Luz de Soledad y sus ecos en Cuba

Por: Gustavo Andújar

» La película

Luz de Soledad es una película biográfica española, dirigida por Pablo Moreno y producida por Goya Producciones, sobre santa Soledad Torres Acosta, la fundadora de las Siervas de María. La historia, narra­da en dos tiempos, comienza en la época actual, con las dificultades que enfrenta una abogada madrileña, que se debate entre la exigencia de su trabajo pro­fesional y la situación de su padre postrado por la enfermedad. El carácter dominante y abusivo de don Arturo, amargado por su situación de dependencia, hace imposible encontrar una persona dispuesta a cuidarlo, hasta que le recomiendan a su hija pedir ayuda a las Siervas de María. A través de una biogra­fía de santa Soledad que lee Sor Inés, la Sierva que se hace cargo del cuidado del enfermo, vamos conociendo, en sucesivos flashbacks, detalles de la vida de la santa y del surgimiento y desarrollo de su congre­gación.

La solícita atención de Sor Inés, que trata con gran delicadeza a don Arturo sin prestar atención a sus continuas diatribas antirreligiosas e insultos perso­nales, termina por conquistar el respeto y aun la ad­miración del enfermo, y provoca un positivo cambio en su conducta, que notan incluso otros que le atien­den. El inteligente relato en dos tiempos sirve así para rendir un merecido homenaje a las Siervas de María de hoy en su valiosísimo y muy apreciado ministerio de atención a los enfermos, y destaca que los aconte­cimientos narrados en la cinta no son simplemente algo de épocas pasadas, sino el origen y la inspiración para el mucho bien que hacen las Siervas en nuestro tiempo.

A diferencia de tantas «vidas de santos» narradas a la usanza tradicional, con énfasis en milagros espectaculares y otros acontecimientos maravillosos, Luz de Soledad ofrece un acercamiento sobrio y contenido a la vida de esta mujer extraordinaria, que nos impre­siona por su gran tenacidad, voluntad de servicio y rica vida espiritual, pero a la que percibimos a la vez cercana y reconocible, una persona de carne y hueso con la que podemos identificarnos.

La literatura y la filmografía hagiográficas cató­licas abundan en relatos maravillosistas, destinados a provocar la admiración y la imitación de los fieles, pero que a veces logran resultados totalmente opues­tos. Yo estudié con los Hermanos Maristas, y en el colegio leíamos una biografía del fundador de la con­gregación, san Marcelino Champagnat, entonces re­cién declarado beato. En aquella biografía se narraba que su mamá pudo ver varias veces una llamita que flotaba sobre la cuna del pequeño Marcelino. Toda­ vía recuerdo el desconsuelo que me provocaba pensar que difícilmente llegaría yo a ser santo, porque nadie había visto llamita alguna, ni sobre mí ni en ningún otro lugar de la casa.

Luz de Soledad presenta a santa Soledad desta­cando precisamente lo que la Iglesia trata de verificar en todo proceso que se sigue para determinar si se declarará la santidad de una persona: su práctica he­roica de las virtudes. La vemos como una mujer de origen muy humilde, la hija del lechero del barrio madrileño de Chamberí, que sin otras armas que su serena persistencia, su bondad y una fe inconmovible, enfrenta y vence la resistencia de su familia, prejui­cios de clase, incomprensiones y envidias, y logra que su congregación se consolide y crezca en la entrega generosa al servicio de los enfermos, incluso a través de etapas históricas convulsas, marcadas por intrigas palaciegas, revoluciones y epidemias.

Un aspecto que se resalta especialmente en la cin­ta es la gran importancia que santa Soledad otorgaba a la superación profesional, y su empeño por profun­dizar en aquellos conocimientos y habilidades que resultaban esenciales para poder ayudar más eficaz­mente a los enfermos y ser un apoyo más efectivo para los médicos. De hecho, el único hecho milagroso mostrado en la película es la curación de una niña gracias a la insistencia de la santa en que se le garanti­zara una nutrición adecuada. El resultado, obviamen­te extraordinario, es uno de esos milagros cotidianos que logra el amor, y que no por ser explicables cientí­ficamente son menos admirables.

Las actuaciones son magníficas. Laura Contreras encarna a una santa Soledad de gran fuerza, a la vez admirable y creíble. Madre e hija en la vida real, Loli­ta Flores y Elena Furiase interpretan, en actuaciones estelares, a la madre de la santa y a la antagonista de esta, sor Magdalena. La hermosa fotografía de Ru­bén Ortega, además de aportar los acentos dramáti­cos requeridos, alcanza momentos de gran lirismo. Excelente la banda sonora de Óscar Martín Leaniz­ barrutia, que repite aquí su acierto de Poveda, y muy destacable la dirección de arte de Aránzazu Gaspar, esencial para lograr que esta película de época, pese a ser de bajo presupuesto, no tenga nada que envidiarle a muchas superproducciones.

Sin ser una película propiamente didáctica, se aprende al verla. Sobre la vida y obra de santa Sole­dad, por supuesto, y sobre su agitado entorno históri­co, pero también sobre el aporte hecho por las siervas en España a la profesión de la enfermería. La congre­gación, en su empeño por servir mejor y más profesio­nalmente a los enfermos, logró que se aprobara en el país, en 1915, un programa oficial para la capacitación de las enfermeras, y que se creara un título oficial para ellas, que les reconociera su capacidad profesio­nal y las amparara en el ejercicio de su profesión. Los créditos finales comienzan por informarnos que las primeras enfermeras diplomadas de España fueron precisamente Siervas de María.

» Pablo Moreno

Este quinto largometraje del joven director mirobri­gense Pablo Moreno (Ciudad Rodrigo, 1983) muestra la indudable madurez creativa de su realizador, que comenzó sus andares artísticos como parte de un gru­po de jóvenes de su parroquia aficionados al teatro. Las representaciones de la Pasión y otras pequeñas obras que realizaban estimularon su creatividad, y alentados y apoyados por el rector del seminario de Ciudad Rodrigo, p. Juan Carlos Sánchez, él mismo un entusiasta de las artes escénicas, se lanzaron a la pro­ducción cinematográfica, creando en 2006 la produc­tora audiovisual Contracorriente Producciones, a la que posteriormente añadirían su cara internacional Three Columns Entertainment. En 2006 produjeron un primer largometraje, Jesús, el peregrino de la luz, en el que Pablo actuaba en el rol protagónico.

Pablo dirigió su primer largometraje, Tálita Kum, en 2008. La película fue producida por un grupo de Estudiantes de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Salamanca y distribuida por la Edi­torial San Pablo. En colaboración con esta editorial dirigió a continuación Pablo de Tarso, último viaje (2009), también distribuida por San Pablo, pero que llegó a ser estrenada en un pequeño número de salas comerciales españolas y participó en el XII Festival Internacional «Religion Today» de Trento, Italia, en ese mismo año.

En 2012, en colaboración con los misioneros cla­retianos, dirige el largometraje Un Dios prohibido, que narra el asesinato de 51 mártires de la comunidad cla­retiana de Barbastro, en Aragón, la mayoría de ellos seminaristas, a inicios de la guerra civil española. La película se estrenó comercialmente en España en ju­nio de 2013, con notable éxito de taquilla, y recibió ese mismo año el premio ¡Bravo! a la mejor película de ese año, otorgado por la Conferencia Episcopal Es­pañola, y el premio Alfa y Omega a la mejor película sobre la fe. En 2014, la cinta se alzó con el premio a la mejor película en el Festival Cinematográfico In­ternacional Mirabile Dictu, que se celebra cada año en Roma bajo los auspicios del Pontificio Consejo para la Cultura, y que se considera generalmente como «el premio Óscar del cine católico».

Con este impresionante aval, Pablo dirigió en 2016 una película biográfica sobre el sacerdote, hu­manista y educador san Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana, quien fuera martirizado en 1936, también a inicios de la guerra civil. Poveda se estrenó simultáneamente en casi 60 salas comercia­les en toda España en marzo de 2016, y su inmedia­to éxito de público —tuvo la segunda recaudación más alta para una película española en su primer fin de semana— reafirmó el prestigio de su direc­tor como creador capaz de hacer películas atractivas para el gran público y que llevan un mensaje cristia­no. Poveda recibió también el premio Mirabile Dictu a la mejor película en 2016, entre casi 1 200 filmes concursantes y tuvo treinta nominaciones a los pre­mios Goya de 2017. No sería de extrañar que Luz de Soledad, que ha recibido ya el premio de cine Alfa y Omega a la mejor película sobre el acontecimien­to cristiano, y los premios Personaje de Cinemanet y ¡Bravo! de cine para Laura Contreras, por su in­terpretación de santa Soledad, siga aumentando su cosecha de premios.

Una de las características más enaltecedoras de Pa­blo Moreno es su amor por su patria chica, Ciudad Rodrigo. Allí dirige el Festival de Cine Educativo y Espiritual, FICEE, que celebrará en noviembre de este año su séptima edición, y preside la asociación Kinema Siete, que se propone convertir a Ciudad Ro­drigo, muy rica en monumentos y lugares históricos, en sede de un pujante movimiento cinematográfico, con la plataforma digital que han apodado Rodriwood, y que pretende «ofrecer al productor cinematográfico un abanico de posibilidades y recursos que le permi­tan rodar su película en este gran plató al aire libre que es la comarca de Ciudad Rodrigo».

» Luz de Soledad en Cuba

Después de España, el primer país donde se estable­cieron las Siervas de María fue en Cuba, a solicitud del arzobispo de Santiago, que había conocido a las hermanas durante una estancia en Valencia. Santa Soledad, como Superiora General, seleccionó y en­ vió especialmente a ocho hermanas para que abrie­ran aquella primera casa en ultramar, y las Siervas la fundaron en Santiago de Cuba en marzo de 1875. La casa se cerró en 1961, cuando muchas congregaciones religiosas, que pensaban que no podrían continuar trabajando en la isla, por la radicalización de la Revo­lución, abandonaron el país. La casa de las Siervas en Santiago nunca se reabrió.

Otra fundación había tenido lugar en La Habana en abril de 1883. Santa Soledad envió en aquella ocasión a seis hermanas a la nueva casa, que ha permanecido abierta desde entonces. Otras casas abiertas en el siglo XIX en Matanzas y Camagüey, que habían sido cerradas en 1961, fueron reabiertas en 1996 y 1982, respectiva­mente, y se añadió un nuevo hogar en Holguín en 1992. Las Siervas tienen, pues, una larga y rica histo­ria en Cuba, de modo que no es de extrañar que tan pronto como llegaron noticias del estreno en España de Luz de Soledad, las hermanas aquí ansiaran verla.

Sor Indira González, una Sierva de María cubana que trabaja en la Secretaría de la Curia Provincial de las Antillas de la congregación, con sede en Gurabo, Puerto Rico, tuvo la feliz iniciativa de promover que, igual que Cuba fue el primer país de ultramar donde fundaron las Siervas, fuese también, después de Espa­ña, el primer país donde se exhibiera Luz de Soledad.

La Providencia tiene sus caminos, y gracias a una relación muy cordial a través de SIGNIS, la Asocia­ción Católica Mundial para la Comunicación, con el propio Pablo Moreno y con don Andrés Garrigó, fun­dador y director de Goya Producciones, don Andrés decidió apoyar la propuesta y envió a nuestro Cen­tro Cultural una copia en bluray hecha especialmente para su proyección en nuestra sala, dado que la pelícu­la todavía hacía su recorrido comercial y por tanto es­taba solo disponible en formato DCP (siglas en inglés de digital cinema package, paquete digital para cines) que es el que se emplea actualmente para la proyec­ción digital en salas y para el cual no disponemos de equipo reproductor.

Así, Luz de Soledad pudo estrenarse en Cuba, en la Sala Walfredo Piñera del Centro Cultural Padre Félix Varela, el sábado 7 de enero de 2017 a las 6:00 pm., en una función especial en honor a las Siervas de María, a la que acudieron la casi totalidad de las hermanas de la casa habanera, acompañadas por numerosos fie­les de la comunidad que participan en el templo del convento. La película se proyectó nuevamente el mar­tes 10 de ese mismo mes para aprovechar la visita de algunas hermanas de Holguín que así podrían verla. Ambas funciones fueron muy emotivas, con vi­vas reacciones de la audiencia, sobre todo en algunos momentos de la película especialmente significativos para las Siervas cubanas, como la escena en que san­ta Soledad despide a las hermanas que parten hacia Cuba y les entrega una imagen del Niño Jesús que ella llamó el Niño Piloto, porque sería quien las guiaría hacia su nueva misión. La imagen original que santa Soledad entregó a las hermanas se conserva en el con­vento habanero de las Siervas.

Profundas conocedoras de la vida de santa Soledad, las hermanas reaccionaban con aprecio ante cada as­pecto de la narración, y agradecieron profundamente esta magnífica película, que permite al público en ge­neral conocer la vida y el legado de su fundadora, una mujer extraordinaria que logró contagiar a sus her­manas de congregación de esa pasión por el servicio abnegado a los enfermos que las caracteriza, y por la que son conocidas, admiradas y muy queridas.