El secreto del porvenir está en la escuela

Por: Teresa Díaz Canals

La salvación de nuestro pueblo está en la escuela,
en el cultivo de la inteligencia, en la dignificación
de la personalidad.

José Martí «La instrucción en Querétaro»

 

Durante un par de sábados continuos en este año 2024 que recién comienza fui testigo de la agrupación de un número significativo de jóvenes en la calle 26, en el Vedado. Salían de una discoteca que hace años funciona para adolescentes. Por supuesto, allí no venden bebidas alcohólicas, pero las entran ellos de manera encubierta y también logran introducir lo que se conoce hoy en la Cuba revolucionaria como «el químico», droga que se vende barata y que está siendo muy popular entre la población mayoritariamente joven. Es algo que está pasando hace tiempo, pero esos dos sábados de enero en específico fueron especialmente preocupantes. Los muchachos que terminaron de disfrutar la música del centro recreativo se detuvieron en la esquina de 26 y 27 y allí se dividieron en subgrupos que tenían conflictos unos con otros; ya en el segundo espectáculo se corrieron un poco más hasta 25. Algunos se manifestaron con agresividad y pelearon entre ellos; portaban palos, tijeras, cuchillos. Esas actitudes despertaron mucha preocupación entre los vecinos del lugar.

Los empleados de pequeños mercados que tienen rejas optaron por vender a través de ellas ante el temor de ser asaltados por estos jóvenes. Me llamó la atención que una patrulla policiaca pasó y no paró para indagar cuál era el motivo de esa gran cantidad de jóvenes reunidos.

Años atrás la policía interceptaba a cualquier joven solo por el hecho de serlo y le exigía que abriera la mochila; también debía mostrar su carnet de identidad, todo eso por el simple hecho de trasladarse de un lugar a otro, lo que era totalmente injusto, represivo, absurdo. Ahora no es ese tipo de acontecimiento narrado más arriba lo que constituye objeto de interés de los agentes del orden. Todos sabemos la prioridad que tienen, recuerden el 27 de noviembre de 2020 (27N).

Fue tal el impacto de los muchachos drogados con actitudes conflictivas que provocó la reunión de algunos «factores» de la zona para tomar cartas en el asunto: representantes del PCC, delegados del Poder Popular, jefes de policía de la zona. Estos últimos fueron convocados con el objetivo de que hicieran algo, pues fue escandalosa la agresividad en el barrio.

Ahora salen de la discoteca los fines de semana y no nos enteramos. Deben circular por los alrededores sin causar problemas porque les exigen que se alejen. Esa medida supuestamente eliminó el problema, más no lo suficiente. La cuestión no es distanciarlos, sino transformarlos, cambiar sus vidas de manera positiva. Por ello es poco lo que se ha solucionado, pues resulta un asunto más profundo: se trata de enseñanza, de formación de valores. Imposible hacer desaparecer esta grave intranquilidad por una simple disposición autoritaria.

Con alarma vimos también en las redes a jóvenes cubanos bailar con cuchillos en las manos y apreciamos vulgaridad en el contenido de sus canciones. Las familias divididas, muchas con serios problemas económicos. La ciudad colapsada por la falta de higiene, la violencia generalizada.

Discoteca en La Habana
Discoteca en La Habana

Hay que librar a los jóvenes de la educación mediocre, violenta, militarista, patriotera e inaplicable y sustituirla por las dos formas del conocimiento esenciales: una es la de la inteligencia, la denominada instrucción de excelencia, la otra es preparar a niños y jóvenes para que puedan «ver con el corazón1»: amor, cultura de paz y civismo como arte de la convivencia. El maestro —cuando de verdad lo es— muchas veces le abre al estudiante la posibilidad de otro modo de vida, de otra perspectiva, aun cuando el educando atraviese determinadas dificultades familiares.

Estimo que como nación debemos reiniciar el camino perdido del que un día fuimos apartados con arrogancia, fanatismo y simplificación de nuestro escenario. Por una parte nos despojaron de la espiritualidad, por otra, se desarrolló un intelectualismo que desprecia las realidades concretas. Lo político ha dejado desasistida a la persona de su fe, de sus creencias y también del apoyo material que mucha gente necesita por la dura crisis económica que atravesamos. La razón es válida mientras esté desbordada de esperanza, de misericordia, mientras apueste por lo humano.

El país requiere un diálogo que posibilite un cambio para que nunca más se produzca en este suelo un espectáculo de enajenación, de violencia, de pobreza espiritual como el que nosotros presenciamos hace unos días. Cuba espera.

 

Nota:

1 Zambrano María «Las dos metáforas del conocimiento». En Islas Editorial Verbum, S.L., Madrid, 2007, pp. 44-46.