La banalidad del pecado

Por: Sígfrido García

Crónica de un desquite
11 de mayo de 1960. Buenos Aires, Argentina. Seis y media de la tarde. Un hombre apacible, maduro, de rasgos caucásicos, hace el trayecto de su trabajo a la casa como es habitual. Al descender del ómnibus en un barrio de Buenos Aires, tres hombres, sin hacer uso de armas, cuerdas, drogas o esposas, lo conducen a un automóvil y le llevan a una casa en un suburbio de la capital. Ya en el auto, le preguntan lo que ellos saben, y que él, tranquilamente, confirma: sí, soy Adolf Eichmann y sé que estoy en manos de los israelitas.