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Las conspiraciones independentistas durante el siglo XIX

Por: Jorge Domingo Cuadriello

3 abril, 2024 En Diálogo, Revista Espacio Laical No.1 - 2024 0
De izquierda a derecha: Roberto Méndez Martínez, Nelson Crespo Roque (moderador), Edelberto Leiva Lajara y Félix Julio Alfonso López.
De izquierda a derecha: Roberto Méndez Martínez, Nelson Crespo Roque (moderador), Edelberto Leiva Lajara y Félix Julio Alfonso López.

Convocado por la revista Espacio Laical, el pasado lunes 16 de octubre se celebró en la sede del Centro Cultural Padre Félix Varela el encuentro «En Diálogo», en ocasión del bicentenario de la Conspiración Soles y Rayos de Bolívar, con el tema:
«Las conspiraciones independentistas durante el siglo XIX”. Los panelistas participantes en esta ocasión fueron los doctores Félix Julio Alfonso López, Edelberto Leiva Lajara y Roberto Méndez Martínez y se desempeñó como moderador el también doctor Nelson O. Crespo Roque.

Nelson Crespo Roque: Buenas tardes, bienvenidos sean todos al encuentro «En Diálogo», organizado por la revista Espacio Laical, del Centro Cultural Padre Félix Varela; encuentro que se centra en esta ocasión en «Las conspiraciones independentistas durante el siglo xix» cubano, tema que hemos elegido al celebrarse este año el bicentenario de la «Conspiración Soles y Rayos de Bolívar».

Las primeras décadas del siglo xix constituyen un período convulso, tanto para España como para Cuba. En el caso de España, sufrió la conmoción provocada por la invasión de Napoleón Bonaparte en 1808 y la supresión de la dinastía de los Borbones en el trono español, el cual pasó a ser ocupado por José Bonaparte; hecho que desembocó en el inicio de la Guerra de la Independencia Española en contra del invasor francés. Años después ocurrió una serie de hechos concomitantes como la promulgación de la Constitución de Cádiz, el Trienio Liberal y la restauración del absolutismo regio de Fernando VII.

A ello se sumó, fuera de la Península, el influjo de la Independencia de las 13 colonias de Norteamérica en 1776, la gran resonancia de la Revolución Francesa de 1789, la Revolución Haitiana en 1804, así como el desarrollo de los movimientos independentistas y la conformación de las nuevas repúblicas latinoamericanas entre 1808 y 1824.

En este entramado político en Cuba se va a ir acrecentando un cuestionamiento cada vez más abierto respecto a su situación colonial. Ahora bien, no podemos caer en el reduccionismo histórico y considerar el movimiento independentista cubano como una mera reacción inercial a un contexto exógeno; reduccionismo que podría llevarnos al error de considerar dicho movimiento como una mera ficha que entra en acción ante el empuje de una especie de «efecto dominó» incitado desde el exterior.

Cuba tiene una prehistoria, y una historia previa, que convergen en estas fechas en lo que pudiera definirse como un «clima epocal» que puede ser auscultado en el accionar de algunas «instituciones respetadas» (por designarlas de algún modo) que, aunque diversas en sus esencias, tenían como denominador común su tránsito por senderos ilustrados. Dicho en pocas palabras: Cuba, como entidad que pueda ser identificada como nación, es obra de la Ilustración. De ahí que, en nuestro caso, el sentimiento y el obrar independentista se diferencie del modus operandi que predominó en otras regiones de la América hispana, tanto respecto al modo como en cuanto al tiempo.

En efecto, el movimiento independentista en Cuba no se gestó en los cuarteles ni fue obra de caudillos, sino que surgió de un pensamiento humanista ilustrado que, desde finales del siglo xviii e inicios del xix, va a formar un proyecto que paulatinamente adquiere contornos propios; proyecto que significaba, en un inicio, autonomía y, luego, independencia política. Van a ser, de este modo, los hombres de la Ilustración, los hombres del Iluminismo nuestro, los que van a pensar a Cuba, los que van a crear a Cuba como nación. En este pensar se amalgama también, de algún
modo, el espíritu de las alternancias liberales de los gobiernos españoles, pero, sobre todo, factores propios e identitarios de lo que pudiéramos denominar como la «patria de los criollos».

Entre estas «instituciones respetadas» que hemos mencionado vamos a incluir el accionar tanto de la Sociedad Económica de Amigos del País, fundada en la Isla a finales del siglo xviii, como el Real y Pontificio Colegio Seminario San Carlos y San Ambrosio (como era éste en tiempos del obispo Espada), que constituye un hito cardinal en ese pensar a Cuba como nación. Ahora bien, a ellas se suma otra de ineludible mención en el desarrollo del movimiento independentista cubano: la masonería; tal y como de hecho se implantaron y desarrollaron en Cuba los francmasones de los ritos de Escocia y de York, de los carbonarios, comuneros y anilleros.

Las últimas décadas del siglo xviii y las primeras del xix constituyen la época en que la Ilustración entra a puertos cubanos, bien de modo visible, bien de modo camuflado en las bodegas de los buques procedentes tanto de la Península como de otras latitudes. Es decir, el Iluminismo nuestro va a nutrirse tanto del pensamiento del benedictino y polígrafo español Fr. Benito Jerónimo Feijoo (figura cimera de la versión española de la Ilustración), como de la literatura del Siglo de las Luces francés y las ideas de Denis Diderot, de Charles Louis de Secondat (barón de Montesquieu) o de François-Marie Arouet (Voltaire). Unos y otros serán «tropicalizados» entre nosotros y penetrarán en los grupos criollos, muchos de ellos oligárquicos, cansados de una posición de subalternidad.

De este modo, vamos a tener la temprana aparición, en 1810, de la conspiración independentista liderada por el masón criollo Román de la Luz (tío de José de la Luz y Caballero). No obstante, estas conspiraciones independentistas tendrán su auge en la segunda década del siglo xix, en la cual, coincidiendo con el Trienio Liberal en España, proliferan en Cuba las logias masónicas y las sociedades secretas.

En este contexto histórico, dos importantes conspiraciones independentistas se desarrollan, la de los Soles y Rayos de Bolívar, en 1823, en la cual participa el poeta José María Heredia (cumbre del romanticismo literario cubano y miembro de la sociedad secreta Los Caballeros Racionales) y, pocos años después, en 1829, la Conspiración de la Gran Legión del Águila Negra.

Velada cultural de «En Diálogo» con el Dúo Cora: Rocío Mezerene (violín) y Ramón Leyva (piano)
Velada cultural de «En Diálogo» con el Dúo Cora: Rocío Mezerene (violín) y Ramón Leyva (piano)

Para profundizar en estas conspiraciones independentistas de inicios del siglo xix cubano, eslabón previo del inicio de nuestras Guerras de Independencia en 1868, es que nos hemos reunido esta tarde. Nuestros ponentes son tres reconocidos especialistas:

  • Dr. Félix Julio Alfonso López, profesor titular de  Universidad de La Habana y Secretario de la Academia de Historia de Cuba, quien nos hablará sobre la Conspiración Soles y Rayos de Bolívar.
  • Dr. Edelberto Leiva Lajara, profesor de Historia de Cuba y Pensamiento Cubano en la Universidad de La Habana, y Vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba, quien disertará sobre la Conspiración de la Gran Legión del Águila Negra.
  • Dr. Roberto Méndez Martínez, poeta, ensayista, crítico y narrador, quien nos presentará la exposición Formación del concepto de Patria en José María Heredia.

Y, para concluir, disfrutaremos de una breve velada cultural en la cual el Dúo Cora, compuesto por Rocío Mezerene (violín) y Ramón Leyva (piano) nos interpretará: «Habanera Tú», de Eduardo Sánchez de Fuentes y, con posterioridad, Ramón Leyva nos interpretará al piano «La Perla del Edén» (Intervención a la «Bella Cubana» de José White) y «La Bayamesa», de Céspedes, Fornaris y Castillo.

Como es habitual en nuestros encuentros, primero daremos la palabra a los ponentes y, con posterioridad, el público tendrá la oportunidad de hacer preguntas o de exponer brevemente sus criterios. Estarán ustedes totalmente libres de expresar sus opiniones sin otros límites que los que impone el respeto al criterio del otro. Ese es precisamente el espíritu de los encuentros «En Diálogo», un espacio de reflexión donde pueda hablarse libremente, como sucedía en el Seminario San Carlos durante los mejores tiempos del obispo Espada.

Sin más dilación, reiterándoles a todos nuestra más cordial bienvenida, damos la palabra a los ponentes, cuyo orden de presentación será aquel por el cual los hemos mencionado.

Félix Julio Alfonso López: Buenas tardes a todos. Antes de dar lectura al texto que he traído para compartir con ustedes en la tarde de hoy y que no es exactamente sobre la Conspiraciones de los Soles y Rayos de Bolívar en el sentido clásico que tiene este término en la historiografía cubana, y ya verán ustedes porqué, quiero anunciar algo y es que en el próximo mes de noviembre la Academia de la Historia de Cuba, aquí representada por su vicepresidente y su secretario, realizará un congreso internacional justamente para conmemorar el bicentenario de las conspiraciones que tienen lugar en Cuba en la década de 1820. Y no solamente las conspiraciones que están sucediendo en la Isla, sino también los condicionamientos continentales tanto en la América del Sur, donde está teniendo lugar la última etapa de la lucha independentista hispano americana, como en los Estados Unidos. Porque no podemos olvidar que el año 1823 se enuncia la famosa política de la fruta madura con relación a Cuba, hecho que va a tener tanta repercusión después a todo lo largo del siglo xix. Entonces hago este anuncio y recuerdo también lo siguiente: en el año 1929 la Academia de la Historia de Cuba premió un libro que llevaba justamente el título de Historia documentada de la conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, obra de Roque Eugenio Garrigó y Salido, un abogado matancero, cardenense. Era una figura muy conocida ya, no solamente en el campo de la intelectualidad cubana, sino también en el campo de la política. Había sido representante a la Cámara, había tenido una importante actividad vinculada sobre todo al sector del liberalismo cubano, al partido de José Miguel Gómez y luego de Alfredo Zayas, y esta obra de Roque Garrigó respondía al concurso que la Academia había librado en el año 1925. Tenemos que decir que la Academia reaccionó un poco tardíamente al centenario porque no lo convoca en el año 23, lo convoca en el año 25, y el premio se otorga en el año 27. Las bases del premio decían que se iban a premiar dos obras, un premio y un accésit y que se imprimirían 600 ejemplares de cada uno a cargo de la corporación. Pero lo cierto es que solamente se presentó un trabajo, el de Roque Garrigó, el cual fue aclamado unánimemente por todos los académicos y fue el que finalmente resultó publicado. Es un extenso trabajo en dos tomos y la suma de ambos rebasa las 500 páginas. En buena medida porque en el primer tomo Garrigó le dedica, a mi juicio, demasiado espacio a hablar de cosas que no tienen nada que ver con la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, sino más bien de sus antecedentes, que es la historia de Cuba anterior, y en el segundo tomo sí hay una compilación bastante enjundiosa de alrededor de 70 legajos de la causa que se radicó contra los conspiradores y que está en el Archivo Nacional de Cuba.

Ahora bien, el libro de Garrigó tiene la siguiente tesis: La Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar es un fenómeno netamente occidental, específicamente de la zona habanera o matancera y en menor medida de lo que serían hoy la provincia de Pinar del Río, entonces Nueva Filipinas, pero Garrigó le resta cualquier importancia a las conspiraciones que están teniendo lugar en otras villas y ciudades del centro y oriente de Cuba porque Garrigó dice: primero, no encuentro cuál es el vínculo, cuál es la conexión que puede existir entre lo que está sucediendo en Cienfuegos, en Trinidad, en Sancti Spíritus o en Puerto Príncipe con lo que está sucediendo en Matanzas y en La Habana. Y el hecho de no encontrar ese vínculo lo lleva a subvalorar lo que está pasando en el resto de la isla y a pensar que son acciones que no tienen realmente ningún peso dentro de lo que se está tramando para derrocar al régimen colonialista y alcanzar la independencia de Cuba. Garrigó, por ejemplo, la cuestión de Trinidad la resuelve fácilmente con el famoso pasquín que está reproducido en su libro y que ha sido reproducido después muchas veces que dice con muchas faltas de ortografía «Viva la independencia por la razón o la muerte. El ayuntamiento de Trinidad.» O sea, Garrigó dice ahí hay un pasquín que se pegó en una pared y no dice mucho más. Ignora lo que está pasando en Remedios, y lo que está pasando en Puerto Príncipe, lo reduce únicamente a los sucesos que tienen lugar en Nuevitas. Por lo tanto yo en mi conferencia de hoy a lo que me voy a referir justamente es a lo que no se refiere Garrigó en su libro y lo he titulado: «Frondas bolivarianas en el centro de Cuba», que está dedicado al amigo Hernán Venegas Delgado y dice lo siguiente:

En 1929, la Academia de la Historia de Cuba publicó Historia documentada de la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar,1 obra del académico correspondiente Dr. Roque Eugenio Garrigó Salido, premiada dos años antes en un concurso literario para conmemorar el centenario de la conjura independentista de idéntico nombre.2 El texto de Garrigó, de rancia estirpe positivista, consta de dos gruesos volúmenes, lo que se explica por el detallado relato que hace de los antecedentes históricos en el primer tomo; y la recopilación documental que conforma el segundo volumen, donde se recogen unos setenta legajos, parte de ellos relacionados directamente con la causa judicial seguida contra los conjurados.

La cifra de conspiradores, entre los que resultaron presos, delatados, reos por hallarse convictos de otras causas, fugitivos y sospechosos, sumaba unas seiscientas personas. La cuarta parte de los encartados estaba en Matanzas, incluyendo varios prófugos, entre ellos uno de los más notorios era el Lic. D. José Heredia, joven de diecinueve años que iniciaría con versos inflamados de patriotismo la poesía romántica cubana y era miembro de la Orden de los Caballeros Racionales, sociedad secreta que tenía contactos con los Soles y Rayos de Bolívar, trama conspirativa de inspiración sudamericana.3

El elevado número de inculpados en La Habana, Matanzas, Guanajay, Santiago de las Vegas, San Luis de Guatao, San Antonio Abad, Vereda Nueva, Hanábana, Güira de Melena y Guanabacoa, gravita sobre la tesis de Garrigó de que nos encontramos en presencia de una conjura occidental, específicamente en la región habanera-matancera. Esto es advertido también por el historiador Jorge Ibarra Cuesta cuando afirma: «la Conspiración de Soles y Rayos de Bolívar fue el movimiento independentista más numeroso de la primera mitad del siglo xix. Abarcó a toda la región occidental de la isla, e incluyó al sector más empobrecido de la clase media blanca, al campesinado y a “gente de color” libre».4 Sin embargo, para el astuto gobernador Francisco Dionisio Vives, era evidente que se trataba de una intriga política que traspasaba las fronteras del poniente insular, ya que «no eran esos solos los conspiradores, pues el mal había invadido toda la isla, a la manera que un caudaloso rio en su avenida, se extiende por dilatada campiña».5

Por tal motivo, es inexacto suponer que la confabulación de los Soles y Rayos de Bolívar y la Orden de los Caballeros Racionales fue un asunto exclusivo del oeste cubano, pues numerosas fuentes indican la existencia de focos subversivos de importancia en la zona central de la Isla, como Remedios, Santa Clara, Trinidad, Puerto Príncipe y Nuevitas, las «dilatadas campiñas» que conjeturaba la intuición de Vives. En las páginas que siguen nos detendremos de manera sintética en ejemplos significativos de esta convulsa historia, que hemos llamado de manera metafórica con el nombre de «frondas bolivarianas», en el sentido de múltiples oposiciones al poder colonial con la participación de importantes redes familiares y clientelares de la oligarquía criolla y de los cabildos locales.

» Remedios y Santa Clara

En la región de Remedios, que ya había estado agitada durante los años de la sublevación de Aponte, sobresalen los nombres de Pedro de Rojas y Miguel Monteagudo, miembros de antiguos linajes regionales, así como los curas párrocos de las iglesias Mayor y del Buenviaje Manuel Antonio Balmaseda y Antonio Abad Anido, quienes a su ministerio religioso unían su labor dentro de sociedades secretas locales.6 Entre estas asociaciones estaban aquellas de índole masónica, como las tituladas «El Resplandor de la Divinidad» y «El Contrato Social no. 25», creadas ambas en 1820.7  Otra característica de la inquieta sociedad remediana de los años 1820 fue el auge del bandolerismo rural, cuyas partidas actuaban bajo el pretexto de perseguir fines políticos, es decir, se presumía que estos hombres armados debían apoyar las hipotéticas expediciones colombianas anunciadas por los conspiradores.

En el verano de 1822 un grupo de individuos capitaneados por Miguel Monteagudo, dueño de un puesto de carnes en el mercado público, recorrió las calles de Remedios dando vivas estruendosos a la libertad y a la constitución, lo cual era perfectamente legal en aquel momento; pero a fines del año siguiente, cuando el régimen absolutista fue restaurado y la constitución abolida, el propio Monteagudo se presentó al alcalde a pedirle armas para oponerse a dicha medida, lo cual ha sido interpretado por algunos historiadores, como «un movimiento encaminado a auxiliar a una expedición colombiana que se suponía próxima a desembarcar, y que no llegó, preparada y dirigida por Don Pedro de Rojas».8

Pedro de Rojas fue colaborador notorio de la conspiración habanera, cuyo concilio remediano tuvo al menos dieciséis encartados provenientes de las principales familias de la localidad, miembros de las milicias y la administración pública, así como de unos pocos negros. Sin embargo, en las Memorias del general venezolano José Antonio Páez, el nombre de Rojas no aparece asociado al movimiento colombiano, sino a intentos de realizar acciones de carácter armado con el auspicio de México: «El año 23, el ministro de la Guerra, Sr. Pedraza, había autorizado á D. Pedro de Rojas para las operaciones de corso y para entenderse con los habitantes de Cuba, á fin de fomentar la revolución, que en aquella isla se conoce con el nombre de “Soles de Bolívar”».9

Para realizar sus actividades, Rojas contaba con la complicidad de familiares que detentaban cargos en el gobierno municipal, como el alcalde y capitán don Manuel de Rojas. En este sentido, el cabildo reunido en julio de 1825, se dolía de aquellos vecinos que «titulándose liberales, son desafectos al legitimo gobierno de S. M. el Rey (…) teniendo para nuestra desgracia entre los independientes declarados a don Pedro de Rojas, hijo desnaturalizado de esta villa que anda prófugo y tiene aquí una crecida parentela».10 En esa fecha presidia el consejo el alcalde primero don
Antonio de la Torre y Rojas, miembro de la parentela mencionada en el documento. Uno de los hijos de Pedro de Rojas «salió en 1826 para México desde Cartagena de Indias con el encargo (…) de informar sobre el plan nuevo con los generales José María Carreño, Mariano Montilla y Padilla de común acuerdo con el grupo del trinitario José Aniceto Iznaga».11

Entre 1826 y 1827, Pedro de Rojas se encontraba en México como representante de las Cuatro Villas en unión del villaclareño Tomás González, ante la Junta Revolucionaria Cubana constituida con el auxilio del presidente Guadalupe Victoria y del gobernador yucateco Antonio López de Santa Ana, en un nuevo intento separatista conocido como la Gran Legión del Águila Negra. En 1828 regresa a tierras mexicanas desde los Estados Unidos, junto a otros dos cubanos, Francisco de la O y Miguel A. Machado. A inicios de 1831, Rojas fue condenado a muerte en rebeldía y excluido del perdón real.

En Santa Clara, a raíz de la detención y ejecución en Puerto Príncipe de Frasquito Agüero y Manuel Andrés Sánchez, y del fracaso de la llamada Expedición de los Trece, relacionada con los conspiradores trinitarios, aparecieron proclamas de cariz independentista en septiembre de 1826, y se abrieron imputaciones judiciales contra funcionarios del cabildo, dos regidores, un comisario de policía, el administrador interino de rentas de la Real Audiencia y varios individuos más. Quizás dada la presencia en estos hechos de algunos importantes oficiales españoles y criollos, la denuncia fue suspendida en marzo de 1827.12

» Trinidad

En palabras del veterano conspirador Juan Arnao, Trinidad había sido en el siglo xix «la cuna del idealismo» en las malogradas aventuras separatistas,13 y menciona en este sentido una temeraria expedición procedente de Cartagena de Indias y Jamaica, llamada de manera cabalística «de Los Trece», pues tal era el dígito de sus miembros y también las letras de la palabra independencia, la que desembarcó en Trinidad, después de un frustrado intento de llegar a Puerto Príncipe en 1826, en busca del auxilio de José Antonio Iznaga y Pedro Sánchez.14 El folclor popular campesino dejó constancia de este espíritu levantisco en versos que rezaban: La semilla colombiana/fue dilatada en nacer/pero se vio florecer/de la noche a la mañana.15

Años antes, en 1823, apareció fijado en una pared un pasquín que expresaba, con descuidada gramática, lo siguiente: «Biba la independencia por la razón o la fuerza. Señor alluntamiento de Trinidad. Yndependencia o muerte».16 Por estas fechas, el cabildo trinitario declaraba una continua intranquilidad en la región, motivada por su cercanía a las «provincias insurreccionadas» de América del Sur, las incursiones periódicas de corsarios colombianos en sus costas y «la poca confianza que inspiran los muchos forasteros y gente de color que inciden en el vecindario».17 A ello se sumaba en la vecina Sancti Spiritus que las autoridades locales eran tildadas de «partidarias del desorden» y «grupo insidioso», según los informes del mando militar español.

Si en Remedios en 1822 se daban voces a favor de la constitución y la libertad, en esa misma fecha en Trinidad se proclamaba en las calles, por gentes que deambulaban sin ser molestadas «gritos de independencia y muera la constitución».18 En medio de estas veleidades separatistas, los grupos de poder español y criollo se disputaban el control del régimen municipal, para lo cual contaban con el apoyo del cabildo de Puerto Príncipe. Entre los principales conspiradores trinitarios se hallaban miembros del grupo de hacendados y funcionarios criollos, como Roque Fernández de Lara, contra cuya detención protestó en un periódico local un grupo numeroso de propietarios de ingenios, profesionales y miembros de las clases medias trinitarias.

Otros conspiradores fueron delatados por un capitán de milicias en 1822, y el principal acusado era el juez de letras Gabriel Suárez del Villar, alrededor del cual parecía girar un grupo de familiares y sospechosos de sedición, entre ellos su hermano José Rafael; el teniente del regimiento de León José Antonio Balmañía; Manuel Errasquiza; Juan Betancourt; Blas Dionisio de Piedra, escribano público que difundía máximas escandalosas contra la religión; el presbítero Juan de Dios Sánchez «oprobio del estado eclesiástico que escandaliza con sermones obscenos»; José Antonio Iznaga, de quien se presumía complicidad en la fuga del oidor peruano Manuel Lorenzo Vidaurre y otros a quienes se considera escandalosos, heréticos, amigos o protegidos del juez de letras.19 Sucesivas delaciones se repiten, más a menos con los mismos nombres en 1823 y 1824, y aparecen los casos del hacendado Pio Fernández de Lara y los hermanos José Aniceto, Antonio Abad y José Antonio Iznaga Borrell, pertenecientes todos a conspicuas familias de la oligarquía esclavista trinitaria, las que parecen tener una garantía para sus intereses. Un caso notorio de resguardo a las familias oligárquicas de ideas separatistas es el del militar y opulento hacendado azucarero Antonio Modesto del Valle y del Castillo, cuñado de José Antonio Iznaga y al mismo tiempo amigo del capitán general Francisco Dionisio Vives. Antonio Modesto del Valle fue nombrado gobernador político y militar de Trinidad en 1824 y desde ese cargo estableció «una especie de circulo de protección para (…) José Antonio Iznaga Borrell y sus hermanos en la región trinitaria y en la contigua Sancti Spiritus, para el desarrollo de las actividades independentistas de este último, sus hermanos y correlacionados».20

» Puerto Príncipe y Nuevitas

En Puerto Príncipe hay evidencias tempranas de inconformidad política desde 1809, cuando aparece un pasquín sedicioso, cuya presunta autoría fue imputada al funcionario de la Real Hacienda de Marina Diego Antonio del Castillo Betancourt, quien fue preso por «infidencia, insubordinación y odio al gobierno español».21 Castillo Betancourt era dueño de hatos, estancias, sitios y algunos esclavos, y fue defendido en 1810 por el oidor electo de Caracas, José Francisco de Heredia, oidor provisional en la Audiencia de Puerto Príncipe, quien argumentó a favor del procesado lo siguiente: «la situación no es oportuna para procedimientos ruidosos, y más contra personas que por sus enlaces están unidas con casi todas las personas decentes de uno de los principales pueblos de la Ysla, cuyos individuos, por más fieles que sean, serian otros tantos descontentos al oír las quejas de que podría creerse agraviado, si se continuase el procedimiento iniciado…»22 Luego de este evento aislado, estallaron sublevaciones de esclavos en la región en 1811 y 1812, vinculadas a la conspiración de Aponte,23 y también por esa época fueron sorprendidos cuando redactaban proclamas independentistas en la capital los jóvenes Francisco Agüero Velasco «Frasquito» y Agustín de Varona.24 El primero de ellos tendrá un decisivo protagonismo en una invasión armada a Puerto Príncipe que terminó en fracaso en 1826. Pero desde un lustro antes, los concejales de Puerto Príncipe expresaban su inquietud por la circulación en la Isla de copias del proyecto de independencia mexicano «donde se encuentran máximas demasiado subversivas de las Leyes del Reino», en particular referidas a la población de origen africano y observaban con inquietud la solicitud hecha por pardos y morenos libres de la ciudad de constituir una hermandad legal, lo cual fue rechazado por el cabildo «por estar denegado a los que no son ciudadanos en el ejercicio de sus derechos».25

De igual manera las autoridades de Puerto Príncipe fueron alertadas de la presencia en sus costas de corsarios procedentes de Sudamérica, que navegaban sin ser molestados y podrían significar una amenaza para la ciudad. Una incursión, presumiblemente de «corsarios insurgentes», saqueó el surgidero de La Guanaja en el verano de 1820, y se llevó grandes cargamentos de víveres, cacao, café y cera que estaban cargados en una goleta y dos balandras fondeadas en el puerto.26 La presencia de extranjeros sospechosos de enemistad con la Corona también fue asunto de preocupación del cabildo, como lo demuestra la acusación realizada en 1820 contra el mallorquin Juan Mariano Picornel, médico y escritor ilustrado de ideas republicanas, involucrado en actividades conspirativas en la Península y Tierra Firme. A pesar de la confidencia en su contra, Picornel frecuentó Puerto Príncipe y Nuevitas, ejerció como farmacéutico y maestro, y resultó menos asediado por sus ideas liberales que por celos profesionales de sus pariguales médicos, a los que demostró su pericia clínica con el beneplácito del Protomedicato habanero.27 Un caso más sonado fue el del legendario pirata vasco francés Jean Laffite, capturado en la costa sur de la Isla en 1822 y conducido a Puerto Príncipe, de cuya prisión escapó fingiendo estar herido, y dejó a sus captores las muletas detrás de la puerta «en prueba de la burla que había hecho en la gravedad de sus heridas».28 Tras su misteriosa evasión, Laffite continuó sus fechorías piráticas en las inmediaciones de Nuevitas, en las que atacó embarcaciones de bandera española y estadounidense.

El trienio liberal en Puerto Príncipe fue escenario de luchas por la hegemonía de los elementos criollos contrarios al absolutismo en la diputación provincial, el ayuntamiento y las milicias locales, lo que hizo temer por la pérdida total del control de la ciudad. Esto motivó, en diciembre de 1821, el envío del batallón de León, compuesto de un coronel, 28 oficiales y 400 soldados, el cual perpetró numerosos vejámenes y excesos contra los lugareños, incluyendo la muerte de la joven Ángela Recio Sánchez. En este ambiente enrarecido «los abusos y los atropellos de los leoneses eran mayores cada día, pero ni los sables ni las bayonetas pudieron impedir que, en repetidas ocasiones, resonaran los gritos de “¡Mueran los godos! ¡Viva la independencia!”».29

La militarización de Puerto Príncipe no debilitó la rebeldía de los concejales, quienes se oponían a aquella demostración de fuerza y así lo manifestaron en la elección del cabildo de 1822, que fue cooptado por los realistas con apoyo de las tropas españolas. El nuevo consejo lanzó acusaciones de «cadenistas», nombre derivado del apelativo «Cadena Eléctrica» o «Cadena Triangular»30 que adoptó en la región la conspiración separatista, contra diversos funcionarios criollos: el juez de letras Gaspar de Arredondo; el regente Joaquín Bernardo de Campuzano, por haber manifestado «el deseo inoportuno de conciliar los partidos»; el intendente Pedro Ruiz de Ortega «por ser empleado perjudicial a la quietud pública de la Isla»; el comandante de marina Pablo Guillén «conocidamente cadenista»; el magistrado Manuel Vidaurre «por ser el origen de todos los males que se causaban en el país por sus ideas liberales tan exaltadas» y muchos individuos de buena posición.31 Otros conjurados que se mencionan son el joven Pedro Recio Sánchez, José María Tejada, José María Ortega, Tomás Estrada, Francisco Cossío, José Varona, los hermanos Agustín, Antonio y Manuel de Jesús Arango, Pedro María Agüero, José Rafael Castellanos, José Mariano Castillo y el licenciado Alonso Betancourt.

Al parecer, la organización de la conspiración camagüeyana, llamada indistintamente «Cadena Eléctrica», «Cadena Triangular de Bolívar» o «Sociedad Patriótica Liberal de Puerto Príncipe», guardaba algún tipo de inteligencia en relación con el grupo habanero-matancero.32 Era miembro de esta sociedad el tipógrafo José Minueses, en cuyo taller se imprimían las obras del oidor Vidaurre, quien huyó de Puerto Príncipe a mediados de 1823 con ayuda del trinitario José Aniceto Iznaga, y un periódico titulado El patriota Principeño, cuyo primer número apareció en abril de 1822 y su línea editorial era francamente liberal y racionalista. Otro tipógrafo, conspirador en Nuevitas, fue Pedro Pascasio Arias y Céspedes, teniente de las milicias disciplinadas de Puerto Príncipe y dueño de la imprenta La Filantrópica (antes llamada Tormentaria) en La Habana, donde junto al impresor José Miguel Oro compuso las principales proclamas de José Francisco Lemus y cuya captura era considerada por Vives tan valiosa como la del propio Lemus. En comunicación del capitán general al coronel Francisco Sedano, teniente gobernador del Príncipe, le expresaba: «la rebelión presenta un carácter serio y alarmante, porque los conspiradores con promesas falaces han logrado seducir a muchos negros y mulatos, falta solo la prisión de D. Pedro Pascasio Arias, que es tan importante».33

Al mismo tiempo que se conspiraba en secreto, las pasiones políticas podían encontrar cauces violentos, como los ocurridos en junio y septiembre de 1822, cuando soldados españoles maltrataron a algunos vecinos sin que mediara ninguna ofensa, y resultó herido en una de esas agresiones el capitán general interino Sebastián de Kindelán; o el evento del 27 de mayo de 1823, cuando fue muerto de un trabucazo el espía y delator del gobierno Pablo Timán, por don Gaspar Betancourt Moncada, apodado El Bayamés. La condena al agresor resultó sobreseída y el proceso judicial fue dilatado por el fiscal Pablo Jurado, quien «insistiría ante el Capitán General para suspenderla en aras de la tranquilidad de Puerto Príncipe».34

A finales de octubre, el capitán general Vives ordenó el traslado a la capital de la Audiencia de Puerto Príncipe «para el más pronto despacho de la causa allí formada contra los traidores que proyectaron e intentaron proclamar la independencia de la Isla».35 En esa misma fecha, el ayuntamiento controlado por los realistas daba cuenta de que «aquí debía darse el primer grito de independencia para que corriese desde este centro a los extremos, comprometiendo a los pueblos a repetirlo (…) rebelión que tienen preparado tanto tiempo hace las asociaciones secretas de todos los pueblos ligados con tan estrechos vínculos».36

Entre esos pueblos que menciona el acta del cabildo estaba la cercana población de Nuevitas, donde se fraguó una conspiración que pretendía tomar el puerto y ocupar el fuerte militar, con auxilio de tropas provenientes de Colombia. Según el delator de este hecho, Francisco Hidalgo, al frente de los conjurados se encontraban Francisco Acosta y «Frasquito» Agüero, este último tenía en Nuevitas el apoyo financiero y logístico de su tía Loreto de Velasco, dueña del ingenio Buenavista. Conocido el caso, Acosta declaró su inocencia e incriminó a «Frasquito», a quien había hospedado accidentalmente en su casa y luego lo había expulsado al advertir sus propósitos insurgentes.

El alcalde de Puerto Príncipe, Ignacio Agramonte Recio, lo emplazó a presentarse ante las autoridades por el delito de «conjuración para la rebelión y declaratoria de independencia», aviso que fue publicado en el periódico El amigo de la paz el 26 de agosto de 1823. Se decía que Frasquito había manifestado que «iba a poner las leyes en manos de los cubanos para que fueran libres» y «ponderaba las grandes ventajas que resultaban para Cuba de hacerse independiente bajo la protección de Colombia».37 Por esas fechas, Agüero ostentaba el Tercer Grado Simbólico de la logia masónica San Juan perteneciente al Oriente de Puerto Príncipe, cuya sede era el domicilio de Alonso Betancourt, primo suyo y mentor de sus ideas políticas. Nuevamente vemos en acción redes familiares que se apoyan moralmente y encubren planes sediciosos bajo mantos de silencio.

Frasquito Agüero y Pedro Pascasio Arias lograron escapar a Estados Unidos, y allí se unieron al grupo trinitario de los hermanos José Aniceto y Antonio Abad Iznaga Borrell, los que junto al guayaquileño Vicente Rocafuerte, el rioplatense José Antonio Miralla y los principeños José Agustín Arango, Alonso Betancourt, José Ramón Betancourt, Fructuoso del Castillo y Gaspar Betancourt Cisneros, mantuvieron intensos cabildeos en pro de la independencia con embajadas ante los gobiernos de Estados Unidos, México, Colombia y Perú, entre 1823 y 1826.

Los hechos narrados alrededor de las conspiraciones en la zona central de Cuba, plantean interrogantes de gran importancia, que surgirán nuevamente en la época de las maniobras anexionistas, un cuarto de siglo más tarde en esta misma región: ¿Cómo entender que familias de acaudalados hacendados esclavistas aparezcan conspirando contra el poder metropolitano, que es la garantía última de su propiedad y su riqueza?, ¿No había demostrado con elocuencia la revolución de Haití, que cuando los amos peleaban entre sí, la ganancia era para los esclavos?, ¿Cuál era la ideología política de estos grupos oligárquicos, liberales en economía y en algunos casos con posturas anticlericales? 38

Lo cierto es que, tanto en el caso remediano como trinitario y principeño, los confabulados contra el absolutismo, por convicción o por conveniencia, eran miembros conocidos de la oligarquía local, y entre ellos descubrimos plantadores, militares, funcionarios y religiosos, a los que se unen profesionales y comerciantes, vinculados de un modo u otro a órdenes secretas y sociedades masónicas. Un hecho resulta decisivo en las zonas del centro de la Isla, y es la presencia de numerosas redes familiares y clientelares, las que tienen entre si compromisos, afinidades y obligaciones de diversa índole, además de la solidaridad que existe entre los cabildos de estas villas, tradicionalmente díscolos y contestatarios al poder colonial hispano.

Después de examinar la composición y origen familiar de los principales complotados en la región central de la Isla, estamos en presencia de una dimensión clasista muy diferente a lo que asevera el fiscal de la causa en la zona de Occidente, que afirma involucró en su mayoría a «gentes sencillas e incautas (…) jóvenes irreflexivos y candorosos campesinos», que actuaban de manera espontánea y errónea, movidos por la ignorancia, la falta de previsión y «móviles ajenos y desacostumbrados»?39 Tampoco se sostiene para el centro de Cuba la tesis de Domingo del Monte, en su extenso memorial a la reina, en que pide leyes especiales para la Isla, donde afirma que los promotores de las conspiraciones fueron «unos cuantos hombres insignificantes, sin nombradía honesta de ninguna clase, sin mérito particular que los distinguiese; si se exceptúa al poeta Heredia, pillos y jugadores los más, traficantes de negros y uno que otro hombre honrado».40

Un caso diferente es el del sacerdote ilustrado Félix Varela, quien desde su exilio en Filadelfia realizó un detallado análisis crítico del papel, en su opinión muy negativo y disolvente de la unidad del cuerpo social, de la presencia de sociedades secretas como medio conveniente de promover la independencia de la Isla.41 En sus artículos del periódico El Habanero,42 Varela se distanció de las tentativas independentistas con auxilio de países extranjeros como Colombia o México cuando afirmó «No hay que alucinarse. Yo soy el primero que estoy contra la unión de la Isla a ningún gobierno, y desearía verla tan Isla en política como lo es en la naturaleza; pero no puedo persuadirme de que si llegase a efectuarse la unión a Colombia, no fuese por la voluntad del pueblo, sino por una conquista»43 y censuró con acritud la Conspiración de Soles y Rayos de Bolívar, la que calificó con ironía: «Esta decantada conspiración, que tanto ruido ha hecho, en realidad no consistía más que en unos esfuerzos inútiles por innecesarios para generalizar entre los naturales la opinión de independencia y tenerlos dispuestos para cuando llegase el caso (…) En mi concepto las llamadas conspiraciones si han hecho algo en favor de la independencia ha sido proporcionar que haya muchos presos y otros que teman estarlo».44

La prédica independentista de Varela tomó entonces otro perfil táctico y estratégico, bajo la fórmula que denominó «revolución por los de casa», idea expresada en varios de sus escritos en El Habanero: «Esta empresa, por no deber nada a nadie ni política ni económicamente, tiene todo el prestigio de la espontaneidad. Se halla libre de todo influjo extranjero (…) En una palabra: todas las ventajas económicas y políticas están en favor de la revolución hecha exclusivamente por los de casa, y hacen que deba preferirse a la que pueda practicarse por el auxilio extranjero».45

Edelberto Leiva Lajara: Buenas tardes. Yo comienzo agradeciendo, por supuesto, la posibilidad de estar acá con ustedes contribuyendo un poco a conversar sobre estos interesantes procesos que en la década del 20 del siglo xix prácticamente van a llenar toda una etapa de la historia de Cuba, y específicamente yo quiero comentar algunas cosas con ustedes, reflexionar un poco acerca de otra de las conspiraciones conocidas cuyo desarrollo se enmarca precisamente, en lo que a Cuba se refiere, en este caso en la segunda mitad de la década del 20, que es la conspiración que conocemos como La Gran Legión del Águila Negra. Como en el caso de la conspiración de las que hablaba anteriormente el colega Félix Julio, en el caso de la Gran Legión del Águila Negra, historiográficamente hablando, uno de los logros más importantes que tenemos se debió precisamente a otra convocatoria de la Academia de la Historia de Cuba en el año 1929, ala que él hacía referencia fue en el año 27, en el año 1929, cuyo tema era el de una historia documentada de la Conspiración de la Gran Legión del Águila Negra, que fue ganada por Adrián del Valle con un texto que obviamente llevaba ese nombre. Yo lo menciono porque lamentablemente de entonces a acá no podemos decir que se ha progresado mucho, historiográficamente hablando, en el conocimiento de lo que fue este movimiento. Claro, las conspiraciones de este tipo representan todo un reto desde el punto de vista investigativo porque el carácter secreto que tenían normalmente obstaculizan el hecho de que podamos tener acceso a un grupo de documentación que en muchos casos fue destruida por los propios protagonistas cuando se sintieron amenazados por las autoridades.

En el caso de la Conspiración de la Gran Legión del Águila Negra lo que tenemos fundamentalmente como fuente es el informe que hace el fiscal de la causa para ser presentado en el proceso de la acusación y del juicio que se le hace a los implicados. Les decía que no hemos avanzado mucho; al menos yo solo conozco un texto importante, lamentablemente, y tengo que decirlo, no nuestro, no de un historiador cubano, sino de una francesa, Dominique Soucy, que a comienzos de este siglo que transcurre publicó un texto dedicado específicamente al estudio de la Conspiración de la Gran Legión del Águila Negra, que es un proceso que tiene determinadas características que lo diferencian en cierto sentido de la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar. En el caso de la Gran Legión del Águila Negra estamos ante una organización que fue creada en México específicamente el 30 de mayo del año 1823 y en su creación estuvieron implicados fundamentalmente dos personalidades interesantes, Guadalupe Victoria, que en ese año ya estaba próximo a convertirse en el primer presidente de la República de México, hecho que ocurriría en el año siguiente, 1824, y en segundo lugar un personaje habanero de nombre Simón de Chávez, ex sacerdote bethlemita, que a la sazón ostentaba el grado de coronel del ejército mexicano. Y son las dos personas que están vinculadas más directamente a la creación de lo que fue la Gran Legión del Águila Negra, que es una organización, repito, que se crea en México y en torno a la cual existe todo un grupo de dudas, historiográficamente hablando, que ha sido valorada desde determinados puntos de vista y que presenta al menos dos problemas importantes para nosotros: primero el problema de cuál era la intención que se tuvo de inicio con la creación de esta entidad en tanto algunos autores que lo valoran plantean que fue ante todo una creación de Guadalupe Victoria con la intención de establecer un soporte político para catapultar y viabilizar el ascenso de su carrera política en México. Era algo que estaba bastante en consonancia con lo que en la época estaba ocurriendo en el área en tanto organizaciones de este tipo, secretas, en cierto sentido se estructuran vinculadas a la masonería y, solo he dicho vinculadas, no he dicho estructuras masónicas propiamente, que ante la ausencia de partidos políticos se van a convertir o al menos van a suplir en cierto modo la ausencia de una sociabilidad política más cercana a las modalidades europeas.

Pero por otra parte la presencia de Simón de Chávez y de otras personas que formaron parte del núcleo inicial de la conspiración y el modo en que un grupo de exiliados cubanos se incorporan a esta organización, incluso algunos que viajan exprofeso a México directamente para incorporarse a ella, plantean la posibilidad de que haya sido creada también desde el inicio con el objetivo de contribuir en cierto sentido a la separación política de Cuba con respecto a España. No voy a usar el término independencia de inmediato porque yo creo que tiene otras connotaciones, por lo menos en esta década del 20 de la que estamos hablando. Pero lo cierto es que la actividad tiene esa especie de dualidad y vista en el tiempo pues pudiéramos afirmar hoy que de hecho estas dos intencionalidades están presentes desde el momento de su creación. Porque la evolución de la Gran Legión del Águila Negra en México va a estar marcada por el ascenso político de Guadalupe Victoria que al ser presidente prácticamente le da un espaldarazo a la institución, que a pesar de su carácter actúa libremente en territorio mexicano y va a servir, obviamente, para la intención política a la que hemos hecho referencia. Por otra parte, en el momento en que esta entidad se extiende a Cuba va a encontrarse en un contexto distinto, va a ser como una ramificación cuya esencia estaba precisamente en el secreto. O sea, se convierte en una entidad conspirativa cuya actividad se mantiene en secreto porque sencillamente conspirando para la separación política de Cuba con respecto a España corre el peligro de ser perseguida y desarticulada por las autoridades españolas. Por tanto desde su comienzo la Gran Legión del Águila Negra va a tener esta dualidad e incluso se ha hablado, y Dominique Soucy así lo hace, de una especie de bicefalia. Porque tenemos una rama en México, tenemos otra rama en Cuba; son como dos cabezas que en cierto sentido van a implicar contradicciones internas, debilidad en el accionar y la dependencia de lo que se va a estar tramando en relación con Cuba, así como todo un grupo de factores que tienen que ver con la política interna también de México y con el contexto regional que se está desarrollando en esta década del 20 a la que estamos haciendo referencia.

La entidad fue creada el 30 de mayo del año 1823 específicamente en el Puente de la República, provincia de Veracruz. Hay que decir que el propio Guadalupe Victoria en ese momento era comandante militar de Jalapa y en el hecho de su creación hay varios aspectos que llaman la atención. Primero, en la institución de la Gran Legión del Águila Negra se expresa que hay un objetivo fundamental de la entidad, que es contribuir al logro general de la libertad de las Américas, no de Cuba, al logro general de la libertad de las Américas. Cuba, no se menciona explícitamente en ningún caso. Y hay otro elemento importante para entender cómo la organización se veía a sí misma: en este mismo documento fundacional la organización se hace igual explícitamente a todas las organizaciones de carácter masónico, los comuneros y los carbonarios. De ese modo se está deslindando, se está separando de las organizaciones que en la época estaban vinculadas directamente a la actividad política, aunque ella misma se entiende como una entidad creada para este objetivo también. Por otro lado admite solo a americanos; la Gran Legión del Águila Negra admite en su interior solo a los americanos y explícitamente expresa que no pueden ser miembros de la organización los europeos, incluso aquellos europeos que de un modo u otro hayan sido favorables a la independencia de América. Estos no pueden ser miembros. Obviamente, tampoco podían ser miembros las mujeres, no podían ser miembros los menores de 20 años y tampoco aquellas personas que hubieran cometido delito. Es decir, solo para americanos era la entidad. Y este rasgo se va a conservar posteriormente, cuando transita hacia Cuba. Su estructura interna es un poco llamativa, contaba con un líder supremo que llevaba el nombre o era conocido como el Varón Fuerte. El Varón Fuerte radica en América, el Varón Fuerte es Guadalupe Victoria, el fundador, el creador de la entidad. Al mismo tiempo se estaba previendo la presencia en Europa de un segundo líder, que sería conocido como el Gran Varón. No sería superior al Varón Fuerte, pero ese Gran Varón, reconocido como tal, fue Enrique Mayi, proto-médico radicado en la ciudad de Londres.

Pero no sabemos nada, o no conocemos mucho, para no emplear términos absolutos, de la actividad que de alguna manera pudo haber desarrollado la entidad en Europa. Aunque lo cierto es que la institución estaba previendo esa posibilidad. Tenía lo que se llamaba socios de primera clase, que era una especie de élite dentro de la entidad, nombrados directamente por los Varones, con una serie de atribuciones, los llamados claveros, que integraban una especie de líderes a nivel de provincias y eran los que iniciaban a las personas que se integraban a la institución. En esto obviamente hay cierta semejanza con la estructura masónica, una estructura por grados. En el caso de La Gran Legión del Águila Negra eran cinco grados los que estaban previstos, los tres primeros con acceso bastante general, más fácil, pero con un cuarto y quinto grados para los cuales se advertía explícitamente que serían admitidas muy pocas personas.

Esta es la estructura que originalmente se plantea dicha entidad, que por otra parte declara no tener locales destinados específicamente a reuniones. Según su estructura de ingreso solo se conocía a la persona que te iniciaba, el iniciado solo conocía a quien lo había iniciado o a quienes él posteriormente iniciaba, si alcanzaba la potestad para eso, y por tanto eran pocas personas las que se conocían entre sí y todo el mecanismo de comunicación estaba previsto de esa manera. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, lo único que quiero dejar bien señalado es que era una estructura favorable para la actividad conspirativa como lo fueron en términos generales las logias masónicas por su estructura cerrada, pero que en este caso declara no ser una estructura masónica.

Yo les decía que a la Gran Legión del Águila Negra se integra rápidamente un grupo de exiliados cubanos, algunos de ellos que habían estado vinculados a la fracasada conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar. ¿Cuándo se extiende la Legión del Águila Negra a Cuba? Bueno, pues a pesar de que desde el inicio estuvo muy presente la posibilidad de una expedición hacia Cuba, una expedición de carácter militar, no es sino tres años después de su creación, o sea en el año 1826, cuando se produce la extensión de la organización directamente a territorio cubano. Y ese año de 1826 es llamativo. ¿Por qué? Porque es un año en que parecen cuajar los planes de organización de una expedición desde México hacia Cuba, una expedición destinada a acabar con el dominio español en Cuba, y en ese sentido adquiere obviamente toda la lógica del mundo la necesidad de extender la organización a Cuba. ¿Para qué? Para que sirva de apoyo interno a esa expedición que en su preparación está protagonizada por el general López de Santa Ana. Hay que decir que desde 1824, por lo menos, el centro de los intentos de organización de expediciones del continente hacia Cuba se traslada hacia México y hay una gran presencia no solo de exiliados que están en México, sino también de un grupo de exiliados que radica en Nueva Orleans, Estados Unidos, y de algunos que se encuentran en Colombia, que fue de donde primero se había intentado organizar la expedición, pero fracasados esos intentos comienzan a desarrollar su actividad en el entorno mexicano. En 1825 ó 26 esa expedición parecía tener visos de realidad extremadamente fuertes. Y en ese año de 1826 un músico de origen cubano, José Rubio, radicado en México, viaja a La Habana y trae consigo los estatutos, el acta de creación de la Gran Legión del Águila Negra, para entregársela al licenciado Manuel Rojo, con quien el mismo Simón Chávez, al parecer, había establecido relación anteriormente con la intención de que Manuel Rojo se encargara de la organización de la Gran Legión del Águila Negra en Cuba. Eso está ocurriendo en el año 1826. A partir de ahí todo parece indicar que comienza la estructuración de la organización en Cuba, que tiene sus características. Porque algunas de las cosas que yo les había mencionado como característica de la Gran legión del Águila Negra no se aplican en Cuba, son adecuadas. Esta institución en Cuba es mucho más simple. Por ejemplo, el sistema de grados se elimina en su totalidad, el sistema este complejo de grados en el ingreso se elimina en su totalidad. La edad límite para ingresar se sube un poco más: hay que ser mayor de 25 años, de 25 en adelante para poder ser miembro de la organización. Y a partir de ahí parece ser que comienza realmente a estructurarse la Legión del Águila Negra en Cuba, vinculada a estos intentos de enviar la expedición a la Isla.

Ahora, cuando en el mismo 1826 cesan estos intentos de enviar a Cuba la expedición que mencionaba, por razones que no voy a entrar a analizar en extenso, pero que tienen que ver con el famoso Congreso Anfictiónico de Panamá y con el inicio de la oposición explícita del gobierno de los Estados Unidos a los intentos de intervención en Cuba de ejércitos provenientes de cualquier lugar de la antigua América española. La organización va a seguir existiendo en la isla, pero también todo parece indicar que entra en una fase más bien pasiva y no tenemos conocimiento de que entre 1826 y 1829 haya realizado realmente una actividad notable porque tampoco conocemos mucho de quiénes fueron los miembros de La Gran Legión del Águila Negra en Cuba. Solo sabemos de aquellos que fueron procesados porque sus nombres aparecen y a los cuales en muchos casos solo se les pudo probar por la presencia de un documento que tenían que firmar en el momento en que eran iniciados en la organización, pero no tenemos conocimiento, hasta el presente, acerca de la presencia, de la posible implicación de personas de cierto nivel social, político, económico en Cuba que formaran parte de esta entidad. Lo que conocemos es que casi todos eran personas provenientes de sectores, digamos, no podemos ubicarlos en la base de la sociedad, en los sectores más desfavorecidos, pero tampoco ubicados en la cima, en la cúspide de la pirámide social. Es decir, no había grandes hacendados ni grandes esclavistas, no había nombres de la élite cubana entre los que conocemos. Decía que la información que tenemos mayoritariamente proviene del informe del fiscal, que es el que sirve para el encausamiento de las personas que han sido identificadas como posibles miembros de la Gran Legión del Águila Negra. La denuncia que se hace ante las autoridades españolas está presente en una carta que escribe el 23 de diciembre del año 1829 el ministro de España en Filadelfia, en la cual le comunica a Francisco Dionisio Vives, Capitán General durante largos años, durante toda la década del 20 en Cuba, que ha llegado a su conocimiento que alguien nombrado José Solís, en realidad se llamaba José Julián Solís, nativo de Nueva Orleans, pero residente en La Habana, era conspirador y que estaba vinculado con los rebeldes mexicanos, en una organización de la que él no conoce bien el nombre porque dice que es una organización que él piensa que se llama Los Sanjuaninos o algo parecido.

En enero del año 1830 Solís es hecho prisionero, él y su padre, a finales del mes de enero comienzan los interrogatorios y es a raíz del interrogatorio a Solís que comienzan a aparecer algunos nombres vinculados a la Gran Legión del Águila Negra. Y ese es el proceso que conocemos. No conocemos realmente mucho más. Sabemos que hubo al menos tres procesos paralelos si tomamos cada sentencia de las pronunciadas como resultado de un proceso: una sentencia en el mes de julio, otra sentencia en el mes de agosto y una última, que es la causa principal, una sentencia dictada el 30 de noviembre del año 1830 en la que fueron encausadas cerca de 30 personas y fueron emitidas algunas sentencias de muerte, por lo menos 6 sentencias de muerte, aunque la mayor parte de las condenas recayeron en el ámbito de la prisión, a los presidios en África, en España, o destierros de la Isla de Cuba. Hubo varias personas que resultaron absueltas porque no se les pudo demostrar que fueran miembros de la conspiración, y curiosamente eran las únicas personas que tenían cierto rango dentro de la estructura social de Cuba entonces. Había un hacendado que había sido acusado por Solís de tener en sus terrenos dos cañones previstos para el momento de apoyar la proyectada intervención desde México. Estos cañones no pudieron ser hallados y por tanto esta persona fue absuelta. El mismo Manuel Rojo, que fue a todas luces posiblemente el organizador principal de la Gran Legión del Águila Negra en Cuba, finalmente no fue condenado a prisión, aunque sí a destierro. Y esas fueron todas las condenas que efectivamente pudieron dictarse en el proceso seguido por la conspiración de la Gran Legión del Águila Negra. Curiosamente, las condenas no tuvieron mayores implicaciones en la vida personal de quienes estuvieron procesados, porque el 15 de octubre del año 1832 Isabel II decretó a nombre de Fernando una amnistía que involucraba a todas las personas que habían sido encausadas por motivos políticos. Esto, obviamente, alcanzaba a quienes habían sido condenados en el proceso de la Gran Legión del Águila Negra y por tanto no cumplieron sus condenas. Por cierto, todas las condenas a muerte habían sido sobreseidas, ninguno fue ejecutado, y a todos los desterrados se les permitió regresar a Cuba. No pudieron obviamente ocupar los puestos que pudieran haber ostentado antes del proceso, pero se les abríó la posibilidad de incorporarse a la sociedad. Uno de ellos, de apellido Ugarte, no solo fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, sino que ocupó la secretaría de la sección de Agricultura y también de la de Instrucción Pública. En décadas posteriores lo encontramos ocupando estos cargos a los que hago referencia. Por lo tanto ni siquiera fue inhabilitado por el proceso al que había sido sometido.

Este es un recorrido muy breve debido a que no sabemos mucho más, habría que intentar encontrar documentación distinta a la que poseemos hoy en día, la mayor parte de ella, obviamente, en el Archivo Nacional de Cuba, casi toda publicada, lo fue por Adrián del Valle en sus piezas fundamentales en 1930, cuando se imprime su libro. Luego, cada vez que alguien ha escrito sobre el tema ha reproducido una parte de esta documentación, pero hay muy poco que nos permita realmente tener una idea de quiénes pudieron, además de los encausados, estar implicados en la conspiración. Esto resultaría útil porque permitiría conocer cosas que hoy en día se nos escapan. Después de 1826 los implicados no hicieron nada más, se dedicaron solamente a esperar a que cambiaran las circunstancias y así lo sugieren algunos autores que han investigado a la conspiración. Sabemos que por lo menos hasta noviembre de 1829 se estuvieron haciendo incorporaciones porque José Machado, que fue uno de los procesados, tenía un documento que mencionaba su incorporación a la Gran Legión del Águila Negra en el mes de noviembre de 1829. En diciembre fue la denuncia y en el mes de enero de 1830 ya estaban procediendo a la aprensión de todos los implicados. O sea, hubo hasta entonces actividad. Hay personajes interesantes como Mateo Somellán, por ejemplo, uno de los encausados, que no estuvo presente en el juicio. Era un hombre que tenía antecedentes porque había sido sorprendido anteriormente introduciendo en una embarcación por el puerto de La Habana unos barriles que le habían llegado supuestamente cargados con habichuelas, pero donde venía en realidad pólvora que Somellán, obviamente, no iba a utilizar para hacer fuegos artificiales ni mucho menos; era bastante pólvora. No sé cómo logró salir de ese embrollo, no lo he podido descifrar. Pero después quiso utilizar la embarcación de José Julián Solís, el que denunció finalmente la expedición, una embarcación que tenía él con ciertas piezas de comercio, para actividades contra las autoridades españolas, contra la navegación española en el área de las aguas cubanas. No pudo hacerlo, pero son antecedentes. El hombre fue hecho prisionero y encarcelado en La Fortaleza de La Cabaña, pero se las agenció para escapar de allí antes de que se realizara el proceso. Fue juzgado, fue condenado, pero nunca le pudieron poner las manos encima y no se pudo hacer efectiva la condena.

Y así hay varios episodios llamativos, curiosos, que permiten atisbar que todavía hay algo más que es necesario investigar sobre esta conspiración que cierra el ciclo de las conspiraciones separatistas. Ese es el término que por lo menos yo prefiero usar para no usar indiscriminadamente el término de conspiraciones independentistas porque no todas tenían la misma naturaleza. Estas conspiraciones separatistas llenan la década del 20 del siglo xix en Cuba y luego se interrumpieron durante largo tiempo porque las condiciones no resultaban favorables y porque las circunstancias llevaron a otras opciones políticas como la opción anexionista, por ejemplo, que ocuparon espacios durante cierto tiempo más importantes en el escenario político cubano. Esto era lo que yo quería compartir con ustedes. Muchas gracias.

Roberto Méndez: Yo agradezco las intervenciones de mis compañeros de mesa porque me ahorran un margen importante para trazar algunas circunstancias en torno a la vida y pensamiento de José María Heredia. Como ustedes recordarán, José María Heredia nace en Santiago de Cuba, en 1803 pero realmente Heredia posiblemente no tuviera recuerdos de Santiago de Cuba, nace allí, es trasladado de niño y va a tener sucesivas estancias en Santo Domingo, en Caracas y después en México. A continuación leeré el texto que he escrito para este encuentro.

 

LA ESTRELLA DE CUBA

La formación del concepto de Patrian en José María Heredia

Cuando José María Heredia (1803-1839), el primero de los grandes poetas cubanos, radicado en México con su familia, con apenas diecisiete años, asiste al restablecimiento de la Constitución española en 1820, vive un momento de fervor especial. Así lo demuestra la carta que el 3 de mayo dirige a su padre, para justificar la composición de algunos textos patrióticos, cuyos ecos, deformados por rumores, había alarmado al jurista:

Sí, padre mío: no es esta la primera vez que encendido en el amor de mi patria la dirijo mis ecos. Al verla gemir bajo el maldito azote de la tiranía, me sentí mil veces arrebatado de un extraño furor, y en lo más escondido de mis delirios la vi correr al campo de la gloria, sacudir el yugo de sus opresores, y fijar para siempre los cimientos de su libertad al eco sólo de mi voz que la reanimaba.46

El primero de estos textos es una oda «A la paz», en la que se exalta al virrey Juan Ruiz de Apodaca, Conde del Venadito, amigo de la familia, por haber restaurado la Constitución en México, al calor del éxito del movimiento liberal en la Península. El texto no pasa de ser una ingenua e hiperbólica alegoría. Un tono semejante tiene el «Himno patriótico» que compone para ser cantado en el Teatro de México, por el mismo motivo. Heredia, muy al margen de la política real, cree que Fernando VII juró sinceramente la Constitución y que Apodaca será su adalid en Nueva España.

Más interesante resulta la oda «España Libre», donde el poeta procura emular el acento del poeta Manuel José Quintana, del que ha tomado, como epígrafe, dos versos de su oda «A España, después de la Revolución de marzo», escrita en 1808: «¡Antes la muerte / Que consentir jamás ningún tirano!». El texto herediano, una alabanza al movimiento constitucionalista de Cádiz, al que ve como heredero de las glorias de la Guerra de Independencia contra los franceses, alaba tanto a Riego y a Quiroga como a Fernando VII.

Sin embargo, es en este poema donde se produce la eclosión del yo poético de Heredia. Con una notable fuerza expansiva, el joven abandona el terreno del himno de ocasión y el complaciente canto alegórico, para probar sus fuerzas en la oda: va de la mano de Quintana, aún está lejos de haber hallado su propio tono, pero su endecasílabo se ha hecho resistente y fluido, la expresión de las ideas ha ganado en vigor y altura y va encontrando una adecuación entre el asunto y su propio temperamento, entre los desbordamientos de la expresión, que anuncian el romanticismo y el cuidado de los moldes formales concebidos como muros de contención del oleaje verbal. En este decisivo 1820, Heredia pasa de ser un versificador culto a la condición de poeta. Es en este texto donde llama Patria a España:

¡Oh vergüenza! ¡Oh dolor! ¡oh patria mía!
¿Eres la misma acaso que algún día
Tu nombre excelso en alas de la gloria
De polo a polo resonar hiciste? 47

Ni a su Cuba natal, ni a las adoptivas tierras de Santo Domingo, Venezuela y México, había dado él, en los tres lustros precedentes de su vida, tal título. Ha sido huésped gratamente recibido en todas partes y a todas ha dedicado amables palabras, pero a su inquieta condición va a impresionarle los sucesos en torno a la lucha entre absolutismo y constitucionalismo en el suelo español que irradian de allí a Cuba, a México, a la América toda.

Ligado a España por la lengua, la tradición, la historia común, por primera vez se detiene —como la mayoría de sus contemporáneos— a reflexionar sobre la existencia de, al menos, dos Españas: la imperial, conservadora y absolutista de un lado y del otro la liberal, constitucionalista y moderna. Lejos del epicentro del movimiento, no puede juzgar los sucesos y aún las intenciones de sus protagonistas al detalle. Los acontecimientos se le revelan a distancia como un gran lienzo barroco, dividido en grandes masas de luz y sombra. Formado por su padre en el respeto a las leyes y a las normas éticas sociales y privadas, es capaz de creer que un monarca como Fernando VII, por la sola fuerza espiritual de la Constitución, ha tenido que jurarla y, por tanto, serle fiel, a la vez que como muchos, aún más maduros que él en asuntos de política americana, confía en que una España libre y constitucional debe traer el fin del sueño imperial y la libertad de América.

De ahí que en Heredia la noción de Patria, aunque temporalmente se denomine así a España, esté fuertemente ligada a una utopía: la Madre Patria lo es porque ante todo representa una comunidad ética, en ella se atesoran los ejemplos de Guzmán el Bueno y Padilla y los excesos del absolutismo han sido lavados con la sangre de los héroes de la Guerra de Independencia y los defensores de la Constitución. Adherirse a ella, en cualquier parte del mundo, es un acto de voluntad moral. Martí ha dicho que Heredia quiso a la libertad «patricia más que francesa», esta condición nada tiene que ver con la élite de los poderes económicos y políticos de la Nación, sino con la comunidad de los varones selectos que comparten una axiología donde tienen lugar relevante, como entre los romanos de la República: el amor a la verdad, el rechazo a toda forma de despotismo y el alto valor dado al sacrificio personal para salvar la Patria.

Esta Patria es de la que él dice en «España libre» que «El morir por la patria es bella muerte», anticipándose sin saberlo a uno de los versos del Himno de Bayamo, por eso puede dirigirse a los mártires y decirles: «Mi inútil vida por vosotros dando,/ A la adorada patria serviría/ Conforme a mi anhelar y mi deseo.»

Este sueño patricio pretenderá encarnarlo Heredia en el mundo de la élite criolla habanera, así como en el constitucionalismo mexicano. Ambos le decepcionaron profundamente, de ahí que su fin trágico está asociado, más que con la separación geográfica de Cuba, con el imposible de materializar esta utopía y fundir en un sitio ética, paisaje, historia o, para decirlo en términos griegos, fundar en él su areté.

El destino de Heredia es el de ser, siempre y en todas partes, el desterrado, porque no puede fundar la Patria soñada, ajena siempre al realismo político y al interés particular. Mas esta misma condición, arrancándola del apego a circunstancias demasiado puntuales, dio fuerza e irradiación a su poesía y permitió que en ella, a lo largo del siglo xix, encarnaran los sueños de los separatistas cubanos.

En menos de dos años de estancia cubana, el novel Bachiller en Leyes va a procurar su propia opción. No tiene fortuna personal para ser un miembro influyente de la oligarquía insular, su temperamento no le permite dedicarse a complicados manejos políticos en la Sociedad Económica de Amigos del País o en las antecámaras del Capitán General. Roto el inicial entusiasmo constitucional, su fervor va hacia aquellos que se rebelan de manera abierta contra las tiranías en cualquier parte del mundo.

Su oda «A la insurrección de la Grecia en 1820» por primera vez hace, de manera explícita, una alusión a Cuba, la cual contempla, unida a América y al Orbe todo, prepararse para la libertad. Publicada en El Revisor Político y Literario de La Habana, en agosto de 1823, cuando el poeta está ya vinculado a una conspiración separatista, tiene todo el sentido de un programa. En una especie de juvenil alarde, el autor exagera sus dolencias, señala que vive «del sepulcro en el borde suspendido» pero esto le permite el recurso de formular unos votos por la Libertad que son también una profecía:

Dirijo al Cielo mis postreros votos
Por la alma Libertad: miro a mi patria,
A la risueña Cuba, que la frente
Eleva al mar de palmas coronada,
Por los mares de América tendiendo
Su gloria y su poder: miro a la Grecia
Lanzar a sus tiranos indignada,
Y a la alma Libertad servir de templo,
Y al Orbe escucho que gozoso aplaude
Victoria tal y tan glorioso ejemplo.48

La visión parece todo un programa: Cuba independiente, restituida a su condición de nación americana, émula de Grecia en libertad y cultura. La Isla, en fin, como «Grecia nuestra», anticipación del empeño martiano. No solo percibimos por primera vez la explícita alusión a la Isla como patria, diferenciada ya de la patria española, sino la implícita aceptación de la América independiente, desgajada de la Metrópoli, en un momento en que no han concluido las campañas bolivarianas.

No resulta extraño que José María Heredia se vinculara en 1822 a la labor conspirativa, a través de los «Caballeros Racionales» de Matanzas con la Logia «Soles y Rayos de Bolívar» fundada por José Francisco Lemus, agente de Colombia, con el apoyo de Miralla, Tanco, Teurbe Tolón, Hernández y otras figuras de la Isla. Es evidente que creyó que así podrían traducirse sus visiones, quizá porque no estuvo en el núcleo central de la conspiración que respondía, en primera instancia, a la necesidad de Colombia de crear agitación en la Isla para dificultar el envío de tropas españolas al Continente desde allí y, en segundo término, para procurar frustrar cualquier intento británico de apoderarse del país. Lemus y sus seguidores, a diferencia de Heredia, no excluían de sus planes la anexión a Estados Unidos, toda vez que el presidente Monroe, después de reunirse con el Dr. Juan J. Hernández —implicado en la Conspiración—, llegó a formular una política hacia la Isla, que la Secretaria de Estado comunicó al Ministro en Madrid el 28 de abril de 1823: Estados Unidos no permitiría el traspaso de Cuba a ninguna otra potencia y se reservaba el derecho a intervenir en ese caso, para «asistir a los cubanos».

Si los «Soles y Rayos de Bolívar» tienen en nuestra historia un halo mítico, se debe sobre todo al verbo de Heredia, quien vio en esta conspiración, no el producto mal madurado de una agitación coyuntural, manejada por agentes extranjeros, sino lo que su aliento poético le dictaba: el levantarse de la Isla, para ir en pos de la América Libre. Desligado de los móviles verdaderos, descubrió solo el más visible: la separación de España y lo hizo coincidir con sus aspiraciones. La utopía poética, en esta ocasión, era más valiosa para la historia de la nación que el estrecho realismo de las diversas facciones políticas.

El joven abogado, una vez descubierta la conspiración, en octubre de 1823, antes de escapar a Estados Unidos, huyendo del auto de prisión contra su persona, escribe el primero de una serie de poemas donde abiertamente reclama la independencia del país. «La estrella de Cuba» es un texto curioso, que mezcla el pesimismo por el fracaso de la conjura, con una especie de marcial arrebato, esas seis octavas italianas reclaman cantarse como un himno, acompañadas por redoblantes y clarines. Horror, angustia, desesperación, marcan el texto, pero lo más notable en él es el afán de ficcionalizar los hechos o al menos de hiperbolizarlos. Así, en la segunda estrofa, la ambigua conspiración masónica es convertida en un gran movimiento popular que fracasa a causa de la magnanimidad de sus dirigentes, incapaces de derramar sangre:

Al sonar nuestra voz elocuente
Todo el pueblo en furor se abrasaba,
Y la estrella de Cuba se alzaba
Más ardiente y serena que el sol.
De traidores y viles tiranos
Respetamos clementes la vida,
Cuando un poco de sangre vertida
Libertad nos brindaba y honor.49

La fragilidad de este movimiento mitificado hace que el propio escritor desespere de él y llegue a condenar moralmente al mismo pueblo que, según él, los había secundado y más aún, pretenda morir para no batallar con el destino:

Hoy el pueblo, de vértigo herido,
Nos entrega al tirano insolente,
Y cobarde y estólidamente
No ha querido la espada sacar.
¡Todo yace disuelto, perdido…!
Pues de Cuba y de mí desespero,
Contra el hado terrible, severo,
Noble tumba mi asilo será.50

Si el Heredia conspirador resultó insignificante, el Heredia poeta, en el desesperado borde del clasicismo al romanticismo, fue el fundador de la imagen de la Patria. Pagó esto con un destierro que abarcó el resto de su breve existencia.

Si en el joven poeta a punto de partir al destierro, la Patria solo vive en la voluntad casi aniquiladora del sacrificio cívico, alimentada por las implacables sombras de los patricios romanos y los mártires de América, en aquel forzado a la lejanía, la Patria es encarnación del concepto político en la Naturaleza, a partir de la voraz fuerza conectiva del amor. La opción del poeta ahora no es morir, sino evocar la Isla distante, construir con ella una nación libre de las manos del tirano, purificar sus estructuras axiológicas, de modo que pueda recuperar su primitiva condición idílica.

En su epístola «A Emilia» redactada en los Estados Unidos, la noción de Cuba-Patria pasa por la lejanía y la nostalgia, por primera vez:

Desde el suelo fatal de su destierro
Tu triste amigo, Emilia deliciosa,
Te dirige su voz; su voz que un día
En los campos de Cuba florecientes
Virtud, amor y plácida esperanza
Cantó felice, de tu bello labio
Mereciendo sonrisa aprobadora,
Que satisfizo su ambición. Ahora
Sólo gemir podrá la triste ausencia
De todo lo que amó…51

La epístola contiene algo peculiar desde el punto de vista cívico: la Patria no es ya solo un concepto, se ha hecho, esencialmente, un mandato. El poeta ha dejado de ser el héroe operático, rodeado de un coro de multitudes, de «La estrella de Cuba», para convertirse en alguien que desde el destierro ha adoptado la Patria como una responsabilidad.

Biografía y escritura no pueden superponerse en Heredia. No volvió a Cuba como expedicionario de la libertad sino como pálido desterrado. Sin embargo, supo forjar la imagen del patriota que otros, en su momento, procurarán encarnar. Su promesa a Emilia se cumplió a través de otros:

Tu amigo, Emilia,
De hierro fiero y de venganza armado,
A verte volverá, y en voz sublime
Entonará de triunfo el himno bello.
Mas si en las lides enemiga fuerza
Me postra ensangrentado, por lo menos
No obtendrá mi cadáver tierra extraña,
Y regado en mi féretro glorioso
Por el llanto de vírgenes y fuertes
Me adormiré. La universal ternura
Excitaré dichoso, y enlazada
Mi lira de dolores con mi espada,
Coronarán mi noble sepultura.52

Dos textos escritos casi simultáneamente: «Vuelta al Sur» e «Himno del desterrado», en 1825, en el buque que lleva a Heredia de New York a México, van a abundar de manera explícita en los dos tópicos fundamentales de «A Emilia», poema escrito solo unos meses antes: la lejanía como privación de la Patria y la contraposición entre belleza natural y horror moral en la tierra en que ha nacido. Tan ligadas están ambas obras que producen en una primera lectura consecutiva la impresión de que son versiones distintas de un poema en evolución; a ello contribuye la semejanza del plan: descripción de la trayectoria de la embarcación, entrada en un ambiente que hace evocar o intuir la imagen de Cuba, contraposición entre la edénica belleza de la Isla y su degradación en el yugo colonial, llamado a la lucha armada para purificar la Patria y alabanza final a la libertad. El empleo de un común molde estrófico: la octava italiana, refuerza aún más esta noción.

Una mirada más atenta podrá hallar las principales divergencias entre ambos poemas: «Vuelta al Sur» es un poema todavía embrionario, donde no se logra un tono, una altura adecuada para expresar las angustias del poeta.

Sin embargo, el «Himno del desterrado» trae la asombrosa maduración de su expresión en un plazo imperceptible, como si unas horas de viaje hubieran hecho que el poeta pudiera volcarse más en su interioridad, discernir mejor los sufrimientos que le embargan y destilar de ellos una justa formulación poética que es además clarificación de su relación con la Patria. Lo asombroso es que el cambio en la escritura parece haber sido introducido por un motivo inesperado: la supuesta entrevisión de las costas de Cuba. Este «súbito», para decirlo con términos lezamianos, torna la evocación voluntaria y un tanto mecánica del pasado en «Vuelta al sur», en un acto que aviva las imágenes del subconsciente y favorece el fluir de la memoria afectiva: el monte en la lejanía despierta a la vez la reminiscencia y el llanto.

La imagen del Pan de Matanzas se une para él con la del amigo, la amante, la madre… Cuba es calificada por uno de sus versos más memorables: «dulce tierra de luz y hermosura».

Sin embargo, esta belleza resulta contaminada por el horror de la circunstancia colonial:
¡Dulce Cuba! ¡En tu seno se miran
En su grado más alto y profundo
La belleza del físico mundo
Los horrores del mundo moral.53

Cuba no es ya el Paraíso de la inocencia, la isla que los poetas durante décadas han cantado como la naturaleza primigenia, es también un lugar manchado por la culpa. Heredia es el primero en la poesía cubana que logra contraponer con tanto acierto paisaje natural y humano:

¿Ya qué importa que al cielo te tiendas,
De verdura perenne vestida,
Y la frente de palmas ceñida
A los besos ofrezcas del mar,
Si el clamor del tirano insolente,
Del esclavo el gemir lastimoso,
Y el crujir del azote horroroso
Se oye sólo en tus campos sonar? 54

Heredia ha logrado situarse en el vértice de esa poesía que aspira a definir a Cuba no solo a través de la naturaleza, sino más allá, como entidad moral.

Heredia desafía a los verdugos de la Isla no como un acto de venganza personal sino a partir de la constatación de una radical polarización:

¡Cuba! Al fin te verás libre y pura
Como el aire de luz que respiras,
Cual las ondas hirvientes que miras
De tus playas la arena besar.
Aunque viles traidores le sirvan,
Del tirano es inútil la saña,
Que no en vano entre Cuba y España
Tiende inmenso sus olas el mar.55

Muchos críticos han insistido en esta delimitación político-cultural que va más allá de la constatación geográfica: la inmensidad del mar ratifica la necesidad del separatismo cubano. Aquel que, apenas un lustro antes, en «España libre», ha llamado patria a la Península, ahora comprueba su radical distancia de ella. Cuba, para llegar a la plenitud de su ser, tiene que pasar por ese momento de dolorosa ruptura y, junto con ella, dar un salto.

Este vivir en la Patria desde la distancia, esta sensación de pérdida se refuerza en otro de sus poemas mayores, la oda «Niágara» —cuya primera versión fue redactada poco antes del Himno— donde el paisaje ajeno, para él exótico que rodea las cataratas, le hace evocar el que ha asumido como propio:

Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista
Con inútil afán? ¿Por qué no miro
Alrededor de tu caverna inmensa
Las palmas ¡ay! las palmas deliciosas,
Que en las llanuras de mi ardiente patria
Nacen del sol a la sonrisa, y crecen,
Y al soplo de las brisas del Océano,
Bajo un cielo purísimo se mecen? 56

Ya no estamos en el balbuceo de lo criollo, sino en el nacimiento de una plena expresión de lo cubano. Lo llamativo es que se trata de una anticipación. El estro poético dicta al joven lo que él mismo no sabrá cómo encauzar desde el punto de vista político. No solo fracasarán las conspiraciones a las que se vincule, sino que terminará su existencia amargado por el pragmatismo de los hacendados cubanos y sus voceros intelectuales, que subordinan el valor de la libertad a la custodia de sus capitales, y por el penoso ejemplo de las repúblicas americanas donde perviven y se acrecientan los males del pasado colonial. Lo esencial es que él, incapaz de establecer la ruta para la independencia cubana, puede soñar esa República ideal y dotarla de una consistencia tal que se convertirá en un paradigma durante el resto del siglo.

Frustrado como líder político, Heredia llega a la plenitud como poeta patriótico por excelencia, más aún, en esa centuria solo se le podrá parangonar con José Martí. Ambos son los dos pilares de una expresión poética marcada por un separatismo auténtico, dictado por una ética irreprochable, y materializada en versos de intensa calidad estética.

Precisamente Martí dirá de Heredia, en carta a Enrique Trujillo: «Yo creo en el culto de los mártires. ¿Quién, si no cumple con su deber, leerá el nombre de Heredia sin rubor? ¿Qué cubano no se sabe de memoria algunos de sus versos, ni por quién sino por él y por los hombres de sus ideas, tiene Cuba derecho al respeto universal?».57

Félix Julio Alfonso López: Si ustedes me permiten un momento, antes de darle la palabra al púbico. Roberto, tú has tocado un punto que a mí me parece fundamental. Yo lo tenía escrito  pero no quise hablar de esto porque me iba a referir justamente a las ausencias del libro de Roque Garrigó. Pero tú has tocado un punto que resulta fundamental y es el lugar de Heredia dentro de la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar. Heredia se ha recibido en junio de 1823 de abogado en la Audiencia de Puerto Príncipe y por eso lleva el título de Licenciado José María Heredia; en mayo se anuncia en El Revisor Político y Literario que saldrán las poesías de Heredia y en octubre hay tres personas, que son los hermanos Aranguren y otra más que se llama Antonio Betancourt, que denuncian que Heredia forma parte de una sociedad secreta que se llama Los Caballeros Racionales. Ahora, ¿por qué estas tres personas, Pablo y Juan Guillermo Aranguren y el licenciado Antonio Betancourt, pueden aseverar esto? Porque ha sido Heredia el que ha iniciado a los tres en esa sociedad secreta de Los Caballeros Racionales, que es la rama matancera de Los Soles y Rayos de Bolívar. A diferencia del Águila Negra, que tenía cinco grados, la de Los Soles y Rayos de Bolívar tenía tres. El iniciado era un Rayo, luego había un segundo nivel para el cual había que hacer ciertos méritos y luego se podía llegar al tercer nivel, que era el nivel de Sol si usted había presentado o iniciado por lo menos a siete personas. Yo creo que Heredia llegó a ser un Sol porque Heredia no solamente presentó a estas tres personas. El día que Heredia presenta a estas tres personas lo acompañan otras dos que se llaman Miguel Madruga y Santiago Junco, y además dice Heredia que lo acusaron en la causa Miguel Andux, Manuel del Portillo y Francisco Midoura, o sea tres personas más. Todas estas personas sabían que Heredia era miembro de esa sociedad secreta y presumiblemente habían sido llevados allí por él. Incluso dice Juan Guillermo Aranguren que una sesión la presidió Heredia. O sea, Heredia es el presidente de una de las reuniones secretas.

Velada cultural de «En Diálogo»
Velada cultural de «En Diálogo»

Por cierto, sobre esa reunión Juan Guillermo Aranguren expone lo siguiente: que Heredia dijo que se trataba de que los Estados Unidos los auxiliasen y que al intento había salido un representante de la Habana para tratar ante el Secretario de Estado de la Unión Americana. Podría ser Hernández, pero Carlos Manuel Trelles y Govín dice que no, que puede haber sido Miralla. ¿Por qué? Porque Miralla es poeta y gran amigo de Heredia. Y efectivamente, Miralla está junto con el camagüeyano Bernabé Sánchez en septiembre de 1822 con representantes del gabinete de James Monroe y de eso hay abundante información tanto en el libro de Portell Vilá como en el libro de Ramiro Guerra porque tienen acceso al diario de John Quitzan donde van relatando quienes son las personas que van a entrevistarse con el presidente y no se entrevistan directamente con el presidente, se entrevistan con Adams y con otro funcionario del gobierno americano.

Eso, por supuesto, no era lo que pasaba en el Águila Negra porque, como dijo el profesor Edelberto, solamente un miembro podía conocer al otro. Aquí no, aquí hay muchas personas que saben que Heredia es parte de este grupo porque han sido llevadas por Heredia a iniciarse. Lo curioso de todo esto es, y Roberto lo sabe perfectamente, la famosa carta que Heredia le envía al juez Francisco Hernández Morejón, apodado Pancho Machete, en la cual Heredia dice que él se ha distanciado de Los Caballeros Racionales, que él cree que esa sociedad ha desaparecido, que él ya no forma parte de ella y dice una frase, que para mí es la más importante de esa carta, donde dice que jamás estuvo en su ánimo encender en el país la guerra civil. Esa carta ha tenido muchos comentaristas. Vidal Morales la comenta, la comenta Chacón y Calvo, Francisco González del Valle también y ningún comentarista mejor que el propio Heredia cuando le escribe a la madre al año siguiente y del dice: yo escribí esta carta justamente para evitar que cayeran sobre ti y sobre mis familiares algún tipo de acción motivada por el hecho de que yo estaba comprometido con esta conspiración. Es decir, para evitar que hubiera represalias contra su familia. Pero para mí sí está claro que Heredia está muy metido dentro de la conspiración y que ha llegado a tener cierto nivel dentro de la conjura. Como sabemos, el Sol Mayor era José Francisco Lemus. Todos los interrogatorios siempre dicen el Sol Mayor está en La Habana, no está en Matanzas. Yo quería hacer ese breve comentario.

Nelson Crespo Roque: Bueno, después de estas excelentes intervenciones pasamos a las preguntas. En aras del tiempo, por favor, que sean concretas dirigidas a cada uno de los profesores.

Raymay Aguado, estudiante de la Laurea: Tengo dos preguntas y me gustaría saber el criterio de los tres profesores. Una es si todas estas conspiraciones, obviando el carácter revolucionario que sabemos tuvieron en el proceso colonial, en todo el pensamiento liberal, pueden significar dentro del contexto cubano conspiraciones anticoloniales específicamente en el sentido abarcador del término anticolonial, tomando en cuenta el punto principal que exponía el profesor Méndez, que es la supeditación al carácter de clase que tenía la burguesía cubana al sistema esclavista de la plantación como método fundamental de subsistencia y no en comparación con otros lugares del mundo donde ya el pensamiento liberal estaba asentado en sociedades que tenían sistemas  comerciales y de sostenimiento distintos. Y la otra pregunta va enfocada sobre la conspiración de Aponte, si puede ser considerada, dado su carácter antirracista y anticolonial, específicamente una conspiración independentista o no. Muchas gracias.

Félix Julio Alfonso López: Voy a empezar por la segunda pregunta. El profesor Edelberto decía en su intervención, y yo debí decirlo también, que realmente a 100 años de distancia no ha habido ninguna continuidad relevante en los estudios ni de los Soles y Rayos de Bolívar ni de la Gran Legión del Águila Negra. No ha sucedido así en el caso de Aponte. Porque su figura y su conspiración han sido motivos de acercamientos contemporáneos relevantes y valiosos en los cuales hay por el camino una figura tan importante como José Luciano Franco y en épocas más recientes, por ejemplo, la doctora María del Carmen Barcia, quien tiene un par de ensayos dedicados a la figura de Aponte y a su conspiración. Próximamente verá la luz también un libro del profesor de la Universidad de La Habana, doctor Sergio Guerra Vilaboy, donde entre las cosas que hace en su libro es justamente diferenciar el aspecto independentista atribuido a la Conspiración de Aponte sin demasiadas pruebas con respecto a las conspiraciones de los Soles y Rayos de Bolívar y las que le continuaron. Yo soy del criterio de que no hay muchas pruebas que desde el punto de vista factual, desde el punto de vista documental, permitan afirmar que en el caso de la Conspiración de Aponte estamos en presencia de una conspiración independentista, como sí podemos hacerlo por lo menos en el caso de los Soles y Rayos de Bolívar. Porque cuando leemos las tres proclamas de José Francisco Lemus vemos que están hablando de fundar una república, una república que llevará el nombre de Cubanacán, que era el nombre aborigen que tenía justamente el centro de la isla. Esas proclamas hablan también de cuestiones sociales muy radicales que tienen que ver directamente con la esclavitud. Lo curioso de todo esto es, y yo lo decía en mi intervención, que en el caso de José Francisco Lemus estamos hablando de un acaudalado comerciante habanero que tiene negocios en Estados Unidos, que tiene negocios en México, y sin embargo es un hombre que a partir de lo que expresa en sus proclamas tiene un pensamiento de un radicalismo bastante avanzado para su época. Es lo que quisiera comentar en relación con tu pregunta.

Y no es posible determinar esto mismo para los casos ni de Trinidad ni de Puerto Príncipe porque no hay documentos, no hay proclamas, no hay manifestaciones de carácter ideológico que permitan saber exactamente cuál es la ideología política que está detrás tanto de los trinitarios como de los remedianos. En el caso, por ejemplo, de Puerto Príncipe el que denuncia a Frasquito Agüero Velazco dice más o menos lo mismo que estaba diciendo Heredia: si no vienen en auxilio nuestro las tropas colombianas vendrán las tropas de Estados Unidos. Es decir, tenemos alternativas que nos permitan alcanzar la independencia con auxilio de tropas extranjeras, posibilidad que luego Varela negará radicalmente.

Edelberto Leiva Lajara: Coincido con Félix Julio con respecto a la Conspiración de Aponte. Yo creo que no existen elementos, que sí existen en el caso de la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, que permitan afirmar con firmeza su carácter independentista. Hasta ahora no tenemos prueba de eso. Y la enjundia con que José Luciano Franco investigó esa cuestión no nos ha dejado ninguna huella que nos permita afirmarlo. Puede haber otras conspiraciones con las cuales existían dudas y el libro del doctor Sergio Guerra va a ser muy interesante, como decía Félix Julio. Porque reivindica los Soles y Rayos de Bolívar como la primera conspiración de carácter netamente independentista. Él lo confirma así. Yo en principio estoy de acuerdo, pero me queda una ligera duda porque en el año 1810 hubo otra conspiración que conocemos, la de Román de la Luz, aunque no nos deja ninguna evidencia de tener un carácter independentista. Al año siguiente, en 1811, Infante, que provine de ese movimiento, está redactando una primera constitución donde sí, efectivamente, está previendo la existencia de un estado independiente en Cuba. Y si no me equivoco hasta lo nombra Cubanacán también; no estoy muy seguro, pero creo que es Cubanacán también.

Resulta un poco difícil, pero por lo menos se pueden hacer ciertas asociaciones entre la ideología de un hombre que ha salido de Cuba como participante de una conspiración un año antes del momento en que escribe esa Constitución. Podría darse el caso, pero no es lo normal que en un año madure una visión de esa naturaleza. Porque hay que leerse el proyecto de constitución de Infante, donde hay un despliegue del ideario político instrumentado a partir de un pensamiento ilustrado con todo lo que eso conlleva: soberanía popular, división de poderes. Todos esos elementos están ahí y él proviene de la conspiración de Román de la Luz, de 1810. Y la otra pregunta que tú haces a mí me parece interesante y me gustaría empezar diciendo lo siguiente: la historia, por lo menos tal y como yo la entiendo, es la disciplina, es la ciencia, de los contextos. Quiere eso decir de una manera muy simplificada que lo que pasa en una época solo es inteligible en el contexto de ese momento. Y solo se puede entender si uno es capaz de hacer una abstracción que lo ubique en ese contexto. ¿Por qué lo digo? Porque el contenido del anticolonialismo, no tiene que ser exactamente igual a lo que hoy en día interpretamos como un movimiento de carácter anticolonial o el sentido que podemos ubicar la noción de lo anticolonial y endilgárselo de buenas a primera a personas que estaban actuando y pensando hace siglo y medio o dos siglos atrás. Decir que no era una revolución, no estaba planteando una revolución, que era un movimiento profundamente anticolonial porque no estaba planteando una remodelación profunda de la estructura social, clasista, económica, no estaba previendo grandes transformaciones, que es lo que podría sacársele en buena medida a los movimientos en Cuba con la esclavitud detrás y la plantación como fundamento del esplendor económico de Cuba. Es un poco complicado. No se le pueden pedir peras al olmo, aunque hay olmos que dan peras y eso es lo más malo de todo; aunque no se las pidas al final las dan. ¿Qué es lo que quiero decir? Que yo creo que en la época a la que estamos haciendo referencia el contenido anticolonial adquiere una dimensión básicamente política y la ruptura con España, la ruptura política con España, ya es un elemento que permitiría ubicar todos estos movimientos, por lo menos los que tengan una raigambe realmente independentista, identificarlos como movimientos anticolonialistas teniendo en cuenta la naturaleza esencialmente política del modo en que podría entenderse esto.

Porque transformaciones profundas en la estructura, que es lo que nosotros podríamos entender básicamente como un proceso de revolución, de cambio profundo, estructural, eso no se da. Por lo menos en esta etapa que nosotros estamos estudiando, de la que hemos hablado hoy. Ya hubo después de la segunda mitad del xix todo un proyecto que está implícito, por ejemplo, en el Gran Oriente de Cuba y las Antillas, que antecede todo lo que fue la explosión del 68. Ahí hay otros elementos que son de otra naturaleza. Pero en esta primera mitad del xix, sobre todo en esta década del 20 que estamos tratando, yo creo que hay una afiliación claramente colonial entendida desde el punto de vista político. Tampoco va a ocurrir en el continente, donde se logra la independencia política y después hay que resolver todos los problemas que ha dejado. Bueno, por lo menos hay que empezar dándose cuenta de los problemas que ha dejado el sistema colonial.

Félix Julio Alfonso: Quisiera decir algo más. Voy a enlazar nuevamente tu comparación de la Conspiración de Aponte con los Soles y Rayos de Bolívar y la Gran Legión del Águila Negra y tiene que ver con el tema de la represión. La represión contra Aponte fue violenta porque era una conspiración de esclavos y negros criollos libres y por lo tanto las cabezas fueron cortadas y exhibidas públicamente como escarmiento público. En el caso de los Soles y Rayos de Bolívar y después en el Águila Negra las penas fueron muy benignas dada la índole del reto que habían hecho al poder político; las penas fueron de destierros, de prisiones por períodos muy cortos y en ningún caso ejecuciones, aunque se dice que en el caso de los Soles y Rayos de Bolívar hubo unos negros muertos en una de las zonas interiores de La Habana, pero en ningún caso se aplicó la pena capital a los principales implicados en estas conspiraciones. Hay algunas conjeturas que dicen que Vives era un hombre que no quería crear, al inicio de su mandato justamente, una impresión de que él era un déspota arbitrario y cometer un baño de sangre en aquel momento y que prefirió la mano blanda antes que aplicar la mano dura que Someruelo le había aplicado a Aponte. Ahí hay una diferencia sustancial que quizás tenga que ver en el fondo con el hecho de que no había un reto poderoso a la estructura profunda de la sociedad a partir de lo que se supo de las conspiraciones y de lo que se logró averiguar en los interrogatorios. De hecho, en el caso remediano a uno de los conspiradores se le permitió regresar y reincorporarse a su puesto en el cabildo y en algunos casos también se les permitió regresar después a acogerse a indultos. Heredia no regresa porque Heredia sí sigue siendo un independentista activo hasta que tiene que regresar con motivo de la enfermedad de la madre.

Edelberto Leiva Lajara: Disculpa. La actitud esa de Vives a la que haces referencia, o sea no es solo característica del primer momento de su mandado porque cuando se descubre la Legión del Águila Negra hace lo mismo. Los interrogatorios empiezan en febrero, el primer resultado, el primer dictamen fiscal, es de julio, agosto, noviembre y en marzo Vives estaba escribiendo a España pidiendo que indultaran a los principales implicados y que no se les aplicaran las penas mayores. Eso lo hace en marzo, ni siquiera hay condenas y él está pidiendo que los indulten. O sea, que fue una actitud que Vives mantuvo prácticamente a todo lo largo de su mandato.

Nelson Crespo Roque: Bueno, les agradecemos a todos vuestra presencia y de modo especial a nuestros profesores y la gratitud la hago en el mismo orden en que hicieron sus presentaciones. Gracias, doctor Félix Julio, gracias doctor Edelberto, gracias doctor Méndez. Gracias a todo ustedes y espero que este sea el primer encuentro de otros muchos sobre temas diversos. Gracias a todos.

 

Notas:

1. Roque E. Garrigó, Historia documentada de la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, La Habana, Imprenta «El Siglo XX», 1929, 2 tomos.
2. «La conspiración recibió por nombre “Soles y Rayos de Bolívar”. Los iniciados eran “rayos”, que iban a forjar una patria libre y abolir la esclavitud en ella, por lo que ninguna diferencia de clase social ni de raza estuvo prescrita como traba de admisión en la secreta sociedad. Únicamente una labor meritoria permitía el ascenso al segundo grado, y luego la exaltación al tercero, el rango de “sol”, siempre que aportase siete miembros a la institución. Así, mediante un trasunto litúrgico de la masonería simbólica, fue organizada esta conjuración con miras a emancipar a Cuba del régimen español», Francisco José Ponte Domínguez, Matanzas (Biografía de una provincia), La Habana, Imprenta El Siglo XX, 1959, pp. 172-173.
3. En este sentido llama la atención la confidencia del delator Juan Guillermo Aranguren, quien aseguró que, en una de las sesiones de los Caballeros Racionales presidida por Heredia, este afirmó «que se trataba de que los Estados Unidos los auxiliasen y que al intento había salido un representante de La Habana para tratar ante el secretario de Estado de la Unión Americana». El erudito matancero Carlos Manuel Trelles presume que este enviado debió ser el rioplatense José Antonio Miralla, poeta y gran amigo de Heredia, quien sostuvo entrevistas en septiembre de 1822, en unión del camagüeyano Bernabé Sánchez, con los consejeros del presidente James Monroe. Véase: Matanzas en la independencia de Cuba. Discurso leído por el académico de número Sr. Carlos M. Trelles y Govín, en la sesión solemne celebrada el 10 de octubre de 1928. La Habana, Imp. Avisador Comercial, 1928, p. 13.
4. Jorge Ibarra Cuesta, De súbditos a ciudadanos, siglos xvii‑xix. El proceso de formación de las comunidades criollas del Caribe hispánico (Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo), Santo Domingo, Archivo General de la Nación, 2017, t. IV, pp. 473. La cuestión clasista en la conspiración de Soles y Rayos de Bolívar ha sido tratada con ligereza, y algunos autores se refieren a sus integrantes como miembros de «la plebe», «clases medias», «letrados, etc.», como se lee en Julio Le Riverend, La Habana (Biografía de una provincia), La Habana, Imprenta «El Siglo XX», 1960, p. 371. Una obra reciente solo aporta al mosaico clasista la opinión de que «uno de los factores que más molestó a la burguesía esclavista fue el hecho de que en ella participaran “gentes de color” e, incluso, esclavos», Instituto de Historia de Cuba. Historia de Cuba. La Colonia, evolución socioeconómica y formación nacional. De los orígenes hasta 1867, La Habana, Editora Política, 1994, p. 340.
5. Citado por Hernán Venegas Delgado, Trinidad de Cuba: corsarios, azúcar y revolución en el Caribe, Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad/Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2006, p. 67.
6. Según el historiador Pedro José Guiteras: «Se habían organizado varias logias masónicas y otras sociedades secretas de un carácter político con los nombres de la Cadena, los Soles, los Comuneros, los Carbonarios. Los masones del rito de España y los Comuneros eran europeos conservadores; y por el contrario los del rito de York, los de la Cadena y los Soles, cubanos y naturales de las provincias disidentes que representaban las ideas extremas del pueblo; los Carbonarios parece que, aunque exaltados en principios liberales, formaban un partido conciliador, más inclinado al gobierno y a la integridad de la monarquía. El Sr. Pezuela hace menci6n de otra sociedad que se titulaba de los Anilleros, cuyos principios nos son desconocidos», Pedro José Guiteras, Historia de la Isla de Cuba, segunda edición con correcciones inéditas por el autor y una introducción de Fernando Ortiz, La Habana, Cultural S. A., 1928, tomo III, pp. 59-60. La cita de Pezuela en su Ensayo histórico de la Isla de Cuba, Nueva York, Imprenta Española de R. Rafael, 1842, p. 514.
7. José A. Martínez-Fortún y Foyo, Anales y efemérides de San Juan de los Remedios y su jurisdicción, 1492-1849, La Habana, Imp. Pérez Sierra y Comp., 1930, tomo I, p. 143.
8. Manuel Martínez Escobar, Historia de Remedios, La Habana, Jesús Montero Editor, 1944, p. 264.
9. José Antonio Páez, Memorias del General José Antonio Páez. Autobiografía, apreciación de Páez por José Martí, Madrid, Editorial América, s/f, p. 452. En el texto de Páez, este reconoce que los problemas internos de las naciones sudamericanas, así como la oposición de los Estados Unidos, impidieron la realización del sueño bolivariano de libertar las Antillas: «Desde aquel momento no se volvió á pensar en Cuba, que las necesidades interiores apenas daban lugar para atenderlas de momento en momento, entrelazándose y sucediéndose con una rapidez á que apenas bastaban el genio de Bolívar y su incansable perseverancia», Ídem, p. 455.
10. Manuel Martínez Escobar, Historia de Remedios, op. cit., p. 265.
11. Colectivo de autores, Síntesis histórica provincial de Villa Clara, La Habana, Editora Historia, 2010, p. 73.
12. Ídem, p. 74.
13. Juan Arnao, Páginas para la historia de la Isla de Cuba, Habana, Imprenta La Nueva, 1900, pp. 126-127.
14. Véase un relato de este suceso en: Pedro José Guiteras, Historia de la Isla de Cuba, op. cit., pp. 84-88.
15. Citado por Hernán Venegas Delgado, Trinidad de Cuba: corsarios, azúcar y revolución en el Caribe, op. cit., p. 67.
16. Roque Garrigó, op. cit., tomo I, p. 246.
17. Hernán Venegas Delgado, La Gran Colombia, México y la independencia de Las Antillas Hispanas (1820-1827). Hispanoamericanismo e injerencia extranjera, México, Plaza y Valdés, 2010, p. 26.
18. Ídem, p. 28.
19. Ídem, pp. 31-32. Uno de los hermanos Iznaga, miembro de una acaudalada familia esclavista, era conocido por agredir con arma de fuego, el 24 de julio de 1819, al coronel Rafael de Quesada y Arango, gobernador político y militar de las Cuatro Villas (Trinidad, Sancti Spiritus, Santa Clara y San Juan de los Remedios), presumiblemente involucrado en asuntos amorosos con una hermana del poderoso clan azucarero Iznaga Borrell.
20. Hernán Venegas Delgado, «Demoliendo mitos: independencia, hispanoamericanismo y oligarquía en el centro de Cuba (1820-1829)», en: La emancipación de América Central en su retrospectiva (1821-2021). Múltiples facetas de las independencias, edited by Laurin Blecha, Christian Cwik and Jörg Türschmann, Berlín/Boston, Walter De Gruyter, 2023, p. 75.
21. Hernán Venegas Delgado, La Gran Colombia, México y la independencia de Las Antillas Hispanas (1820-1827). Hispanoamericanismo e injerencia extranjera, op. cit., p. 48.
22. Ídem, p. 49.
23. Gloria García, Conspiraciones y revueltas. La actividad política de los negros en Cuba (1790-1845), Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2003, pp. 55-60.
24. Gustavo Sed Nieves, «Frasquito Agüero. Independentista y bolivariano», en: Biografías, La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1977, p. 81.
25. Ídem, p. 82.
26. Olga Portuondo Zúñiga, «Puerto Príncipe en el proceso de centralización política (1808-1838)», Cuadernos de historia principeña 5, Camagüey, Editorial Ácana, 2006, p. 37.
27. Héctor Juárez Figueredo, «Dos espías y un pirata en 182…», Cuadernos de historia principeña 4, Camagüey, Editorial Ácana, 2004, pp. 14-16.
28. Ídem, p. 18.
29. Gustavo Sed Nieves, «Frasquito Agüero. Independentista y bolivariano», op. cit., p. 85.
30. «Puerto Príncipe, asiento de la Real Audiencia, era una ciudad de mucha importancia por su situación central y estar abierta a los ataques que pudieran venir de Costafirme, y sus naturales habían manifestado su entusiasmo por la libertad y eran los más decididos en favor de la Constitución. Como los peninsulares fuesen allí pocos para contrarrestar su influencia, organizaron una sociedad llamada “Los treinta y dos labradores” con el objeto de atraerse las gentes sencillas de las cercanías en las elecciones municipales. Los principeños formaron otra con el nombre expresivo de “La Cadena eléctrica” y destruyeron sus planes en 1821 y 1822 Y sólo fueron vencidos en las elecciones del año siguiente, cuando ya la libertad desfallecía con síntomas de muerte en la misma España», Pedro José Guiteras, Historia de la Isla de Cuba, op. cit., p. 69.
31. Juan Torres Lasqueti, Colección de datos históricos, geográficos y estadísticos de Puerto Príncipe y su jurisdicción (con una carta prólogo del Sr. D. José Ramón de Betancourt), Habana, Imprenta El Retiro, 1888, p. 178.
32. «En Matanzas eran los principales iniciados el Dr. don Juan José Hernández, y don José Teurbe Tolón, y en Puerto Príncipe don José María de Tejada, don Tomás Estrada, el teniente coronel don José Varona, don Pedro M. Agüero y el abogado don Alonso Betancourt. Se había fijado el 17 de agosto para el pronunciamiento en todos los pueblos de la isla, alzando pendones por la república de Cubanacán», Pedro José Guiteras, Historia de la Isla de Cuba, op. cit., p. 78.
33. Hernán Venegas Delgado, La Gran Colombia, México y la independencia de Las Antillas Hispanas (1820-1827). Hispanoamericanismo e injerencia extranjera, op. cit., p. 84.
34. Una valoración de este hecho y el proceso judicial en: Olga Portuondo Zúñiga, «Puerto Príncipe en el proceso de centralización política (1808-1838)», op. cit., p. 41.
35. Juan Torres Lasqueti, Colección de datos históricos, geográficos y estadísticos de Puerto Príncipe y su jurisdicción, op. cit., p. 183.
36. Hernán Venegas Delgado, La Gran Colombia, México y la independencia de Las Antillas Hispanas (1820-1827). Hispanoamericanismo e injerencia extranjera, op. cit., p. 62.
37. Gustavo Sed Nieves, «Frasquito Agüero. Independentista y bolivariano», op. cit., p. 88.
38. El más importante estudioso de esta cuestión, Hernán Venegas Delgado, ha sugerido que, en el caso de los hermanos Iznaga Borrell «estos comenzaron su sincera profesión de fe independentista, muy influidos por su estancia como estudiantes del Real Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, de La Habana, en el que destacaron profesores como el sacerdote católico Félix Varela Morales, quien también comenzaría una decidida labor independentista desde su exilio en los Estados Unidos». Hernán Venegas Delgado, «Demoliendo mitos: independencia, hispanoamericanismo y oligarquía en el centro de Cuba (1820-1829)», op. cit., p. 72.
39. Roque Garrigó, op. cit., tomo I, p. 244.
40. Domingo del Monte, «Proyecto de Memorial a S. M. la Reina, en nombre del Ayuntamiento de La Habana, pidiendo leyes especiales para la Isla de Cuba», Escritos, Introducción y notas de José Antonio Fernández de Castro, La Habana, Cultural S. A., 1929, p. 82.
41. «Las conspiraciones perseguidas hasta ahora son obra de sociedades secretas, y éstas son el más firme apoyo del gobierno y el día que sepa que están verdaderamente extinguidas es cuando más debe temer (…) el gobierno hace entrar en ellas sus espías, y nada se le escapa, y por consiguiente pone los medios de dividir la opinión y evitar todos los golpes; mientras mayor sea el número de las sociedades secretas tanto mayor es la probabilidad, o mejor dicho la certeza de que jamás harán nada», Félix Varela, «Sociedades secretas en la Isla de Cuba», Escritos políticos, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1977, p. 122.
42. Véase un análisis de las ideas independentistas de Varela en El Habanero en: Eduardo Torres-Cuevas, Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y conciencia cubanas, La Habana, Ediciones Imagen Contemporánea, 2015, pp. 304-308.
43. Félix Varela, «Paralelo entre la revolución que puede formarse en la Isla de Cuba por sus mismos habitantes, y la que se formará por la invasión de tropas extranjeras», Escritos políticos, op. cit., p. 159.
44. Félix Varela, «Conspiraciones en la Isla de Cuba», Escritos políticos, op. cit., pp. 118-120.
45. Félix Varela, «Paralelo entre la revolución que puede formarse en la Isla de Cuba por sus mismos habitantes, y la que se formará por la invasión de tropas extranjeras», op. cit., p. 160.
46. José María Heredia: «Carta a su padre». Poesías, discursos y cartas, Colección de Libros Cubanos, Vols. XLI-XLII, Cultural S.A. La Habana, 1939, tomo II, p. 91.
47. JMH: «España libre». Obra poética. Edición crítica de Ángel Augier. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1993, p.100. Todas las citas de la poesía de Heredia se hacen por esta edición.
48. JMH: «A la insurrección de la Grecia en 1820», OP, p. 117.
49. JMH: «La estrella de Cuba», OP, p.127.
50. Ibidem.
51. JMH: «A Emilia», OP, p.128.
52. Ibid, p.131.
53. JMH: «Himno del desterrado», OP, p.141.
54. Ibidem.
55. Ibidem.
56. JMH: «Niágara» (II), OP, p.253.
57. José Martí: «Carta a Enrique Trujillo, noviembre de 1889». Obras completas. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975, tomo 20, p. 355.

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