Apuntes desde la sala oscura

Por: David Carrillo Prieto

Como cada diciembre, una vez más, la sala oscura abrió sus puertas, nos acogió en su mágico recinto y nos llevó de la mano en un viaje imaginario por el mundo de la imagen y el sonido. Gracias al milagro de la fotografía y a la engañosa sensación de realidad en movimiento que produce en el ojo la proyección de 24 fotogramas cada segundo de tiempo, el espectador puede visitar, desde la luneta, cualquier lugar de nuestra tierra o cualquier mundo imaginario creado por la fantasía del hombre. Puede penetrar, a su vez, AL pequeño e íntimo universo de los personajes, como el más discreto observador, y así comprender las razones más profundas del corazón humano, y acaso su propia historia personal, que tantas veces observa reflejada en la gran pantalla. El cine, pues, en definición del controvertido Pier Paolo Pasolini, es “un sistema de signos no arbitrarios ni convencionales, sino los mismos objetos de la realidad (…), signos icónicos vivientes”. (1)