueblo a resistir cualquier agresión. Una multitud se congregó en las inmediaciones de la Avenida del Puerto, el Paseo del Prado y el tramo del Malecón frente al Castillo de la Punta, dando gritos de ¡Viva la Revolución! ¡Abajo el imperialismo yanqui! El jefe de la Policía Nacional, Emilio Laurent, recorría la zona para evitar incidentes que justificaran una agresión. La Fortaleza de la Cabaña y el Castillo del Morro colocaron su artillería en zafarrancho de combate.

En horas del mediodía aparecieron en el horizonte los buques de guerra. En la explanada del Castillo de la Punta unos jóvenes disparaban a los buques con revólveres. El Indianápolis ancló en medio de la bahía. El embajador de los Estados Unidos, Benjamín Summer Wells, arribó al puerto en un automóvil blindado y abordó una lancha que lo llevó al acorazado. Por espacio de una hora habló con el Almirante Swanson. Al concluir el encuentro la escuadra se retiró.

Un problema que enfrentó la Pentarquía fue encontrar un militar que asumiera la jefatura del Ejército. Los oficiales entrevistados no aceptaban esa responsabilidad. Ante esa grave crisis, Sergio Carbó firmó el Decreto No 1538, de fecha 8 de septiembre de 1933, mediante el cual se ascendió al sargento Fulgencio Batista y Zaldivar al grado de Coronel y jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. El DEU apoyó la decisión en reunión con Carbó la noche del día 7. Los otros miembros de la Comisión Ejecutiva no fueron citados y Porfirio Franca renunció.

La Pentarquía fue objeto de duros ataques. Entre los miembros del DEU las opiniones estaban divididas. Para unos la falta de cohesión ideológica de sus miembros dificultaba la toma de decisiones; otros estimaban que disolver la Pentarquía era incumplir el programa del DEU y darles una concesión a los enemigos de la revolución. Para decidir su futuro los pentarcas se reunieron con los miembros del DEU en la noche del 8 de septiembre en el Salón de los Espejos del Palacio Presidencial.

Fueron debates acalorados. A las 2 de la madrugada se presentó el Senador Aurelio Álvarez, quien pidió entrar «para decir algo importante». Había combatido a Machado y perdido un hijo de 13 años de edad, René Álvarez de la Vega, asesinado por la dictadura. Con sincera emoción y lágrimas en los ojos dijo que el pueblo en su mayoría no entendía la Pentarquía y en nombre de la Revolución pidió que fuera sustituida por un gobierno presidencialista. La reunión terminó a las 7:00 de la mañana del siguiente día. Se acordó disolver la Pentarquía y regresar a las 9:00 pm para elegir a quien asumiría la Presidencia Provisional de la República.3

Ramón Grau San Martín (1887-1969).
Ramón Grau San Martín (1887-1969).

La elección de Grau

Los miembros de la Comisión Ejecutiva tenían un voto de confianza para elegir al Presidente. En una reunión celebrada en el Palacio Presidencial el DEU revocó ese privilegio. A propuesta de Eduardo Chibás, sería el DEU quien asumiría esa responsabilidad. En otro de los salones los pentarcas estaban reunidos cuando de pronto irrumpieron Carlos Prío, Rubén de León y Rubio Padilla para comunicarles la decisión tomada. Portela les ordenó retirarse, pero Prío, con enérgica voz, les dijo que habían perdido el voto de confianza.

En horas de la noche del día 9 en el Salón de los Espejos del Palacio Presidencial se celebró la elección del candidato presidencial. Estaban presentes Prío, Chibás, Ramón Miyar, Rubio Padilla, Felipe Pazos, Justo Carrillo y Rubén de León, entre otros miembros del DEU. Fueron presentadas cuatro candidaturas: Grau San Martín, patrocinada por Rubio Padilla y Chibás; el filósofo Enrique José Varona (de muy avanzada edad, quien moriría tres meses después) a solicitud de Inés Segura Bustamante, del DEU; el eminente galeno Gustavo Cuervo Rubio, a instancias de Felipe Pazos; y el médico y profesor universitario José Antonio Presno, propuesto por Rubén de León.

El escogido fue Grau. Gozaba de amplias simpatías entre los estudiantes. Siendo profesor de Fisiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana apoyó la lucha contra la dictadura de Machado. Fue encarcelado en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, donde compartió los rigores del encierro con los miembros del DEU Carlos Prío, Ramón (Mongo) Miyar, Rubén de León, Pablo de la Torriente Brau, Raúl Roa, Ramiro Valdés Daussá, Mario Salabarría y Alberto (Beto) Saumell.

El 10 de septiembre de 1933 Grau San Martín juró el cargo de Presidente de la República de Cuba. Para la ceremonia de investidura se encontraban en el Palacio los magistrados del Tribunal Supremo encargados de tomar el tradicional juramento. El salón se encontraba lleno de periodistas, miembros del DEU, de Pro Ley y Justicia, del ABC Radical, así como de políticos, familiares y amigos. Al comenzar la ceremonia, Grau se dirigió al magistrado de mayor edad: «Doctor Edelmann, me niego a jurar el cargo ante la Constitución de 1901 que repudio por estar mediatizada por la Enmienda Platt. La revolución debe nacer libre y soberana. Invito al Tribunal que me acompañe a la terraza para que levante acta de lo que vamos a hacer allí», y se dirigió a la terraza norte del Palacio.

Ante una inmensa multitud que rodeaba la mansión palatina, Grau dijo: «Amigos, me he negado a jurar la Constitución de 1901 para el cargo de Presidente de la República para el que he sido designado por la Junta Revolucionaria porque contiene un apéndice que coarta la soberanía plena del pueblo de Cuba. En su lugar juro y prometo por mi honor ante el pueblo de Cuba. ¡Esta es la Revolución en marcha!» La historia recuerda que durante la ceremonia se recibió una llamada por teléfono de la embajada norteamericana y Grau ordenó: «Díganle que le devolveré la llamada, que ahora estoy hablando con mi pueblo».4 En la práctica ese día quedó abolida la Enmienda Platt.

El presidente Grau trató de formar un equipo de gobierno con personas honestas y capaces. Su gabinete quedó integrado de la siguiente forma: Secretaría de Educación, Manuel Costales Latatú, profesor universitario y simpatizante del DEU; Secretaría de Hacienda, el veterano de la guerra de independencia, Manuel Despaigne; Sanidad y Beneficencia, doctor Carlos E. Finlay, oculista e hijo del laureado científico Carlos J. Finlay; Secretaría de Justicia, Joaquín del Río Balmaseda, juez de Santiago de Cuba que a riesgo personal procesó por sus crímenes al capitán Arsenio Ortiz, llamado El Chacal de Oriente; Secretaría de Gobernación, el incorruptible revolucionario y doctor en Farmacia, Antonio Guiteras Holmes; Secretaría de Trabajo (de nueva creación), el revolucionario doctor Ángel Alberto Giraudy; Secretaría de la Presidencia, doctor Ramiro Capablanca, hermano de José Raúl Capablanca, gloria mundial del Ajedrez; Obras Públicas, arquitecto Gustavo Moreno; Secretaría de Guerra, el coronel Julio Aguado Andreu, quien había sido encarcelado por su oposición a la dictadura de Machado; Secretaría de Comunicaciones, el revolucionario guiterista, Miguel Ángel Fernández de Velazco; Secretaría de Agricultura, el ingeniero y expedicionario de Gibara, Carlos Hevia; y Secretaría de Estado, el reconocido periodista Manuel Márquez Sterling, autor del libro Los últimos días del Presidente Madero.

Con Grau la República volvió al sistema de gobierno presidencialista, con una fuerte presencia de los miembros del DEU en las distintas Secretarías, en calidad de auxiliares y representantes del Presidente. Los integrantes del DEU trabajaron en favor de los esfuerzos renovadores de la administración, sin recibir salarios ni compensaciones económicas, laboraron día y noche junto a los secretarios del gobierno con carácter honorario. Los miembros del DEU Prío Socarrás, Rubén de León, Manuel Antonio de Varona, Chibás, Rubio Padilla y Justo Carillo colaboraron con el Presidente y sus Secretarios de manera ardua y desinteresada. Antonio Guiteras nombró en los cuerpos policiales a personas leales al gobierno, como Mario (El Chino) Labordete, Manolo Castro, Roberto Pérez Dulzaides, Guillermo Ara y Roberto Meoqui Lezama.

Fueron 128 días de intensa actividad, de trabajo sin descanso, y se luchó por mantener el orden público a pesar de contar con adversarios políticos poderosos que, dirigidos por el gobierno norteamericano a través de su embajador, Summer Wells, alimentaban intrigas, maquinaciones, atentados y conspiraciones. Los Estados Unidos no reconocieron al gobierno revolucionario a pesar de que Grau lo intentó, de manera secreta, en tres ocasiones.5 Dos veces en entrevistas con Summer Wells: la primera el 17 de septiembre; la segunda el 6 de diciembre de 1933 y la tercera solicitud fue hecha en entrevista con el nuevo embajador, Jeffersson Caffery, el 10 de enero de 1934. Las únicas naciones que reconocieron a Grau fueron Panamá, Uruguay, México y España.

En defensa del gobierno revolucionario un grupo de jóvenes procedentes de las filas del DEU y de Pro Ley y Justicia fundaron el Ejército Caribe, al cual pertenecieron Ramiro Valdés Daussá, Juan Febles Secretal, Guillermo Ara, Santiago Álvarez, Mario y Julio Salabarría Aguiar, Manolo Castro, Meoqui Lezama, Manolo Arán, Eugenio Llanillo, Pérez Dulzaides y otros muchos más. El Ejército Caribe jugó un papel fundamental en la defensa del gobierno frente a las acciones armadas en su contra.6

Los decretos del gobierno

A pesar de su corta duración y la oposición de fuerzas contrarias, el gobierno Grau-Guiteras logró implementar un nutrido cuerpo de leyes en defensa de la soberanía nacional y la justicia social. Dicha legislación, teniendo en cuenta la época en que fue implementada, constituyó un paso de avance en materia social e incrementó el odio de la reacción hacia sus autores. Algunos de aquellos decretos fueron: la disolución de los partidos políticos que cooperaron con Machado; la incautación de los bienes del dictador y de sus colaboradores; la creación de la Secretaría del Trabajo; la ley de Libre Sindicalización de los trabajadores, la creación de las Federaciones de Industrias; la Ley de Nacionalización del Trabajo que dispuso que el 50% de los empleos fuese desempeñado por nacionales; el establecimiento del jornal mínimo; la jornada laboral de 8 horas; la Autonomía Universitaria, vieja aspiración de estudiantes y profesores por la que luchó el líder Julio Antonio Mella; la rebaja de los servicios telefónicos y eléctricos; la rebaja de los alquileres; la supresión de los impuestos a los pequeños negocios; la matrícula gratis en los centros de enseñanza superior para los estudiantes de bajos ingresos (Decreto número 41 de 2 de enero de 1934); repudio de la deuda contraída por Gerardo Machado, a espaldas del pueblo, con el Chase National Bank; la rebaja de la tasa postal y telegráfica; la creación del Registro General de Extranjeros; la rebaja de los intereses en las casas de préstamos y liberalización de las condiciones en que se pactaban los préstamos; reparto de tierras y proyectos de colonización; ratificación y observancia de la Ley Arteaga, que prohibía pagar sueldos, salarios y jornales por medio de fichas, vales o tickets y creación de un sistema de seguros y de retiro para los obreros. Además se ratificó el derecho de la mujer al sufragio; se acuñaron 20 millones de pesos en discos de plata; se reconoció la importancia de los sembradores de caña de azúcar y se creó la Asociación Nacional de Colonos de Cuba.

En diciembre de 1933 estalló una crisis en la Compañía Cubana de Electricidad, subsidiaria de la American Foreign & Power. La Federación Sindical de Plantas Eléctricas negoció, sin éxito, un pliego de mejoras laborales. El 6 de diciembre el gobierno promulgó el Decreto 2974, modificando las tarifas de gas y electricidad establecidas por la Orden Militar No 2 del Gobierno Interventor norteamericano. El decreto redujo los precios del servicio en un 45% y fijó el mínimo de un peso al mes por cada 10 kilowatts de consumo; estableció un precio residencial de 10 centavos el kilowatt para toda la República y 4 centavos para las estaciones de radio, periódicos, espectáculos públicos, y empresas de servicios; se le prohibió a la Compañía Cubana de Electricidad despedir a los empleados o rebajarles el salario, exigía llevar el servicio eléctrico hasta cualquier zona de la isla que lo necesitara y fijó una moratoria de 4 meses para el pago de las deudas o atrasos de los consumidores.

En represalia, la Compañía de Electricidad despidió a decenas de trabajadores e impuso una reducción salarial. La Federación Sindical de Plantas Eléctricas decretó una huelga general el 14 de diciembre que paralizó los servicios eléctricos en La Habana. Antonio Guiteras llevó ante Grau, para su firma, un decreto disponiendo la intervención de la Compañía Cubana de Electricidad, sus oficinas, fábricas y talleres. Por ausencia del servicio eléctrico se utilizaron candelabros para su rúbrica. El decreto ordenó continuar las operaciones en todas las plantas eléctricas, talleres y oficinas del territorio nacional. Acostumbrado al soborno, el administrador de la Compañía Cubana de Electricidad visitó a Guiteras en su domicilio para ofrecerle 200,000 pesos si se retractaba. Sin poder ocultar su indignación, Guiteras le dijo: «Yo he conocido hombres valientes, pero como usted, ninguno». Y le ordenó retirarse.

La VII Conferencia Panamericana

Uno de los logros más destacados del gobierno Grau-Guiteras en el ámbito internacional fue el trabajo realizado por la Delegación Cubana en la VII Conferencia Panamericana celebrada en Montevideo en diciembre de 1933. La delegación estuvo integrada por Alberto Giraudy, como presidente, Prío Socarrás, Rubio Padilla, Alfredo Nogueiras, Herminio Portell Vilá y Arturo Illas Hourrutier.

Ante las naciones del hemisferio, los cubanos denunciaron la injerencia de los Estados Unidos en sus asuntos internos mediante su embajador en La Habana. En una enérgica intervención, el delegado Portell Vilá dijo: «La intervención es el vicio congénito que ha dejado la Enmienda Platt… a propósito de una investigación en los archivos para un trabajo histórico que realizaba encontré unos documentos en los que el senador Platt confesaba que la Enmienda propuesta por él en el Congreso era el sustitutivo de la anexión de Cuba a los Estados Unidos… La Enmienda Platt tiene el vicio de la coacción, fue impuesta a Cuba por las bayonetas de los Estados Unidos y por eso Cuba es y será siempre contraria a la Enmienda Platt».7

En Montevideo los cubanos expusieron la doctrina Grau, que reconocía el derecho de los pueblos a la autodeterminación; lograron además la solidaridad hemisférica mediante la firma de una declaración conjunta que en su artículo VII señalaba: «…ningún estado podrá intervenir en los asuntos internos ni externos de otros». En la Conferencia de Montevideo la delegación cubana elevó la dignidad nacional, defendió la libre determinación de los pueblos, dejó sin marco legal a la Enmienda Platt y sentó las bases para una cooperación entre las naciones del continente. El trabajo de la delegación aceleró el camino para la abolición de la Enmienda Platt, acaecida cinco meses después, el 29 de mayo de 1934.

El combate del Hotel Nacional

El gobierno de Grau enfrentó los ataques de fuerzas reaccionarias al servicio de intereses foráneos. La organización ABC, los partidos políticos tradicionales, los oficiales depuestos el 4 de septiembre, los terratenientes y los grandes hacendados, todos ellos, sin descanso, intentaron derrocarlo mediante la colocación de bombas, disparos de francotiradores a la población civil, incendios y violencia en las calles. El peso de las acciones lo llevaron las «camisas verdes» del ABC, una réplica de las camisas negras de Benito Mussolini.

El 2 de octubre de 1933 tuvo lugar el combate del Hotel Nacional, un intento por derrocar al gobierno organizado por el embajador Wells y el ABC, utilizando a los oficiales del ejército desplazados por el golpe del 4 de septiembre. Los militares fueron engañados por el ABC y el embajador Wells bajo la falsa promesa de ser apoyados. El sitio escogido fue el Hotel Nacional, situado en lo alto de una explanada a la entrada del Vedado.

Un tiempo antes Wells se hospedó en esa instalación bajo el pretexto de haberse vencido su contrato en la residencia de la avenida Ramón Mendoza, Miramar, propiedad del general Rafael Montalvo. Por otra parte, el ex jefe del ejército, Mayor General Julio Sanguily, se hospedó en una suite del hotel para recuperarse de una operación y comenzó a recibir visitas de exoficiales que, luego de conferenciar con él, se hospedaban en una habitación. Entre ellos estuvo el coronel Horacio Ferrer, quien pidió a Wells la intervención de los marines para reinstalar a Céspedes en la Presidencia. Cuando ya los oficiales habían ocupado un gran número de habitaciones, se les ordenó a los huéspedes y empleados que se marcharan y el hotel se transformó así en un cuartel. Wells poco antes había regresado a su residencia en Miramar.

El gobierno les ofreció reintegrarlos con sus respectivos grados, pero los oficiales no aceptaron la propuesta. Entonces se intentó rendirlos por hambre y el ejército obstaculizó la entrada. Pasaron unos días, pero una noche dos camiones con suministros entraron de manera violenta y se generalizó un tiroteo que se extendió por más de una hora. Batista propuso una tregua bajo ciertas condiciones, pero fue rechazada. Al cumplirse el plazo se reanudaron las hostilidades. El ejército emplazó la artillería alrededor del hotel e inició un fuego intenso. Tras dos horas de bombardeo se rindieron.

Durante el combate, los oficiales, que disparaban desde las ventanas y la azotea, causaron gran número de bajas entre los soldados. En represalia, cuando el ejército entró al hotel ametralló a un grupo de oficiales que ya se habían rendido. En su libro Con el rifle al hombro el coronel Horacio Ferrer relata la dantesca escena: «quedarían unos 70 oficiales colocados en fila, en la explanada, cuando de improviso fueron acometidos a tiros, que partieron de un grupo de soldados y paisanos armados que estaban en el campo de tennis, y el tiroteo se generalizó de inmediato».8

Summer Wells culpó de la masacre al DEU y Pro Ley y Justicia, pero su responsabilidad en la conjura del Hotel Nacional fue puesta al desnudo tres semanas después. En su edición del 7 de noviembre el periódico Alma Mater publicó el artículo titulado «Summer Wells, culpable»9 en el que dio a conocer cinco cartas escritas por los tenientes Virgilio Beltrán, Efraín Callava, el auditor de la Marina de Guerra Julio Ortiz Casanova, el coronel Heriberto Hernández y el coronel González del Real, ex jefe del Estado Mayor de la Marina de Guerra, en las que detallaron la responsabilidad del embajador Wells en los sucesos y cómo el hospedaje del ex jefe del Estado Mayor, Julio Sanguily, era parte del plan.

El error de Grau

En la mañana del 3 de noviembre de 1933, Prío fue informado por Guillermo Portela y José Miguel Irrisari que Batista preparaba un golpe de estado en connivencia con Summer Wells. De inmediato se reunió en el domicilio de Virgilio Pérez10 con dos altos oficiales del ejército, quienes ratificaron su lealtad al gobierno. En su condición de Presidente de la Junta Revolucionaria de Columbia, citó a una reunión en el Palacio Presidencial para informar sobre la conjura y se acordó reunir a los miembros de la Agrupación Revolucionaria de Cuba (ARC) y los jefes de los distritos militares en la residencia de Sergio Carbó, en el Vedado, donde Grau acusaría a Batista de traición y se procedería a su arresto.

La reunión comenzó a las 9 de la noche. Grau inició la sesión: «Señores, existe una conspiración organizada por el jefe del ejército en connivencia con el embajador norteamericano para derrocar el gobierno…». Batista se defendió y explicó que no tenía el propósito de traicionar a la Revolución sino impedir derramamientos de sangre. Elogió la figura de Grau y resaltó su origen humilde en contraste con la familia acomodada del Presidente. Dijo que para resolver los problemas de la Revolución iba a donde se le llamara. Admitió que había asistido a una reunión en la residencia de Antonio González de Mendoza, donde estaban los jefes de los partidos de oposición y el embajador norteamericano, pero que no se había comprometido y pensó decírselo a Grau.

Al término de la reunión Batista se marchó. Grau no ordenó su detención. Al pedírsele una explicación, dijo: «Señores, yo creo que con el susto que le hemos hecho pasar terminará siendo el mejor. Ya este por lo menos ha pasado el susto». «Pero, doctor, ¿y los acuerdos tomados?», le preguntaron. «No, no, chico —respondió— si todos son iguales, lo mismo da un sargento que otro, este por lo menos tiene la ventaja de que ya le hicimos pasar un susto». «Doctor, usted está equivocado —dijo un miembro del DEU.— Batista no es más que un H.P. al que hay que fusilar». A lo que Guiteras, proféticamente, añadió: «Los que se perdonan hoy nos matarán mañana».11 Esa noche, por decisión de sus integrantes, quedó disuelto el DEU.

8 de noviembre de 1933

El 8 de noviembre La Habana fue testigo de un nuevo intento de derrocar al gobierno, organizado por el ABC, ex oficiales del ejército, policías y anarquistas. En la jefatura del movimiento estaban el ex jefe de San Ambrosio, comandante Ciro Leonard; el teniente de la Guardia Rural, Pedro Gener; el ex coronel Collazo; el teniente de la aviación, José Barrientos; el ex oficial del ejército machadista, Rafael Iturralde y el rebelde menocalista Juan Blas Hernández, caudillo de origen campesino que combatió la dictadura de Machado en la provincia de Las Villas.

El jefe del ramal A-2 del ABC, Carlos Saladrígas, organizó la rebelión, asesorado por Juan Bombino y Alfredo Botet. El jefe del ramal A-1, el abogado Joaquín Martínez Sáenz, se encontraba en Miami, desde donde alentaba la realización de actos terroristas. Saladrígas mantenía comunicación directa con Wells, quien lo consideraba «el único estadista de los grupos juveniles».

El levantamiento comenzó a las 2 de la madrugada. Los complotados tomaron el Cuerpo de la Aviación Militar en Columbia. Los pilotos Barrientos, Martull, Agüero y Collazo alzaron vuelo con la amenaza de bombardear Columbia si no se rendían. Barrientos arrojó una bomba en el campamento, cerca de la residencia de Batista, donde poco antes había tenido lugar una reunión con el capitán Manolo Benítez y el comandante Jaime Mariné. El ingeniero Gustavo Moreno le informó al Presidente sobre los acontecimientos y Pablo Rodríguez se presentó en Palacio al sonar los primeros disparos.

Según el periodista Enrique Lumen, Grau se dirigió a la guarnición, compuesta por unos 70 hombres, y les dijo: «Soldados, son ustedes portadores de un privilegio histórico… las fuerzas reaccionarias quieren sumirnos en las tinieblas de otra tiranía, pero ustedes ayudarán a salvar la República».12 Al término de la arenga subió a la azotea junto a su ayudante, el capitán Genovevo Pérez Dámera, y los dos prepararon la defensa antiaérea. Tres aviones volaron hacia el Palacio Presidencial disparando ráfagas de ametralladoras en el trayecto. Al aproximarse fueron alcanzados por el fuego cerrado de las antiaéreas y uno de ellos se precipitó a tierra en las inmediaciones de Santiago de las Vegas.

Los sediciosos tomaron varias emisoras de radio y lanzaron la consigna: «El ABC es la esperanza de Cuba», «Todos unidos bajo la bandera del ABC». El factor sorpresa los ayudó a controlar los cuarteles de Dragones y de San Ambrosio, la Jefatura de la Policía Nacional, el Castillo de Atarés y otras estaciones policiales. El Magistrado del Tribunal Supremo, doctor Enrique Castellanos, participó en la toma del Gobierno Provincial de la Habana y el dueño del Central Amazonas, en Sancti Spíritus, Ricardo Valle, tomó la estación de Policía de la localidad.

Batista nombró al capitán Gregorio Querejeta para dirigir la contraofensiva. Antonio Guiteras estableció su cuartel general en el Castillo de la Punta, sede de la Jefatura de la Marina de Guerra, donde formó una aguerrida fuerza combativa. Se declaró el estado de guerra en el territorio nacional. En horas del mediodía del día 8 fue recuperada la Jefatura de Policía Nacional y el teniente Belisario Hernández logró rendir la Décima Estación policial, frente al puente del rio Almendares. En la tarde del día 9 fueron recuperadas las estaciones de policía Quinta, Oncena y Decimotercera. En los combates participaron los miembros del Ejercito Caribe Mario Salabarría, Manolo Arán, Antonio Acosta Borges, Guillermo Ara y Manolo Castro, entre otros.

Antonio Guiteras firmó un decreto que declaraba la capital en estado de sitio, pues los rebeldes durante el día disparaban desde las azoteas, hiriendo a civiles ajenos al conflicto, y en la noche estallaban explosivos, generando un estado de terror en la población. Un grupo del Ejército Caribe, dirigido por Guillermo Ara y Mario Salabarría, rescató a Gonzalo García Pedroso y a Rubén de León de una estación de policía.13

Dirigidos por el comandante Ciro Leonard, los rebeldes tomaron el cuartel de San Ambrosio, un castillo militar de la época colonial próximo a la bahía de la Habana. Guiteras ordenó al crucero Cuba aproximarse a la Fortaleza. Ante el temor de ser bombardeados, se replegaron hacia el Castillo de Atarés, un punto estratégico para la defensa de la ciudad en caso de agresión externa, pero carente de condiciones para resistir un ataque por tierra y mar. El capitán Querejeta ordenó el despliegue de tropas de infantería alrededor del Castillo, colocó morteros en las azoteas de los edificios de Concha y Cristina y emplazó cañones de tiro rápido en la Loma del Burro, en Luyanó. A las 8 de la mañana dio la orden de comenzar el ataque. Desde la bahía los cruceros Cuba y Patria iniciaron un incesante bombardeo. A las pocas horas la guarnición se rindió. Su jefe, el comandante Ciro Leonard, se suicidó antes de caer prisionero. Los insurrectos fueron llevados en camiones a la fortaleza de La Cabaña. Durante el traslado, el capitán Mario Alfonso Hernández les preguntó quién de ellos era Blas Hernández. Cuando el caudillo se identificó lo asesinó a sangre fría de dos balazos.

Pero el que a hierro mata a hierro muere, según reza un viejo refrán. La Junta de los 8 que organizó el golpe del 4 de septiembre dispuso que la jefatura del ejército fuera rotada entre sus miembros. El primero en asumir el cargo fue Batista, pero llegado el momento de su relevo se negó a entregar el mando. Mario Alfonso Hernández, convertido en el jefe militar de Pinar del Rio, le exigió respetar el acuerdo. Temeroso de una sublevación, Batista ordenó al capitán Manolo Benítez su arresto por insubordinación. El capitán se presentó en el domicilio de Alfonso, en Pinar del Río, acompañado de dos soldados. Según su versión de los hechos, «Hernández fue baleado por resistirse al arresto y murió». En premio a su actuación, Benítez fue ascendido a Coronel y nombrado Jefe del regimiento en la provincia de Pinar del Río.

El trío Batista, Caffery y Mendieta

Summer Wells fue sustituído por el diplomático Jefferson Caffery, quien llegó a La Habana el 18 de diciembre. Por indicación de Wells no tardó en reunirse con Batista y dirigentes de partidos tradicionales para elaborar el golpe de estado. El lugar preferido de las reuniones era la finca Lilian, en el Wajay, propiedad de Enrique Pedro, quien durante la presidencia de Mendieta sería nombrado jefe de la policía. A los encuentros asistían Caffery, el coronel Batista, Carlos Mendieta, el doctor Carlos Manuel Álvarez Tabío y el ayudante de Batista, comandante Jaime Mariné.

Los conspiradores vieron en la persona de Carlos Mendieta Montefur, coronel del Ejército Libertador, el mejor candidato para reemplazar a Grau. En 1925 aspiró a la presidencia de la República por el Partido Liberal, pero su candidatura fue declinada en favor de Machado. Entonces fundó la Unión Nacionalista junto a los hermanos Roberto y Rodolfo Méndez Peñate, Cosme de la Torriente, Justo Luis del Pozo, Guillermo Belt y Alejo Cossío del Pino. No obstante, su mejor credencial era el apoyo que le había ofrecido a la Mediación de Summer Wells y al gobierno de Céspedes. El 14 de enero de 1934 Cafferry informó al Departamento de Estado: «…Mendieta está dispuesto a asumir la Presidencia si Estados Unidos lo reconocen… Batista respaldará a Mendieta. Yo pido autorización para reconocer a Mendieta».14

El poder del gobierno comenzó a resquebrajarse debido a las intrigas de la reacción, el trabajo conspirativo de Batista y Cafferry y los ataques de la prensa reaccionaria. En un artículo publicado en la revista Carteles bajo el título «Los últimos días del gobierno de Grau», Eduardo Chibás sentenció: «…la verdadera revolución, la de las grandes masas populares de Cuba, comenzó a debatirse entre la soberbia irresponsable del Ejército, la desorganización administrativa, la demagogia, las conspiraciones, las intrigas palaciegas, las celadas, el personalismo y los intereses creados. La Revolución dejó de estar en el gobierno revolucionario».15

El país se encontraba en un grave estado de perturbación pública, el Directorio Estudiantil Universitario, que apoyaba al Presidente, se había disuelto, la prensa y la radio reaccionarias atacaban al gobierno sin descanso y el movimiento obrero se inhibió de apoyar a Grau por influencia indirecta del Partido Comunista. Ante la convulsa situación, Grau se reunió con Batista y Mendieta para buscar una salida. Fue acorralado de manera tal que expresó «en estos instantes puedo declarar que estoy al margen de la situación y mi renuncia es terminante».

Con el conocimiento de la renuncia de Grau, Batista convocó a la Agrupación Revolucionaria de Cuba (ARC) a una reunión en Columbia el 14 de enero. Al comenzar, el secretario de Justicia, Luis Almagro, informó sobre la renuncia de Grau. Al encuentro no pudieron asistir los líderes del disuelto DEU, Carlos Prío y Rubio Padilla, por estar en la Conferencia de Montevideo y Manuel Antonio de Varona en Camagüey. En la reunión Batista expuso la gravedad de la situación, destacó la importancia de los grupos de oposición y alabó la figura de Mendieta. Acto seguido Rubén de León lo acusó de traidor a la revolución, señaló que se había pasado «al enemigo» e insistió en mantener a Grau en la Presidencia. La actuación de los presentes evitó una riña entre ambos.

Una vez recobrada la calma, se pasó a seleccionar al sucesor presidencial. Un grupo encabezado por Batista, bajo las órdenes del embajador Caffery, respaldó la candidatura de Mendieta; otro al Ingeniero Carlos Hevia, secretario de Agricultura del gobierno revolucionario, y un tercer grupo, encabezado por Chibás, señaló a tres posibles candidatos: el presidente del Tribunal Supremo, Juan F Edelman, el Rector de la Universidad de La Habana, José A. Presno, y el doctor Mario Montero, presidente de Sala de la Audiencia de La Habana.

Batista temía un choque con Guiteras, que contaba con el respaldo de la Marina de Guerra de ser elegido Mendieta, y consultó a sus asesores, Raymundo Ferrer, Sergio Carbó y Lucilo de la Peña, quienes aconsejaron darle apoyo al secretario de Agricultura, Carlos Hevia, para bajar la tensión, pero luego retirarle el respaldo para obligarlo a renunciar. La estrategia dio resultado. Hevia sustituyó a Grau, pero al perder el apoyo renunció. Solo estuvo un día en el cargo y el pueblo lo bautizó «flor de un día». Fue sustituido por el secretario de Estado, Manuel Márquez Sterling. El 18 de enero el candidato de la embajada norteamericana, Mendieta, fue proclamado Presidente de la República de Cuba. La traición quedó consumada.

El regreso del Mesías

El 15 de enero, tres días antes de la ascensión de Mendieta a la Presidencia, Grau abandonó Palacio rumbo a México. Cientos de seguidores lo acompañaron en la despedida. Se había convertido en un símbolo de redención nacional. El primero de junio de 1944 regresó a la presidencia tras derrotar al candidato oficialista, Carlos Saladrigas. Una montaña de votos le dio la victoria. El arrollador triunfo fue calificado por el vocero oficial de la campaña, senador Eduardo Chibás, como «la jornada gloriosa». Fue un puro espejismo. El Grau de 1944 no era el de 1933. En esta oportunidad el gansterismo y la malversación de fondos públicos minaron su gestión de gobierno. Pudiera afirmarse que en Grau se cumplió el viejo refrán: «segundas partes no son buenas.»

Tras el golpe contra Grau, Guiteras comenzó a preparar la guerra revolucionaria y fundó la organización Joven Cuba. El 8 de mayo de 1935, víctima de una delación, cayó junto al venezolano Carlos Aponte en un combate con fuerzas del ejército en El Morrillo, fortaleza situada en las inmediaciones del río Canímar, en la ciudad de Matanzas, cuando se disponía a zarpar hacia México a bordo del yate Amalia para organizar un desembarco armado en Cuba.

Fulgencio Batista huyó hacia República Dominicana al triunfar la Revolución el primero de enero de 1959. Durante ocho meses fue rehén del dictador Rafael Leonidas Trujillo, quien le esquilmó varios millones de dólares. En agosto de 1959 pudo abandonar el país, pero el gobierno de los Estados Unidos no le concedió la visa necesaria para residir en Daytona Beach, Florida, donde tenía una mansión. Entonces marchó a Lisboa y se alojó en el hotel Ritz. Terminados los trámites de asilo se trasladó a Funchal, capital de las Islas Madeiras, donde residió hasta fijar su residencia en Estoril. Durante su exilio escribió los libros Respuesta, Piedras y leyes y Paradojas. Falleció el 6 de agosto de 1973, víctima de un ataque cardíaco, y su cadáver fue sepultado en Madrid. A su entierro asistieron, entre otros, el poeta Gastón Baquero, Sergio Carbó y Rafael Díaz Balart, quien había integrado el último gabinete del régimen de Batista.16

Ramón Grau San Martín permaneció en su residencia de la Quinta Avenida hasta su fallecimiento el 28 de julio de 1969. El periodista Mario Kuchilán en un artículo publicado en la revista Bohemia a raíz de su deceso recordó: «la única vez que le dio la mano a Batista, le dio la zurda». Su situación económica de los últimos años fue precaria al no recibir el retiro de ex mandatario que le correspondía. La pensión estaba congelada por disposición judicial a resultas de la Causa 82, donde figuraba como acusado junto a otros funcionarios de su administración. Grau amenazó con salir a la calle a pedir limosna. Unos amigos consultaron a funcionarios del gobierno en busca de una solución y les aconsejaron que hablaran con Alberto (Beto) Saumell, único acusador de dicha causa que estaba en Cuba para que retirara la demanda. Así se hizo. Saumell retiró la acusación y Grau recibió su pensión.

Referencias

  1. «Manifiesto al Pueblo de Cuba» En Directorio. Órgano oficial del Directorio Estudiantil Universitario. Edición No 14. Año I. La Habana, 27 de noviembre de 1931.
  2. Gaceta Oficial de la República de Cuba. Edición extraordinaria. No 26. La Habana, 5 de septiembre de 1933.
  3. Entrevistas a Blas Andrés Orozco. Abogado perteneciente a la generación del 30. Fue miembro fundador del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Director del Departamento de Inmigración durante el gobierno del presidente Carlos Prío Socarrás. 1991-2000. Miami, Florida.
  4. Entrevistas a Ricardo Linares. Abogado, miembro del Comité Estudiantil de Superación Universitaria (CESU) junto a Manolo Castro. Militante del Partido Auténtico y amigo personal de Grau. 1994-2003. Miami Florida.
  5. Entrevistas a José (Pepe) Azeña. Miembro del Ejército Caribe y de Joven Cuba. 1989-1991. Miami, Florida. Y a Mario Salabarría Aguiar. 1991-2003. Miami, Florida.
  6. Ídem.
  7. Portell Vilá, Herminio. Cuba y la Conferencia de Montevideo. La Habana, Imprenta Heraldo Cristiano, 1934, p. 9.
  8. Ferrer, Horacio. Con el rifle al hombro. La Habana, Editorial Lex, 1941, p. 82.
  9. «Summer Wells, culpable». En Alma Máter. Edición No 7. La Habana, noviembre de 1933.
  10. Entrevista a Virgilio Pérez. Representante a la Cámara en dos ocasiones por el Partido Auténtico. Fue director del Instituto del Café y ministro de Comunicaciones en el gobierno del presidente Carlos Prío. 1991-1996. Miami, Florida.
  11. Entrevistas a Manuel Antonio de Varona y Loredo. 1989-1991. Miami, Florida.
  12. Lumen, Enrique. La Revolución Cubana. México, Ediciones Botas, 1934, p. 73.
  13. Entrevistas a Mario Salabarría Aguiar. Ídem.
  14. Cable No 12. De Jefferson Caffery al Secretario Interino de Estado. 14 de enero de 1934. Foreign Relations. 1934. Vol. V. Pag. 98. / Cable No 15. De Caffery al Secretario Interino de Estado. 14 de enero de 1934. Foreign Relations. 1934. Vol V. Pag. 99.
  15. Eduardo Chibás, Justo Carrillo, Augusto Valdés Miranda y Rafael García Bárcenas, «Los últimos días del gobierno de Grau». En Carteles. La Habana, 4 de febrero de 1934, p. 24.
  16. Entrevistas a Santiago Rey Pernas. Político que militó en el Partido Liberal. Fue gobernador de la provincia de Las Villas y ministro de Gobernación durante el régimen de Fulgencio Batista. 1992-2003 Miami, Florida. / Y entrevistas a Rafael Díaz Balart, Subsecretario de Gobernación durante esa misma etapa. / 1995-1997. Miami, Florida.