Convocado por la revista Espacio Laical, el pasado jueves 21 de noviembre
de 2024 se celebró en la sede del Centro Cultural Padre Félix Varela el encuentro
«En Diálogo», que esta vez tuvo como título: «Los gobiernos auténticos en Cuba (1944-1952): un acercamiento al tema». Los panelistas participantes en esta ocasión fueron las profesoras MSc. Yamilet Hernández Galano y MSc. Laura Vázquez Fleitas y la participación especial del conocido periodista Ciro Bianchi Ross.

Nelson Crespo, director de Espacio Laical: Buenas tardes, bienvenidos sean todos al encuentro «En Diálogo», organizado por la revista Espacio Laical, del Centro Cultural Padre Félix Varela; el cual en esta ocasión tiene como título convocante: «Los gobiernos auténticos en Cuba (1944-1952): Un acercamiento al tema».
Durante la República, entre los años 1944 y 1952, gobernaron a Cuba los candidatos de la Alianza Auténtico-Republicana, pertenecientes al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) y el Partido Republicano. Entre 1944 y 1948 la presidencia de la República la ocupó el Dr. Ramón Grau San Martín y, entre 1948-1952, el Dr. Carlos Prío Socarrás, quien no pudo concluir el período de su presidencia debido a la ruptura del orden constitucional que provocó el cuartelazo de marzo de 1952. Es decir, estamos refiriéndonos a los años que median entre la presidencia constitucional de Fulgencio Batista (1940-1944) y el golpe de Estado que él protagonizó el 10 de marzo de 1952.
Los gobiernos auténticos en Cuba comienzan de este modo con la elección de Grau como presidente. En ese momento Grau no era un desconocido porque había marcado pautas durante el periodo de la Pentarquía, posterior a la dictadura de Machado; eran los años del Grau joven, revolucionario, que en 1933 causó ciertas preocupaciones en algunos sectores políticos e incluso en el gobierno de los Estados Unidos, dado su izquierdismo. No obstante, cuando llegamos a 1944 vemos a un Grau diferente.
Grau fue un presidente controversial; sus partidarios lo consideraban como «El mesías de la cubanidad», mientras que sus opositores lo llamaban «El galimatías divino». En medio de esta antítesis resultó electo presidente por sufragio universal con un alto grado de popularidad, en unas elecciones de gran limpieza, en las cuales el ejército no intervino. Al respecto el entonces senador auténtico Eduardo Chibás denominó el día del triunfo electoral de Grau como «La jornada gloriosa del 1º de junio».
En los inicios de su mandato Grau se enfrentó a los norteamericanos por el problema de la cuota azucarera que establecía que los Estados Unidos podía suspenderla unilateralmente si Cuba no cumplía ciertas condiciones, ante lo cual Grau enarboló la doctrina de que cualquier decisión unilateral sobre la cuota azucarera cubana sería considerada un acto de agresión, lo cual, dada su resonancia, hizo que sus ecos se escucharan en 1948 en la Conferencia Panamericana e, incluso, ocuparan titulares en la propia prensa norteamericana. A él se debe también la implementación del Diferencial Azucarero, el cual permitió a Cuba insertar en el mercado internacional, según los precios vigentes en el momento, los excedentes de la producción azucarera una vez cumplidos los contratos prefijados, de modo que las ganancias extras de este excedente fueran repartidas. Este hecho robusteció la industria azucarera por beneficiar tanto a los industriales del ramo como a los obreros azucareros, los cuales comenzaron a recibir un extra salarial al sueldo prefijado.
No obstante, la presidencia de Grau no tardó en adentrarse en aguas turbias con el auge de la corrupción, el pistolerismo y el pandillerismo, siendo uno de sus ejemplos más paradigmáticos «la matanza de Orfila». Durante esa etapa aumentaron la extorsión, la bolsa negra y las prácticas propias del llamado «bonchismo», que se desarrolló en diversos niveles educativos, incluyendo la Universidad de la Habana, así como determinados hechos de sangre en los cuales estuvieron envueltos ciertos dirigentes estudiantiles. De este modo, el gansterismo y la corrupción signarán el mandato de Grau. De ahí la reacción de Chibás, hasta entonces militante del Partido Auténtico, quien enarbola la consigna «Vergüenza contra dinero», y funda el Partido Ortodoxo.
En 1948 se convocan nuevas elecciones generales y resultó electo el llamado «presidente cordial», el Dr. Carlos Prío Socarrás, también del Partido Auténtico, quien, vence en las urnas al Dr. Ricardo Núñez Portuondo, antiguo médico de cabecera del general Machado y figura emblemática de la coalición liberal-demócrata, al senador Eduardo Chibás, líder del Partido Ortodoxo, y al Dr. Juan Marinello, candidato a la presidencia por el Partido Socialista Popular.
Carlos Prío Socarrás intentó darle a su gobierno un matiz de frescura e independencia, distanciándose de su predecesor en el plano político y personal para evitar a toda costa que lo salpicasen los escándalos que envolvían a Grau, sobre el cual gravitaba la célebre Causa 82 que lo acusaba, junto a otras figuras de su gobierno, de haber malversado 174 millones de pesos. Las rivalidades entre ambos políticos debilitaron al Partido Auténtico, el cual, de por sí, ya había sufrido un duro golpe con la escisión del Partido Ortodoxo liderado por Eduardo Chibás. Todo ello, junto con a otros errores y omisiones de la etapa 1944-1952, determinaron que la opinión pública perdiese la confianza en el autenticismo como fuerza política.
Por otra parte, el presidente Prío continuó arrastrando muchas de las lacras que habían proliferado durante el gobierno de Grau. La corrupción, por ejemplo, siguió a la orden del día mientras poco se hizo contra los grupos gansteriles que se enfrentaban en las calles. Empero, más allá de los contratiempos, el país progresó materialmente y disfrutó de un clima de libertades democráticas no muy comunes en nuestra historia republicana. La actividad azucarera continuó prosperando, el comercio se expandió y los ingresos gubernamentales alcanzaron una cifra récord. Al respecto resulta oportuno subrayar un dato interesante: en 1952 los ingresos de Cuba superaban cómodamente a los de la mayoría de los países latinoamericanos.
De este modo, pese a sus sombras, durante el gobierno de Prío la convivencia democrática no sucumbió e, incluso, impregnó la política exterior de la Isla, la cual dio señales de gran vitalidad. Sin romper la dependencia y alianza con Estados Unidos, Cuba se movió con soltura en los escenarios internacionales: participó en importantes foros de la postguerra y llegó a ser anfitriona de algunos de ellos; lanzó la iniciativa de descolonización de las posesiones europeas que quedaban en el Caribe y, como nota memorable, fue gestora y firmante de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU.
Hacia 1950, cuando se encontraba en la mitad de su mandato, Prío acentuó los ribetes reformistas a través de la llamada política de «nuevos rumbos», que fue un esfuerzo por reducir la corrupción y dotar a la Constitución del 40 de la legislación complementaria que necesitaba. Durante este periodo surgieron instituciones significativas como el Banco Nacional (encargado de emitir, proteger y reforzar nuestra moneda nacional y con una visible participación en la vida económica cubana), el Banco de Fomento Agrícola e Industrial (que se esforzó por dar un fuerte impulso a las empresas agrícolas e industriales), el Tribunal de Cuentas y el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales. De igual modo, sería injusto pasar por alto el apoyo que dio el gobierno a la educación y el hecho de que multiplicó sensiblemente el número de escuelas secundarias, técnicas y especializadas; y cuyo hito más importante lo constituye el nacimiento de las universidades de Oriente y Las Villas.
Es decir, si el dinero público no hubiera sufrido el lastre de la voracidad de tantos políticos corruptos y grupos gansteriles, y se hubiese empleado mejor, los avances en el terreno social habrían sido aún mayores. Carlos Prío Socarrás fue depuesto por el golpe militar del 10 de marzo de 1952, pocos meses antes de que se realizaran nuevas elecciones.
Sobre este periodo de nuestra historia centraremos nuestro encuentro de hoy, pues, como sentencia el refrán popular: «De aquellos polvos vienen estos lodos». Para ello contamos con la presencia de tres especialistas que nos adentrarán en el tema:
- Laura Vázquez Fleitas, Licenciada en Historia y Master en Estudios Interdisciplinarios en América Latina, el Caribe y Cuba. Profesora Auxiliar del Departamento de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana y Vicedecana Docente de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.
- Yamilet Hernández Galano. Licenciada en Historia y Master en Estudios Interdisciplinarios de América Latina, Caribe y Cuba, quien, desde su incorporación también al Departamento de Historia de Cuba, ha impartido el Curso Panorámico de Historia de Cuba en diversas carreras, así como Patrimonio Histórico-Cultural en la especialidad de Historia, para la cual elaboró el libro de texto de la asignatura.
- Ciro Bianchi Ross, reconocido periodista y cuya trayectoria profesional durante más de cuarenta años lo confirma como uno de los principales artífices del periodismo cultural en la Isla. Cronista y sagaz entrevistador, recibió en 2018 el Premio Nacional de Periodismo José Martí y como pocos ha estudiado la historia de la Cuba republicana (1902-1958).
Como es habitual en nuestros encuentros, primero daremos la palabra a los ponentes y, con posterioridad, asumirán ustedes el protagonismo, bien para que realicen a nuestros expositores las preguntas que estimen, bien para que expongan, brevemente, sus criterios.
Tanto en un caso, como en el otro, son ustedes totalmente libres para expresar sus opiniones, sin más límites que los que impone el respeto al criterio ajeno.
Ese es precisamente el espíritu de los encuentros «En Diálogo» de la revista Espacio Laical; un espacio de reflexión donde, aprovechando la libertad académica, pueda hablarse libremente, como sucedía en esta histórica edificación, otrora sede del Seminario San Carlos y San Ambrosio, durante los mejores tiempos del obispo Espada.
Sin más dilación, reiterándoles a todos nuestra más cordial bienvenida, me complazco en darle la palabra a los ponentes.
Yamilet Hernández Galano: Hay que decir que Ramón Grau San Martín es una de las figuras más controvertidas de la etapa republicana; una figura que emerge durante la lucha contra la dictadura de Machado. También se dice que votó en contra del título de Doctor Honoris Causa que le dio la Universidad de La Habana a Machado. Él estuvo en contra de ese reconocimiento, pero como esa votación era secreta no se sabe si realmente él lo declaró después para vanagloriarse. El caso es que en 1944, cuando gana las elecciones, Ramón Grau San Martín llevaba más de 10 años siendo una de las figuras principales de la política cubana, sobre todo en el año 34, cuando se funda el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). Él no estaba presente, se había tenido que exiliar, pero es una figura que emerge durante el llamado gobierno de la Pentarquía. Él fue uno de los pentarcas y es la figura que se selecciona para que sea el presidente del gobierno provisional. Pero sufre una especie de golpe de estado en enero de 1934 y a partir de ese momento queda como una figura que los estudiantes, y sobre todo el ala reformista de la revolución, va a rescatar para empeños posteriores. De ahí que cuando se crea el partido a él se le nombra Presidente Honorifico porque él estaba en ese momento radicando en México. Se dice que la llamada jornada gloriosa, que fue el momento de las elecciones de 1944, resultó un momento histórico porque por primera vez se ejerció el voto de primer grado, que se había impuesto digamos consensuado durante la Constituyente del 40 en la que Grau también participa como uno de los presidentes de las discusiones de la Asamblea. Por eso se dice que fueron, de las elecciones que se celebraron a lo largo de la historia republicana, la de mayor asistencia popular, y que ganó con más de un millón de votos. Por eso se consideró que el hecho de que los auténticos llegaran al poder era el triunfo de la Revolución del 30. Pero hay historiadores, como es el caso de Berta Álvarez Martens, que planean que no solo la Constitución del 40 sino la llegada de los auténticos al poder, era como una especie de cierre, aunque hay historiadores que plantean que no, que realmente 10 años después, es decir ya en el año 44, el autenticismo no era lo que había sido en el año 34, cuando surge. Porque por el camino muchas de sus figuras habían desaparecido y la composición del partido se había vuelto mucho más conservadora. Y además había admitido a figuras que si bien se habían vinculado a la revolución del 30, otras figuras tenían que ver más con el mundo de los negocios y de la economía. Es en estas condiciones en que Grau llega al poder en 1944 y hace una visita a los Estados Unidos, visita a Roosevelt, cena en el Club Rotario, visita la tumba de George Washington, asiste también a un concierto del músico italiano Arturo Toscanini, quien, según dicen, le regala la batuta. Luego realiza un viaje a México en tiempos del presidente Manuel Ávila Camacho y otra vez en Cuba declara ante notario su fortuna. Porque una de las cuestiones que había quedado de los años anteriores era la acusación de que los presidentes lucraban, hacían fortuna una vez que llegaban al poder y por eso él decide que toda su fortuna la iba a declarar para cuando terminara su periodo de mandato la gente viera que él no había ganado ni un centavo a costa de ser presidente de la República.

Se hizo famoso por su gracejo al hablar; una de las características que tuvo Grau era su manera de hablar. Era una persona que tenía el don del discurso, el don de la palabra, y era también muy gracioso; tenía frases cortas, utilizaba mucho este tipo de frases, para enganchar al público. Hablaba de que las mujeres mandan, de que todo el mundo durante su gobierno iba a tener cinco pesos en el bolsillo, cuando aquello cinco pesos tenían un valor mucho mayor. Hablaba de que la cubanidad es amor y de esa manera se refería a su gobierno de la cubanidad. Hablaba también de que iba a haber dulces para todos. Y, sin embargo, tuvo muchos críticos, tuvo muchos seguidores pero también muchos críticos, como fue el caso de Eduardo Chibás, quien después rompe esta relación que tenían ellos en el mundo de la política. La admiración que tenía Chibás se rompe años después, cuando funda la Ortodoxia y hablaba de él diciendo: comenzó siendo el Mesías de la Revolución, el salvador, el que iba a salvar a Cuba, y termina siendo para Chibás, el Mesías jubilado de la robolución. Yo pienso que no solo era una crítica contra Grau, sino contra todo el Partido Auténtico. Porque ya la composición de ese partido distaba mucho de ser el gobierno que lo animaba, la cubanidad. Su vicepresidente va a ser Raúl de Cárdenas, acólito de García Menocal y expresidente de la Junta Directiva de uno de los clubes más elitistas de la Habana, el Havana Yatch Club. Conocido también por su pensamiento pronorteamericano, había sido defensor en su momento de la Enmienda Platt. Los auténticos logran llegar al poder por una alianza con los republicanos; es decir, tienen que pactar y no cuentan con la mayoría en el Senado. Este quizás fue uno de los mayores contratiempos que sufrieron los auténticos; tuvieron proyectos muy interesantes, pero no lograron ganar la mayoría en el Congreso ni en el Senado. Esa también fue una cuestión que jugó en contra de la cubanidad. Dentro de su gabinete es- tuvieron figuras reconocidas como Manuel Fernández Supervielle, Decano del Colegio de Abogados, ministro de Hacienda y luego Alcalde de La Habana, que no sé por qué albur cuenta todavía con un busto que está delante de la tienda Harry Brothers. No logró traer el agua a La Habana y esa fue su gran depresión. Yo les decía a mis estudiantes: estos son problemas de la larga duración. Supervielle, Carlos Prío, que fue ministro de Trabajo, luego fue Primer Ministro. Félix Lancís, primer ministro, que fue junto su hermano, de los que escribieron sobre el gobierno de Grau. Luis Pérez Espinós, que después fue ministro de Educación. Los ministros de Educación fueron sucediéndose porque lo sustituyó Alemán. Paula Coll fue la secretaria personal de Grau y Paulina Alsina, la segunda dama, que era su cuñada y también una figura muy interesante. Y menciono a Alberto Inocente Álvarez, que era ministro de Comercio y el gracejo popular se burlaba muchísimo de él; decían que de inocente no tenía nada.
Hay que decir que los auténticos significaron para la República el ascenso del nacional reformismo, un nacional reformismo que había emergido en América después de la Segunda Guerra Mundial y tanto Grau como Prío van a emprender proyectos económicos y políticos desde esa tendencia, desde el nacional reformismo. Como ejemplos en América podemos citar los gobiernos de Getulio Vargas, en Brasil, de Perón, en Argentina, de Lázaro Cárdenas, en México, de Rómulo Gallegos, en Venezuela. Son gobiernos portadores sobre todo de la fuerza que debía tener la burguesía como clase social pujante, como clase que debía traer el desarrollo económico. Y el nacionalismo en esos países era muy antinorteamericano. En el caso de Cuba, la burguesía que está dentro de las filas del autenticismo no tuvo la fuerza de esa burguesía latinoamericana en, por ejemplo, Argentina, México y Brasil, donde sí era una clase fuerte. En el caso de Cuba no ocurre igual y eso también matiza un poco la situación que tienen los auténticos. Otra característica que tiene el nacional reformismo es la presencia de un líder, un líder carismático, un líder casi siempre identificado como el salvador. Por eso se hablaba de él en términos del Mesías. Dentro de su proyecto de gobierno, el proyecto que tenía Ramón Grau San Martín, y que, por supuesto, no lo diseñó solo él, sino que tenía un equipo para eso, él le llamó La Revolución Constructiva. Es decir, al gobierno le llamó de la cubanidad y a este proyecto le llamó La Revolución Constructiva. Ese proyecto rescató elementos como el intervencionismo estatal, que no lo innova Grau San Martín ni mucho menos. El intervencionismo estatal ya estaba presente sobre todo en el gobierno de Machado, que había incursionado en 1926 con la Ley Verdeja y con otras medidas y, sin embargo, los auténticos van sobre todo a impulsar la economía republicana desde los términos del intervencionismo, amparados por la Constitución del 40, donde había artículos que estipulaban que el Estado podía intervenir. Y esa es quizás una diferencia que hay entre la primera y la segunda República, que algunos auto- res señalan para diferenciar cómo el Estado a partir de los años 40 es un Estado gestor, que gestiona, que interviene en los asuntos de la economía y a través de esta Revolución Constructiva se convierte en una de las primeras medidas la intervención estatal, la reorganización de la hacienda pública, la industrialización y las obras públicas. Estos quizás son los cuatro elementos fundamentales del gobierno de Grau, que se desconocen muchísimo. Porque casi siempre cuando se habla de Grau y de su gobierno todo se reduce a sus años finales y no se considera que sí hubo toda una concepción estatal y que en algún sentido se lograron resultados. El intervencionismo estatal lo que buscaba era que el Estado regulara y orientara y dirigiera la economía, que fuera un ente de cambio, pero sin intervenir en la propiedad; se respetaría la propiedad, pero en términos de intervencionismo lo que se buscaría era proteger a aquellas pequeñas industrias que estuvieran más rezagadas. Para ello se rodeó de toda una serie de destacados economistas como Julián Alienes Urosa, Joaquín Martínez Sáenz, Felipe Pazos y Gustavo Gutiérrez, economistas que se encargaron de aplicar la doctrina keynesiana.
A partir de ahí, sobre todo en el Ministerio del Trabajo, el intervencionismo va a buscar la protección de los trabajadores, crear comisiones de salario mínimo y, sobre todo, comisiones de cooperación social. En este período también se intervienen ingenios, refinerías, un matadero, fábricas, tres minas de nafta y se va a introducir en ellos el control a través de administradores que eran del Estado y que velarían por la rentabilidad de estas industrias. Esto, por supuesto, va a engendrar también ciertos márgenes de corrupción y se dice que el intervencionismo en tiempo de los auténticos no fue totalmente eficaz y que desde el punto de vista social, por ejemplo, las políticas salariales no siempre se cumplieron al pie de la letra. Era algo muy difícil porque el Estado instruía a estos administradores, pero no en todos los lugares existió la figura de ese administrador o no siempre el administrador trabajó en pos de que esas industrias fueran rentables. El segundo pilar de la Revolución Constructiva fue la reorganización de la Hacienda Pública, que también se basaba en el Tribunal de Cuentas. El Tribunal de Cuentas se introduce con la Constitución del 40, sobre todo para manejar los fondos, aquellos fondos espe- ciales que podían ser causa de robo. Y he aquí una de las mayores fallas que tuvo tanto el gobierno de Grau como el de Prío, sobre todo cuando llega Alemán al Ministerio de Educación, con el famoso Inciso k, que facultaba el uso de los fondos destinados para asuntos extraordinarios dentro de la educación y fueron dilapidados y tomaron otros destinos. Se dice que al final de su mandato hay un déficit de la tesorería publica de al menos 68 millones de pesos.
Durante el gobierno de Grau la industrialización también se va a impulsar, sobre todo en los años finales de la Segunda Guerra Mundial, entre los años 44 y 45, cuando se legisló para facilitar que las industrias pudieran importar insumos y maquinarias. El decreto 1831 va a liberar de derechos de importación a equipos, maquinarias y piezas para establecer nuevas industrias e impulsar las obras públicas y los servicios públicos. Sin embargo, este decreto no protegía a las materias primas, que fue lo que más encareció a estas industrias. Como resultado se construyeron seis frigoríficos y dos cooperativas y se abrieron los mercados libres campesinos, aunque este resultado ocurrió más en el período de Prío Socarrás con las famosas ferias ganaderas, que se hicieron como incentivo. También se impulsan las producciones nacionales como la cerveza, el alcohol, los textiles, el calzado, el caucho, la industria farmacéutica y, muy interesante, la talla de diamantes. Yo estuve indagando sobre este tema y me explicaba la profesora María del Carmen Barcia que en Cuba había una presencia importante de judíos y que casi todos eran los dueños en este tipo de negocio. La principal contradicción que provocó que estas industrias no avanzaran más fue la carencia de materia prima, y sobre todo porque después del fin de la Segunda Guerra Mundial se firman otros acuerdos que van a frenar este desarrollo. El Tratado de Reciprocidad que se firma en el 34 resultó mucho más lesivo que el de 1903 y por supuesto que fue como una piedra en el zapato. Como casi todos los gobiernos de la República, los auténticos también tuvieron un proyecto de Obras Públicas. El ministro fue José San Martín, que era sobrino de Grau y recibió el mote de Pepe Plazoleta porque introdujo en la urbanización esta variante de las circunvalaciones, las rotondas, como una de las más famosas, la que está frente a la Ciudad Deportiva, y se le puso una fuente, que popularmente le llamaron el Bidé de Paulina, que era la cuñada de Grau. Y después, ya en tiempos de Batista, le llamaron la Palangana de Marta al techo de la Ciudad Deportiva. En realidad con los auténticos se va a impulsar toda una obra urbanística importante para la ciudad, como la Vía Blanca, que fue una de las más relevantes dentro del llamado Plan de Ensanche y Mejora de La Habana. Fue un momento en que el automovilismo creció, el negocio de los automóviles, la ciudad se modernizó y hubo que enfrentar el problema del tráfico. Una de las soluciones que tuvo que buscar el Ministerio de Obras Públicas fue mejorar la circulación de las vías. Por eso se acudió a las vías alternativas como las rotondas. Otra cuestión importante fue toda la zona de la Ermita de los Catalanes, que sería después la Plaza Cívica y hoy es la Plaza de la Revolución. Toda esa zona del Vedado había quedado como una especie de paréntesis porque no se había urbanizado y quedaba desconectada del resto de la ciudad. Había que buscar una solución urbanística para poderla integrar al mapa capitalino. Esa fue otra tarea que los arquitectos tuvieron que enfrentar y hay que decir que se buscó conformar un equipo de arquitectos bien formados, que habían estudiado, con grandes conocimientos. Esto muchas veces no se dice y, como siempre digo, cuando se habla de los gobiernos auténticos todo se reduce al dinero que se robó, lo que se desvió y no a lo que sí quedó para la posteridad. Lo más importante de esto fue el plan regulador de La Habana en 1944, cuando se proyectó trazar una red de avenidas. Porque se consideraba que para el año 2000 la ciudad y la población iban a crecer y por eso había que trabajar duro. La principal arteria de la ciudad era entonces la calle Reina y algunos fragmentos de Malecón, y por eso se congestionaban tanto las vías.
Otra de las medidas importantes tomadas durante la Revolución Constructiva de Ramón Grau San Martín fue el Censo Agrícola Nacional de 1946, fundamental para detectar cuáles eran aquellas zonas, aquellos terrenos, que estaban ociosos, sin utilizar, y se hizo una Reforma Agraria que fue muy risible para la época, pero que puso de manifiesto esta idea del nacional reformismo que busca repartir la tierra para ponerla a producir. Realmente el alcance que tuvo esta Reforma Agraria fue minoritario y solamente se llegaron a repartir algunas tierras que habían pertenecido a Gerardo Machado, sobre todo Venta de Casanovas, estuvo el problema del Realengo 18, de San Blas. Fueron zonas que se repartieron entre algunos campesinos.
Otra cuestión que va a caracterizar al gobierno de Grau fue el diferencial azucarero, que constituyó un logro no solamente del gobierno sino también de la clase obrera. Fue un momento de maridaje en el contexto internacional, cuando aún está la Segunda Guerra Mundial y todavía hay un clima que va a desaparecer después con la Guerra Fría. Fue un éxito para la clase obrera lograr que se le pagara el diferencial azucarero. Y por último la política antimilitarista que tuvo va a ser fundamental también. Porque Grau había sufrido muchísimo la presencia del coronel Batista durante su gobierno provisional y si dos cosas lo definían para mí eran su anticomunismo, que él lo planteó en sucesivas discusiones, incluso cuando conversaba con Jacinto Torra y con otros economistas, él decía que su ideología era anticomunista. La otra cuestión era su profundo antimilitarismo, que está presente desde la Asamblea Constituyente y ya en la presidencia. Él tomó medidas para frenar la invasión que habían protagonizado los militares, sobre todo en la década del 30, cuando Batista se convirtió en un hombre tan imprescindible, el período de los años 36, 37, 38, período previo a lo que sería la apertura democrática. Ya como presidente depura el ejército, destituye a figuras que estaban ligadas a hechos de sangre, licencia a oficiales que estaban vinculados con Batista, y nombra a oficiales que eran proclives a su mandato. También eliminó toda aquella simbología que recordaba a Batista, todo lo que Batista muy inteligentemente había construido para dar fuerza al ejército a partir de los años posteriores a la Revolución del 33 y que tenían que ver con el 4 de septiembre. Él hecha por tierra toda esa simbología, el himno, la bandera, cambia incluso la fecha del 4 de septiembre, que era una fecha festiva, y proclama que a partir de ese momento lo que se va a festejar es el 15 de diciembre, que era la fecha de la Batalla de Mal Tiempo. Pienso yo que esta fue una de las cuestiones que más escozor va a levantar dentro del ejército y, por supuesto, el motivo de que años después los militares pidan el regreso de Batista. Porque pierden mucho espacio durante el gobierno de Grau, quien incluso le aconsejó a Prío, en su momento, que no le permitiera a Batista su regreso a Cuba. Este al terminar su mandato se tiene que exiliar. Sabe que no cuenta con un clima para poder radicar en Cuba porque varias organizaciones derivadas de la Revolución del 33 y entregadas al gansterismo y al pandillerismo le habían puesto precio a la cabeza de Batista. Al terminar su presidencia Grau le dice a Prío: no permitas que regrese y mucho menos permitas que escoja su escolta. Esos consejos al parecer Prío no lo escuchó. Batista planifica muy bien su regreso y aprovecha que había todo un espacio que había quedado vacío dentro del ejército.
Básicamente estas son las cuestiones que a mí me parece que se conocen poco sobre el gobierno de Grau San Martín, cuestiones que muchas veces han quedado en el silencio, han quedado en el olvido. Pienso que hay mucho espacio todavía por investigar y por estudiar, sobre todo su política exterior, que fue muy nacionalista. Su gobierno estuvo en contra de la creación del Estado de Israel e incluso consideró que el Estado de Israel podía generar una tercera guerra mundial. Eso me parece que fue de una lucidez tremenda. Muchas gracias.
Laura Vázquez Fleitas: Buenas tardes. Yo me voy a referir al Plan de Obras Públicas del gobierno de Ra- món Grau San Martín y a la revista Arquitectura.
El 22 de diciembre de 1944, a poco más de dos meses de asumir la máxima magistratura del Estado, Ramón Grau San Martín anunciaba en una charla ra- diada por todas las emisoras nacionales que la suya era «Una Administración en Marcha»,1 y proclamaba que: «El Ministerio de Obras Públicas, por sí solo, me- recería una charla [pero] Forzado a la síntesis, [cabía] decir que, previa reorganización Ministerial interna, previa adquisición de equipos y materiales de que es- taba huérfano este Ministerio —al que faltaba incluso el instrumental de dibujo— se ha sacado ya del papel y las cartulinas la primera parte del Plan de Obras Públicas.»
En este discurso el Presidente esbozaba, como forma de demostración de sus palabras y de su labor administrativa, un grupo de obras en las que se había comenzado a trabajar. Estas se centraban 1. en la ampliación de las vías de comunicación con la construcción tanto de grandes viales que como la Vía Blanca estaban llamados a «poner la primera piedra del gran turismo en Cuba» hasta de caminos vecinales en pequeñas poblaciones del interior del país, 2. en la construcción de centros escolares, hospitales y edificios públicos y 3. en el acondicionamiento de puertos y aeropuertos. En 1948 el arquitecto y ministro de Obras Públicas, José Ramón San Martín valoraba la labor realizada durante los primeros cuatro años de administración auténtica en los siguientes términos:
El Plan de Obras Públicas respondió desde los primeros momentos al sentido nacional que ha inspirado el gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín. Ante el crecido número de obras que la nación reclamaba con urgencia, se decidió estructurar un sistema escalonado en el cual tuvieran cabida todas aquellas obras que beneficiaran al mayor número posible de personas, a la vez que simultáneamente se atendiera a las necesidades del mayor número posible de localidades. En el mes de septiembre de 1948 podemos decir que prácticamente todos los términos municipales con que cuenta la República han recibido los beneficios de las obras ejecutadas, existiendo en cada uno de ellos pruebas palpables de este carácter básicamente nacional del plan en ejecución.2
Los ejemplos anteriores nos permiten suponer el lugar concedido por los agentes políticos a los Planes de Obras Públicas en el ejercicio de autoafirmación del poder, lo cual se hace evidente en y a través de las disímiles políticas y procesos de administración del espacio que estos generan. Aquí aparecen inmediatamente dos cuestiones: la necesaria existencia de capacidades técnicas e intelectuales en la persona de naturales cubanos o extranjeros que sean capaces de acometer dichos proyectos y la urgencia de un marco jurídico adecuado que comprenda bajo sus ordenanzas la labor regulatoria del espacio físico. Ahora bien, para realizar una valoración adecuada de la significación y el alcance de este Plan de Obras Públicas hemos de partir de algunos presupuestos generales aplicables a la labor de las fuerzas en el poder en Cuba durante los gobiernos auténticos.
Como norma general en el impulso a la Obra Pública, además de un problema de ordenamiento urbano puede advertirse el interés del Estado por mostrar signos de una mejoría o recuperación eco- nómica, constituyéndose como un símbolo visible para la ciudadanía, toda vez que estas posibilitaban la creación de nuevos puestos de trabajo, incentivaban actividades productivas locales relacionadas con la producción de cemento y otros materiales para la construcción y fomentaban el turismo. Dentro de la relación obra pública-gobierno podemos ubicar a la primera como uno de los dispositivos empleados por el segundo para legitimar su gestión social, para lo cual realiza una amplia difusión de las obras como representación positiva del Estado y sus representantes (Presidente, Ministro de Obras Públicas, Alcalde) a quienes se les asignaban nuevas funciones y capacidades en el ejercicio de las políticas públicas. En este sentido, las obras públicas se transformaron en un eficaz vehículo mediante el cual se expresaba materialmente la presencia, la acción y la intervención del Estado nacional y sus personajes más importantes en y sobre el territorio.
Ahora bien, para comprender el ambiente político y social dentro del cual se gesta este Plan de Obras Públicas impulsado desde la administración grausista hemos de atender los antecedentes que en materia intelectual y contextual posibilitan su desarrollo y posterior aplicación. La crisis económica y política que sobrevendría en Cuba durante el primer lustro de la década del treinta finiquitó las posibilidades de concreción del Plan Director proyectado por el urbanista Forestier para La Habana. El periodo de obras generó importantes beneficios privados —lícitos e ilícitos—, las avenidas pusieron nuevo suelo en el mercado inmobiliario y las obras crearon empleo público. Sin lugar a dudas la labor de Forestier y su equipo fue imprescindible en la definición formal de múltiples espacios urbanos en la ciudad, dirigidos sobre todo a aquellos sectores y espacios relacionados con la élite socioeconómica de la capital cubana y la política nacional y su representación arquitectónica. En palabras de Francisco Gómez: «La estela dejada por Forestier en La Habana sería larga, y no solo en el equipo que colaboró con él durante los más de tres años que duró el desarrollo de su labor, sino por un grupo creciente de profesionales que entenderían que había que retomar la planificación de la ciudad, pues la superación de la crisis económica y política estaba induciendo de nuevo la reactivación constructiva en la ciudad, sin haber resuelto previamente los problemas estructurales que ya se habían diagnosticado».3
Dentro de esa lógica de reflexión teórica y pro- puestas prácticas, el segundo semestre del año 1938 fue prolífico en proyectos. Primeramente en agosto en el XVI Congreso de Planificación y de la Habitación en Ciudad de México, el arquitecto cubano Aquiles Maza insistió en la urgencia de crear una Comisión Nacional de Planificación. En octubre José María Bens Arrate se suma a la idea de impulsar una Ley de Urbanismo para Cuba, la cual se adelanta a proponer en la revista Arquitectura con el trabajo «Análisis de una Ley de Urbanismo».4 Luego, durante el Primer Congreso Panamericano de Municipios, celebrado en La Habana en noviembre de ese año, se convierte en un incesante impulsor de este proyecto junto a otros arquitectos y urbanistas del patio que aprovecharían la ocasión para presentar sus apreciaciones y realizar sus propuestas de solución.
En este evento continental correspondió al arquitecto mexicano Carlos Contreras presentar un análisis completo de los mecanismos necesarios para afrontar la planificación de ciudades de la que emanan dos propuestas concretas dentro de la que resalta una Ley de Planificación y de Zonificación de La Habana, con la creación de la Comisión de Planificación de La Habana, encargada de redactar un Plano Regulador que debía abordar un programa definido a largo plazo que incluyera una zonificación municipal, un sistema arterial de comunicaciones y transportes, los programas de financiación correspondientes y una legislación y reglamentación específica. Como podemos apreciar hasta aquí, en los últimos años de la década del 30 los acuciantes problemas generados por el futuro incierto de la ciudad no podían dejar indiferente a una serie de urbanistas que desarrollaron un debate intelectual sobre la necesidad de ordenar los crecimientos bajo el control público. En estas circunstancias «el Ayuntamiento asumía la responsabilidad de crear una serie de comisiones con los objetivos de, por un lado, trabajar en el estudio y desarrollo de un Plan de Ensanche y Mejora, por otro lado de elaborar un borrador de Ley General de Urbanismo para ser propuesta al Gobierno del Estado, en tercer lugar, para estudiar el problema de la carestía de la vivienda y, en cuarto lugar, para modificar la Ley Orgánica de Municipios con la finalidad de otorgar mayores competencias a los ayuntamientos para promover urbanísticamente el suelo».5
Para mayo de 1942 se presentaría la iniciativa de mayor calado hasta ese entonces: la fundación del Patronato Pro-Urbanismo bajo la dirección de Pedro Martínez Inclán. En junio siguiente serían publicados en la revista Arquitectura los «Estatutos del Patronato Pro-Urbanismo de Cuba» que establecían un total de siete puntos, entre los que destacaban: velar por el desarrollo y embellecimiento urbano y rural de Cuba y promover la promulgación de Leyes, Reglamentos y Ordenanzas para mejorar las condiciones urbanísticas del país.6 Desde el Patronato se pretendía hacer partícipes de sus intenciones y propósitos a sectores sociales e intelectuales no vinculados a la profesión, dígase empresarios y abogados relacionados con el negocio urbanístico, dueños de fincas urbanas interesados en la construcción de apartamentos de renta o en la urbanización de sus terrenos, inversores y especuladores en las industrias del turismo y los materiales de construcción, entre otros, que pudieran hacer una presión más efectiva sobre la clase política.
El amplio y rico debate científico de estos años y la gran cantidad de proyectos fueron la base sobre la que se sostendría el Plan de Obras Públicas del Gobierno de Grau. La preocupación intelectual manifiesta, la necesidad social evidente y la urgencia política se conjugaron en un Programa que buscaba dar lustre a la figura del gobernante y su familia. Uno de los puntos más importantes dentro de este Plan era la capital cubana, para lo cual se plantean la planificación de lo que denominan como Gran Habana a través del diseño y ejecución del Plan Regulador de La Habana de 1944, en el que se proponían trazar una amplia red de nuevas avenidas de comunicación para resolver el grave problema de congestión padecido por una ciudad que se expandía gracias a la «automovilidad» privada.
Este plan concebido bajo las influencias del Movimiento Moderno, se planteaba zonificar sobre la base de criterios científicos la ciudad, delimitando claramente las zonas comerciales, industriales, de ocio y recreo y los espacios residenciales para cada clase social, todos unidos por una amplia red de vías rápidas de comunicación. «El acceso a esos medios de locomoción seguía imponiendo la segregación social conforme con [tres grandes] directrices: barrios obreros por el interior desde el foco industrial de la bahía, urbanizaciones elitistas en la línea de costa, y repartos para clases medias entre uno y otro vector».7
Las inversiones en infraestructuras se orientaron en beneficio del desarrollo burgués del litoral occidental, reforzando la conexión entre El Vedado y los elitistas repartos de Marianao. El diseño de la red de circunvalaciones, avenidas, calles y bulevares construidos durante estos cuatro años servirían para articular la ciudad, reduciendo los tiempos de desplazamientos y afrontando el problema del tráfico en la capital. En la concepción del Plano Regulador, además de tenerse en cuenta factores como el crecimiento de la población en La Habana, la forma de la ciudad, sus vectores de crecimiento, se nota una tendencia a la segregación social cuando al hablar de las viviendas plantea: «(…) colocar la vivienda del rico en un lugar ameno y la del obrero cerca del taller, este donde no perjudique a la estética de la urbe»8
Este plan y su realización factual generaron un intenso debate y un gran volumen de publicidad en la prensa burguesa y llegó a insertarse en un tipo muy específico de revistas que, como Arquitectura, podemos clasificar como un medio especializado. Por lo general, este tipo de medio está orientado a un público que comprenda y/o trabaje en dichas disciplinas, toda vez que las mismas funcionan como procesos de control de la producción del discurso.
Durante los años veinte, después de dos décadas de enseñanza de arquitectura en Cuba, habían varias asociaciones de arquitectos que por sí solas no constituían un grupo de presión lo suficientemente fuertes como para influir en la redacción y cumplimiento de las leyes y regulaciones que tanto reclamaban. En 1907 se funda la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos, un año después la Sociedad Cubana de Ingenieros, que incluía una sección de Arquitectura y comienzan a publicar una revista, que llevaría el nombre de la referida sociedad, desde abril de 1909. Para marzo de 1916 se constituirá el Colegio de Arquitectos de la Habana, primera organización en Cuba integrada exclusivamente por arquitectos y maestros de obras, que ya en julio de 1917 publicó el número inicial de la revista Arquitectura. Ambas, revista y asociación, evolucionarían juntas y servirían de fuente de legitimación una de la otra.
La revista tenía entre sus propietarios-fundadores a Emilio de Soto, quién sería además su primer director, y a Félix Cabarrocas, Luis Echevarría y Federico G. Fabre. Radicaba en San Ignacio 25, sede del Colegio, lo cual refuerza la idea de la revista como instrumento de difusión de dicha institución. El medio contó con tres etapas de desarrollo dentro de las cuales cambiaría a veces su nombre, formato e incluso sus contenidos y la forma de presentación de estos. La primera etapa se encuentra enmarcada entre 1917, año de su fundación, y 1932. La segunda etapa, que va desde 1933 hasta 1967, además de ser la más larga de su trayectoria estuvo marcada por cambios impor- tantes en el plano institucional y nacional. Hacia 1932 aparece la Federación de Arquitectos de Cuba, que impulsaría las gestiones para la promulgación del Decreto-Ley No. 3,174 de fecha 13 de diciembre de 1933, por mandato del cual se creó el Colegio Nacional de Arquitectos de Cuba.
En los 40 la fuerza de lo moderno y de la vanguardia arquitectónica europea se irá convirtiendo en una presencia viva en la revista mientras se puso en práctica la propuesta de Horacio Navarrete de instituir el Premio Medalla de Oro del Colegio de Arquitectos. Con esta iniciativa se consiguió dar un impulso a la producción arquitectónica y la simple difusión de este galardón se convirtió en un hito para el medio que, hacia fines de la década, va consolidando la visión moderna con la incorporación de «(…) artículos de Gropius, Neutra o Le Corbusier, aprovechando en muchos casos sus visitas (…) para difundir sus ideas, recogiendo entrevistas, conferencias.»9 Para enero de 1948 se publica el último número de la revista bajo la dirección de Bay Sevilla, quien cede su puesto a Horacio Navarrete, el cual asumirá esta etapa como una transición que durará hasta enero de 1949, cuando la revista ve la luz bajo la égida de José María Bens Arrate.
El reconocimiento de las realizaciones del Plan de Obras Públicas sería amplio, encontrando en las páginas de la revista diversos artículos que se centraban en el análisis de problemas enquistados desde hacía años en la sociedad y en los llamados crecimientos inducidos. Uno de los problemas más relevantes y en torno al cual giraba buena parte de la reflexión de estos profesionales vinculados a las políticas de los auténticos en materia de obras públicas lo constituía la vivienda del pobre y la construcción de barrios obreros.
En el caso de la construcción de las viviendas para obreros, según lo dicho por el Colegio de Arquitectos de la Habana, era necesaria una inversión de capital privado, pero esto representaba, a su vez, una dicotomía problemática porque la iniciativa privada exigía la elevación de los precios del alquiler. Esta situación estaba condicionada por la ausencia o la no efectividad de la Ley de Alquileres y de los instrumentos legales que regularan y/o beneficiaran a los obreros, aun teniendo en cuenta las diferencias que podían existir entre estos. En la ciudad se fabricaban apartamentos con alquileres inalcanzables para la mayoría de los obreros aspirantes, lo que generaba una crisis social y económica. Sobre esta situación Manuel Febles expresó: «(…) nosotros no poseemos legislaciones adecuadas que tiendan al desarrollo y a la creación de cooperativas de construcciones de viviendas económicas con la supresión de cánones y contribuciones que compensen a la iniciativa privada o semiprivada, la inserción de capitales en esta clase de edificios».10
El espacio urbano ocupado por las clases más des- poseídas estuvo caracterizado por la ausencia de condiciones mínimas de habitabilidad, lo cual implicó la necesidad y urgencia de establecer y determinar territorialmente un espacio de calidad para el pobre, entendiendo que las insuficientes zonas en las que conseguían establecerse no podían ser consideradas hogares confortables. Dentro de esta lógica reflexiva encontramos el trabajo de José María Bens Arrate titulado «La remodelación de La Habana»11 donde el arquitecto hacía una descripción de sector sur de La Habana a partir de los muelles y las vías férreas, demandando una labor de saneamiento urbano que tuviera en su centro la apertura de vías de comunicación en sectores donde se asentaban los barrios marginales de la ciudad. Bens. Arrate consideraba igualmente que esas obras se veían ejecutadas como fruto de la planificación y del impulso dado a la urbanización de la ciudad por el Plan de Obras Públicas de 1944. En estas labores se convertía en un elemento de importancia el apoyo del Ayuntamiento y de Manuel Febles Valdés en tanto Jefe del Departamento de Urbanismo.
La búsqueda de estrategias para el establecimiento de políticas urbanas que garantizaran la existencia de las viviendas económicas se mantuvo en la narrativa de los profesionales durante esta época. Las reflexiones en torno al tema se centraron en la discusión de uno de los más acuciantes problemas sociales de la época, la escasez de la vivienda popular dentro del caótico desarrollo urbanístico de la capital. La vivienda popular condujo el análisis del discurso en favor de una ley aplicada por el gobierno que protegiera por igual al obrero, al empleado influyente y al que no lo fuera. Además, proponía cómo debían de distribuirse y quiénes merecían las llamadas viviendas económicas para no solo favorecer políticamente a un grupo social. Estos análisis tenían en su centro de interés los llamados «crecimientos inducidos», que puestos en marcha nuevamente durante el gobierno de Grau fomentaron los crecimientos periféricos de la ciudad, de manera que «La prolongación de la Avenida
Dolores hasta la Carretera Central permitió la creación de varias urbanizaciones: La Solita, Vista Alegre y Portocarrero. // (…) // También la construcción de la Vía Blanca a partir de 1946 estimuló el desarrollo de una serie de repartos en sus márgenes, que tomarían nuevo impulso tras la construcción del Barrio Obrero de Luyanó. En sus inmediaciones se construirían los repartos de Varela, Modelo, Habana Nueva, Chibás y Bahía.»12
En este sentido, arquitectos como Pedro Martínez Inclán plantearon directamente en las páginas de la revista que planificar una ciudad no era solo embelle- cer sus espacios sino dotarla de una estructura viaria de conexión entre sus repartos y poner en práctica políticas de equipamiento y habitacionales en las que se priorizara el problema de la vivienda del pobre en acuerdo con las ideas de zonificación propias de la Arquitectura Moderna. En «La ciudad y su región»13 Martínez Inclán, tras declarar que las claves del Urbanismo se hallaban en cuatro funciones básicas: habitar, trabajar, divertirse y circular, plantea la necesidad de priorizar el interés público en la planificación de las ciudades y de fomentar las políticas sociales a partir del equipamiento de los espacios para cubrir las necesidades crecientes de las poblaciones.
Siguiendo esta lógica es posible afirmar que una de las necesidades más acuciantes de los sujetos lo constituye la garantía de un espacio para el ocio. Esta problemática, que tenía su manifestación más evidente en la ausencia de recreo público para los sectores pobres, personalizado en lo fundamental por obreros y/o empleados manuales del más bajo rango, no tenía cabida en los proyectos privados. Por tanto era necesario que esos espacios fueran creados por el Estado. En el Primer Congreso Nacional de Arquitectos se abogó porque el Estado reservase o expropiase un área considerada de costa para crear playas públicas, pero esto apenas se vio reflejado en la práctica y más bien se siguieron fomentando los repartos y balnearios privados. El arquitecto Alberto Prieto señalaba al respecto de la segregación urbana: «Nuestros repartos son exponentes de que sin una legislación que forzara a ello, todo el que ha podido ha establecido su residencia en áreas que tienen un mayor carácter residencial, pero en las cuales hasta ahora con dificultad han podido encontrar cabida las clases pobres».14
Mientras más se extendía la ciudad y aumentaban las construcciones modernas como forma de remplazo de las antiguas, menos espacio quedaba para los pobres. Los que no tenían dinero para un alquiler se vieron obligados a buscar sus propias alternativas precarias e improvisadas con elementos maltrechos, incrementando los barrios de indigentes. Si bien la segregación no consiguió ser absoluta, como pretendía la burguesía, esta clase sí logró erigir barreras en su espacio propio, alejando la posibilidad de conseguir viviendas correctamente lotificadas y diseñadas a los demás estratos sociales. Lo anterior condujo a un fuerte proceso de consolidación de la heterogenización de las políticas sociales planteadas desde el poder. Ese proceso es explicado en un trabajo de Emilio Harth-Terré en el que llama la atención sobre el desinterés de las autoridades: «Porque si bien es cierto que la unidad reguladora de avenidas y barrios es conveniente para la función orgánica de la ciudad, ésta pierde la mayor parte de su eficacia cuando este mismo organismo no está sujeto a una estructura y sistema que permite alcanzar el buen gobierno hasta cada una de sus más modestas y distantes partes de ella; porque así no habrá insignificantes ni abandonados. No será aceptable la contraposición de barrios floridos con muladares; unos, porque en ellos se concentra la esmerada atención de los ediles y otros, porque se olvidaran de ellos».15
Durante estos años de administración grausista el debate intelectual en torno a las Obras Públicas y su alcance y significación acompañó su realización factual. En este contexto la revista Arquitectura logró estructurar un discurso centrado en la representación de estas problemáticas sociales y urbanísticas que pretendía atacar el Plan. En esta publicación mensual la presentación de la información como fuente y validación de saberes se presuponía, para su valoración, imparcial, aunque eran apreciables las maneras en que se concretaba desde el lenguaje el ejercicio del poder que regía la producción de los discursos a nivel social e iconográfico. La narrativa exploraba, desde la visión de los arquitectos en su perspectiva social, las problemáticas urbanas como la escasez de viviendas, que no solo proporcionaron una imagen de las condiciones materiales, sino que también revelaron las percepciones críticas y propuestas relacionadas con estas cuestiones sociales en la evolución de la sociedad.
Los profesionales de este sector consideraban que la élite política nacional era la principal responsable del cambio urbano por cuanto debían actuar en pro de la solución de los problemas generados por la pobreza y la segregación urbana. En este sentido, la falta de prioridades claras en las Obras Públicas es señalada como un factor clave que propicia la diseminación y la construcción de edificaciones innecesarias. Concebido sobre la perspectiva de soluciones integrales, sustentadas en la demanda de un amplio aparato legislativo, el discurso se enfocó en la crítica al tratamiento gubernamental y la demanda de políticas habitacionales en favor de las masas populares y la teorización de sus posibles soluciones, regulaciones, leyes urbanísticas, y sus efectos en la configuración de la ciudad.

Ciro Bianchi Ross: Yo voy a decir algo con respecto al militarismo. Grau cuando nombra a Genovevo Pérez jefe del ejército el decreto dice: nombrar jefe del ejér- cito con grado de mayor general jefe del Estado Mayor al coronel Genovevo Pérez. Es decir, que le pasó por arriba a todo el mundo. Claro, ya entonces no quedaban muchos generales de Batista. Cuando Genovevo es destituido por Prío, en una entrevista tremenda que se publicó en Bohemia, resulta que quien llevó la información a Bohemia fue Prío, que era muy bueno en eso de contar historias. La cuestión es que cuando Prío lo destituye, destituía al coronel Genovevo Pérez, tuvo que retirarse con el grado de Coronel. Porque Grau lo pudo ascender a General, pero no lo ascendió. Además, cuando coge el poder Grau, cuando gana la presidencia, y pide a Genovevo como su ayudante, era Comandante y al mes era coronel. Y se retira como Coronel.
Cuando Grau gana la presidencia, mi padre iba caminando por Santa Catalina y Palatino, donde después estuvo la Coca Cola, pasó un auto gritando
¡Grau presidente! y mi padre salió corriendo hasta Lawton dando gritos de ¡Grau, presidente! Mi padre me hacia este cuento y yo me decía: bueno, era su poco nivel cultural, pero un día hablando con Cintio Vitier me dice que él estaba en Prado y Neptuno cuando se entera que Grau ganó las elecciones y fue a pie hasta su casa, en el reparto Mendoza, en Santos Suárez, dando gritos de ¡Grau, presidente! y cuando llegó a su casa sacó la escopeta del padre y disparó en señal de júbilo. Eso da una idea. Grau había ganado en cinco provincias, menos en Pinar del Río. Machado también había ganado en cinco provincias, menos Pinar del Rio. Tampoco Prío ganó en Pinar del Rio a pesar de ser de allí. Y Grau gana con 200 mil votos más que Carlos Saladrigas. Eso ya es interesante. Hay otra cosa también interesante: el problema del arqueo que él manda a hacerse. Él estaba muy apurado porque la casa de la Quinta Avenida que, digo como dato adicional, tiene 19 baños, se terminara antes de que él subiera a la presidencia porque iban a decir que la había construido con el dinero robado de la presidencia. Por eso él tenía ese interés, pero no pudo ser. La cuestión es que él pide que se le haga un arqueo a sus bienes antes de tomar el poder. Y tenía 80 mil pesos. Cuando termina la presidencia pide que se le haga un arqueo y tenía 20 mil. Dijo que los años que había pasado fuera de su consulta, y él era un gran clínico, le había hecho descender su capital. Eso es interesante.
Lo que pasó en los Estados Unidos con Roosevelt es que Roosevelt lo abraza cuando llega a Washington y le dice: y pensar que yo no lo reconocí a usted hace diez años. El problema de Chibás con Grau. Para Chibás Grau era bueno hasta los primeros dos años de su mandato. Después, cuando no lo nombra Primer Ministro, y nombra a Prío Primer Ministro, entonces él se viró contra Grau. Y esa frase de la Jornada Gloriosa es de Chibás, que la dijo cuando Grau ganó la Presi- dencia el primero de junio de 1944. Bueno, yo quiero contar algunas anécdotas de Grau y algunas de sus frases porque dan el carácter del personaje. Cuando coge el poder destituye al doctor Alfredo Antone- tti, que después fue dueño de la Clínica Antonetti y presidente del Consejo Nacional de Tuberculosis. Un amigo común va a verlo y le dice: Presidente, la destitución del doctor Antonetti es injusta, es un hombre que es muy capacitado, y usted lo sabe, es un hombre que no ha medrado con su cargo, ha trabajado intensamente. Dice Grau: le voy a contar una historia: hace años, salía yo de la Escuela de Medicina en 25 e I, y tenía necesidad urgente de llegar a mi casa, en 17 y J. Llovía copiosamente, conmigo salió el profesor Antonetti, me pasó por el lado y me dijo adiós, doctor Grau, y yo le dije adiós doctor Antonetti. Y se montó en su carro y se fue. Ni siquiera me dio una excusa. Antonetti se perdió en la tarde y yo seguí hacia mi casa con mi paraguas. Usted sabe que no tengo automóvil y no sé conducir, desafiando el agua, el viento y la lluvia. Pues dígale al profesor Antonetti que ahora está lloviendo para él.
Va a verlo Blas Roca, que era Representante a la Cámara y el presidente del Partido Socialista Popular, y le dice: Doctor, lo del ministro Alemán es algo espantoso. ¿Qué ha hecho ahora José Manuel?, pregunta Grau. Doctor, se está robando el dinero del desayuno escolar. Le dice, ¿y en qué se basa usted para hacer esa afirmación? Doctor, es que ha suspendido el desayuno escolar en nuestras escuelas públicas. Dice, ha suspendido el desayuno escolar porque está preparando un magnifico plan dietético para la niñez cubana. Y dícele Blas Roca: bueno, pero mientras el plan dietético llega por lo menos podía repartir pan con guayaba. Y dícele Grau: eso no tiene proteína, amigo, se lo digo yo que soy médico.
Al ministro de Obras Públicas le dice: Febles, lo veo muy demacrado, lo veo muy abatido, parece que el ministerio le está pesando demasiado. ¿Está enfermo? No, doctor, yo no estoy enfermo, no tengo nada. Y Grau le responde: no, no, doctor, la salud es lo primero, yo creo que usted debe dejar el ministerio. Y ahí es cuando lo destituye por José San Martín, a quien llamaban Pepe Plazoleta. Aquí se ha mencionado que a la Ciudad Deportiva le llamaron la palangana de Marta. Eso era para desprestigiar porque la palangana de Marta, el grosor, tiene 6 centímetros. Es una obra de arquitectura tremenda. Pepe San Martín fue uno de los hombres que más ha hecho por La Habana, a mi juicio. Porque hizo en dos años algo tremendo. Voy a mencionar a otro ministro, Alejo Cossío del Pino, de Gobernación, que después lo matan en un atentado. Le dice Grau a Cossío, ¿qué le parece a usted la entrada de Núñez Carballo al gabinete? Dice él, ah, doctor, me parece muy bien que alguien del movimiento obrero esté presente como ministro. ¿Usted lo conoce personalmente, Cossio? No, no lo conozco. Pues vaya conociéndolo porque él lo va a sustituir. Grau tenía esas cosas.
Hay otra anécdota: los presidentes cuando tomaban posesión, la noche de la víspera, dormían en Palacio, pero dormían en el Palacio solo, no dormían con la mujer. Hasta hay una foto de Mary Tarrero entrando a Palacio sola el día de la toma de posesión de su esposo Prío. Pues cuando Grau se va a peinar el día de su toma de posesión se percata de que había dejado el peine en la casa. Entonces el sobrino le da el peine de él y le dice: mire, tío, y cuando va a peinarse le empieza a temblar la mano: no, no puedo, pide una perseguidora. Pepe, y ve a mi casa a buscar mi peine. Tío, ¿usted sabe lo que es hacer esperar al pueblo de Cuba completo porque usted no se puede peinar? Grau tenía esas cosas. En el año 65 se descubre que había tenido un romance con una enfermera norteamericana. Porque cuando él salió de la cárcel, durante el gobierno de Machado, estaba tuberculoso.
Va a Estados Unidos a curarse. Tiene la relación y no se casa con ella, una relación que había durado hasta el año 65. Y los sobrinos le preguntan por qué no se casó con ella y Grau le responde: porque ella es protestante y yo soy católico y yo no podía darle a mi madre ese dolor de casarme con una mujer que no fuera católica. Y había tenido esa relación durante todo aquel tiempo.
Con respecto a su relación con Guiteras: por lo que conozco, Grau nunca se consideró muy dependiente de Guiteras, y eso que dicen que Guiteras le ponía una pistola en la cabeza para que firmara las leyes que proponía. A mí me dijo el periodista Enrique de la Osa, que conoció bien a Guiteras y conoció bien a Grau, que Grau no era hombre que se dejaba poner una pistola en la cabeza. Guiteras incluso afirmó: yo tuve el honor de llevar a la firma del presidente Grau los decretos… O sea, yo tuve el honor.
Y está el caso de la Causa 82, que surge prácticamente por el propio Grau. El abogado Pelayo Cuervo en el Senado, empieza a acusar a Grau de que había robado. Grau, dice Pelayo, entraron mil millones de dólares en el presupuesto en los 4 años de tu mandato, que es el tercio de lo que ha entrado en 40 años de República y, sin embargo, dejaron un déficit de 100 millones. Así empieza a acusarlo y entonces Santiago Rey, que cuando aquello era grausista y después se hizo batistiano y hasta fue ministro de Gobernación de Batista, va con el chisme a la Quinta Avenida, y Grau le dice que lo denuncie, que lo denuncie ante los tribunales. Pelayo Cuervo lo denuncia ante los tribunales y ahí es donde se arma la cosa, que en realidad es muy confusa porque Grau por ley, por la Constitución del 40, no tenía responsabilidad alguna con la actitud de sus ministros. Porque los artículos están muy bien definidos y establecen que el presidente no tiene responsabilidad sobre la conducta de sus ministros. Sin embargo, y a pesar de que tenía un buen abogado, que era Miró Cardona, ese proceso empieza a circular. Los jueces no lo aceptan, los fiscales no lo aceptan, el fiscal que había sido puesto por Grau, no lo acepta; pero el juez Justiniani, que era el juez del juzgado de 10 de octubre y San Francisco, sí lo acepta. Hay una versión en la prensa que dice que Chibás y Pelayo Cuervo visitaron a Justiniani y lo amenazaron, lo chantajearon, y le prometieron el Tribunal Supremo si ellos llegaban al poder y si no aceptaba lo iban a desprestigiar. Y Justiniani aceptó la Causa 82.
Hay un detalle interesante con respecto a lo del urbanismo: el puente Alcoy se hizo en 1844 y durante más de 100 años fue la única salida desde La Habana hacia el este. A mí me contaba el ingeniero Juan de las Cuevas que las colas y los tranques para salir del puente eran terribles. Grau hizo el Paso Superior, que le cambia la vida a La Habana, y saca la Calzada de Atarés, la hace para sacar el puerto hacia el sur. Hay aquí una cosa interesante: el embajador británico lo va a ver porque había una ley de la época de José Miguel Gómez que establecía que ese local, lo que es la Estación de Trenes, no se podía tocar porque consistía en una concesión de los trenes ingleses a esa empresa. Y entonces tienen una discusión y Grau le pide que le dé un pedazo para construir la Calzada de Atarés, y el embajador le dice que no, que no se lo da, y además le dice: yo espero que usted respete las leyes de su país porque eso está en la ley y no se puede tocar. Y dícele Grau: fíjese si voy a aceptar las leyes de mi país que le voy a aplicar lo que dice la Constitución del 40, que me da la facultad de intervenir. Y a los dos días se aparece Grau con una cuadrilla de trabajadores y tumba la cerca y se empieza la calzada de Atarés. Cuando se habla de las obras de Grau, se habla del Paso Superior, del Barrio Obrero, que es una obra fantástica, de la Vía Blanca, que la continúa Batista y se termina con la Revolución. Porque el puente de Bacunayagua lo inauguran Fidel y Raúl de una manera muy original: uno se paró en una esquina y el otro se paró en la otra y caminaron y se encontraron en el medio del puente y así quedó inaugurado el puente. Durante el gobierno de Grau hacen 3 107 kilómetros de caminos y carreteras, se hacen 19 nuevos puentes y se reparan 17, se hacen 23 acueductos, se hacen 428 edificios públicos, y por supuesto, el Barrio Obrero.
Otro tema es su política exterior. Hay un libro que se llama Cuba 1933 donde aparece una entrevista de Luis Aguilar León a Prío. El periodista le pregunta y Prío le responde: Machado fue despótico y fue pro- yanqui, nosotros, los auténticos, fuimos partidarios de las libertades y fuimos nacionalistas, pero en nosotros no entró la honestidad del Régimen de Machado. La honestidad no fue pilar de nuestra política. Claro, Machado era el único corrupto del gobierno de Machado, que cuando detectaba a un ladrón le partía la vida. Pero él no; porque incluso estando en el exilio tenía una cuenta confiscada aquí de 150 millones de pesos y, aunque estaba en manos de una comisión incorruptible, logró corromper a los incorruptibles y le entregaron los 150 millones de pesos. Y a la mujer le cogieron un billón, y decía: le robaron un billón de pesos a mi esposa. La política exterior de Grau fue muy interesante. Hay una anécdota importante cuando estaba dando un discurso y dijo: Washington que espere, que yo estoy hablando con el pueblo de Cuba. Como siempre pasa mucha gente ha tratado de minimizar, de ningunear: que si la llamada era del central Washington, que si era el embajador; pero en realidad decir eso en esa época en una tribuna, Washington que espere que yo estoy hablando con el pueblo de Cuba, era una cosa muy seria. Tenemos también su política sobre Israel. El consideró que la creación de Israel iba a dar origen a una guerra que no va a terminarse nunca, lo cual se ha visto. Es el hombre que impulsa la Declaración de Derechos Humanos, es el hombre que se opone al veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, se opone a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. O sea, aplicó una política exterior de avanzada. Y con respecto a las bases militares: había en Cuba cuatro bases militares norteamericanas: San Julián, San Antonio, Cangrejera y otra más. Grau apela a la soberanía del país y se las pide al embajador americano. El embajador americano le dice que parece mentira que le hable de soberanía en un país que logró su independencia gracias al ejército americano. Y Grau le responde: más me asombra a mí que usted en este despacho venga a decir esa estupidez. Y me tiene que devolver las bases. Estados Unidos alegaba que el tratado decía: mientras dure el estado de guerra, y el embajador le respondía que el estado de guerra no había terminado. La cuestión es que le devolvieron las cuatro bases. Grau decía que si le hubieran dado tiempo él también hubiera logrado que le devolvieran la base naval de Guantánamo. Esa ya es otra historia.
¿Y ustedes saben cómo terminó la Causa 82? Todavía en el año 60 y pico estaba la causa andando, aunque ya se había extinguido la personería de Pela- yo Cuervo porque lo habían asesinado, otros tantos políticos se habían acogido a la amnistía del Moncada, y se había ido diluyendo. Era una cosa increíble: la Causa tenía 6 012 folios divididos en 28 rollos, ya muchos rollos se habían perdido por el camino. La cuestión es que Grau, que estaba en una situación económica muy difícil, porque Grau era un gran casa teniente, pero nunca presentó los documentos para que le pagaran las casas. Porque la Revolución pagó las casas intervenidas por la Reforma Urbana, pero él no presentó los papeles y no le pagaron. La cuestión es que estaba en una situación que, según me cuenta la madre de un amigo mío que fue su enfermera, había veces que no tenía dinero ni para pagar la luz ni para la gasolina del carro. La cuestión es que él tenía un dinero confiscado en un banco por la Causa 82, creo que eran 5 mil pesos y él le pide a Alberto Beto Saumel, que había sido grausista, pero después se había pasado a Chibás, le pide que se retire de la Causa. Era el único abogado que quedaba en la Causa 82, representando a un inexistente central Ofelia, de Carlos Manuel de la Cruz, y entonces Saumel acepta y le escribe una carta preciosa a De la Osa y retira la acusación. A los dos años, ya saben que las cosas de los tribunales son lentas, se reúne la Audiencia y retira el seguimiento de la causa. Fue el secretario de la Audiencia a la casa de Grau, que ya no salía de su habitación porque perdió el control de los esfínteres, y le comunica que se le ha dado sobreseimiento a la causa. Pero el dinero no se lo dieron, los 5 mil pesos que tenía en el banco, que estaban confiscados, no se lo dieron. Él últimamente tuvo una ayuda del viejo periodista Miguelito Hernández Bausá, quien fue director de Resumen y le prestó 9 mil pesos en dos partidas. Y a mí me contó Jorge Risquet, que un día Osvaldo Dorticós le dijo: hay que darle a Grau una pensión de 500 pesos, que era una basura, y Risquet, que era entonces Ministro del Trabajo, le dijo: esa pensión se la da usted porque yo no se la voy a dar. Y le pregunté: pero ¿y no lo botó? Porque si un ministro le dice eso al presidente es para expulsarlo. Grau en su pobreza amenazó con ir a pararse en la esquina de Galeano y San Rafael, con un sombrero en la mano para pedir limosna. Aquello hubiera sido un escándalo. José Ramón, el Gallego Fernández, me dijo a mí, que cuando se hizo cargo de la casa de Grau tras su muerte, que la casa pasó al Ministerio de Educación, que en la contratapa de la caja fuerte habían 50 mil dólares escondidos. Quizás Grau no lo supiera, quizás fueran de los sobrinos, que estaban presos. Y déjenme decirles una cosa cómica: cuando fueron a llevarse a los sobrinos presos Grau se enfrentó a la Seguridad del Estado con el bastón. Un anciano de 80 y pico de años. Por supuesto, los policías se habrán reído.
Grau se murió aquí en Cuba en el 69; se había mandado a hacer un armón porque sabía que no le iban a rendir los honores del cargo que había ocupa- do. El armón se conectó al carro Mercedes Benz de Grau, se le puso la bandera cubana por arriba. La policía retiró la bandera con el argumento de que la bandera era propiedad de la casa, y fue para el cementerio así. No hubo despedida de duelo y con el tiempo sus seguidores colocaron una tarja en el cementerio que dice: Cubanos, aquí yace Ramón Grau San Martín, ruega por el eterno descanso de quien un día fue un hombre bueno y sabio y como gobernante un campeón de libertades y de justicia social. Tarja que ya no existe porque, según me dijo una que fue o es historiadora del Cementerio, un loco la rompió. Digo, ¡qué casualidad!
Sobre las mentiras. Que si Grau tenía un pasadizo. Este país está lleno de túneles y de pasadizos, sí, sí, sí, hay pasadizos del Capitolio al Palacio Presidencial, de la casa de Grau a la costa, del Museo Napoleónico al Malecón y se interrumpe en Infanta y San Lázaro, porque hay una reja que no deja pasar. De Kuquine a Columbia. Una cosa absurda totalmente y digo, bueno, ¿y Batista en qué iba en bicicleta o a caballo? Porque de Kuquine a Columbia hay espacio. En Cuba siempre ha habido leyendas de túneles.
Hay una anécdota del periodista Luis Báez, quien lo entrevistó, entrevista que nunca publicó. Yo le pregunté un día a Luis, ¿y la entrevista con Grau? Porque de los que se quedaron el más conspicuo fue Grau. Y me respondió: Fidel no quiso que yo la publicara. Pero lo que me dijo Grau se lo puse en la entrevista a Segundo Curti. Yo le dije, pero esto no es serio, Luis, eso no es serio, si no lo dijo Segundo Curti. Bueno, sí, figúrate, tú sabes como es eso. Pero hay cosas que se han filtrado, como esta: Luis Báez le pregunta: si hubiera elecciones, ¿usted aspiraría a la presidencia? No, yo aspiraría a primer ministro. Grau tenía esas cosas. En realidad murió muy bien atendido en el sentido de que tenía un cáncer en la boca y ya no comía prácticamente, solo un vaso de leche, un huevo frito. Las úl- timas laticas de leche condensada se las llevó el padre Hilario Chaurrondo y el doctor Zoilo Marinello lo atendió en el Hospital Oncológico. Marinello le dio el trato que se merecía porque estaba consciente de que estaba atendiendo a un hombre que fue presidente de la República dos veces y era un médico y profesor eminente. Grau fue un hombre eminente como médico y la atención que recibió fue muy buena. Pero de algo tenía que morir. Yo me acuerdo que cuando murió salió una esquelita en el periódico, en la página 2, una notica muy pequeña. Y había muerto un presidente de Cuba. Grau fue expulsado de la Universidad como profesor cuando Machado y después decía: yo fui a no sé qué universidad americana y vi una tarja dedicada a fulano de tal que había sido presidente y antes profesor de esa universidad, y a mí, sin embargo, que fui presidente dos veces, me botaron. Pero ya él últimamente no trabajaba. Tampoco los sobrinos. Polita estuvo en la Operación Peter Pan y en la planificación de varios atentados contra Fidel, al igual que Mongo. El de la pastilla en el Habana Libre estuvo ella. La trajo un individuo que se llamaba Norberto que era médico y director de Mazorra; trajo la pastilla y se la dieron a un tipo de la cafetería para cuando Fidel fuera, y Fidel iba mucho al Habana Libre, y pidiera un helado de chocolate se la echara en el vaso.
¿Qué pasó? Que el camarero la pegó en el serpentín del refrigerador y cuando la fue a coger la pastilla se rompió y no pudo echarla. Y Paulina estuvo en eso.
Ya a última hora Grau no salía de la casa; a veces iba a la cárcel de Guanabacoa, donde estaba Polita, que murió en el 2000. Y también iba a la tumba de Paulina, que ese es otro personaje que merece atención. Hubo cosas muy interesantes y muy valientes de Grau durante su primer gobierno, cuando le dicen que van a bombardear Palacio y el embajador uru- guayo lo va a ver y le dice: salga de aquí, vaya para la embajada, y Grau le dice: no, yo no me voy de aquí, y le dice el embajador: bueno, la familia, y dice Paulina: la familia del presidente está donde está el presidente, y se quedaron en Palacio. Cuando viene la gente a asaltar Palacio, que estaban reunidos en la jefatura de policía, en Empedrado, viene la turba aquella como 2 mil personas a asaltar Palacio y Grau ordena a los soldados que les tiren por arriba, no tirarle a la gente, y lo que quedó en la calle fue un montón de bastones, sombreros y zapatos.
Chibás siempre alardeó de que él fue quien pro- puso a Grau como presidente en el 33 y era mentira. En verdad fue Rubio Padilla quien lo propuso. Estaban reunidos los pentarcas, que ya no eran 5, eran 4, porque Porfirio Franca, que era banquero, no iba por Palacio, y reciben la misión de reunirse en sesión permanente hasta que nombren al presidente. Los estudiantes están en sesión permanente abajo, en el segundo piso, pero se enteran de que Cuervo Rubio, un ginecólogo muy famoso, que era menocalista, está preparando un golpe para poner a García Menocal de presidente. La cuestión es que entonces Prío recibe la encomienda de subir a consultar a los pentarcas y cuando llega allí, Guillermo Portela, que era decano de la Escuela de Derecho y Prio alumno de Derecho, lo bota, le dice que no puede estar allí porque nosotros tenemos la trascendente misión, la histórica misión, la significativa misión de elegir al presidente. Y Prío le dice: oiga, yo vengo a decirle que esa trascendente misión, esa importante misión, ha sido retirada y hemos nombrado presidente a Ramón Grau San Martín. Ahí Sergio Carbó se para y le dice: a sus órdenes señor presidente, y Grau le dice: adelante, Carbó, ha comenzado la revolución auténtica. Ahí está el origen de la definición. Yo entrevisté a Félix Lancís, quien fue primer ministro cuando Grau y primer ministro cuando Prío, y me dijo: chico, yo le dije a Carlos que en Cuba quien aceptara el cargo de primer ministro era un estúpido y quien lo aceptara dos veces, como hice yo, era estúpido dos veces. Dígole, doctor, ¿por qué? Y dice: porque la Constitución del 40 establece que de sus ministros el presidente nombrará a uno que será primer ministro. No quiere decir que tenga más poder. Es uno de ellos.
Jorge Renato Ibarra, historiador: Buenas tardes: En este momento tengo la misión del Instituto de Historia de Cuba de preparar los capítulos de los gobiernos auténticos y he tratado de ponerme al día con la historia más reciente e incorporar todo lo posible sobre el tema. Yo he podido trabajar monográficamente algún que otro tema, por ejemplo, la expedición de Cayo Confites y las relaciones de Cuba con Santo Domingo, pero en otras cuestiones me he valido del resultado de otros investigadores. También he leído el libro de Antonio Lancís Grau: estadista y político. Una de las cosas que dice Lancís es que al principio Grau no tenía mayoría en el Congreso y por eso inventó un mecanismo para gobernar por encima del Congreso. Fue de la única forma que pudo introducir algunos cambios, que no eran en profundidad, los que se habían comprometido en la propia Constitución del 40 y por el programa de los auténticos, como la limitada reforma agraria, las intervenciones de las empresas. Toda esa serie de cuestiones fueron casi siempre impuestas porque él buscó el mecanismo de legislar por decreto. La ley de pago del diferencial fue una de las cuestiones donde él se mantuvo más firme frente a los norteamericanos porque realmente hubo una ofensiva muy fuerte para impedir que se concertase y hay que reconocerle ese mérito, aparte de que no trabajó él solo, pero sí presionó bastante. Él convocó a los obreros, convocó a Jesús Menéndez. Fue una de sus conquistas. También trabajó de modo colectivo y quiso que todas las partes de la sociedad cubana estuvieran involucradas en la gestión. También hay que considerar los precios del azúcar a mediados de la Segunda Guerra Mundial, que le permitió maniobrar con más amplitud y negociar más a fondo. Esa fue una ventaja que él tuvo. Claro, en Grau hubo cierto populismo, abuso en ciertos momentos de sus prerrogativas para quizás, por su carácter, por su forma de permitir las cosas, por su concepto de lo que era la libertad y dar más posibilidades a la gente. Las mismas consignas que él lanzaba: el cubano tendrá cinco pesos en el bolsillo. Este populismo de Grau lo llevó a hacer algunas concesiones e incluir a otros sectores que no tenían nada que ver con la negociación original de los pagos que se hacían por el diferencial.
Hay un segundo momento del gobierno de Grau que empieza en el año 47, al final; se dice que hay un Machado bueno y un Machado malo, y yo creo que en el caso de Grau hay algo por el estilo porque está el Grau que a partir del año 47, con la política de Guerra Fría, las presiones que recibe y demás entra en una situación de crisis y los militares, en este caso Genovevo, que había sido designado por él, empieza a conspirar contra el propio Grau, pero no lo hace de un modo de tocar a Grau, sino de dejarlo sin las prerrogativas que tuvo al principio, y eso es un método de crisis, que es- taba enfermo, que tiene una crisis, y en realidad es que los militares se habían impuesto en la dirección del país. Existía una disputa interna dentro del ejército y los del ejército contra los grupos pandilleros. Entre los obreros auténticos, en general, hubo muchas conspiraciones internas dentro del propio gobierno, desde la toma de posesión de Grau, que yo encontré en el Archivo Nacional cartas de amenazas que le hacen los grupos que habían combatido a Machado y después al gobierno de Batista y que habían hecho toda una serie de atentados y que operaban todavía. Grau no estaba a favor de darles participación en el gobierno, pero ellos lo chantajean y al final accede a entrarlos.
Yo ahora también estoy trabajando la cuestión de Chibás y me parece que hasta ahora hay una serie de tesis diferentes. Hay doctores que defienden la postura de Chibás contra Prío. Newton Briones, al contra- rio, tiene la postura del ministro Aureliano Sanchéz Arango. Yo lo que veo en los textos de Newton es cierta parcialidad; a mi modo de ver él se parcializa bastante a favor de Aureliano, e incluso cita en extenso todas las ofensas, toda la leyenda negra esa alrededor de Chibás que generó Aureliano, y la reproduce, y entonces da como culto favorable algunas de las cosas de Aureliano y otras de una forma velada y le atribuye a Chibás ambiciones de poder que no existían en realidad porque no hay nada que lo demuestre. Briones lo hace a partir de una deducción o un punto de vista personal; pero no hay razones de fondo que puedan cuestionar el sentido revolucionario de las campañas de Chibás. Por ejemplo, la campaña de Chibás contra el pago, en la administración de Prío, contra el empréstito americano; logró que el país no se empeñase con la banca americana. Y estuvieron después las grandes tarifas eléctricas que iba a aprobar Prío y la campaña de Chibás fue la que impidió que se subieran las tarifas eléctricas, las que iban a pesar grandemente en el pueblo. Prío cedió, pero fue por la presión, no fue por otra cosa, si no la tarifa se hubiera aumentado. Hubo una serie de campañas que fueron favorables. Es lo que quiero decir.
Ciro Bianchi: Yo creo que Prío fue un cubano de buen corazón. Incluso con todos los insultos de Chi- bás, lo va a ver al hospital cuando se está muriendo. Eso es verdad porque Max Lesnik me dijo a mí que se lo habían dicho Conchita Fernández y Raúl Chibás, que estaban allí. Mandaron a desalojar el lobby del hospital, Prío entró por atrás, fue en un carro particular, con su ayudante Rafael Izquierdo, su ayudante de toda la vida, y entonces vio a Chibas y le dijo: ¿Y por qué hiciste esto? Si a la vuelta de unos años tú hubieras sido presidente de Cuba. Y Chibás empezó a llorar. Eso me lo dijo Max y se lo habían contado los que estaban allí. A mí me parece muy tortuoso todo eso. Y todo ese asunto de Guatemala, todo ese asunto de Aureliano. ¿Por qué va Prío a Guatemala? A expresarle su solidaridad al presidente Juan José Arevalo y esto lo sabía el aviador Enrique Carreras Rolás, que fue el que lo llevó. Pero este, que llegó al grado de General, nunca quiso hablar del asunto.
Nelson Crespo: El tema da para mucho más, el diferencial azucarero, el gansterismo, el bonchismo universitario, develar el misterio de por qué Prío permitió el retorno de Batista a Cuba, por qué no se enfrentó al Golpe de Estado teniendo el apoyo del Directorio, del Regimiento de Matanzas, del de Santiago, de la Marina…
Ciro Bianchi: Cuando Prío le promete las armas a la FEU, estaban en el Cuartel Maestre y el Cuartel Maes- tre estaba en Columbia. Y su viaje a Matanzas está en duda también; dicen que él fue a Matanzas a entrevistarse con el coronel Eduardo Martín Elena, que era el jefe de la Plaza, quien tiene esa conversación con Cantillo. Cantillo le dice te vas a quedar solo y Martín Elena le dice: allá ustedes y la historia. Pero en realidad dicen que Prío no llegó a Matanzas, que se quedó en la Víbora. Lela Sánchez, la hija de Aureliano, me dijo que ella fue a la Embajada de México, su madre estaba refugiada allí, era ella una adolescente y le dio muy mala impresión Prío: acababa de ser derrocado y estaba jugando billar. Y hay otra anécdota también que cuenta el periodista Luis Ortega: dile a Batista que me mande los 25 mil dólares que se me quedaron en la caja fuerte del despacho. Y Batista se los mandó.
Nelson Crespo: Son grandes enigmas de la historia que hay que continuar desentrañándolos. Esa es la misión de los investigadores. Muchas gracias a todos y nos vemos en un próximo encuentro.
Notas:
- Grau San Martín, Ramón. «Una Administración en Marcha». En: La Revolución (Discursos en el Poder). Tomo I. Ediciones de la Oficina de Información y Publicidad del Gobierno de Cuba, La Habana, 1947,
- 17-33.
- San Martín, José R. El Plan de Obras Públicas del Gobierno del Ramón Grau San Martín 1944-1948. Un Informe a la Nación. Ministerio de Obras Públicas, La Habana, 1948,
- 11.
- Gómez Díaz, Ob. Cit. p. 91.
- Bens Arrate, José María. «Análisis de una Ley de Ur- » En: Arquitectura. Año VI, No. 63, La Habana, octubre de 1938, pp. 392-394.
- Ponce Herrero, Gabino. «Planes de Reforma Urbana para La Habana: la modernización de la ciudad burguesa (1898-1959)» En Boletín de la A.G.E. 45, p. 339: Ed. Cit.,
- 339.
- «Estatutos del Patronato Pro-Urbanismo de Cuba» En: Año X, No. 107, La Habana, junio de 1942,
- 236-237.
- Ponce Herrero, Gabino. «Planes de Reforma Urbana para La Habana: la modernización de la ciudad burguesa (1898-1959)» En: Ed. Cit., p. 345.
- Gómez Díaz, Ob. Cit. p. 104.
- Gómez Díaz, Ob. Cit. p. 267.
- Febles Valdés, Manuel. «El problema de la vivienda en Cuba.» En: Año. XVI, Núm. 177, La Habana, abril del 1948, p. 101.
- Bens Arrate, José María. «La remodelación de La Habana». En: Año. XV, Núm. 169, La Habana, agosto de 1947, pp. 247-251.
- Gómez Díaz, Ob. Cit. p. 108.
- Martínez Inclán, Pedro. «La ciudad y su región.» En: Año. XVI, Núm. 184-185, La Habana, noviembre-diciembre de 1948, pp. 287-294.
- Prieto Suárez, «Contribución al estudio de las viviendas económicas.» En: Arquitectura. Año XIV, Núm. 151, La Habana, Febrero de 1946.
- Harth-Terre, Emilio. «Nuestra ciudad de ayer y de mañana». En: Año. XIV, Núm. 156, julio de 1946, p. 213.


