La verdad sobre el robo del diamante del Capitolio

Por: Pablo Llabre Raurell

La innegable belleza, serena y majestuosa,

del Capitolio de La Habana”.

Emilio Roig de Leuchering

El 25 de marzo de 1946, fue sustraído del Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio Nacional el diamante de 25 quilates que marcaba el inicio de la Carretera Central. Quince meses después, como por arte de magia, apareció en la mesa de trabajo del presidente de la República, Ramón Grau San Martín. La prensa publicó en detalle ambos sucesos, pero las causas no fueron reveladas. A continuación ofrecemos una versión de lo sucedido.

» El origen de la joya

El brillante del Capitolio perteneció a la dinastía de los Romanoff, en la Rusia Zarista. Tras el triunfo de la Revolución de Octubre, que derrocó al Zar en 1917, un joyero de origen turco que hacía negocios en Cuba, Isaac Estefano, adquirió varias de sus pertenencias. En 1921 trajo la joya a Cuba desde Francia debido a que la Primera Dama, María Jaén, esposa del presi- dente Alfredo Zayas, se interesó en ella. Pero la venta no se realizó.

En 1928 Estefano vendió el diamante a un joye- ro radicado en La Habana. El individuo era amigo de Gustavo Parodi, asistente del «dinámico» Carlos Miguel de Céspedes, secretario de Obras Públicas del presidente Gerardo Machado. Parodi mostró a Céspedes el brillante y éste lo compró para ser colocado en el Capitolio, que entonces se edificaba, en 12 millones de pesos; de los cuales tres millones fueron aportados por la Secretaría de Obras Públicas y los nueve restantes mediante una colecta pública en la que participaron abogados, arquitectos, ingenieros y contratistas, todos ellos ligados a la construcción del Capitolio.

» El Asno con Garras

El 20 de mayo de 1929 fue inaugurado el Capitolio Nacional, que formaba parte de un vasto plan de construcciones que contaba con el respaldo jurídico de la Ley de Obras Públicas aprobada por el Congreso el 15 de julio de 1925. Dirigido por el secretario De Céspedes, el proyecto incluía la Carretera Central, la Avenida de las Misiones, la Quinta Avenida de Miramar, la escalinata de la Universidad de La Habana, etc. Para los visitantes nacionales y extranjeros al Palacio de las Leyes, la atracción principal sería el majestuoso diamante de los Romanoff, que contaba con el beneplácito entusiasta del autoritario y arrogante presidente Machado, rebautizado por el poeta Rubén Martínez Villena Asno con Garras. La piedra preciosa fue colocada solemnemente y comenzó a marcar el punto cero de la Carretera Central, entonces en fase de construcción.

» Desaparece el diamante

En horas de la mañana del 25 de marzo de 1946 el policía del Congreso, Enrique Mena, se percató de la ausencia del brillante. De inmediáto les comunicó el hecho a sus superiores. El presidente del Senado, Miguel Suárez Fernández, suspendió de empleo y sueldo a los guardias del turno nocturno y ordenó una investigación. En la noche anterior en el Salón de los Pasos Perdidos había culminado una exposición de arte patrocinada por el Ministerio de Educación, evento al que había asisitdo un numeroso público. La deficiente vigilancia de los custodios facilitó que al término de la actividad los ladrones permanecieran en el local, ocultos tras los cuadros. La Policía inició una investigación. Según los peritos, el robo era «obra de especialistas». Los delincuentes dejaron en el lugar un forro de sombrero manchado de sangre, fósforos usados y un letrero escrito a lápiz que decía: «2:45 a 3:15 24 kilates», lo que según los expertos marcaba el tiempo empleado en la operación.

» Los motivos reales.

La sustracción del diamante adolecía del elemento subjetivo o ideólogico que tipifica el delito de Robo: el ánimo de lucro. Tanto era así que el brillante estaba engarzado en una muy valiosa moldura de oro macizo y los ladrones no se la llevaron. La verdadera intención consistía en desviar la atención de la prensa y de la opinión pública sobre un hecho de sangre que involucró a destacadas figuras revolucionarias vinculadas al gobierno: el homicidio de Hugo Dupotey.

» La muerte de Dupotey.

En horas de la noche del 11 de marzo de 1946 fue baleado mortalmente el estudiante de 31 años de edad Hugo Dupotey Nicot, oriundo de Santiago de Cuba y vecino de 18 y 7ma, reparto Almendares. La noche de su muerte compartía con varios amigos en el Club Palermo, situado en la esquina de San Miguel e Industrias, a quienes narraba su participación en la insurrección antimachadista. Existía el comentario de que en cierta ocasión le había salvado la vida a Eduardo Chibás en Holguín.

Uno de los presentes expresó dudas sobre sus hazañas y Dupotey intentó agredirlo, pero los demás lo calmaron. Irritado por haberse cuestionado su condición revolucionaria, los invitó al bar Club Criollo, en el Hotel Sevilla, sito en el Paseo del Prado y propiedad del jugador profesional de origen italiano Amleto Battisti. El lugar era visitado por combatientes «de la vie- ja guardia», que según Dupotey avalarían sus méritos revolucionarios. Dos de los presentes lo acompañaron. Llegaron al bar ya próximo a la hora del cierre. En un extremo de la barra conversaban el capitán de la Dirección Central de la Policía (posteriormente jefe de la Policía Secreta), el doctor Eufemio Fernádez Ortega, Alfredo Aguerrebere, chofer del Comandante de la Policía y jefe del Servicio de Inteligencia y Actividades Enemigas, Mario Salabarría; Eustaquio Soto Carmenate, miembro del Buró de Actividades Enemigas y otra persona.

Tres meses antes, por la infidencia de un vecino, Fernández había dirigido un registro en el domicilio de Dupotey para capturar a un fugitivo de la justicia, el ex miembro del Bonche Estudiantil Universitario José Noguerol Conde. La información, aunque fidedigna, llegó tarde, pues este sujeto había abandonado el país el día anterior. El registro dio lugar a que Dupotey se enemistara con Eufemio Fernández.1

» La fuga.

El 31 de mayo de 1945 se había evadido de la sala para reclusos del Hospital Docente Calixto García, José Noguerol Conde. Cumplía una sentencia de 30 años de reclusión, junto al también bonchista Andrés Prieto Quince, por el asesinato del destacado revolucionario y profesor universitario Ramiro Valdés Daussá, hecho ocurrido el 15 de Agosto de 1940.

La fuga fue organizada por el ex miembro del Bonche Estudiantil Universitario y comandante Antonio Morín Dopico, jefe de la Policía de la ciudad de Marianao; y Miguel Echegarrúa, sargento de la División Central de la Policía y también ex miembro del Bonche. Los ayudó Eva Gutiérrez, estudiante de Derecho y prima de Noguerol, la que en 1946 ingresó en la organización Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), dirigida por el ex trotskista, Emilio Tro Rivero. Eva involucró en el plan al líder estudiantil del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, Leonel Gómez Pérez, miembro del llamado Comité Revolucionario, grupo surgido en dicho centro educacional en 1944. Sus afiliados procedían de la organización Acción Revolucionaria Guiteras (ARG), fundada en 1939 por el miembro de Joven Cuba y combatiente de la Guerra Civil Española, Pedro Fajardo Boheras (a) Manzanillo.2 El Comité Revolucionario tenía afinidad con los ex miembros del Bonche Estudiantil Universitario de 1937 y por ello rivalizaba con el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), Manuel (Manolo) Castro del Campo, enemigo acérrimo de los bonchistas. Al Comité pertenecieron Andrés y Froilán Noroña, Guillermo Comellas, Carlos Fernández (a) Emil Ludwing, Rubén y Herminio Díaz García, Antonio Febles y Luis Felipe (Wichy) Salazar, entre otros. Eva coordinó una reunión entre Gómez y Noguerol en el hospital. Y se acordó que a la mañana siguien- te de la evasión apareciera en el frente del Instituto de La Habana una lona con el siguiente rótulo: «Mario Salabarría mató a Sáenz de Burohaga, Manolo Castro mató a Fernández Fiallo. Qué moral existe para juzgar a Noguerol?» El acuerdo se cumplió y provocó demoras en el tráfico frente al Instituto.3

Diamante del Capitolio.

Tres semanas más tarde, la noche del 21 de junio, uno de los autores del polémico letrero, Andrés Noro- ña, de 19 años de edad, desapareció. Por azar del desti- no Leonel corrió mejor suerte. La fatídica noche, tras despedir a Noroña en la parada de ómnibus en una esquina del Instituto, no acudió, como de costumbre, a la cafetería del Hotel Pasaje, donde lo estaban esperando.4

La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) calificó la fuga de Noguerol de «hecho inmoral e irresponsable de las autoridades policíacas», y criticó el nombramiento para altos cargos en la Policía Nacional a los bonchistas Antonio Morín Dopico y Miguel Echegarrúa. «Tal estado de descomposición ha traído como consecuencia la fuga de Noguerol», expresó.5

Para discutir, entre otros asuntos, los nombra- mientos de los bonchistas el 2 de junio una delegación de la FEU dirigida por Manolo Castro se reunió con el Presidente. Al término de la entrevista, Grau comentó: «fue un descanso en medio de los abrumadores problemas».6

Como se dijo anteriormente, en el bar del hotel Sevilla se encontraba Eufemio Fernández con unos amigos. Aunque el salón era oscuro, al llegar Dupotey pudo notar su presencia y comenzó a insultarlo en alta voz. Eufemio mantuvo la calma, pero las ofensas subieron de tono. Aguerrebere intentó calmarlo y resultó injuriado. Su carácter explosivo no le permitía soportar ofensas y extrayendo su pistola calibre 45 disparó repetidamente sobre Dupotey. Las detonaciones exaltaron los ánimos y Soto Carmenate también disparó.7 Dupotey recibió 16 heridas de bala y a consecuencia de ellas falleció.

» Los testigos y Manolo Castro.

La relación de Manolo Castro y Eufemio Fernández databa de los tiempos en que juntos luchaban contra los gobiernos del coronel Batista y el Bonche Estudiantil Universitario. Al producirse el tiroteo en el Sevilla, Manolo estaba en el Cine Resumen, hoy Cinecito, en San Rafael y Consulado, precisamente donde cayó asesinado por la UIR tiempo después, el 22 de febrero de 1948. Un cantinero de El Criollo le comunicó lo sucedido y Manolo corrió hacia el hotel. Llegó antes que la policía y habló con los empleados. Estos, al ser interrogados posteriormente por los agentes, declararon no saber quien había disparado.

» La acusación de Chibás.

El domingo 7 de abril, en su popular espacio dominical, el líder del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), senador Eduardo Chibás, acusó al presidente de la FEU, Manolo Castro, de desviar la acción de la Policía en dos ocasiones al impedir que los testigos presentes en el Bar Criollo el día de los hechos formularan declaraciones. Según Chibás, eso demostraba su amistad con los autores. Manolo no respondió, pero el 11 de abril la FEU publicó una declaración firmada por todos los presidentes de escuelas dándole su apoyo. En el escrito señalaban algo cierto: al producirse el tiroteo Manolo no estaba presente. En el programa siguiente Chibas ratificó su denuncia.

» El Acusador Particular

En la Ley de Enjuiciamiento Criminal vigente en Cuba hasta 1973, la LECRIM, como la llamaba el emérito profesor de Derecho Procesal Penal de la Universidad de La Habana, Aldo Prieto Morales, existía la figura jurídica del Acusador Particular. La familia Dupotey, conociendo la influencia y las relaciones de los implicados, contrató los servicios del abogado y senador de la República, Pelayo Cuervo Navarro, para actuar en calidad de Acusador Particular en la causa. En la oficina de Cuervo laboraba en calidad de Procurador (auxiliar de abogado) Andrés Pintado Gromina.

En una de sus visitas al tribunal, a la salida lo acecharon Soto Carmenate y Alfredo Aguerrebere: «No sigan jodiendo con la acusación o correrán la suerte de Noroña» —le dijeron.8

» La intervención de Salabarría

Forjado en las luchas revolucionarias, Mario Salabarría tenía por costumbre ayudar a sus amigos cuando lo necesitaban. En su etapa insurreccional vio morir a muchos de sus compañeros: Rubierita, Casimiro Menéndez, el guajiro Castells y otros más. Manolo y Eufemio eran sus amigos. Tenía que ayudarlos. Con ese propósito visitó al juez de Instrucción de la sección cuarta, Dr Riera Medina, quien tenía a su cargo la causa por la muerte de Dupotey. Quería explorar las posibilidades de un sobreseimiento de las actuaciones. Los encartados tenían a su favor el silencio de los testigos. Riera le dijo que tan importante como el silencio de los testigos era el de la prensa y añadió que se debía esperar a que los medios informativos «bajaran el tono». No quería ser crucificado.9

» El chivo expiatorio

El primer intento de desviar la atención de la prensa fue buscar a un chivo expiatorio. Se pensó en el comandante Pablo González Arósteguí, jefe de la Sección de Turismo de la Policía Nacional, quien estuvo de acuerdo, pues le gustaba ser considerado «un hombre de acción». González era esposo de Tatica, una sobrina de la Primera Dama que padecía de un leve retraso mental. Aróstegui la maltrataba. Un día la queja llegó al tercer piso del Palacio Presidencial. A la mañana siguiente fue visitado por dos individuos que sin hacer preguntas ni dar los buenos días, lo arrojaron vestido de completo uniforme a la piscina de su casa. Antes de marcharse le dijeron: «La próxima vez te tiramos con la piscina vacía».10

Pero el plan no resultó. El rumor se echó a rodar, pero era vox populi que Aróstegui, aunque abusaba de su esposa, en realidad no mataba ni a una mosca.

» Dos pájaros de un robo

En búsqueda de una solución alternativa, Salabarría visitó a su amigo José Manuel Alemán, el corrupto ministro de Educación que hizo fortuna malversando caudales públicos. Alemán daba apoyo ecónomico a la Legión Revolucionaria de Cuba, grupo del que Salabarría era su líder principal, y al Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), dirigido por Rolando Masferrer. La reunión tuvo lugar en la finca América, propiedad de Alemán, en el pueblo de Calabazar. Del encuentro brotó la idea de robar el diamante del Capitolio, un hecho que provocaría un escándalo capaz de desviar la atención de la prensa sobre el caso Dupotey; por otra parte, para Alemán sería una excelente oportunidad de echar lodo sobre el Congreso, institución por la que sentía enorme desprecio, en especial por su Presidente, Miguel Suárez Fernández. De esa manera se matarían dos pájaros de.un robo.11

» El gallego García

El robo se realizó en tiempo récord y contó con los tres elementos más importantes para, según Napoleón, ganar una guerra: dinero, dinero y más dinero. Salabarría buscó al autor material: el Gallego García, un ladrón de manos de seda experto en cajas fuertes. En la lucha contra Batista Mario había guardado prisión más de una vez en el Castillo del Príncipe, donde este gallego era el recluso a cargo de la zapatería. Moviendo sus contactos en el bajo mundo pudo localizarlo. Al principio García desconfió del jefe policial.

«Mario, yo estoy retirado» —le dijo. Pero rectificó tras escuchar la tentadora oferta.12

» El Manquito

La operación contó con la complicidad de los custodios del Capitolio. Para ello fue necesario sobornar al teniente Abelardo Fernández (a) el Manquito, jefe de la Policía del Ministerio de Educación, organismo patrocinador de la exposición en el Salón de los Pasos Perdidos y responsable de la custodia de las obras de arte exhibidas, propiedad del ministerio. Oriundo de la barriada del Vedado, Abelardo Fer- nández se había iniciado como revolucionario en las luchas contra la dictadura de Machado. Después apoyó el gobierno de Grau-Guiteras y tras el golpe de Batista se unió a la organización Joven Cuba, dirigida por Guiteras. Luego del triundo electoral de Grau en junio de 1944 se había desviado hacia el gangsterismo.

» Del Capitolio al Palacio Presidencial

El robo de la joya cumplió sus objetivos: el asesinato de Dupotey pasó a un segundo plano en los medios informativos para dar espacio al escándalo del Capitolio. La causa criminal fue sobreseída. El presidente del Senado, Miguel Suárez Fernández, recibió fuertes críticas del presidente Grau y de la prensa; lo cual perjudicó en buena medida sus aspiraciones a ser escogido como el candidato presidencial por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), en los comicios de 1948. Carlos Prío Socarrás resultó ser el seleccionado.

Transcurridos 15 meses, el 2 de junio de 1947, Grau encontró el diamante en su mesa de trabajo y citó a Palacio a importantes figuras de su gobierno. A las 2 de la tarde estaban en su despacho el senador Carlos Prío; el presidente del Senado, Miguel Suárez Fernández; el senador por la provincia de Oriente Caíñas Milanés; el presidente del Partido Republicano, Guillermo Alonso Pujol; el ministro de Gobernación, Alejo Cossío del Pino y los de Justicia y Salubridad; así como el juez de instrucción de la Sección Segunda, Arturo Hevia, instructor de la causa 295/46, radicada al efecto del robo.

«Señores —dijo Grau— los he citado para que sean testigos de la entrega que voy a hacer de un diamante que he recibido de forma anónima y que, según parece, es el mismo que fue sustraído hace algún tiempo del Capitolio Nacional. Lo entrego al Dr. Hevia». El brillante estaba en un sobre amarillo. En un evidente regaño a Suárez Fernández, agregó: «Supongo que el juez lo entrgará al Presidente del Senado, que se encuentra entre nosotros, para que lo reintegre a su lugar con mayores seguridades a fin de que no vuelva a desaparecer».13 Un periodista preguntó cómo había llegado a su despacho. «En forma anónima», respondió. Ante una pregunta similar, reiteró: «Ya he dicho que lo recibí en forma anónima, y eso es todo. Es como si a uno le dijeran: levante ese papel que va a encontrar algo debajo. Y efectivamente, aparece el brillante».

La joya fue revisada por los presentes. El senador Caiñas Milanés argumentó que le parecía más clara que la del Capitolio. Entonces Grau le dijo al juez: “Bueno, doctor, si no es la del Capitolio me la devuelve, pues fue a mí a quien se la enviaron».14

» El recorrido del diamante

El brillante lo depositó Pablo González Aróstegui en la mesa de trabajo de Grau. Su vínculo con la familia de Grau le daba acceso —sin levantar sospechas— al tercer piso de Palacio. Concluído el robo, el gallego García entregó la joya a Mario Salabarría, quien a su vez se la dió, en la finca América, a José Manuel Alemán. Por su parte, Alemán se la entregó en calidad de depósito a uno de sus hombres de confianza, Carlos Arazosa (a) el Chino Arazosa, quien más tarde fuera nombrado Ministro de Educación.

Transcurrido un año, Alemán determinó devolver el brillante y ordenó al chino Arazosa su entrega a González Aróstegui para que lo colocara en el despacho de Grau. El sagaz Presidente sospechó de él y por un largo tiempo le prohibió la entrada a Palacio.15

Notas y Referencias:

 

  • Entrevista del autor con Antonio (Tony) Santiago. Miami. 1990-2005. Este fue Secretario General de la Ju- ventud Auténtica y sustituyó a Luis Orlando Rodríguez en ese cargo. Miembro de la Legión Revolucionaria de Cuba (LRC) e integrante del grupo que entraría a República Do- minicana, desde Haití, en la expedición de Cayo Confites. Fue Consejal del Ayunamiento de la Habana por el PRC(A) en 1950. Murió en Miami.
  • Entrevistas del autor con Eva Gutiérrez. Miami. 1990-2003 y con Miguel Echegarrúa, Miami 1990-2000. Este fue miembro del Bonche Estududiantil Universitario (1937-1943) y resultó absuelto en el juicio por el asesinato de Ramiro Valdés Daussá. Miembro del grupo de acción de la Organización Auténtica (O/A) en la lucha contra la dictadu- ra de Batista (1952-1958) Murió en Miami.
  • Entrevista del autor con Leonel Gómez Pérez.

2000-2019 y con Eva Gutiérrez. Miami. 1990-2000.

  • Idem
  • Revista Sección «En Cuba». La Habana. 10 de junio de 1945.
  • Entrevista con Antonio (Tony)
  • Convesaciones del autor con el procurador Andrés Pintado Gromina. La Habana, 1972-1979.
  • Conversaciones del autor con el comandante Mario Salabarría y Aguiar. Miami, 1990-2004.
  • Ídem.
  • Ídem.
  • Ídem.
  • Periódico Prensa La Habana. 3 de junio de 1947.
  • Ídem.
  • Entrevista del autor a Mario Salabarría. 1990-2004.