Emilia Rodríguez: de dirigente anarquista a ferviente católica

Por: Jorge Domingo Cuadriello

Portada del libro de Olga Cabrera, llamado Emilia Rodríguez.
Portada del libro de Olga Cabrera, llamado Emilia Rodríguez.

Su nombre completo era Marcelina Emilia Rodríguez Gato, pero siempre se hizo llamar Emilia Rodríguez. Nació en la ciudad de Zamora el 26 de abril de 1872 y no diez años después, como siempre declaró.1 Cuando aún era muy joven contrajo matrimonio con Vicente Lípiz San Miguel, de Pamplona,2 quien ya era un activo militante anarquista. En esta ciudad residieron algunos años y establecieron un taller de confección de calzado, pero en 1906 se trasladaron a Cuba, donde ya existía un núcleo importante de libertarios españoles, y se afincaron en la ciudad de Matanzas, donde también trabajaron en talleres de calzado. Unidos en el activismo político, recorrieron varias localidades de la zona central del país para divulgar las ideas ácratas. En 1908 fue encarcelada por su campaña a favor de agrupar a los obreros del central azucarero de Coliseo. Por aquel tiempo también colabora en las publicaciones anarquistas que se imprimían en varias ciudades del país, entre ellas el semanario ¡Tierra!, donde tuvo a su cargo la sección «Tribuna Feminista». También impartió clases en la Escuela Racionalista, fundada por ella y por su esposo en Matanzas. El 17 de octubre de 1909, en un acto masivo celebrado en La Habana en homenaje al educador catalán Francisco Ferrer y Guardia, fusilado días antes en Barcelona bajo la acusación de haber promovido una gran protesta social, alzó su voz en la tribuna para condenar el crimen, al igual que lo hizo el general de la gesta independentista cubana José Miró Argenter y el líder obrero natural de Andalucía y de ideales anarquistas Abelardo Saavedra. Según la información acerca de aquel acto publicada en el diario La Lucha.

La obrera matancera Emilia Rodríguez fue la siguiente /en hablar/, quien demostró una buena preparación para la tribuna, haciendo un bonito y fluido discurso elevando enérgica protesta por la muerte del propagandista de la enseñanza. Tanto la señora Rodríguez como su antecesor, señor Gil, hablaron de la campaña del Diario de la Marina respecto a Ferrer anatematizando la gestión que hacen, combatiendo al fusilado de Montjuich. Ambos propusieron el boicot de dicha publicación.3

Unos días después, en un acto similar organizado en Cárdenas, igualmente se desempeñó como oradora y resultó muy aplaudida.

Como ejemplo de sus escritos animados por el ideal libertario vamos a reproducir fragmentos de su artículo «De frente», publicado en el semanario Vía Libre el 1º de octubre de 1911.

El señor Secretario de Gobernación, ayudado por un grupo de mercenarios aduladores, se ha propuesto el imposible de extirpar el anarquismo, esa tremenda llaga, progresiva e incurable, que corroe a la sociedad burguesa y amenaza destruirla. (…)

Desde ahora le aseguramos al furioso secretario que su intento ha de resultar frustrado. Destruir el anarquismo, suprimir las huelgas, obligar a los trabajadores a que soporten resignadamente todos los vejámenes y todos los despojos, eso no lo conseguirá el señor Machado. (…) Nosotros somos anarquistas y todas las amenazas y todas las violencias de los gobernantes serán impotentes para hacernos abandonar el ideal que amamos, y para obligarnos a desistir del recto propósito de propagarlo.4

Su prestigio como incansable propagandista del anarquismo va en aumento y en febrero de 1912 resulta electa para presidir el Congreso Obrero que, con el apoyo de la Liga Racionalista de Cuba, el Gremio de Albañiles, el Gremio de Panaderos y otras organizaciones proletarias, se celebra en Cruces, Las Villas, donde había logrado consolidarse el movimiento anarquista. Hasta donde conocemos, es la única mujer en Cuba que ha presidido un congreso obrero. Al referirse a la participación de las mujeres en el movimiento anarquista en suelo cubano afirma la investigadora española Amparo Sánchez Cobos: «Pocas son las que encontramos en Cuba trabajando por el Ideal, lo cual destaca aún más el papel de la activista Emilia Rodríguez».5

En enero de 1915 Vicente Lípiz y otros anarquistas españoles fueron expulsados de Cuba y doña Emilia siguió adelante con su activismo político y con la tarea de cuidar a sus pequeños hijos. Dos años después se le permite a su esposo el regreso a la Isla y ambos logran restablecer el ambiente hogareño sin abandonar la militancia ácrata. De acuerdo con algunas versiones que no hemos podido confirmar, resultó electa delegada al Primer Congreso Nacional de Mujeres, realizado en La Habana en abril de 1923. Con motivo de aquel evento envió una comunicación a la cual le pertenece el siguiente párrafo: «Yo anhelo el advenimiento de una igualdad social entre el hombre y la mujer, ofreciéndose mejores salarios y más adecuados medios de vida a la mujer trabajadora. Estimo que se debe legislar con el fin de amparar a la mujer en todos los órdenes y principalmente a la mujer embarazada.»6

El siguiente día 1º de mayo organiza la fiesta de solidaridad de las naciones, celebrada en Matanzas, y en 1924 toma parte junto a la líder feminista española Belén de Sárraga y el dirigente estudiantil Julio Antonio Mella en la fundación de la Liga Anticlerical de Cuba. Tras la ascensión al poder en mayo del año siguiente del presidente Gerardo Machado, a quien ya había combatido por sus métodos represivos cuando se desempeñó como gobernador de Las Villas, retoma sus ataques a este despótico mandatario. Por su oposición al régimen fue encarcelada en 1931 y meses después expulsada del país junto con su esposo y los seis hijos de ambos. Por aquel tiempo el dirigente estudiantil Raúl Roa declaró que «los Lípiz no son una familia, sino una entidad revolucionaria».

De nuevo en España, ahora con un sistema republicano de gobierno, doña Emilia se establece en Barcelona y al igual que su marido se incorpora al Sindicato de la Piel, perteneciente a la Federación Anarquista Ibérica (FAI). El activismo libertario del matrimonio, al que se han sumado algunos de sus hijos, no decae y estrecha relaciones con Buenaventura Durrutí, uno de los principales dirigentes del anarquismo en España. Al desencadenarse la Guerra Civil en julio de 1936 toma parte en la resistencia republicana y trabaja como ayudante en varios hospitales de Barcelona. Vicente Lípiz muere de un infarto al año siguiente, el mayor de sus nietos cae en combate defendiendo la causa republicana, la familia se dispersa y ante el avance final de las tropas franquistas se ve obligada a cruzar la frontera, en muy angustiosas condiciones y ya con 67 años, y buscar refugio en Francia, donde es internada en un campo de concentración. Gracias a la ayuda que de inmediato le ofrecen sus antiguas compañeras de lucha contra la dictadura de Machado, entre ellas las hermanas Shelton, logra trasladarse a La Habana, a donde llega en el barco Orduña el 27 de mayo de 1939.

Pero los avatares por los que ha transitado, el sufrimiento por la pérdida de seres queridos, la dispersión de sus hijos como consecuencia de la guerra y la derrota de la República española, entre otras muchas causas posibles, han operado un cambio radical en ella. Rompe a partir de aquellos momentos con el anarquismo y se convierte al catolicismo, proceso espiritual en el cual desempeñó un importante papel su amiga María Teresa de la Campa, ferviente católica e hija del abogado y destacado dirigente político Miguel Ángel de la Campa. Como prueba de su conversión reproducimos aquí su «Plegaria a la Virgen de la Caridad», escrita seguramente en 1940: «Virgencita de la Caridad a ti llego para pedirte que protejas a mis pobres hijos de todo peligro y me des vida para volverlos a ver no desoigas la súplica de esta madre que quiere ser buena para estar cerca».7

A continuación, y hasta el final de su vida, vamos a encontrar a Emilia Rodríguez muy vinculada a las Hijas de la Caridad en la ciudad de Matanzas, donde vuelve a establecerse. En particular se hace muy amiga de Sor Carmen, una destacada religiosa perteneciente a dicha congregación, y al Colegio de la Virgen Milagrosa, y se entrega a la realización de obras caritativas y asistenciales a favor de los enfermos, los ancianos, los más necesitados. También asiste con regularidad al culto católico, se dedica a leer la Biblia y toma parte en la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre. Sin disponer de una vivienda propia, se ve en la necesidad de convivir con algunos de sus hijos, quienes ya han formado familia. Así transcurre la etapa final de su vida. Como consecuencia de las complicaciones asociadas a la fractura de una cadera, falleció en Matanzas el 21 de mayo de 1962. Su tránsito del movimiento anarquista y el anticlericalismo al catolicismo podrá ser tachado por algunos de apostasía; pero para nosotros constituye una rectificación loable.

Notas y Referencias:

  1. Fue inscrita en el Registro Civil de Zamora por su abuela el 29 de abril de 1872. Tomo 4, página 102 y número 293 de la Sección Primera. Esta información se la debemos al amigo José Luis Lastra López de Goicoechea, residente en Madrid.
  2. Otra versión afirma que había nacido en Ponferrada, León.
  3. «El mitin de los obreros». En La Lucha. Año 25 Nro. 291, La Habana, 18 de octubre de 1909, p. 5.
  4. Rodríguez, Emilia «De frente». En Vía Libre. La Habana, 1º de octubre de 1911, p. 2.
  5. Sánchez Cobos, Amparo Sembrando ideales. Anarquistas españoles en Cuba (1902-1925). Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2008, p. 223
  6. Citado por Olga Cabrera en su investigación Emilia Rodríguez (1882-1962). Madrid, Ediciones del Orto, 1999, p. 66. Este libro nos ha servido de fuente fundamental para la redacción del presente trabajo. 7 Ídem., p. 73 .