La crisis de Cuba, con los ojos de un veterano misionero asturiano: «Hay más necesidad que nunca»

Por: Marcos Palacio

Antonio Bendito, que lleva 33 años residiendo en la isla, lamenta las dificultades de la población en uno de los peores momentos que recuerda: “Los precios suben, falta mucho el agua y el combustible y el nivel de emigración es tremendo”

06 Ago 2024 20:00

Antonio Bendito vuelve estos días a Cuba con una maleta cargada de medicamentos. El sacerdote dominico, natural de Caborana (Aller), tiene que celebrar que entrar en el país con ese equipaje siga siendo posible sin restricciones, una vez que el gobierno cubano acaba de prorrogar, por la pura carencia en que vive su población, el levantamiento de las limitaciones a la importación de alimentos y medicinas decretado a raíz de la oleada de protestas populares de julio de 2021. El año pasado, por estas fechas, la maleta del regreso tras el descanso estival viajaba llena de comida… «Hay más necesidad que nunca», sentencia, y tiene con qué comparar. A punto de cumplir los 88 años, el religioso allerano completará el próximo febrero 33 como misionero en Cuba, así que ha visto casi todo lo que se puede ver desde que aterrizó en la isla en pleno «periodo especial», el eufemismo con el que Fidel Castro bautizó el tramo de crisis que abrió en el país el colapso de la Unión Soviética, principal socio comercial del régimen castrista, y el recrudecimiento del embargo económico de Estados Unidos. Eran los tiempos en los que «la gente hablaba suavecito, porque casi no se podía», los de la tremenda «psicosis» de la represión y la escasez por las carencias, y el ingenio de los cubanos, recuerda Bendito.

Puede que esto de ahora no sea exactamente aquello, asume, pero hay quien apunta ya a esta crisis como la más grave desde entonces y Bendito siente que en la segunda década del siglo XXI las dificultades de la vida en la isla han subido como los precios, con la economía cubana presa de una tremenda inflación y de un ascenso inusitado de las privaciones de una población que busca ejemplos en aquel duro «periodo especial» que recibió al misionero asturiano en la isla en febrero de 1992. «El nivel de emigración es tremendo» en un país del que cada vez más gente «piensa en marcharse», afirma con tristeza, y en el que «falta mucho el agua» y más a menudo de lo deseable el combustible. El peso se deprecia, se han vuelto frecuentes los apagones y entre carencias de lo más básico los más veteranos han empezado a acordarse de las privaciones de los primeros noventa.

Como en aquella recesión, también en esta concurren factores externos desde que el parón de la pandemia golpeó con dureza a la economía de esta isla tan dependiente del turismo internacional. A ese frenazo se sumaron además el colapso de Venezuela —uno de los principales socios comerciales de La Habana—, el recrudecimiento de las sanciones de Estados Unidos durante el gobierno de Donald Trump o la invasión rusa de Ucrania. La economía cubana está ahora más diversificada que en 1992 —sobre todo por el turismo— y el impacto en el PIB no ha sido tan duro como en el «periodo especial», pero algunos expertos han identificado concomitancias entre aquella inflación y esta, y ven en algún caso menos preparada para resistir a esta economía, que ya viene baqueteada por tres décadas renqueante, que a aquella otra que había llegado a los noventa después de un periodo de cierto bienestar…

A 1992 ha vuelto también Antonio Bendito al recordar cómo empezó su inquebrantable ligazón con la isla. Cuando la orden se lo concedió, el religioso allerano llevaba un tiempo queriendo viajar a Cuba. Su primera misión había sido Venezuela en 1962, justo antes de que sus superiores le enviasen al Congo a abrir la misión que reemplazó a la de «los compañeros que habían sido sacrificados durante la guerra de los Simba». Vivió en el país africano el largo trecho que fue de 1966 a 1985 y tras un tiempo ejerciendo como maestro de novicios en Madrid llegó aquel febrero del 92 tan difícil para la isla caribeña en el que el sacerdote asturiano cambió de vida y de continente. Primero fue párroco en La Habana y se trasladó a continuación a Trinidad, una ciudad colonial en la costa sur de la isla que ahora está a punto de abandonar para volver a la capital.

Regresará al convento de la orden en La Habana a recibir un merecido homenaje por sus años de servicio, pero sin perder la vocación de servicio que le impulsa a decir que siempre quiso ser misionero. En sus más de tres decenios en Cuba ha visto evolucionar «la vida dentro del comunismo», y «el gran cambio» que supuso en 1998 la visita de Juan Pablo II, la primera de un papa al país. «Fue algo fantástico», recuerda Bendito, «la gente se echó a la calle y Fidel se portó muy bien». Remontando el tiempo desde entonces, se encuentra con la esperanza que percibió el país antes de la muerte de Fidel Castro, cuando su hermano Raúl asumió la presidencia, «se permitieron los negocios particulares» y se percibió «una impresión de apertura económica» cuya evolución ha sido tal vez demasiado lenta para lo que demanda una parte de la población.

Lo último de ese proceso es la admisión de las «mipymes», abunda, las pequeñas empresas privadas que por primera vez en décadas pueden constituir los cubanos, «incluso obteniendo permiso para importar y exportar bienes», resalta. El contador supera las 11.000 desde 2021 y el sistema tiene sus limitaciones y mantiene cierto control de las élites del régimen, pero permite hacer llegar alguna ayuda para restañar en lo posible algunos de los efectos de la aguda crisis que sufre el país. «Una cubana que vive en Asturias nos ha hecho llegar 25 kilos de arroz, leche en polvo y veinte litros de aceite de bastante calidad», reseña.

«Uno intenta hacer lo posible» y extremar la virtud de la paciencia, añade el sacerdote.

Con esas estrecheces tiene que lidiar la nutrida comunidad de asturianos en Cuba, la isla que fue el primer gran destino de la oleada migratoria asturiana del siglo XIX. La última actualización del Instituto Nacional de Estadística (INE) calcula 16.822 personas inscritas como asturianas en Cuba, de las que prácticamente la mitad, 8.310, tienen más de 65 años. La cubana es la tercera colonia más numerosa de asturianos en el extranjero, sólo superada por las de Argentina y México, y la más envejecida. Equivaldría, trasladada a la Asturias interior, al octavo municipio más poblado de la región.

 

Tomado de La Nueva España, 6 de agosto de 2024.