Faceta científica en el padre Félix Varela

Por: Esperanza Purón

El papa Juan Pablo II ante la urna donde se conservan los restos de Félix Varela en la Universidad de La Habana.
El papa Juan Pablo II ante la urna donde se conservan los restos de Félix Varela en la Universidad de La Habana.

Se recuerda al padre Varela como filósofo, educador, político y, al mismo tiempo, como un hombre de profunda fe; todas estas facetas están enlazadas a lo largo de su vida, en etapas sucesivas y a la vez interconectadas. Tal como afirmó Mons. Carlos Manuel de Céspedes, ratificando así, que no hay un Varela de La Habana: pedagogo, promotor de cultura, revolucionario y político y otro Varela en Nueva York: sacerdote ejemplar.1

En este trabajo deseo hacer hincapié en su faceta científica, que, aunque es conocida, pocos se han detenido con profundidad en ella. El Dr. Manuel Gran refiere de las Lecciones de Filosofía, que en su tiempo no habían sido prácticamente comentadas por nadie.2 Me referiré ahora a su condición de investigador en el campo de la Física y de la Química y a sus dotes de inventor e innovador. No haré una cronología de su vida, ya que se ha escrito mucho sobre ella en nuestro país. Solo deseo destacar algunos aspectos que describen esta faceta científica que aparece en sus Lecciones de Filosofía, en El Habanero y en sus trabajos en Estados Unidos.

Él estudió Física en el seminario San Carlos con el presbítero Juan Bernardo O’Gavan, pero no la Física Experimental a la que aspiraba el padre José Agustín Caballero, profesor también del mismo Colegio. El padre Varela publicó por primera vez sus ideas sobre Física, Química, Meteorología y Astronomía en el programa de 1812, donde se manifestó el comienzo de su espíritu de reforma de la enseñanza, en la que el objetivo de la Filosofía deja de ser el «propio saber» para convertirse en el «deseo de conocer y de descubrir».3 Cuando el obispo Espada leyó el programa propuesto por el padre Varela dijo: «este joven catedrático va adelantando, pero aún tiene mucho que barrer». Esto reforzó en Varela el deseo de eliminar la escolástica como método de enseñar y aprender. Antonio Bachiller y Morales evaluó años después el proyecto presentado por el presbítero y consideró que este fue el primer ensayo hecho en Cuba de Filosofía Moderna. Este método potenciaba el diálogo con los alumnos para ejercitar el pensar.

Este método impresionó también al Obispo de Santo Domingo, quien le pidió al Padre su colaboración para introducirlo en su país. Como resultado de esta colaboración se publicaron en 1812 los dos primeros tomos de Institutiones Pilosophiae Eclecticae ad usum Studiosae Juventutis (Instituciones de Filosofía Ecléctica para el uso de la Juventud). En 1813 y 1814 se publicaron los dos tomos siguientes.4

Los dos primeros tomos de esta obra estaban escritos en latín, pero el tercero y el cuarto los publicó en español. Al utilizar la lengua materna, Varela hacía una notable contribución a la conciencia nacional, pues se sabe que la comunidad de idioma es una premisa necesaria para el desarrollo de la nacionalidad. Él fue el primer profesor hispánico en adoptar la lengua materna en la enseñanza.

Es de destacar que la exposición por el padre Varela sobre Aritmética, Álgebra y Geometría, que comprenden las secciones cónicas y las funciones trigonométricas, se desarrollan de manera clara, y contenían lo que se sabía de Física hasta esa época.5 En esta obra, Instituciones, el padre Varela planteó su criterio al decir que la experiencia y la razón son las únicas fuentes o reglas de los conocimientos en Física: teoría y práctica, conceptos estos que actualizan su pensamiento científico.

Félix Varela (1788-1853).

Lo que realizó Félix Varela al revolucionar los métodos de la enseñanza y al iniciar en Cuba la verdadera Filosofía, es a nuestro parecer la transformación de la cultura cubana en general y, en particular, la cultura científica.

Según la bibliografía consultada, fue el primer profesor experimental tanto de Física como de Química, lo que equivale a iniciar la enseñanza de estas ciencias. Su mérito, según el Dr. Gran, es de altísimo grado6 si se toma en cuenta que no tuvo predecesores experimentales y que la inspiración le surgió de analizar el panorama del medio en que vivía.

En 1813 Varela inauguró las enseñanzas de Física Experimental7 con el establecimiento de un modesto laboratorio que costeó con todo entusiasmo el obispo Espada. En completa independencia de la Universidad, a la que el colegio debía acatamiento docente,8 impartió su tercer curso de Filosofía en 1814, cuando publicó el cuarto tomo de Instituciones, e inició el estudio de Química Experimental, disciplina importante para el desarrollo ulterior de nuestra agricultura.

En 1819 publicó en La Habana los dos tomos de Lecciones de Filosofía, donde resumió su enseñanza científica. Este fue el libro de texto de muchos jóvenes hispanoamericanos durante varios años y en él se recogen muchas demostraciones y trabajos a realizar en el laboratorio, según Cartaya.9 Gustavo Serpa afirma que esta obra fue considerada como el mejor libro de texto de Filosofía en la América de entonces.10

En las Lecciones se ve que trabajaba en función de la relación entre las ciencias y establecía nexos entre la Física, la Química y la Matemática. En Introducción al tratado de los cuerpos habló sobre la relación de la Física con la Matemática y llamó la atención del uso excesivo de las Matemáticas para explicar la Física, cuestión para él importante.11 Uno de los aspectos de la enseñanza de la ciencia, tanto de la Física como de la Matemática, se puede encontrar en cómo el padre Varela explicaba la caída de los cuerpos, fenómeno donde había que tener en cuenta primero las características de dichos cuerpos y los factores que influyen sobre ellos antes de comenzar a saber el por qué estos cuerpos caen; es decir, ir introduciendo por pasos la Ley de Gravitación, primero desde el punto de vista fenomenológico y después plantearse las dependencias entre las magnitudes con la Matemática.

Reconoció el Padre el valor educativo de la ciencia; su vinculación con la vida y con la producción estuvo presentes en sus clases y en su obra. Sus disertaciones de Física se cierran con un considerable aporte experimental donde no falta ni el estudio de la máquina de vapor ni el de un trapiche para moler caña. Así termina la primera parte del Tratado de los cuerpos, cuya introducción, según corrobora el profesor Gran en su estudio sobre la Física de Varela, «podría ponerse hoy en el umbral de cualquier obra científica».12

El padre Varela en una carta de mayo de 1822 desde Madrid se refiere al laboratorio mencionado «Dicha cátedra tiene un gabinete de Física que se debe casi todo a la generosidad del Señor Obispo de aquella Diócesis, pero solo se halla surtido en las ramas de neumática, electricidad, galvanismo y astronomía, bien que en este último aún le falta mucho de lo absolutamente necesario. Los instrumentos son todos de los más modernos y de las mejores fábricas inglesas pues la mayor parte son de la acreditadísima de Adams. Los de electricidad y galvanismo son idénticos a los que se representan en las láminas de mis lecciones de Filosofía, que la Dirección me hizo el honor de admitir…».13

El Dr. Gran comentó: «Varela no se limitó a poseer un laboratorio como una colección de juguete…», «…realiza experiencias, enseña por ellas y a través de ellas; complementa con ellas sus consideraciones teóricas, medita los hechos que observa, concluye e intenta investigar leyes…».14

Los instrumentos que poseía el gabinete de Física los conocemos por un inventario que hizo don José de la Luz y fue publicado en la Revista Bimestre Cubana. Se inventariaron todos los equipos existentes en ese momento y se señalaron con un asterisco los que estaban probablemente en la época del padre Varela. Luz y Caballero los enumeró y comentó su estado. Entre otros, por ejemplo: Dos espejos cóncavos plateados construidos aquí en La Habana para demostrar la reflexión del calor. Como muy buena pieza una máquina eléctrica, una casa de incendio para demostrar la teoría de los pararrayos, aparatos galvánicos y de electrolisis. Entre los meteorológicos dos termómetros ingleses de distintos tamaños. Entre los equipos ópticos había un prisma newtoniano labrado y otro idéntico liso. En Astronomía los planetarios terrestre y lunar y un telescopio de refracción de alta calidad.15

Según Hernández Travieso, el Padre no albergaba una desconfianza en el porvenir criollo y en lo que concernía a su reforma escolar, esta marchaba a todo ritmo.16 En 1816 había realizado otra innovación, la de transformar las antiguas discusiones literarias en simples exámenes, donde los alumnos respondían a las preguntas del tribunal con simples razonamientos naturales. También cita la anécdota del instruido viajero inglés, Henry Wilston, que tras oír disertar a los alumnos de Varela sobre las teorías de Isaac Newton, se alzó con cierta admiración de su asiento para felicitar al maestro por la preparación de los alumnos en el manejo de los aparatos, anécdota citada también por el Dr. Gran.17

En cuanto a la difusión de su obra, se puede destacar que la primera edición de las Lecciones es de 1819 en La Habana, la segunda en Filadelfia en 1824, la tercera, la cuarta y la quinta en Nueva York, en los años 1828, 1832 y 1841, respectivamente, la quinta edición de las Lecciones del Padre Varela, no solo se utilizaron en nuestro país, sino también tuvieron acogida en otros países latinoamericanos. José Ignacio Rodríguez, su primer biógrafo, señala «Tenemos entendido que en México se han hecho algunas ediciones de esta obra. Allí sirvió de texto en muchos de los establecimientos públicos, y hemos conocido aquí varias personas, naturales de aquel país, que estudiaron por este libro».18

La influencia del padre Varela se encuentra en José Antonio Saco, quien le sucede en la enseñanza de la Física en el Seminario durante el período 1821-1824 y en su Estado de las Ciencias Físicas en la Habana en los años de 1823 y 1824, donde reconoce la importancia que tuvo la labor de su maestro.19 Por su parte, José Ignacio Rodríguez dijo «… recibía los libros y periódicos que se publicaban en Europa sobre Ciencias Físicas y que se mantenía y mantenía a sus alumnos al corriente de los últimos descubrimientos y de las novedades más recientes…»20 Esto le permitió al Padre mantenerse actualizado en los adelantos de la Física y la Química

Después de participar como Diputado a Cortes en 1823, el padre Varela, perseguido y condenado a muerte, salió de la Península Ibérica por Gibraltar y llegó como exiliado a Nueva York en diciembre de aquel año. En 1824 se trasladó a Filadelfia, donde fundó y publicó el periódico El Habanero, que era enviado clandestinamente a Cuba según explica el Padre «… en sobres sin procedencia; en equipaje de viajeros principalmente de otras nacionalidades y dentro de remesas de mercancías destinadas a casas extranjeras…».21 Él definió el objetivo de su periódico a través del subtítulo: Papel político, científico y literario, donde se declaró un divulgador científico. Se encuentran en esta publicación los artículos siguientes: Temperatura del agua del mar a considerable profundidades, Acción del magnetismo sobre el titanio, Propagación del sonido, Fenómeno observado por el Profesor Silliman en el Crióforo de Wollaston y Noticia de una máquina inventada para medir con la corredera lo que anda un buque.

Al estudiar esas notas sobre el acontecer científico de su época no solo encontramos la narración del hecho y la actualidad que estos poseen, sino que se observa que los analiza, emite su opinión y hace comentarios evaluativos.

Como ejemplo, al presentar la velocidad de propagación del sonido describe en detalle el experimento y muestra un cuadro al final con los últimos valores obtenidos en su época. Cuando se estudia la «Noticia de una máquina inventada para medir con la corredera lo que anda un buque» encontramos un artículo en el que comunica los avances en la precisión de la medición realizada. Hay que destacar la actualidad de los temas que reporta y los conocimientos científicos que manifiesta. Así se convierte al padre Varela en un divulgador de la ciencia, un periodista científico en la época que le tocó vivir.

No queremos concluir nuestro objetivo de mostrar la faceta científica del Padre sin mencionar sus dos inventos publicados. Esta actividad la realizaba al mismo tiempo que se ocupaba en fundar escuelas gratuitas para niños pobres, publicar en 1826 la traducción del inglés de Elementos de química aplicada a la agricultura, de Humphrey Davy, y dar a conocer el último número de El Habanero.

Félix Varela trabajó además en una rueda de nuevo tipo. Según Antonio Hernández Travieso en agosto de 1831 obtuvo Varela la patente de una rueda de nuevo tipo. Se desconoce si llegó a ser utilizada, pero la noticia del invento fue publicada en The Truth Teller, de Nueva York. Se trataba de un novedoso mecanismo que facilitaría la traslación de los carruajes y preservaría el pavimento. Por su descripción, bien pudo ser la precursora del sistema Caterpillar o de oruga.22

El papa Juan Pablo II ante la urna donde se conservan los restos de Félix Varela en la Universidad de La Habana.

Para profundizar en el trabajo realizado por el padre Varela hicimos una búsqueda de dicha patente. Se revisaron los Privilegios concedidos en la Isla por el gobierno español de la época por si fue aplicada en Cuba. La búsqueda también fue realizada en el Archivo Nacional. Se revisó el sitio web de la Oficina de Patentes de Estados Unidos, donde debe estar asentado el número de la patente, su descripción y aplica ción. La búsqueda del legajo fue infructuosa en la mencionada Oficina de Patentes y nos explicaron que el legajo original se quemó en un incendio que ocurrió en 1836. En dos referencias posteriores aparece un número de documento que corresponde a los documentos recuperados y en ellos se hace referencia a Félix Varela como autor, el nombre de la patente y el número de esta, pero ese documento no fue digitalizado. La búsqueda de este documento en el Archivo Nacional de Estados Unidos no fue posible realizarla telemáticamente.

La Universidad de Georgetown en la Colecciones de libros raros posee el artículo buscado: Truth Teller, Vol. II, New York, Saturday, August 6, 1831, No. 32. Comparto el inicio del artículo que completa la información dada por Hernández Travieso: «Estamos contentos de permitírsenos anunciar a nuestros lectores una admirable producción en lo que respecta al arte y la mecánica: Rueda de fácil movimiento y protectora del pavimento la cual ha obtenido una patente por el Rev. Félix Varela, de nuestra ciudad que es bien conocido como un admirador de la ciencia, y uno de sus fervorosos devotos, tanto en su propio país como en este».

La solución que planteaba el padre Varela para la rueda de nuevo tipo consistía en aumentar el área de contacto y cubrir las tablillas con cuero para hacer que el movimiento del carruaje fuese más suave, más estable y menos ruidoso.

Otra innovación de Félix Varela fue publicada en el Repertorio Médico de la Habana, 1841 y su título era «Indicaciones sobre la mejora de los hospitales en climas cálidos». El invento tenía por objeto disminuir la temperatura del aire, purificarlo y renovarlo en las salas de enfermos contagiosos.23 En esta innovación se aprovechaba el tiro producido por una diferencia de temperatura para crear una corriente de aire que refrescara y desinfectara, y lo denominó «purificador refrigerante.» Según lo referido en el artículo, el experimento se realizó, pero al parecer no resultó exitoso. El Dr. Gran, no obstante, comentó: «El ensayo debió haber dado resultados favorables, de haberse hecho bien, y que aún hoy tendrían aplicación estos aparatos».24

En un artículo del Dr. Beldarraín Chaple se resalta la importancia de esta publicación y se señala que el Padre pudo diseñar sus aparatos por sus conocimientos de Física y por lo tanto lo incluye entre los pioneros de la Epidemiología Hospitalaria en Cuba, al estar muy relacionado con la profilaxis de enfermedades y la ecología.25 El Padre detecta los problemas en los hospitales de su época, que se le escaparían a otro observador no profesional en la medicina, y lo más importante, después de identificar esas situaciones propone soluciones concretas para ellas. En 1841, el mismo año de la publicación de su innovación, la Universidad de Baltimore le confirió el grado de Doctor en Teología.

Ahora me referiré a una pregunta que se hizo el Dr. Gran «¿Era útil Varela como físico?» Y se respondió: «Varela era útil para todo trabajo racional y en particular para todo trabajo científico».26 Porque Varela condujo a las generaciones de la primera mitad del siglo xix en Cuba y en Latinoamérica hacia los conocimientos de la Física conocida en ese tiempo en los países de Europa de mayor desarrollo. Nos abrió el camino de la ciencia, la técnica y de la creatividad práctica.

El Padre fue entonces puente entre ciencia y religión, de ahí su siempre vigencia y actualidad en el proceder científico. Al igual que San Juan Pablo II, pensó que «La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad» (Juan Pablo II, Encíclica Fides et Ratio, 1998).

En su cenotafio en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, erigido por La Juventud Estudiantil en memoria de tan gran Hombre, inició la inscripción con estas palabras: Sacerdote sin tacha. Porque aquellos jóvenes comprendieron que para el Padre Varela su lema de vida nunca varió: Buscar la gloria de Dios en todo, santificando todas nuestras acciones, tendidas hacia el amor al prójimo.

Referencias

  1. Céspedes, C. M.: Señal en la noche. Editorial Oriente, Santiago. de Cuba, 2003, pp. 74-75,
  2. Gran, Manuel F.: «Félix Varela y la Ciencia, Vida y Pensamiento de Félix Varela», en Cuadernos de Historia Habanera, 25, Vol. III, p. 261,1945.
  3. Jorrín, M.: «Valoración Filosófica de Varela. Vida y pensamiento de Félix Varela», en Cuadernos de Historia Habanera, 25, Vol. I, p. 27-40, 1944.
  4. Hernández Travieso, A.: El Padre Varela; Biografía del forjador de la conciencia cubana. Editor Jesús Montero, La Habana, p. 56-57, 1949.
  5. Ídem., p. 57.
  6. Gran, Manuel F., Ob. Cit. p. 278.
  7. Hernández Travieso, A. Ob. Cit. p. 70.
  8. Idem, p. 102.
  9. Cartaya Cotta, P. El Legado del Padre Varela. Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. México, 1998, p. 97.
  10. Serpa, G., Apuntes sobre la Filosofía de Félix Varela, Editorial Ciencias sociales, 1983, p. 58-59.
  11. Varela, F. Lecciones de Filosofía, Tomo II, Editorial de la Universidad de La Habana, La Habana, 1961. p. 2.
  12. Gran, Manuel F. Ob. Cit. p. 268.
  13. Varela, F.: «Breve exposición del estado actual de los estudios de La Habana», Madrid, 14 de mayo de 1822.
  14. Gran, Manuel F., Ob. Cit. p. 279.
  15. Luz Caballero, J. «Carta sobre el gabinete de Física y Química del Colegio Seminario de San Carlos de La Habana», Revista Bimestre Cubana, Tomo II No. 6, 1832, p. 93-132.
  16. Hernández Travieso, A. Ob. Cit., p. 116.
  17. Gran, Manuel F., Ob. Cit., p. 23.
  18. Rodríguez, José Ignacio, Vida del Presbítero Don Félix Varela, Editorial Avellano, La Habana, 1944. p. 122.
  19. Saco, J. A. Colección de Papeles Científicos, Históricos, Políticos y de otros ramos sobre la Isla de Cuba, Tomo Primero, París, 1858. p. 20.
  20. Rodríguez, José Ignacio, Ob. Cit. pp. 139-140.
  21. Gay Calbó, Enrique. «Varela y El Habanero» en Félix Varela Morales: El Habanero, Papel Político, Científico y Literario. La Habana, 1945, pp. XXVIII-XLIX.
  22. Hernández Travieso, A., Ob. Cit., pp. 373-374
  23. Varela, F.: «Indicaciones sobre la mejora de los hospitales en climas cálidos». Repertorio Médico Habanero, I, 1841, pp. 68-71,
  24. Gran, Manuel F. Ob. Cit., p 282.
  25. Beldarraín Chaple, E.: «Félix Varela y la Epidemiología Hospitalaria», en Revista Cubana de Medicina General. Integral, 2001, pp. 403-6,
  26. Gran, Manuel F. Ob. Cit. p. 283.