El sujeto detrás de las pantallas y frente a la angustia

Por: Marla Almaguer Quiñones

Fotograma del filme La muerte de un burócrata (1966).
Fotograma del filme La muerte de un burócrata (1966).

El sujeto se encuentra supeditado al pasado en la medida en que se acerca y lo conoce más allá de su pasado o experiencias particulares porque la sociedad en su devenir, la cultura nacional en general, comprende patrones semióticos que posibilitan la toma de conciencia colectiva de aquellos elementos que identifican y hacen que se vuelvan códigos que, a su vez, expresen lo autóctono. El sujeto se comprende como parte de estas expresiones que conforman su identidad. Por tanto, el cine, como manifestación artística que se enriquece y expresa gracias a esa multiplicidad de signos que toma expresamente de la realidad, vuelca su espacio para la representación de un sujeto que recoge retazos de elementos reales y conforman una entidad universal como sujeto que representa o engloba per se esta realidad. Por ejemplo, ¿cómo es la mujer cubana? Es la pregunta que dirige la atención del personaje que sería metáfora de la mujer cubana. Este personaje en el filme es la universal mujer cubana, pero vista desde la subjetividad del realizador y luego, de los receptores. El sujeto es una continua fuente de códigos intersubjetivos. Dígase se pone en evidencia la relación por medio de códigos que reflejan la realidad de un contexto presente, pasado e hipotético futuro llevado a la pantalla con una diegética que se apoya en la imagen y símbolos. La diversidad de lecturas que permite el lenguaje cinematográfico ofrece al sujeto en su intersubjetividad una relación más cercana con las vivencias del personaje representado en las secuencias del largometraje. Ahora bien, el cine no es solo yuxtaposiciones de signos subliminales sobre un modelo social; también se compone de un lenguaje cargado de señas sobre los problemas existenciales de este sujeto. Son estos códigos los que traducen una imagen metafórica que alude a valores universales y, a su vez, alimenta un auténtico lenguaje cinematográfico cubano.

Cuba, dentro del espacio geográfico que conforma el Caribe hispánico, percibió una afluencia importante de creencias y culturas que se imbricaron en lo que hoy se conoce como identidad nacional, alejándose de los estereotipos del mercado, de las miradas eurocéntricas y las demandas de un paisaje exótico. El territorio nacional aunó diferentes modos de vida, concepciones, religiones y de manera paulatina lo convirtió, en medio de la diversidad, en un pasado y presente común que alcanza la identidad. Por ello, no se hace misterioso el panorama simbiótico, lo que traduce un enriquecimiento espiritual y una exaltación del misterio que muchos consideraron como mágico, surreal. Pero los problemas sociales son realidades sentidas y exteriorizadas por medio del séptimo arte para realzar sobre todo la dignidad humana. Se vislumbra un cine vinculado estrechamente a lo sagrado aunque será de interés para estas líneas lo relacionado con la simbología cristiana debido a la profundidad y su arraigo consubstancial para este ser. Es gracias al cine y su lenguaje el alcance de las problemáticas sociales y su encuentro con sujetos protagonistas en búsqueda de un autoconocimiento y el choque con una realidad que se hace universal en tanto polemiza fenómenos cotidianos.

¿Qué pasa cuando el sujeto enfrenta la realidad? En palabras de Heidegger intuye la noción de intersubjetividad donde precisamente toma conciencia del mundo y la actualización de la experiencia, es decir, el continuo encuentro vivencial con las circunstancias desde la experiencia personal (subjetiva). Esto implica que el sujeto acepte riesgos o los perciba, sea capaz de elegir dentro de las posibilidades y su constante preocupación por este encuentro con el Mitsein (estar con los otros yo que coexisten en el mundo) debido a que el sujeto es intersubjetivo y no es, por tanto, solitario. Ello deduce caminos, según Heidegger, por los que el hombre se puede orientar, uno auténtico y el otro inauténtico, para su realización. La vida auténtica moldea a un ser que se enfrenta a problemáticas existenciales como puede ser la finitud de las posibilidades. ¿Qué anula todo proyecto o proyección futura sino la brevedad del tiempo previsto? Cuando el ser percibe la muerte y se vuelca en el conocimiento de la misma como parte de su existencia vive auténticamente, pues es el límite del ser en la imposibilidad y la apertura de la nada. El Dasein en este encuentro con la nada anuncia una crisis ontológica que deviene en la angustia de saberse inacabado. Se puede constatar cómo el sujeto que manifiesta este sentimiento, amén de la conciencia de la finitud entra en un estado, si se quiere, psicológico de negatividad ante el hecho real de la muerte.

Ahora bien, cómo se puede apreciar esta autenticidad de la vida del sujeto mediante el séptimo arte y, a la vez, entender al sujeto ante el sabor amargo que deja el saberse desamparado frente a la muerte. ¿Por qué angustia y no miedo? ¿Por qué signos de esperanzas y no fatalidad?

El siguiente ejemplo pretende dar luces sobre los bajo contrastes de la visión del autor citado. Pero al tomar como referencia el contexto y el cine cubano se hace con cierto matiz irónico las fórmulas que pretenden abordar las temáticas muerte y angustia. Es por ello que el sinsentido o las desgracias se moldean en signos positivos que no precisamente desembocan en un fatídico desenlace aunque una primera lectura lo demuestre. La fuerte crítica de La muerte de un burócrata,1 del director cubano Tomás Gutiérrez Alea, ejercerá de parangón para constatar la relación de los sujetos protagónicos con la simbología cristiana desde los signos que van a representar la angustia en un claro interés por desentrañar metafísicamente la existencia de un sujeto en autoconocimiento que alimenta lo sagrado.

En este filme en un inicio aparecen esculturas que en diferentes posiciones son guiño de lo que acontecerá a lo largo de la historia y, a su vez, la atmósfera recrea una banda sonora interrumpida por una tos que preludia el rito funerario como parte de las creencias de la sociedad más allá de las creencias del difunto. Esta persona fallecida desencadena los acontecimientos de la narración y funciona en un segundo plano como otro de los personajes principales, de los cuales se habla constantemente y con el que se interactúa aunque su físico no «exista». El fondo elegido cuidadosamente para la escena no se utiliza con un fin despectivo, sino como escenario simbólico para reforzar la imagen que se desea transmitir. Es condición de las costumbres populares en Cuba, en su mayoría, enterrar a los difuntos en el Cementerio de Colón. Ese lugar premia un sinfín de códigos visuales que aluden a una iconografía cristiana precisamente por el origen de esta ceremonia como símbolo cristiano donde el cuerpo se deposita en un nicho como parte de una meditación de esta dualidad muerte-vida.

El carnet del personaje enterrado funciona como otro recurso para la reflexión de lo cotidiano. En este sentido la fuerte crítica con matiz satírico viabiliza el mensaje que el título, desde el inicio, desea proyectar La muerte de un burócrata. Aunque se debe comprender que un mensaje no niega la multiplicidad de mensajes subliminales que el director a lo largo del filme introduce tal es el caso del sujeto que en la medida en que se enfrenta al mundo atraviesa una crisis filosófica. Los gestos, la mirada, la iluminación, la reproducción acelerada de algunos textos son elementos que influirán en el comportamiento del sobrino de Paco, pero a la vez generará en él la angustia de saberse no solo en frente de la muerte, sino en medio de un proceso que lo supera y que pudiera ser incluso la vida misma.

A lo largo de los minutos se desencadenan sucesos que llevan a la exhumación del cadáver ilegalmente. En esta escena oscura dentro del cementerio el sobrino de Paco, en particular, empieza a cuestionarse. El bocadillo: ¡¿quién vive?! refuerza la idea de un escenario donde los hombres que se encuentran dentro están muertos. Entendiendo este quién como vocablo que hace alusión al hombre, no a otro ser vivo. La angustia de conocer esta posibilidad, como bien decía Heidegger, genera en el sujeto un conocimiento o el peligro de saber que el hombre es un ser finito. Aunque hay que destacar que, al contrario del sentido antropológico negativo de Heidegger, lo no vivo es aún desconocido ergo aunque el sujeto se encuentre con vida se pregunta por la existencia de lo que se le presenta como un misterio (lo no vivo). La angustia de situarse en territorio desconocido (analogía de lo no vivo como de lo vivo y su conocimiento) proyecta el miedo cuando se siente intimidado por el hecho fáctico de la muerte en su relación como sujeto vivo. La dualidad vivo-no vivo puede implicar la aparición en un cementerio de lo no vivo cuando desconozco sus límites. El sujeto no conoce algo, pero no excluye que ese algo exista o coexista. La falacia del ser-saber implica que ontológicamente el sujeto no sabe que existe una hoja en el desierto, pero esto no implica la posibilidad que exista o deje de existir dicha hoja. La ignorancia en epistemología no es lo mismo que la existencia o no del ser. El sobrino de Paco, angustiado por las condicionantes y por el escenario, empieza a cuestionarse los límites del misterio del ser en su relación con el no ser y los límites de su conocimiento.

Se oye un sonido espeluznante de un animal en la copa de un árbol que gracias a la oscuridad no es percibido por el sobrino. Este sonido exagerado en consonancia con la angustia ante la posibilidad de la muerte provoca la carrera por salir de este espacio que rememora la finitud de la existencia. El sonido como recuerdo de la muerte dentro de la película funciona no solo como elemento sarcástico, sino también como evocación de la muerte y de la necesidad del sujeto de enfrentarse y respetarla como algo que se percibe como sagrado.

Fotograma del filme La muerte de un burócrata (1966).

En escenas posteriores frente al cementerio ocurre una catarsis de los personajes donde se introduce la desacralización de los signos para generar un estado de angustia clímax ante la imposibilidad de enfrentarse no solo a los acontecimientos que implican la burocracia, sino también ante la imposibilidad de comprensión del hecho de la muerte.

—Usted no es dialéctico.

—No, soy funerario y a mucha honra.

Diálogo que desencadena la escena y potencia esta necesidad de atravesar los límites que impone el misterio de la muerte. La dualidad entre lo material y lo inmaterial, entre el idealismo y el materialismo, entre el ser y el no ser, entre la sustancia y el accidente… Este tropo se reitera cuando el niño empieza a cantar feliz cumpleaños frente a las velas, pues evoca esta asociación de la vida y la muerte, del inicio y del final, de la sucesión de la vida hasta el atardecer como nuevo comienzo… Las velas y el niño como inocencia en este desconocimiento de la vida como un Todo que también incluye la muerte como proceso y parte de la misma. Este último análisis infiere una pregunta trascendental que influye en que el ser como Dasein encuentre espacio en el mundo interior para el Otro. ¿Por qué la relación con el Otro se hace de lazos sólidos cuando el Yo se conoce en su fragilidad?

Gianluca Falconi en una conferencia comentó la fragilidad del hombre en este necesario intercambio y acogimiento del Otro sin percibirlo como un ente intelectual (como un problema), sino como un ser que en su fragilidad lo acepto con su diversidad. El cuerpo es esencial y, en asociación con lo efímero en consonancia con la muerte, se incorpora como el lugar donde reside la identidad, como espacio y realidad fáctica, pero los momentos íntimos de los que habló Viktor Emil Frankl se recogen en el silencio. La muerte, el nacimiento como momentos íntimos. Ahora bien, el encuentro auténtico con el Otro para que este sujeto protagónico despliegue una vida con sentido en su constante crisis implica un encuentro con la Nada. La Nada vista como vacío dentro de sí que alude a la constante interrogación. El hombre se abre al Otro en búsqueda de aquello que lo material separa. El nosotros como unidad del Yo y el Otro en un proceso dialéctico de similitud y diferenciación.

Nota:

1 La muerte de un burócrata/ Cuba/ 1966/ 85´/ Dir. Tomás Gutiérrez Alea/ Int. Salvador Wood, Manuel Estanillo, Silvia Planas, Gaspar de Santelices, Pedro Pablo Astorga, Carlos Gargallo, Alicia Bustamante/ Ficción /. Argumento: Un obrero muere en un accidente de trabajo y es enterrado con su carnet laboral, imprescindible para que la viuda pueda recibir una pensión. Para recuperarlo la familia se ve precisada a realizar una exhumación clandestina. Los impedimentos de la burocracia imposibilitan que se vuelva a enterrar el cadáver. Lo absurdo de la situación degenera en violencia