Los palacios y las fritas

Por: Alfredo Prieto

A las clases pudientes habaneras les gustaba escabullirse de malas compañías y miradas imprudentes, del ruido de los fotutos y el canto de los pregones. Por eso fueron emigrando del Casco Histórico hacia el Cerro y El Vedado, y después hacia el oeste. La nueva zona, conocida más tarde como Miramar, responde al muy avanzado concepto de ciudad-jardín, delineado por arquitectos del Reino Unido a fines del xix y bastante influyente en los Estados Unidos a principios del nuevo siglo. Y por lo mismo con abundante vegetación en sus calles y avenidas, así como a la entrada y en los patios de sus mansiones, muchas construidas, como las de Paseo, con el dinero de la Danza de los Millones. Una raya más para la modernidad que fue creciendo en el tiempo hasta culminar antes del triunfo de la Revolución en el fastuoso reparto Country Club, actual Cubanacán, y en la consolidación de clubes para el recreo y disfrute de esa crema abundantemente documentada por las crónicas sociales de la época. De los llamados cinco grandes, tres estaban en Miramar: el Havana Yacht Club, el Havana Biltmore y el Miramar Yatch Club –los otros dos eran el Vedado Tennis Club y el Casino Español.