Gerardo Castellanos: el amante más devoto de Guanabacoa

Por: Félix Julio Alfonso López

Para Arturo Montoto

Gerardo Castellanos García nació en Cayo Hueso el 21 de octubre de 1879 y falleció en Guanabacoa el 21 de agosto de 1956. Era hijo del comandante Gerardo Castellanos Lleonart (1843-1923), hombre de confianza de José Martí y su comisionado especial en labores conspirativas dentro de Cuba en vísperas del alzamiento de 1895. Su madre, la habanera María García Videiro, también emigrada revolucionaria, era mujer enérgica y voluntariosa. El futuro cronista recibió educación en el colegio privado de Emilio Aymerich, aprendió el oficio de tabaquero y entre sus orgullos patrióticos estaba haber aportado dinero a la causa independentista, conocer personalmente al Apóstol, quien besó su frente y le regaló un violín, y ser testigo, desde una ventana del club San Carlos, del nacimiento del Partido Revolucionario Cubano en 1892. La profunda huella que imprimió El Maestro en su personalidad lo llevaron a definirse como martiólatra y martista.

Regresó a Cuba con veinte años cumplidos, a finales de 1899, y desempeñó trabajos diversos gracias a su buena caligrafía, conocimiento del idioma inglés y de contabilidad, como ayudante de casas comerciales, secretario en la Audiencia de La Habana y empleado de la Tesorería General y la Pagaduría General de Hacienda durante varias décadas. En paralelo, frecuentó círculos literarios en el Ateneo de La Habana y la sociedad El Progreso de Jesús del Monte y fue asiduo de las tertulias de Néstor Leonelo Carbonell en la calle Amistad y la del Gimnasio de Esgrima de Manuel Alonso en la calle Prado, donde concurrían figuras del mundo social y político habanero del tenor de Carlos Mendieta, Rafael Montalvo, Manuel Benítez y Mario Muñoz Bustamante.

De elevada estatura, complexión robusta y vestir elegante, Gerardo Castellanos se definió a sí mismo como una personalidad paradójica, de carácter severo, terco y explosivo. Amante de los viajes y la fotografía, admiraba sobre todo a los libertadores, antiguos emigrados revolucionarios y a ciertos masones. No fumaba ni bebía ni practicaba juegos de ninguna índole. Apreciaba la música campesina, el zapateo, la décima, dormir en hamaca y bailar danzones. Gastrónomo reputado, padeció una diabetes severa, lo que no le impidió degustar con fruición el aguacate, el tasajo aporreado y la yuca con mojo. Enemigo «doctrinal» del matrimonio, sus aficiones predilectas eran las visitas a librerías, casas de música y establecimientos de arte.

Aprendiz de piano y músico frustrado, con voz de barítono dramático, la verdadera vocación de Gerardo Castellanos García eran las letras, en particular las narraciones de contenido histórico o testimonial. De formación autodidacta, nunca asistió a institutos o la universidad y su cultura libresca fue el resultado de lecturas voraces y sin método de clásicos grecolatinos, autores europeos y americanos, novelas y libros de viajes, obras jurídicas y de medicina, biografías y textos de historia.

Se declaró escéptico ante los sucesivos gobiernos republicanos sin militar jamás en formación política alguna y al igual que otros contemporáneos poseía un hondo sentimiento antimperialista «por entender que nuestras desgracias y desacuerdos los alientan los Estados Unidos para mejor sojuzgarnos». Al mismo tiempo se identificó como un «Materialista, con leves atenuaciones. Agnóstico. Antirreligioso. Mucho de panteísmo. Practica la más severa moral. Simpatiza con ciertas orientaciones de Confucio, Séneca y Buda. Apasionado por la Historia y la Geografía y las ciencias afines a la misma. No tiene absoluta fe en las llamadas verdades de la Historia, porque estas suelen tener un fondo desviador esencialmente subjetivo».

En páginas autobiográficas confesó que desde muy joven «su suprema aspiración era llegar a tener una buena biblioteca y publicar en un periódico un trabajo a plana entera». La acumulación de libros inició desde sus años de emigrado, de lo que conservaba como reliquia un ejemplar de Los miserables de Víctor Hugo adquirido en Tampa. Como periodista contribuyó a numerosas publicaciones habaneras y del interior de la Isla: El Triunfo, La Discusión, El Mundo Ilustrado, Bohemia, El Mundo, Revista Bimestre Cubana, Ultra, La Prensa, El Imparcial de Matanzas y Diario de Cuba de Santiago de Cuba.

Fue miembro de varias academias y corporaciones cubanas y extranjeras, entre ellas la Academia de la Historia de Cuba, a la que ingresó como miembro correspondiente en 1923 y de número en 1935, la Sociedad Geográfica de Cuba, la Sociedad Económica de Amigos del País, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la American Geographical Society de Nueva York y las academias dominicana y colombiana de la historia. De igual modo fue cercano colaborador de la Oficina del Historiador de la Ciudad y de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, cuyo paladín Emilio Roig de Leuchsenring le entregó la presidencia del Tercer Congreso Nacional de Historia celebrado en Trinidad en 1944. Según sus palabras: «se inclinó a la historia cubana, a modo de guía y sostén espiritual de su existencia, para avivar parte de lo que había visto y oído en las emigraciones, valerse de su experiencia, en hombres y sucesos, y para lección de sus hijos y del reducido grupo que lo estima y alienta».

Gerardo Castellanos García (1879-1956).
Gerardo Castellanos García (1879-1956).

Durante casi medio siglo tejió unas de las obras historiográficas más amplias del periodo republicano. Su ingente producción intelectual abarca más de cuarenta títulos, con predilección por el ensayo biográfico de próceres y adalides de la gesta independentista, los viajes por escenarios geográficos e históricos cubanos y la construcción de amplios repertorios cronológicos e historiográficos, en ediciones pequeñas costeadas por su autor. Algunas de estas obras merecieron reconocimientos y diplomas en las exposiciones internacionales de Filadelfia y Sevilla, en certámenes organizados por el Liceo de Guanabacoa y en el concurso organizado por la Secretaría de Educación en 1936 por su ambiciosa cronología cubana desde 1492 hasta 1933.

Gerardo Castellanos García desde 1913 residió de manera permanente en Guanabacoa, de donde era oriunda su esposa María Castilla del Busto. En la antigua villa escribió casi toda su obra, en la biblioteca-estudio-museo que él mismo bautizó como «Celda de Luz y Paz» y Emeterio Santovenia estimó una de las bibliotecas privadas mejor organizadas de Cuba. Asimismo, publicó con el seudónimo de Gerardo Casiol capítulos dedicados al teatro, la prensa, paisajes y héroes locales, presidió El Liceo, fue iniciado masón de grado 18 en la Logia Hijos de la Luz y recibió el título de Hijo Adoptivo durante la alcaldía de Joaquín Massip, en el verano de 1931.

Este hecho motivó un discurso de gratitud, cuyo texto inédito reproducimos a continuación, en el que destacó y reafirmó su condición de cubano y refiere como adquirió desde muy joven un sentimiento de genuino nacionalismo heredado de sus progenitores, emigrados ambos de la Guerra de los Diez Años, que le permitió reconocer a Cuba como su «verdadera patria». Frente a la desventaja relativa de no haber nacido en suelo antillano, quien fue llamado por sus coetáneos el «mambí de las letras» reivindicó una cubanía espiritual y simbólica, cuyo fundamento último era el patriotismo.

El elogio a las virtudes, lugares y personajes de la Villa de Pepe Antonio nos revela esa fecunda veta cubana de Don Gerardo, quien se consideraba hijo accidental del Cayo Hueso revolucionario, «cubano de alma» y «el amante más devoto» de Guanaba- coa, la «patria chica» donde se sentía pleno y feliz. O como lo definió su gran amigo y confidente Emilio Roig, con palabras de franco sabor orticiano: «Y es Castellanos, en la República, como historiador y ciu- dadano, símbolo de cubanía, porque posee, en grado superlativo, la conciencia de ser cubano y la voluntad de querer serlo».

 

Señor Alcalde Municipal de Guanabacoa y en su nombre, a la vez, al Señor Presidente del Ayuntamiento y a los Señores Concejales que componen ese digno Consistorio.

 

Es en mis manos la transcripción del Acuerdo tomado por el Ayuntamiento de Guanabacoa, en sesión ordinaria del viernes veinte de marzo de 1931, por iniciativa de los Sres. Concejales Alejo Alderete, Juan F. Mora, José García Esprío, Vicente Menéndez y Perfecto de J. García, en el que se me comunica el nombramiento de HIJO ADPTIVO de esta Villa.

Al escribir, esta vez mejor que nunca, estoy sintiendo el más acendrado agradecimiento, porque nunca jamás en el curso de mi vida (salvo el que me rindió el «Liceo de Guanabacoa») he sido homenajeado de modo que llene tan deliciosamente mis aspiraciones.

Debeis saber, y si no lo sabeis se lo voy a revelar, que aunque cubano de alma, cubanísimo de espíritu, cubanísi- mo de sentimientos, cubano integral, por mis aspiraciones y orientaciones y por la sangre de mis progenitores; por una casualidad, la desdicha de andar mis padres vagando por el extranjero, expulsados por España, hube de nacer en Cayo Hueso. Pero si bien aquel peñón es mi terruño nativo, patria de mi eventual nacimiento, la realidad es que mi educación fue esencialmente cubana.

De los norteamericanos aprendí solo algunas de sus ejemplares enseñanzas; pero mi desarrollo siguió calor cubano, y mi sueño constante e invariable era ver a mis padres regresar del ostracismo, con la patria libre, y con ellos yo venir a ver la hermosa Cuba para hacer de ella mi verdadera patria.

Y así ocurrió. A fines de 1899 volvimos a Cuba. Mi padre, el Comandante Gerardo Castellanos Lleonart, había cumplido con su deber de patriota y tenía la dicha de ver a su patria libre de los viejos y seculares dominadores. Y yo aspiré el perfume de la Gran Antilla y empecé a amar sus palmas y sus costumbres y a sentirme tan bien aquí que puse empeño en hurgar todos los rincones geográficos de la Isla y en conocer a fondo su bravía historia. Tocar a Cuba fue para mí como para Anteo tocar la tierra. Me hice hombre y me identifiqué mejor con mis conciudadanos.

Hace años que vengo dedicado al cultivo de la Historia Patria. Mis empeños están puestos en apuntar lo que veo y aprendo. Mas cuanto más ambulaba, cuanto más aprendía y gozaba con el pasado y el presente (no quiero decir que no observara ciertos tristes lunares) más y más me dolía de no haber yo visto la luz primera bajo este cielo, no ser hijo de esta patria.

Busqué refugio en un documento oficial que me daba carácter de cubano; pero ello no fue suficiente para cubrir mi aspiración espiritual. Seguía atenaceándome saber que mi peñón estaba lejos, pertenecía a una nación positivamente para mi extranjera. Porque yo me siento partícula de esta tierra cubana.

Hace dieciocho años que me trasladé a Guanabacoa. Me gustó la Villa. Me gustaron sus vecinos. Me agradó su clima. Me satisfizo su delicioso silencio, orden y armo- nía social. Simpaticé con todo el que conmigo habló. Sentí pronto caer sobre mí honores que no merezco, el primero fue presidir el famoso «Liceo de Guanabacoa». Luego aquí me inicié en la Logia Masónica «Hijos de la Luz». Se me ha honrado de varias formas. Siempre sentí y siento simpatía por las autoridades municipales, y todos los alcaldes me han distinguido con su amistad. (Solo una vez, y la apunto porque no puedo olvidar el agravio, un capitán* supervisor militar por inquina política—el que precedió al capitán Lara—hubo de ser conmigo duro e injusto y hasta allanó el «Liceo» del cual yo era entonces presidente). [*Aparece una nota manuscrita al margen del documento que dice: El Cap. fue Ricardo Pau, padre del joven supervisor de la Villa—Oscar—que también hizo un registro en mi hogar.] Ha venido desde entonces siendo mi patria, mi única patria chica (1913), hasta considerarla la capital de esta Isla. Y para atarme más a ella, aquí murió mi padre, aquí el actual alcalde en propiedad, Sr. Joaquín Massip, mandó a que se le rindiese con el Ejército Nacional que asistió, honores a su rango como patriota y como veterano. Y aquí ha nacido una de mis hijas.

Y aquí, permítaseme este rasgo de la modestia, aquí he escrito catorce obras de historia, y además de páginas especiales dedicadas a esta Villa, en casi todos mis libros menciono el pueblo que me cobija y me hace mejor la vida. Y a Guanabacoa represento en mi calidad de Académico Correspondiente de la Academia de la Historia.

Repito, que yo me siento más guanabacoense que miles que, nacidos aquí, se han ido para nunca más recordar su pueblo nativo y menos aún honrarlo.

Yo en ninguna parte de Cuba (y conste que he viajado mucho y la mayoría de vosotros lo sabeis) me siento tan cómodo, tan bien, tan feliz, tan a mis anchas como en la Villa de Guanabacoa, recorriendo sus viejas calles de históricos nombres, viendo en algunas esquinas ornacinas [sic] con santos que dan nombre a esas calles, viendo las Escuelas Pías, el busto de Adolfo del Castillo, tomando las ricas aguas del lugar, bebiendo el típico «champán sport», viendo pasar junto a mí al popular y amadísimo galeno Gabriel Cubrías, al popular Felipe Arús, saludando rodeado de políticos al alcalde que llamamos afectuosamente «Joaquín», oyendo hablar del pasado alcalde Franchi; leyendo la revista «Z», viendo el reloj ya caído de la Parroquia, el convento de Santo Domingo; las célebres papas rellenas; el bombero Segrelles; el milenario Juan Mayor, las fantásticas «murallas de guano», el Liceo de Guanabacoa, el Teatro Carral, el Casino Español, el estupendo pianista Pepito Echaniz y el popularísimo Cabricano con su esquina…

Aquí no hay odios. Casi todo es paz y amor. Ni siquiera hay cruentas luchas políticas. Hay una buena cooperación [sic] municipal.

 

Siendo, pues, como soy, el amante más devoto, el vocero más estentóreo de todos los vecinos y nacidos en Guanabacoa, yo venía esperando con ansias que alguien tuviese la piedad de darme patria chica, lugar fijo en la grandiosa Isla de Cuba.

Y el proponente de la moción y los que la aprobaron y el que le dio superior sanción y me la transcribió, todos ellos han colmado mi alma dándome a Guanabacoa como cuna espiritual.

Gracias a todos mil veces desde lo más hondo de mi corazón.

Los abrazo y los estrecho con acendrado afecto.

En Guanabacoa Calle Maceo No. 22

Julio 4, 1931                               Gerardo Castellanos García

 

 

Notas:

  1. “Silueta autobiográfica de Gerardo Castellanos García”, en: Emilio Roig de Leuchsenrig, Gerardo Castellanos, patriota e historiador, símbolo de cubanía, La Habana, Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, 1956, p. 116.
  2. Ídem, p.
  1. Ídem, 114.
  2. Entre sus libros más importantes destacan: Adolfo del Castillo; en la paz y en la guerra (1922); Destellos históricos. Epi- sodios y biografías (1923); Juan Bruno Zayas, médico y soldado (1924); Huellas del pasado: viajes por Cuba (1925); Un paladín (Serafín Sánchez) (1926); Tierras y glorias de Oriente (Calix- to García Íñiguez ) (1927); En busca de San Muerte de Carlos Manuel de Céspedes (1930); Paseos efímeros (En auto- móvil y ferrocarril). Desfile histórico. Guantánamo, Bijagual, Mantua, Remates de Guane (1930); Francisco Gómez Toro: en el surco del Generalísimo (1932); Hacia Gibara… Notas e impre- siones (1933); Panorama histórico. Ensayo de cronología cubana desde 1492 hasta 1933 (1934-1935. 3 t.); Motivos de Cayo Hueso. Contribución a la historia de las emigraciones revolucionarias cubanas en los Estados Unidos (1935); Tópicos coloniales. En tor- no a Guanabacoa (1936); Los últimos días de Martí (1937); Pen- sando en Agramonte; Habana-Camagüey (1939); Martí. Cons- pirador y revolucionario (1942); Misión a Cuba; Cayo Hueso y Martí (1944) y Relicario histórico, frutos coloniales de la vieja Guanabacoa (1948).
  3. También mereció idéntico reconocimiento de las ciudades de Trinidad y Sancti Spíritus.
  1. “Supervivencia del patriota y del historiador”, en: Emilio Roig de Leuchsenrig, Gerardo Castellanos, patriota e historiador, símbolo de cubanía, cit., p. 99.
  2. El mecanuscrito original se encuentra en poder del autor de este artículo.